Historia

Por Luis Camilo Urria Angel, Periodista UCN
Extracto del trabajo de reportaje de título (2010)

Fue el 15 de marzo de 1967 con la dictación del Decreto No 13/1967 que nace la carrera de Periodismo, la cual en ese entonces comenzaba su trabajo como Escuela de Comunicación Social, dependiente del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad del Norte –llamada así en ese entonces-. Sus fundadores fueron los periodistas Nicolás Velasco del Campo (director) y Rodolfo Gambetti del Pino (subdirector), quienes según el ex director de la Escuela de Periodismo de la UCN y ex alumno de la segunda generación (1969), Rubén Gómez, entregaron su apoyo a los jesuitas de parte del diario El Mercurio y Las Últimas Noticias. “Había tres vertientes, una por el lado de la iglesia con los jesuitas, otra, con la escuela mercurial, y una tercera a partir del gobierno de Allende con la influencia de muchos docentes que venían de Concepción, por decirlo de alguna manera”, explica.

Del mismo modo, la ex decana de la Facultad de Humanidades, Georgina Mora, argumenta que debido a que en ese entonces Nicolás Velasco desempeñaba labores como director del diario Las Últimas Noticias, la escuela germina como una carrera con el propósito de formar periodistas para el diario El Mercurio y su sede en Antofagasta. “A nosotros nos hacían hacer prácticas ahí en el diario, todos los semestres… una carrera totalmente mercurial”, añade Mora una de las estudiantes de la primera generación (1967) que ingresó a comunicación social.

Es de esta manera que se da el primer paso en la formación de profesionales de las comunicaciones, quienes debieron enfrentar momentos muy particulares como ingresos cíclicos, cierres y reapertura de la carrera. Ya que a dos años de la creación de la escuela, el 27 de noviembre una declaración delimita un receso de dos años. No obstante, el 16 de mayo de 1970 otro decreto pone fin a la suspensión de actividades y se restablece el funcionamiento normal para los alumnos que cursaban estudios en 1969, quedando de esta forma con ingresos de forma cíclica cada dos años.

Las clases

Es en medio de toda esta nebulosa de acontecimientos que la Escuela de Periodismo de la UCN hilvana la primera etapa de su historia, la cual tuvo gratos momentos y que hoy sus ex alumnos recuerdan como si estuvieran en aquellas aulas en las que se formaban como periodistas. “Llegué el año 1971 a una escuela pequeña pero muy acogedora”, cuenta el académico de la Escuela, Isidro Morales, quien con emoción no duda en transportarse a esos años en los que aprendió de grandes maestros como María Beatriz Beltrán, Walda Aracena, Héctor Vera (entonces un joven vicerrector académico) y Andrés Sabella. Y es que en una carcasa de bus, ubicada justo detrás de la actual biblioteca de la universidad, fue el lugar donde Sabella echaba a volar la imaginación de sus alumnos, los que quedaban anonadados por su singular forma de hacer clases. “Él no preparaba clases, las improvisaba”, afirma Morales, quien recuerda las clases de literatura con el poeta antofagastino que, del suceso más diminuto, hacía trabajar a sus estudiantes. “A alguien se le caía un botón y él decía, ‘ya escriban del botón’”, precisa.

Ese tipo de lecciones fueron las que calaron hondo en las vidas de jóvenes que anhelaban ser buscadores de la verdad, y quienes acompañados del poder de la palabra y la total entrega al servicio de los demás, hicieron de Andrés Sabella un magno referente en su formación. “Con él aprendí mucho, sobre todo a perderle miedo al papel en blanco. Me inspiró mucho para pensar, para hacer, para crear, para trabajar con la palabra. Ahí aprendí a querer y a respetar la palabra, y a reconocer el poder de la palabra, del lenguaje escrito”, manifiesta el académico Rubén Gómez, que rememora aquellos parajes cuando era un joven estudiante de la escuela.

Y es que según Morales, en aquellos años la cercanía de los alumnos con sus profesores era evidente, lo cual dejaba de manifiesto la gran dedicación de la planta docente. “Eran buenos profesores, pero al mismo tiempo buenas personas. Hasta nos tuteábamos”, añade. Mientras que la ex alumna Viviana Muñoz, quien actualmente trabaja como periodista independiente en Miami, Estados Unidos, comenta que “mi paso por la escuela fue gratificante, vital y enriquecedor. Fue un constante aprendizaje no sólo por las cátedras de la carrera, sino también por la edificante experiencia personal que me brindó el compartir con la propia comunidad universitaria y, sobre todo, con maestros de la categoría de Andrés Sabella, Omar René Muñoz de la Fuente y Sergio Prenafeta, como también compañeros de la talla de Alejandro Guillier”.

La entonces incipiente Escuela contó además con profesores de la talla del Premio Nacional de Periodismo 2005 y ex director de la Revista Análisis, Juan Pablo Cárdenas, Osmán Cortés, Manuel Vega, Jaime Quezada, Walda Aracena y Dora Vergara, Cery Toro, Marco Antonio Pinto, Manuel Ortiz Veas, entre otros. Muchos de ellos se verán obligados a dejar forzadamente las aulas porque serían exonerados después del Golpe, en un periodo triste y oscuro de la historia nacional que incluso afectó al vate Andrés Sabella Gálvez en febrero de 1981.

La lucha de ideas

Pero no sólo fueron alegrías y momentos felices en la escuela. También hubo desgracias que enlutaron de manera cruel la historia de esta casa de estudios. Era palpable, eso sí, como las diferencias políticas cobraban un papel preponderante para los estudiantes de periodismo y los alumnos de las otras carreras de la Universidad del Norte. “Había un clima propicio a la discusión y el enfrentamiento en buena de ideas. Entonces, la escuela surge en un ambiente favorable de discusión; de ideas políticas, de ideas económicas y de revolución en Chile, porque hasta el Gobierno de Frei había todo un experimento de la revolución en libertad”, argumenta Gómez. Dicha sedición colectiva repercutió en que gente de izquierda, derecha y demócratas cristianos compartieran sin ningún problema. “De repente había complicaciones con algunos miembros de Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que estaban representados por el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER), pero igual seguíamos siendo compañeros”, acota Morales.

El periodista del diario el Tribuno de Salta, Argentina, y ex estudiante de la segunda generación, Juan Abarzúa, explica que vivían en una época en la que la intolerancia era la característica de las personas y, obviamente, de los jóvenes estudiantes. “O se estaba en un lado o en contra. La sociedad en general se hallaba crispada”, añade. No obstante, todas esas discrepancias y posturas maniqueas de los actores sociales hicieron que los aspirantes a ser la voz de los que no tienen voz, se enriquecieran intelectualmente. “Había que discutir en forma permanente, pero había que estar preparado para ello. Más allá de que las cosas terminaran mal para el país, con un cruento golpe de Estado y la instauración de una dictadura feroz, los que vivimos esos tiempos compartimos una situación común: nos hicimos fanáticos de la lectura, enemigos de la improvisación, amantes de la creatividad y esclavos de la aventura. Especialmente en el caso de los que tuvimos que salir del país por razones políticas”, explica.

Dos mártires

Y es que en medio de un escenario colmado de incertidumbre para quienes pensaban diferente, y otros muchos que tuvieron que dejar la patria por su mera inclinación política, el suceso que embistió profundamente en las almas que le daban vida a la escuela de periodismo en ese entonces, fue sin lugar a dudas la muerte de dos estudiantes, a quienes les fue arrebatada la ilusión de ser intérpretes de esa inclemente y dura realidad que imperaba.

El alumno de la escuela Nenad Teodorovic Sertic (24) fue ejecutado al igual que su esposa Elizabeth Cabrera Balarriz (23) y Luis Muñoz Bravo, también estudiante de la Universidad del Norte, el 15 de septiembre de 1973 por soldados del Regimiento de Antofagasta, mientras eran trasladados a la Base Aérea de Cerro Moreno, según consigna el archivo digital de las violaciones a los derechos humanos en la dictadura militar en Chile, memoriaviva.cl. Conforme al comunicado oficial las víctimas fueron asesinadas, ya que el vehículo en el cual eran transportadas sufrió un desperfecto eléctrico, lo cual motivó a que los detenidos huyeran en medio de la oscuridad para que luego personal armado procediera a sus respectivas ejecuciones. Sin embargo, la presidenta de la Agrupación de Familiares y Amigos de los Ejecutados y Detenidos Desaparecidos por la Memoria Histórica en Antofagasta, Doris Navarro, argumenta que “escaparse camino a Cerro Moreno no es muy creíble. Eran las formas que aplicaban ellos. Hacerlas parecer como”. Asimismo, la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, a través de una serie de observaciones, se formó la convicción que la muerte de los tres afectados fue consecuencia de una ejecución al margen de toda legalidad, de responsabilidad de agentes del Estado, quienes violaron los derechos humanos de estos jóvenes de la Universidad del Norte. “Me relacioné con Nenad (Nesko) Teodorovic, quien dirigía el grupo de teatro de la escuela. Puro talento y energía, pero su vida se acabó junto a su pareja, Elizabeth Cabrera, a quienes le aplicaron la ley de fuga y los balearon por la espalda”, lamenta el periodista de la edición nocturna del diario La Tercera y ex alumno de la tercera generación (1971), Ramón Reyes, quien describe el ambiente de aquel entonces como “frenético, politizado y polarizado”.

Fue recién en septiembre del año pasado (2010) que Navarro se enteró de la inusual visita de la Policía de Investigaciones junto a una persona, con el propósito de exhumar bajo órdenes de tribunales a los tres cuerpos de las víctimas para comprobar la real causa de su deceso. “Le pedí información a la encargada del cementerio y me dijo que realmente había sido así”, afirma. Luego de ese hecho y sin quedarse de brazos cruzados, decide llamar a la Región Metropolitana, donde solicita información al director del Servicio Médico Legal, doctor Patricio Bustos, quien confirmó que la muerte de los tres jóvenes fue por causas de ajusticiamiento. “Los proyectiles los tenían en la nuca, lo que quiere decir que prácticamente los hicieron arrodillarse y le pegaron el tiro de cerca”, expone Navarro.

Pero otra muerte teñía de negro la  Escuela de Periodismo de la UCN cuatro días más tarde de la ejecución de estos tres jóvenes. Con tan sólo 23 años de edad, Luis Alaniz Álvarez, se convertía en el segundo aspirante a ser un contador de historias, a quien le arrebataban los sueños y la voz de ser él mismo el que cuente la abominable forma de su aniquilación. “El Lucho era una persona tan tranquila que era tan raro, era incoherente. A lo mejor uno que está metida en la parte académica no se daba cuenta, pero era un chico súper ponderado”, enuncia Georgina Mora, quien no se explicaba el por qué de la muerte de este joven estudiante de la escuela de periodismo, que nunca pudo recibir la comida que le traía su madre. “La mamá vino a llevarle comida, puesto que él estaba acá en la cárcel. Un día llegó ella, porque fue varias veces a la universidad. Me acuerdo siempre porque vino a mi oficina y me dijo que habían fusilado a Luis. Ella le llevaba la comida y me dijo que los gendarmes le habían dicho, ‘señora no traiga más comida si a su hijo lo fusilaron hace dos días”, acota.

Según el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, el 19 de octubre de 1973, a las 1:20 horas, Alaniz fue ejecutado por efectivos del Ejército en las cercanías de Antofagasta. El informe consigna que a fines de septiembre de ese año, el joven se entregó voluntariamente a las autoridades militares de Arica, ante el requerimiento público que realizaron los altos mandos de la capital de la Segunda Región. Desde la ciudad en la que dispuso de su libertad fue trasladado a la cárcel de la Perla del Norte, donde al parecer se le inició un proceso acusado de portar armas, el cual no fue concluido. “Al Lucho lo fusilaron. Le hicieron un juicio, lo encontraron culpable y lo mataron… una cosa espantosa”, declara Mora, que tras rememorar aquellos crudos momentos que vivió como profesora, su rostro refleja como esos sucesos convirtieron el ambiente en un estado de total locura y que más tarde repercutiría en las nuevas generaciones. “Si bien el golpe de Estado se produjo antes de mi ingreso, su secuela tuvo un profundo impacto en todos los aspectos de la vida universitaria, muy particularmente la escuela de periodismo. Fueron años difíciles, pero salimos adelante gracias al valor y la perseverancia de los catedráticos y de la institución”, explica Viviana Muñoz.

El cierre

A partir de 1973 se reduce la planta docente por la exoneración de varios funcionarios y disminuye considerablemente el número de alumnos de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Norte. Las exoneraciones se suceden en el tiempo y afectan, entre otros, a  Walda Aracena, María Beatriz Beltrán, Carlos Rojas Martorell, Osmán Cortés, Manuel Ortiz Veas, Jaime Quezada, Juan Pablo Cárdenas, Marco Antonio Pinto, Sergio Prenafeta, Manuel Vega, Héctor Vera, Dora Vergara y Cery Toro.

Durante esos años comienza un periodo especial para la carrera, ya que sólo hubo ingreso de estudiantes hasta 1979 y desde ese año hasta 1986, sólo existieron egresos. “Fue terrible porque además los profesores la pasaron mal también. Muchos no regresaron más. Las clases que eran de 30, 40 alumnos, llegaban a cinco o seis durante meses”, explica Gómez que palpó cómo las consecuencias del golpe de Estado sacudieron con creces a una escuela que vaticinaba un futuro próspero, en sus inicios.

El 31 de diciembre de 1986 se dispuso el cierre definitivo de Periodismo, junto a las carreras de Pedagogía. Era el término de una etapa con momentos desalentadores que difícilmente podrán ser olvidados de la memoria universitaria, pero también llenos de satisfacción que retornaría años más adelante.

La reapertura

En 1990, a través del decreto 79/100, Periodismo UCN es reabierta bajo la dependencia del Departamento de Artes y Letras y luego, del Departamento de Artes, Letras y Comunicación, que posteriormente fue adscrito a la nueva Facultad de Humanidades, siendo por varios años la única carrera que mantuvo esa facultad, a la que más tarde se sumaría psicología.

Desde aquel instante en el que la Escuela de Periodismo regresaba a sus labores de enseñanza que, con tanto ímpetu el profesor Andrés Sabella se preocupó de impregnar en antaño, un montón de las más diversas historias seguirían escribiendo cual poeta traza sus versos, el legado de una casa de estudios con alumnos comprometidos y dispuestos a luchar por ser grandes periodistas; ahora, con ingresos cada año, que en el año de la reapertura llegó a 1.700 postulantes.

El director del diario La Estrella de Antofagasta y ex alumno de la generación de 1993, Sergio Mercado, cuenta que cuando ingresó a las aulas de la escuela, ésta no contaba con talleres de radio, televisión y fotografía, elementos fundamentales para el desarrollo de un profesional del área de las comunicaciones. Es por ello que el deseo de los estudiantes llevó a que un paro a nivel de carrera exigiera mejoras concretas ante las carencias para trabajar normalmente. “A raíz de esa movilización se logró que tanto la Facultad de Humanidades, la carrera y la universidad apoyara esta solicitud que estábamos haciendo. Ahí hicieron esos talleres que para nosotros era una maravilla”, explica.

Mejoras y avances

En 1995 se produce un cambio de malla que vino a reemplazar la de 1990. Este programa tuvo una concepción más centrada en las Humanidades y Ciencias Sociales en general, teniendo una dependencia importante del Departamento de Estudios Humanísticos, hoy de Educación. Otro aspecto importante es que ha sido el más extenso en vigencia con 14 años a régimen completo (en 2009 se vuelve a cambiar la malla).

En 1998 se inauguran las dependencias del Barrio Humanista que albergan hasta hoy a las Facultades de Economía y Administración, Humanidades y a la Escuela de Derecho. Periodismo veía así concretado un anhelo largamente esperado con la construcción de salas audiovisuales exclusivas para la carrera, un moderno taller de computación, y estudios de televisión, radio y fotografía, aspectos que incidieron de manera decisiva en los profesionales formados desde esa época hasta hoy.