José Palma, el cronista de la cultura antofagastina

Por Carlos Rendón.

Puedes verlo en cuanto evento cultural se realice en la ciudad. Siempre desde atrás, callado y pegado a su cuadernillo. Sus ojos cristalizados en el escenario o en la ponencia, sólo bajan cuando debe escribir algo con su lápiz, rápido, embarrando la hoja con el grafito y, entonces, vuelve a levantar la vista. Así, una y otra vez. Cuando el show termina, él se iba como quien tiene una urgencia en un lugar muy lejano. Y no vuelve a aparecer, hasta que un nuevo evento ocurra.

Por tal motivo, estaba seguro que lo encontraría en Filzic. No sabía cómo ni cuando, pero una corazonada me hizo armarme de grabadora y recorrer los pasillos repletos de gente, libros y artesanías. Como un  sabueso siguiendo el rastro de su presa, me escabullía entre los estantes, revisaba cada asiento a medida que se realizaban los shows. Pasé un buen rato sentado en la cafetería, con la esperanza de verlo pasar.

Comenzaba a creer que aquella sería una jornada infructuosa cuando, dirigiéndome a la salida, lo vi. Lo vi pasar rápido, adelantando personas, dirigiéndose en dirección contraria a la mía. Llevaba un traje simple y holgado, la tez morena y unos ojos colorados. Al voltear, su silueta se me escapaba. Me pregunté hacia dónde se dirigía tan rápido, y no dudé en seguirle con cuidado de que no advirtiera mi presencia.

Grande fue mi sorpresa cuando lo vi llegar a su destino: el baño. Por supuesto, eso explicaba su paso raudo. Lo esperé con ansias sentado en las afueras, pensando en cómo presentarme, a dónde llevarlo, qué tipo de preguntas le haría a un hombre tan particular, a quien he visto en al menos en treinta eventos culturales distintos. Cuando salió no perdí el tiempo, lo intercepté presentándome como periodista, que lo había visto tantas veces en diversos lugares y quería hacerle nada más que unas preguntas.

–Sí, claro –Me dijo con una voz rasposa, sin siquiera detenerse.

–¿Le parece si nos vamos a sentar a algún lado? Estaba pensando en el café, para estar más tranquilos.

–No, no, de pie nomás, acá en terreno.

–Como guste –Alcancé a responder, siguiéndole el paso mientras extraía la grabadora del bolsillo y esquivaba a las personas.

Pronto descubriría, a través del diálogo, la importancia que le daba este singular personaje al trabajo en “terreno”. Aceptando que aquella no sería una entrevista común y corriente, lo seguí hasta llegar al Rincón de los Sueños, donde se presentaba un conjunto folclórico. Por fin nos detuvimos, bordeando las sillas donde estaba el público, pero cuando me preparaba a comenzar las preguntas, nuevamente se me adelanta.

–Ya, empecemos altiro nomás, que tengo que anotar qué tipo de cueca están tocando –se detiene un momento para observar a los bailarines, y luego a los músicos que interpretaban la canción–. Esa es una cueca brava. 

–¿Me puede decir su nombre, por favor? –inquirí con sinceridad cayendo en cuenta de que aún no le hacía la pregunta más básica.

–José Antonio Palma Bustamante, señor.

–¿Cómo es su trabajo don José? ¿Habla con los artistas, escribe sobre ellos?

–Claro, yo a veces hablo con ellos, si es que me acuerdo. Así se trabaja po’, en vivo, ahí está la gracia, en el terreno. Si estuviéramos en un living conversando o en una casa, no se muestra nada po’. Acá se muestra altiro como trabaja uno –exclama con pasión, mientras subía y bajaba la cabeza, mirando el show y su cuadernillo, pero sin escribir–. Por ejemplo, yo ya me perdí la película ahora po’ –ríe, refiriéndose a la canción que ya terminaba, una risa potente y contagiosa–. Pero no importa, conversemos nomás.

–¿Usted es de Antofagasta?

–Sí, de aquí de Antofagasta.

–¿Y hace cuánto que está viniendo a este tipo de eventos?

–A la Filzic desde que inició –mentalmente hago el cálculo, siete años–, pero yo empecé a hacer esto desde hace 12 años. He estado en cine por ejemplo, en Antofadocs. Llevo años ahí. Estaré enfermo a veces, pero me da igual, tengo que levantarme de la cama. Aquí no hay licencia, no hay permiso, no hay nada. Tengo que venir, porque si me lo pierdo nadie me lo va a repetir.

Me sorprendió rápidamente la forma en que hablaba de su trabajo, una mezcla de orgullo y pesar, como quien debe cargar con un peso tremendo sobre sus hombros, pero lo disfruta al mismo tiempo.

–“Un Piquero” –dice de pronto, cortando la conversación, yo lo miro extrañado–. Así se llamaba esa cueca po’.

–¡Usted se las sabe todas! –alcanzo a responder, mientras José anotaba presuroso el nombre de la canción junto a su intérprete.

–Si po’, así se trabaja. Así se aprende. Aquí se lleva toda la cultura –exclama señalando su cuadernillo.

–¿Entonces básicamente lo que hace es traspasar a cuadernos todo lo que se hace culturalmente en la ciudad?

–Claro, yo no soy periodista, no tengo ningún título, pero igual me preparo –le consulto al voleo si hace algo con todos esos cuadernos–. No, los tengo guardados nomás. Son para mí, no trabajo para ningún diario o algo así. Tengo unos… Quince cuadernos, todos llenos.

–Llevar un registro de la vida cultural de la ciudad es un trabajo muy importante, y que nadie hace –comento sorprendido, mientras hojeo el cuaderno que José previamente me da permiso para revisar. Cientos, quizás miles de nombres están allí, escritos con buena caligrafía y ordenados como si se tratara de un registro oficial.

–Exactamente, nadie lo hace. Qué van a estar viniendo a estas cosas si están trabajando. Ni periodistas van a venir a hacer esto, porque por esto nadie les paga. La cultura no da. Yo no puedo decir que por hacer esto usted va a ser millonario. El otro día vino un periodista y me dice que quiere ser como yo. Yo le digo “sabe qué más, usted es de allá” –señala hacia el sur, intuyo que habla de la universidad–. Quédese con lo que es de allá. Aquí no va a ser millonario. Yo no tengo un buen pasar con esto. Esto yo lo hago porque a mí me gusta, nada más. Aquí se pasa pobreza, se pasan un montón de necesidades. ¿Qué cree usted que yo la paso muy bien? No po’, esto lo hago porque a mi me gusta nomas.

–Y usted don José, ¿cómo vive? ¿Cómo se mantiene? –pregunto con real interés.

–Tengo que arrendar la mitad de mi casa, y con eso vivo. Si esto no genera renta… Mira, si esto fuera rentable, montón de gente vendría pa’ acá. Aquí yo paso necesidades, a veces me faltan zapatos, y bueno, esas son cosas que yo tengo que solucionar. Por eso nadie puede hacer lo que yo, ni nadie podrá hacerlo –me sorprende lo lapidario de su comentario, pero al mismo tiempo, argumentos no le faltan.

–¿De qué forma se entera de los eventos que hay? –pregunto mientras un sujeto de traje pasa y le saluda.

–Tenis que ver todos los días el diario. Yo lo leo en la biblioteca, si no fuera por eso no podría ver nada po’, si uno no se puede comprar nada.

–¿Cómo empezó con este trabajo?

–Bueno, a ver, mi primer evento fue cuando dejé de trabajar y me dediqué a esto. Allá en las playas, había una radio, la canal 95, cuando empezó a transmitir en las playas, y ahí empecé a anotar conjuntos, todo lo que hay aquí –señala su cuadernillo–. Y empecé a ir al cine, a todo, incluso marchas y desfiles, tenía que ir viendo todo tipo de marchas. Por ejemplo la gente va a ver un desfile y no tiene idea que están tocando Radesky cuando salen los carabineros.

–Dijo que trabajaba antes de hacer esto. ¿Qué hacía?

–Uf, trabajaba en contabilidad, era contador general. Después fui vigilante, y después terminé haciendo esto.

–¿Y como se siente más feliz? ¿Ahora o antes, cuando trabajaba? –pregunto, sabiendo de antemano la respuesta.

–No, yo me siento mejor acá. Quizás algún día me cabree y tenga que dejarlo. Pero llevo tantos años que ya ni dan ganas de hacerlo. Esto es lo mismo que fumar po’. Te dicen deja el cigarro, pero no se puede dejarlo. Esto es lo mismo. Algún día tendré que dejarlo, pero será por alguna enfermedad grave, donde ya no pueda hacer nada.

–¿Y no le parece fome que no haya nadie después de usted, que siga haciendo lo que usted hace?

–Tendría que ser un… Periodista muy aplicado  la verdad, pero yo no he visto a nadie con ese interés. Yo te digo, algún día cuando ya no esté aquí, nadie va a hacer esto, porque van a ver que esto no es rentable y no va a haber un interés. ¿Te has dado cuenta que los que vienen acá ven lo que quieren y después se van? Esa es gente de plata, lo peor, porque lo único que hacen es venir a tomar, o con el auto, la polola. Yo los conozco, son gente que tiene más “cultura” que yo, pero ni aprecian. Y por eso te digo que es difícil que haya alguien que continúe esto. Esto muere y muere nomás.

Miles de nombres adornan el interior de estos viejos cuadernos.

–¿Y qué va a pasar con sus escritos? –insisto, esperando que me dijera algo, alguna idea, alguna forma de rescatar lo que hace.

–No sé po’, yo ya no podría hacer nada, no voy a estar acá –ríe–, voy a estar en otra dimensión. Qué se yo lo que habrá ahí. Eso será de los que queden vivos. Yo creo que va a llegar otra persona ahí donde vivo, lo va a comprar y va a decir que “todo esto es una mugre, hay que botarla” –refiriéndose a sus cuadernos–. Así nomás es la cosa. Hay gente que no aprecia esto, que no aprecia la cultura.

–¿Y algún amigo, algún familiar?

–No hay nadie, están todos en el cielo. Están todos “encielados”. Ahí me esperan –hace pantomima como si lo estuvieran tirando de una cuerda–. Pero yo todavía no po’, todavía no me quiero ir.

La conversación se corta de golpe, José mira a ambos lados y luego al frente, yo intento adivinar qué ocurre, pero nada parece haber cambiado. De pronto, apunta hacia el frente, diciéndome “ahora vámonos pa’ allá, vamos caminando al escenario central”. A lo lejos, podían escucharse los primeros compases del show en el escenario central de la Filzic. Partió a toda velocidad mientras yo lo seguía en el tumulto de gente, esforzándome para no perder ni una palabra.

–¿Usted tiene algún gusto preferencial en esto del arte, o va a todo? –pregunto mientras esquivo un coche, me agacho y mi brazo se transforma en culebra para mantener la grabación.

–No, hay que ir a todo. Por ejemplo si digo que a mi no me gusta la cueca, eso es una falta de cultura, falta de educación. Usted tiene que ir a todo. Esa gente que dice que no le gusta tal cosa, le falta educación, por eso rechaza. Por ejemplo yo voy a ver rock, y ahí estoy con los cabros, si la música no tiene edad –exclama mientras mueve la cabeza de arriba abajo, haciendo el clásico headbanging de los metaleros–. Es raro que una persona de  mi edad vaya a esas cosas, pero yo voy porque igual es cultura –me responde mientras llegamos por fin al escenario central, donde un grupo comenzaba a cantar.

–Ya, ese es Punahue…. –está a punto de anotarlo en su cuaderno, pero se detiene de golpe–. ¡No! Estos son los Trovadores del Sol, cuidado.

–¿Y esa canción, cuál es? –le pregunto, curioso y con ganas de probar sus habilidades.

–A ver… –pensante, mira al escenario–. Esa es… “Negra” –anota en su cuaderno–. Esta canción trata de un negro esclavo al que lo están velando –responde correctamente.

–Usted que ha venido a todas las versiones de la Filzic, ¿cómo ve la feria? ¿Le parece bien que haya algo así en la ciudad?

–Claro, todo sirve, me parece bueno. Todo lo que es cultura hay que alabarlo. ¿Podría haber algo mejor? Claro, si todo es perfectible, pero bueno, hay esto. Por mientras conformémonos con lo que tenemos.

–Y después de la Filzic, ¿alguna otra actividad a la que tenga pensado ir a corto plazo?

Con 58 años, José espera seguir haciendo su trabajo “hasta que lo llamen desde arriba”.

–A ver… Estamos en treinta de abril, mañana primero de mayo… Termina esto el ocho… –lo veo hacer cálculos mentales, llevándose la mano al mentón. Creí, por un segundo, que lo había pillado–. ¡Ah! Ya, hay que prepararse, que viene un Ballet Ruso, llega aquí el 5 al teatro municipal –pero de nuevo, su conocimiento me sorprende–. Va a estar el “kazachok”, esos bailes que hacen los rusos –se pone a bailar como ruso ahí donde estábamos, cruzando los brazos y levantando las piernas–. ¿Los cachai? También están el gopak, la beriozka, kalinka, todas danzas rusas. Se supone que  esa gente que se sienta ahí domina perfectamente de qué tratan y nada po’. Estos bailes necesitan acrobacia, elasticidad, destreza. –Dice mirando ahora su cuaderno, donde tenía anotadas todas estas danzas.

–Y ahí va a estar usted, me imagino.

–No sé todavía, porque eso es caro –me responde, pero yo le insisto, consultándole qué hace en esos casos en que no le alcanza para asistir–. Buena pregunta, ahí vamos a ver qué pasa. Lo veo en terreno, y bueno, si no pasa nada, hasta ahí nomás llegamos, o por último escucho desde afuera.

–¿Oiga y no le han dado algún reconocimiento de tantas veces que ha estado en estas cosas?

–Claro, claro, una vez en el Teatro Municipal, la directora Carla Corrales. Ella me entregó un premio porque yo no faltaba nunca para las obras de la orquesta sinfónica. Me entregaron un galbanito, y ese no lo han entregado nunca y no lo van a entregar más.

–¿Se lo entregaron en el municipal, sin avisarle? –le pregunto mientras trato de imaginarme la escena.

–Fue sorpresa, yo no sabía. Estaba ahí y me llamaron.

–¿Cómo se sintió?

–Bueno, es un reconocimiento al trabajo. Y ahí lo tengo en la casa po’, que con todo el desorden y los apuntes, no sé donde lo tengo, pero lo tengo.

–¿Usted espera seguir muchos años más con esto?

–Yo creo que sí, como siempre nomás, al mismo ritmo. No sé hasta cuando, como te digo para hacer esto hay que tener ganas, hay que tener pasión –exclama orgulloso.

–Y hay que estar feliz con lo que hace –agrego.

–Exactamente, a veces la gente está obligada a un trabajo, por esa plata que le pagan, no porque les guste. Aquí no po’, aquí yo estoy porque me gusta, no por una obligación o por un contrato. Hay pasión, constancia, entrega, sacrificio, eso es lo que se necesita y no cualquiera lo va a poder hacer. Yo soy feliz con lo que hago y estoy contento… Pa’ qué más po’.

José se despide con una sonrisa, o más bien, soy yo el que se va. Mientras camino de regreso volteo y lo veo allí como siempre, detrás de la gente, con las manos cruzadas a la espalda, observando el trabajo de los músicos. Me inquieta y a la vez me maravilla esa mente dispersa y ese trabajo riguroso. Esos cuadernos rayados y esa mirada sincera.

Quizás él no lo sabe y quizás nunca lo sepa, pero José realiza un trabajo tan puro y tan importante que parece sacado de otros tiempos. La próxima vez que vayan a un evento cultural y lo vean -porque seguro que lo ven-, mírenlo con el respeto que se merece el único gran cronista de la cultura antofagastina.

Padre Felipe Berríos en conversatorio con estudiantes de Periodismo UCN

Por DICOA UCN.

“El nuevo Chile va a tener que ser multicultural, así está sucediendo en Antofagasta, lo que es fascinante, pasando desde una sociedad extractiva a una inclusiva”. Estos, fueron algunos de los comentarios realizados por el Padre Felipe Berríos en un conversatorio con los estudiantes de la Escuela de Periodismo de nuestra Universidad.

Fue una jornada en la cual al sacerdote se refirió a su permanencia en África, llegando a Chile el año pasado y, posteriormente, por decisión propia, se traslada a Antofagasta, concentrando su quehacer en los campamentos.

Temáticas como los cambios experimentados en dichos asentamientos urbanos en los últimos años, la urgencia de las reformas y la desigualdad social, fueron analizadas en el encuentro, moderado por el periodista y académico de la Escuela, Rubén Gómez Quezada.

El Padre Berríos también instó a los estudiantes a no perder su tiempo criticando el pasado del país, porque, a su juicio, los jóvenes son el futuro y “tienen que pensar para 30 años más”.

SEMANA DE LA CARRERA
La actividad de reflexión estuvo inserta en la programación de la Semana de la Carrera de Periodismo de la UCN, la que además se prepara para celebrar sus 50 años en 2017.

El Jefe de Carrera, José Morales, explicó que en estos 49 años se programaron 3 días con distintos eventos. La semana comenzó con un Claustro Académico, en el cual dieron a conocer la nueva malla curricular que parte en marzo del próximo año. Es así que los jóvenes conocieron el proceso, el trabajo metodológico, las modificaciones y los participantes en la iniciativa.

De esta forma, la malla fue reforzada, potenciando el dominio de la narrativa con una formación periodística continua. Otros aspectos relevantes incluidos en la misma son comunicación estratégica, emprendimiento, e investigación, los que se mantienen, considerando el trabajo diverso que desarrollan los profesionales en el mundo laboral.

El Jefe de Carrera resaltó el conversatorio sobre Periodismo y Ética con el Padre Felipe Berrios, inserto en el accionar de esa unidad académica, la que busca conocer experiencias entregadas por personajes nacionales y regionales.

Otras actividades en el marco del aniversario incluyeron competencias de alianzas y jornadas deportivas, entre otras.

¿El sueño americano de todo universitario trabajador?

Empaques de un conocido supermercado de Antofagasta, nos cuentan su experiencia y lo que se esconde tras la pechera de color de quienes pagan para trabajar.

Por Margarita Aguilera y Fabiola Riveros, estudiantes de Periodismo UCN.
Fotografías de Fabiola Riveros.

Financiar una carrera universitaria en nuestro país cada vez se hace más difícil para las familias chilenas, las cuales invierten el 73% de su sueldo promedio para poder costearla, dejando a Chile como el cuarto país del mundo con la educación universitaria más cara del mundo (datos desde Expert Market, consultora británica).

Esta situación obliga a muchos estudiantes a trabajar para poder costear sus estudios o equiparar los gastos familiares, considerando que Antofagasta es la segunda ciudad más cara de Chile, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Según datos arrojados por las Encuestas Nacionales de Juventud, los estudiantes de educación superior optan por compatibilizar trabajo y estudio por diferentes necesidades, como pagar el arancel de la carrera y ayudar en los gastos del hogar. Sin embargo, el realizar ambas actividades, le permite al estudiante contribuir en su desarrollo personal, ya que los ayudará a enfrentar de mejor manera su futuro profesional.

La Encuesta Nacional de Juventud del 2012 (ENJ) en relación a cómo los jóvenes financian sus estudios, aseguran que el propio trabajo es una de las principales formas (51%), seguido de la ayuda de los padres (30%) y el Crédito con Aval del Estado CAE(20%). Esta situación se contrapone con la de aquellos estudiantes que no trabajan ni buscan trabajar, quienes pagan sus estudios con la ayuda de sus padres (69%) y con el CAE (26%)

Uno de los principales motivos  de este grupo de jóvenes que estudian en instituciones de educación superior para no buscar empleo, se debe a la incompatibilidad de trabajar y estudiar (76%), seguido de no tener la necesidad de trabajar (8%) o porque sus padres no les permiten trabajar (6%). Se puede inferir que existen muchos estudiantes dispuestos a trabajar, la mayoría no puede hacerlo debido a que no puede compatibilizar ambas actividades.

Uno de los trabajos más requerido por los estudiantes universitarios a lo largo del país, es el de trabajar como empaquetador en un supermercado, debido a que es uno de los pocos trabajos que permite conjugar el estudiar y trabajar.

El trabajo de empaquetador es esporádico, ideal para universitarios, donde se cumplen turnos de tres horas y media a cuatro horas en ciertos días a la semana. No están contratados por el supermercado, es más como un contrato de palabra, se paga una cuota antes de entrar al turno, por lo mismo, son los conocidos como “los que pagan para trabajar” y pocas veces son las que nos hemos detenido a pensar, quién es la persona que está tras esa pechera de color llamativo.

Cada vez que vamos al supermercado, nos topamos con ellos, al final de nuestro trayecto… los empaquetadores, quienes nos guardan nuestras compras y muchas veces hasta nos ayudan a llevar las cosas al estacionamiento para guardarlas en los vehículos.   En ocasiones, por distintas razones de nuestras vidas, pasamos, no miramos, no saludamos a la persona que tenemos al lado. Nos vamos sin dar las gracias y no nos damos cuenta, que esa persona que nos guardó la mercadería está allí por distintas razones, para pagar sus estudios, por ser padre o madre, para aportar con su familia, entre tantas más que
esconde el misterio tras esa pechera de color.

Y es que dentro de este universo de empaques no solo nos encontramos con estudiantes madres o padres, trabajadores que pagan sus estudios, que ayudan a sus familias en las necesidades económicas, que vienen de otras ciudades y trabajan para pagar su pensión, entre otras situaciones más que los motiva a tomar este trabajo. Nicolás Lecaros, estudiante de Geología, es casado, lleva aproximadamente dos años en el sistema y trabaja junto a su esposa para poder mantener su casa. “Cuesta compatibilizar la universidad con el trabajo. Por mi carrera, debo ir constantemente a terreno; y aquí es donde entro en la disyuntiva, esos días no los trabajo y la necesidad se hace más grande” señaló.

Paulina  Moll,  es  estudiante de Trabajo Social, mamá de Maite de 3 años, viene de Huasco  y  hace  cinco  años que es empaquetadora. Ha trabajado en dos supermercados. El motivo por el cual ingresó a trabajar como em paque,  fue  para  solventar sus necesidades económicas básicas aquí en Antofagasta.

Al paso del tiempo pidió traslado de supermercado, a uno donde las propinas de los clientes eran más altas, ya que estaba ad portas de convertirse en madre. “Trabajé hasta los siete meses de embarazo, lo que ayudó a que mi trabajo fuera más activo y que pasara más rápido. Nuestro principal objetivo con mi pareja, era reunir dinero para nuestra hija”, agregó.

Existen también otras historias, que tienen que ver con el ámbito académico y profesional. Katherine Sulantay, es estudiante de Odontología y empaque hace tres años. Ingresó al sistema de empaques para costear los instrumentos que necesita para atender en su carrera, los cuales son de precios elevados. “Hoy ya tengo mis instrumentos y puedo trabajar de manera óptima. Sin embargo, hoy también trabajo para avanzar académicamente, es decir, para costear los tratamientos que muchas veces tienen valores elevados, a mis pacientes que no pueden pagarlos. De esta forma yo hago el enganche, los atiendo, no corro el riesgo de que me vayan a abandonar y peligrar para reprobar un ramo debido a esto”, comenta, refiriéndose a su realidad como futura odontóloga, estudiante y empaque.

Jean Gutiérrez, es estudiante de Automatización,  trabaja para ayudar en el ámbito económico a su familia y poder costearse sus estudios. “Ingresé por una sugerencia de mi madre, y tomé la oportunidad que se me dio para poder ingresar, ya que el horario y el tipo de trabajo que tiene el empaque es el más adecuado como para un universitario debido a las límites de tiempos que tiene uno hoy. Gracias a Dios he podido mantener este excelente trabajo y poder seguir costeando mis estudios sin problema. Es una bonita experiencia, siempre hay algo que contar. Me ayuda a sentirme activo, al aportar en mi casa, al pagarme los estudios. Genera cierto grado de madurez,, expresa convencido Jean.

Y así, nos encontramos inmersos en un espacio lleno de historias tras esa persona que nos guarda nuestra mercadería. Muchos pensarán que es solo llegar y empacar las cosas en las bolsas, sin embargo, no es tan simple como se ve, tras esto existe toda una organización para que este trabajo se lleve a cabalidad.

Al formar parte y compartir unas horas del día con una diversidad considerable de personas, de compañeros de trabajo, futuros profesionales, es una oportunidad para armar redes. Están inmersos a una gama de profesionales en formación, se desarrollan lazos de amistad o simplemente se intercambian palabras con el compañero que está en la caja del lado, sobre lo que hace cada uno. Además se debe efectuar el trato con los clientes y el trabajo en equipo con los cajeros y controles de caja. “Nos permite tener una capacidad rápida de resolver problemas, enfrentar situaciones y aprender traerlo a nuestro día a día” concluye, la futura trabajadora social, Paulina Moll.

Es un trabajo que tiene flexibilidad de horarios y le permite a los estudiantes organizarse según sus tiempos y necesidades. Cuesta mucho ingresar, cuando lo haces es como ganarse la lotería, por lo mismo es un trabajo que se cuida mucho, si realmente se necesita. Lo que conlleva llevar una organización y cumplir con las responsabilidades que el mismo sistema de empaquetadores te pide.

Es visto como el “sueño americano” de todo estudiante universitario-trabajador, no obstante, muchas veces se deben aguantar las malas caras de los clientes, transformarse en Flash cuando llega la hora de la productividad de los cajeros y la avalancha de productos, los molestares que deja estar tanto tiempo de pie, el hacer muchos carros con mercadería y no recibir ni siquiera un gracias. Sin embargo, siempre hay un equilibrio   y dentro de ello, llega la propina milagrosa. “Con el paso del tiempo uno ya sabe identificar a los clientes y sus formas de evadir darnos propina. Está la técnica de la media vuelta, el salir arrancando y dejar las bolsas, el te la debo, el clásico voy al cajero y vuelvo… pocos vuelven, uno de cada diez. Todos dignos de un Oscar”, comenta entre risas, Jacobo Heuser, encargado de turno, empaque y estudiante de Traducción Inglés Español.

Se habla mucho sobre el pagar para trabajar, sin embargo es algo que sale a la defensa de la mayoría de los empaques. “Suena raro pagar para trabajar, yo lo tomaría más como invertir para que el sistema funcione” concluye Jacobo Heuser. Los trabajos de gestión, el orden de los turnos, que todos puedan trabajar de manera óptima, conlleva toda una labor detrás. “Se paga una cantidad mínima en comparación con lo que hacemos en un turno, simplemente es para que el trabajo se ponga en marcha” añade la futura odontóloga, Katherine Sulantay.

Y es que al ser un contrato de palabra con el supermercado a que pertenecen, no se obtiene seguro de trabajo en caso de accidente laboral. Sin embargo dentro de este “pagar para trabajar” se cubren estas y otras situaciones más, como es la pérdida de productos, entre otros. “Estoy de acuerdo con que sea un contrato de palabra, ya que si tenemos un contrato formal, este debe presentarse en la universidad, lo cual puede afectarnos en cuanto a los beneficios y las becas” añade Paulina Moll.

En  todo  trabajo  ocurren  anécdotas, desde intentar sacar una sonrisa a la señora enojada que viene arrastrando la bolsa del pan, hasta dejar sin una tarde de relajo a unos rastafaris debido a que estos no quisieron la clásica “doble bolsa” a sus vinos, lo que terminó con una bolsa desfondada y los vinos en el suelo. “Son cosas que no ocurren siempre, pero cuando pasan, hacen más ameno el turno, en todos los  turnos  ocurren  cosas  graciosas”  explica Joaquín  Carrasco,  encargado de turno, empaque y estudiante de Enfermería.

El ser empaque, para cada uno de los estudiantes trabajadores que accedieron a contar su experiencia, ha aportado de manera distinta a su día a día, a su desarrollo profesional y a crecer como persona.

“Es un trabajo que rescato mucho, profesionalmente, las habilidades de resolver conflictos me ha llevado a una madurez profesional. Emocionalmente, se hacen vínculos muy cercanos, mis amigos forman parte de este universo de empaques. Te genera cierta estabilidad emocional, te hace crecer como persona, te da independencia y muchas cosas más” concluye la estudiante y joven madre, Paulina Moll.

Katherine, estudiante y trabajadora del sistema del empaques rescata las relaciones que se generan con los compañeros, el poder desenvolverse en público y el poder desarrollar sus habilidades blandas. “Estamos dentro de un sistema democrático, donde tenemos voz y voto al momento de escoger a nuestros representantes, los que van a hacer que este sistema de empaques funcione de manera oportuna”, señaló.

El estudiante de traducción, empaque y encargado de turno del sistema guarda grandes recuerdos de este trabajo “Deja una gran sensación, se genera carisma enorme. Te da la opción de conocer, compartir con compañeros, generar lazos de amistad. Generar conocimientos que en otro lado no lo podría obtener” expresó. “Rescato mucho el trabajo en equipo, aparte de generar una red de contacto, se instauran una buena conversación lo que puede terminar en una amistad, no solo con el universo de empaques, sino que también con el mismo personal del supermercado. Me gusta la forma de intercambiar experiencias y conocimientos, quizás nunca hubiera interactuado con compañeros que estudian algo fuera de lo que será mi área profesional, en este caso la salud” indicó Joaquín Carrasco, estudiante de enfermería, empaque y encargado de
turno.

Esta y mil cosas, son las que se esconden tras estos trabajadores, solo basta con levantar la cabeza, saludar, agradecer por su trabajo y ¿por qué no? aportar para que puedan cumplir con sus objetivos, sea cual sea este.

Diez años de las movilizaciones estudiantiles

Hace aproximadamente diez años, 600.000 estudiantes secundarios salieron a las calles para manifestarse en búsqueda de un sistema de educación digno. Hoy, a pesar de que la motivación no es exactamente la misma, los jóvenes de nuestro país siguen movilizándose.

Por Rocío Araus y Kathleen Pérez, estudiantes de periodismo de la UCN.

El 2006, los “pingüinos” se comenzaron a manifestar para lograr, a corto plazo, la gratuidad del pasaje en el transporte público y la gratuidad de la Prueba de Selección Universitaria (PSU), debido a los anuncios del alza en la prueba, y la restricción en el uso del pase, y a largo plazo la reforma a la Ley Orgánica Constitucional (Loce), entre otros. A partir de esta revolución, los estudiantes cambiaron la actitud pasiva que se había mantenido hasta ese momento, tomaron las riendas e hicieron algo para generar el cambio que se buscaba y que aún se busca.

2011 fue un hito que marcó un antes y un después en muchos alumnos, un cambio de perspectiva. “Ese año fue el resurgir del movimiento estudiantil, eran los jóvenes que alguna vez se alzaron el 2006 en la Revolución Pingüina, pero ese año se cuestionaban aspectos aún más profundos, lo que ocasionó niveles altos de convulsión y politización por cerca de 8 meses en Chile, más del 80% de la población del país quería educación gratuita” comenta Michel Garró, estudiante de la carrera de periodismo en la Universidad Católica del Norte (UCN), actual consejero de Humanidades y en ese entonces alumno del Liceo Politécnico A-33, quien agrega que a pesar de marchar todos los días, de las tomas de liceos y universidades; y de la inestabilidad del gobierno de turno, no se consiguió que se cumplieran sus demandas.

En una entrevista para el medio “La Tercera” del 20 de marzo del presente año, la Presidenta de la Juventud Socialista, Karina Delfino comenta que fue en ese año (2011) donde se comienza a cuestionar todo el sistema, se habla de una nueva Constitución, de reforma tributaria. “Pensamos un gran movimiento que hablara de educación desde lo más básico hasta el nivel superior. Era nuestro mayor desafío. Luego de que el movimiento y la sociedad se empoderara, se podía empezar a cambiar el sistema educacional entero”.

Por otro lado, se presenció un desarrollo en las posturas políticas en todos los partidos, por parte de los jóvenes estudiantes; Maximiliano Mellado, para la misma entrevista de La Tercera afirma que “había más pluralismo en esa época. Si miras nuestra dirigencia había de todo. César era del sector de izquierda, militante activo del Partido Socialista y Julio Isamit de derecha”.

En estos diez años hemos visto cómo los enfoques han ido cambiando, ya no se está concentrando, como antes, en la calidad, sino en el financiamiento de la carrera, como detener el endeudamiento excesivo en los que el CAE tiene inmerso a un porcentaje importante de universitarios.

La educación gratuita, fue el motor de la campaña presidencial de Michelle Bachelet el 2013, donde se prometió que la educación sería gratuita y de calidad para todos los jóvenes. Sin embargo, hoy 125.392 estudiantes son los que cuentan con esta famosa gratuidad, que además de no ser para todos como se había planteado en un comienzo, cuenta con una “letra chica”. Este beneficio cubre los años que dure la carrera universitaria ¿Qué pasa si el alumno se retrasa un año en sus estudios? se pasa directamente al Crédito con Aval del Estado (CAE), lo que deja al estudiante con una deuda que lo seguirá por años.

Este año uno de los motivos del llamado a la paralización de actividades académicas de parte de la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH), además de lo ya mencionado anteriormente, fue el proyecto educacional, ya que este tenía bastantes puntos en débiles respecto a lo solicitado por los estudiantes movilizados, fue realizado sin la participación de estos y, por lo tanto, no se tenía la seguridad de que si este cumpliría lo que se ha pedido en diez años.

¿Qué es en lo que más coinciden los estudiantes al hablar de las movilizaciones?

Los estudiantes, van más allá de los petitorios, están de acuerdo con el fin, pero no con “aquellos que van a hacer desastres”  y “las personas que no quieren estudiar, son flojos y utilizan las movilizaciones para salir, carretear y sacarse fotos” en palabras de Nicolás Oyanader, estudiante de psicopedagogía en Inacap, “las movilizaciones son para un bien común no puedes, por último si vas a salir mientras estás en paro hazla piola, apoya la causa, pero si votas sí al paro y no estás ni ahí, no vas a las asambleas, mal”, continua el joven.

Al igual que Oyanader, Paloma Muñoz, estudiante de enfermería en Universidad Santo Tomás, tiene una opinión en negativo con respecto a las personas que ejercen violencia en las manifestaciones, ella expresa lo siguiente “lo que no me gusta es el grado de violencia que existe, porque la manifestación no significa solamente ir a una protesta, tirar piedras, sacar señaléticas, porque eso ya no es una manifestación, ahí tú estás pasando a llevar los derechos de otras personas”

Los alumnos de las distintas instituciones educacionales tienen una opinión formada, nos  los demuestran en cada una de sus críticas hacia lo que falta y lo que no, un ejemplo es de esto es lo que nos dice Muñoz “hay que fomentar eso, fomentar el estudio, fomentar el hecho de que esfuercen para lograr algo, no que el gobierno precisamente que es el que está a cargo de todo esto le tenga que regalar las cosas, ellos se tienen que esforzar, para poder alcanzar sus objetivos, porque no todo en la vida es gratis, todo tiene un grado de esfuerzo” declara, agregando “entonces yo creo que hay que partir por ahí, el hecho de que se manifiesten, de que hagan protestas, de que participen en ellas, de que hagan tomas, de que hagan paros, de todo eso, está súper bien, se logran objetivos, se logra el objetivo de querer ser escuchados por el gobierno”.

Es común ver una polarización dentro de una misma carrera, también dentro de una misma universidad. No muy lejano, el último llamado a paralización por parte de la CONFECH, nos trae de ejemplo el último plebiscito para paro indefinido de la Universidad Católica en donde de un total de 4178 estudiantes, 2047 votaron que sí y 2131 al no, es decir, una diferencia de 84 votos, que es mínima considerando la gran cantidad de participantes en este ejercicio. Miguel Rojo, quien es consejero de la Facultad de ciencias añade “en general yo encontré excelente que llegáramos a un quórum tan alto en la votación, es súper representativo, estuvo súper peleado” Rojo además deja ver su postura frente al movimiento estudiantil: “yo quiero hacer un cambio en este país, por algo estudio pedagogía y sé que movilizarse es necesario”.

¿Qué se ha logrado en estos 10 años de movilizaciones?

Principalmente, se ha logrado tanto empírica como de manera abstracta, un cambio de pensamiento de parte de los chilenos. A partir de este movimiento estudiantil las marchas volvieron, tanto para la educación, como para la salud y la libertad de expresión. A partir del movimiento se desarrolla una visión crítica de quienes nos están gobernando, ya no solo son espectadores, también salen a la calle a reclamar aquellos que no les gusta y está mal.

Diversas organizaciones han nacido de esto y es algo que solo hace crecer la participación que se necesita para generar cambio en una sociedad extremadamente conservadora como la chilena.

A la vez se ha ganado que la Tarjeta Nacional Estudiantil, también llamado pase escolar, sea gratuito y de uso los 365 días del año, las 24 horas del día, la beca PSU, el horario protegido para que las carreras puedan reunirse en un bloque y puedan participar de actividades, etcétera, y el gran avance: la gratuidad, que a pesar que no ha sido de la manera que se deseaba ha beneficiado a una cantidad importante de estudiantes que ven esto como una oportunidad de ser profesionales.

Pero luego de diez años, la experiencia ha dejado ver un porcentaje de rechazo frente hacia las formas más reconocida de movilización, es decir, los paros y las tomas, muchos universitarios en 2011 reprobaron y se atrasaron en sus respectivas carreras, consecuencias que no se han dejado olvidar, ¿significará esto que ya es momento de cambiar los métodos?

El periodista, la red, el multimedia y su grabadora

Por Giglia Vaccani.

A menos de dos décadas del magnífico discurso ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) del periodística Gabriel García Márquez donde hablaba del “nocivo avance tecnológico de la grabadora”, entre otros hitos, en la práctica del oficio las cosas terminaron sorpresivamente más enredadas para los periodistas: llegó Internet con sus redes sociales; sus textos breves e hipervinculados; las burbujas de ocio y la cultura de la convergencia; la multimedia y los hipertextos; el touch y la lectura por escaneo; la big data y la minería de datos; la infoxicación y los bots; los APPs y los responsive; los teléfonos inteligentes y los phablets; la realidad aumentada y el 3D.

Todas, herramientas que obligaron al periodista a plantearse si es que acaso no había llegado la hora de asumir que su rol ya no era vital para informar desde la calle, desde el in situ, el hecho noticioso, la anécdota, la historia humana, la denuncia.

El primer remezón en el corazón del reportero fue el nacimiento del Periodismo Ciudadano o Periodismo 2.0, a fines de los años ’90, caracterizado por la participación de los propios ciudadanos en el proceso de creación y difusión de la información, muy bien alentado por la democratización de Internet, la masificación de los medios digitales y la consolidación de los entornos colaborativos.

Luego vinieron las transformaciones en la industria periodística más influyente del mundo: “The New York Times vende de lunes a sábado cerca de un millón de ejemplares y tiene 22 millones de usuarios únicos de Internet sólo de Estados Unidos. The Guardian vende 300 mil ejemplares diarios en el Reino Unido y su edición electrónica es vista por 36 millones de personas en todo el mundo diariamente. The Times de Londres tiene 673 mil ejemplares diarios y 21 millones de visitantes al mes”, precisaba ya en 2007 Matías Martínez Molina en su libro La Crisis de los Grandes Periódicos al dar cuenta de los cambios en la industria.

En Chile, el proceso no ha sido menos sintomático. Un estudio realizado en tres regiones del país de lectores de medios escritos y audiencia de radios (Conicyt) precisaba ya en 2011 que “el nivel de lectoría de jóvenes entre 15 y 29 años en la on line era muy superior respecto a los medios impresos. Y que mientras el papel presentaban niveles de lectoría de 34% en la IV Región, 39% en la V y 28% en la VIII; para los medios en su versión online los niveles subían a 48%, 58% y 45%, respectivamente”.

Cambiaron los medios, cambiaron los lectores y también cambió el mercado de la publicidad: en Chile, mientras en 2004 la participación en el mercado publicitario de los medios on line apenas alcanzaba los U$ 9 millones, en 2013 ya se empinaba sobre los U$ 232 millones. En el caso de la televisión nacional las ventas en publicidad crecieron en la última década a un ritmo de 23% y los diarios a 17%, tasas despreciables si se comparan con el crecimiento que la venta de publicidad on line ha tenido en menos de 3 años: 1.467%.

Las nuevas tecnologías, con sus innovaciones incesantes y vertiginosos ritmos no han dado respiro para que los reporteros se sienten en sus redacciones a reformular la generación de contenido para “los otros lectores” de “los otros formatos” de “los otros canales” informativos que hoy comienzan a hacerse un espacio fuera del papel, la tv, la radio y el portal web.

De ahí el deber ético de los periodistas de entregar su experiencia a la academia y sus aulas, sus docentes y pupilos, con el objetivo de no dejar hechos al azar y comenzar a epistemologizar sobre los distintos paradigmas que se abren en el consumo noticioso de la Sociedad de la Información. Eso sí, sin dejar nunca de cumplir con la sagrada misión de defender a la opinión pública de toda amenaza que atente contra el pluralismo social y la democracia política.

No hacerlo hoy resultaría una afrenta a la esencia ética de, lo que Gabriel García Márquez llamó en ese mismo discurso ante la SIP del año 1996, “el mejor oficio del mundo”.

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