¿Qué es la intencionalidad en la comunicación humana?

O.- INTRODUCCION.

Este trabajo revisa el concepto de intencionalidad a la luz de la filosofía del lenguaje y su relevancia en el ámbito de lo que podríamos llamar semántica  de la comunicación humana. Aunque resulta complejo desarrollar estas ideas en un solo trabajo, el objetivo es presentar los aspectos más relevantes del fenómeno de la intencionalidad cada vez que pretendemos expresar, de un modo verbal o no verbal, el efecto o los efectos que puedan tener nuestros actos desde lo cotidiano de la vida hasta la formalidad de un argumento científico. Así existe entonces una intencionalidad de nuestras maneras de ver el mundo, desde creer o no creer en esto o aquello, hasta la presentación del conocimiento en cualquier rama del campo científico. El mundo en el que nos movemos encontramos siempre una gama amplia de intenciones o intencionalidades; basta con mirar a nuestro alrededor que a menudo no nos damos cuenta que existen; es mas o menos similar a la importancia que tiene el oxígeno en el aire que respiramos; le damos importancia cuando nos lo quitan o nos llega a faltar. En la naturaleza de las interacciones humanas ocurre algo similar por no decir lo mismo, en lo que Pierre Le Morvan (2005:283-302  ) llama ‘estados intencionales’ los que pueden ser ‘transparentes’ (dejan ver el otro lado), ‘translúcidos’ (que deja pasar la luz pero que no permite distinguir lo que hay detrás), y ‘opacos’ (que impiden el paso de la luz, obscuro o sombrío) ¿cómo son entonces nuestras interacciones verbales o no verbales?

1. ANTECEDENTES ACADÉMICOS.

No estamos frente a un concepto común en la historia de la lingüística o en los estudios del lenguaje humano pues lo encontramos tratado de un modo tangencial en la teoría de los “actos de habla”  con J.L Austin (1991-1960) y posteriormente por J.R. Searle, ambos filósofos británicos. El concepto en sí pertenece a la ‘filosofía del lenguaje’ y lo encontramos también  en la filosofía escolástica  de los siglos XI y XII donde intencionalidad significaba  o era equivalente a ‘mental’ , es decir, que “existe en la mente y que contienen una esencia con cierta apariencia” .  También fue un concepto o noción central en la filosofía y psicología  de la Edad Media  que aunque omitido o subestimado, estuvo posteriormente en la dicotomía cartesiana sobre el cuerpo y la mente.

Etimológicamente ‘intencionalidad’ viene del Latín ‘intendere’ que significa o quiere decir ‘dirigir la mente hacia’, ‘extender’, ‘tener en mente’, ‘diseñar o tener ideas para un propósito específico’. Fue introducido posteriormente por  Franz Brentano   (1838-1917), maestro de Husserl, en 1874.  Brentano era especialista en Aristóteles y filosofía escolástica, desarrolló una teoría de los valores y una psicología descriptiva de la  intencionalidad siendo la clave para distinguir un fenómeno psíquico de un fenómeno físico en relación al status ontológico y psicológico de los objetos del pensamiento.

En otras palabras, la propiedad única  de un fenómeno mental, sostenía, de dirigirse a un objeto, ya sea real o imaginario. En su enfoque empírico de la psicología la intencionalidad es una característica de todos los actos de la conciencia que puede separar lo psíquico o mental de lo físico o natural.

Sostuvo que la conciencia se define por el hecho de que siempre pretende o apunta a algo haciendo que la ‘intencionalidad’ otorgue contenidos significativos a la misma. Husserl, así, extendió el concepto a todas nuestra formas de conocimiento; la conciencia – sostenía –  nunca existe en un vacío subjetivo sino siempre es estar al tanto  de algo;  no se puede separar del mundo de los objetos sino que siempre es constitutiva de ese mundo. De esta manera, la ‘intencionalidad’, como Brentano la introdujo en la filosofía moderna, estableció la diferencia entre lo mental y lo físico, donde los estados mentales establecen o tienen una relación intrínseca con un objeto al cual se refiere. Así, las entidades físicas son lo que son y, por su esencia, no se refieren a nada más; no tienen extensión más allá de lo que son. Los estados mentales tienen una esencia incompleta, es decir, no pueden  existir al menos que los complete el objeto al cual se refiere o relaciona. La posición de Brentano, entonces, se opone a cualquier teoría que sostenga que los estados mentales se relacionan extrínsecamente con el mundo, es decir, a cualquier teoría en la que éstos sean autosuficientes y que, secundariamente, se relacionen con el mundo por medio de algo externo a su naturaleza, por ejemplo, una causa neurológica (accidente cerebro-vascular), o una intervención divina (trascendencia espiritual) o lo que él llamaba una ‘armonía pre-establecida’. Es por esto que el estudio de la intencionalita puede estudiarse también en el campo de la neurociencia cuando se trata de comprender las disfunciones en la comunicación humana (Bennet & Hacker, 2003:9-11).  Señala, al respecto que una acción mental es a menudo portadora  de un objeto intencional sin el cual no podría ser una acción mental (relación causal). Lo que importa tener claro – al menos para los efectos y propósitos de este artículo – es que la ‘intencionalidad‘es un proceso de constitución de significado.  Así, las cosas físicas, los objetos de la naturaleza, y los procesos causales  como entidades constituidas para asignar significados,  dependen de una intencionalidad trascendental, es decir, que no puede reducirse a o explicarse por ningún proceso físico. Resulta en consecuencia que el concepto de intencionalidad es una propiedad de los actos psíquicos o mentales; es una particularidad fundamental  y general de la conciencia acerca de algo. Lo encontramos también  en el llamado ‘argumento ontológico de San Anselmo (filosofía escolástica)   para explicar la existencia de Dios  que distingue entre los objetos que existen en la comprensión de un fenómeno y los objetos que existen en la realidad. Lamento no poder dar cuenta en detalle sobre este punto pues da lugar a la articulación de otro trabajo.

Ahora bien, J. Searle (1932),Profesor de Filosofía de la Mente en  la Universidad de California, Berkeley, sostiene que todo estado intencional posee un contenido intencional que determina las condiciones de satisfacción de ese estado; es mediante el contenido intencional que éste se vincula al objeto, el estado representa el estado de las cosas que satisfacen estas condiciones; los estados intencionales se representan sólo en el sentido que el lenguaje los represente. Cada estado, además,  tiene  un modo psicológico que determina su orientación ya sea de la mente con el mundo o del mundo con la mente; es lo que ocurre  por ejemplo, con la validez  de una creencia la que se logra cuando la mente se equipara con el mundo (verdad). Sobre esta base, resumiendo a Searle, podemos afirmar que se pueden distinguir cuatro relaciones entre los estados intencionales y la realidad: a) del lenguaje con un objeto, b) estado intencional con el objeto; c) estado intencional  con la infraestructura psicológica, y d) el estado intencional con la infraestructura neurológica (correlato mente-cerebro).

Veamos, el lenguaje se relaciona con la realidad mediante los hablantes y los actos de habla, los hablantes (o usuarios de una lengua)  utilizan oraciones para representar el significado que desean expresar, la comprensión de los significados lingüísticos depende, por tanto,  del análisis que hagamos de los estados mentales intencionales y de esta manera  con la realidad . Los estados mentales – por otra parte –  no se relacionan con la realidad de la misma forma como lo hacen las palabras. Por ejemplo, no podemos usar una ‘creencia’ de un modo particular más que en otro  pues su contenido intencional determina sus propias condiciones de satisfacción. Ello significaría llegar a inventar una serie infinita de hablantes o usuarios de una lengua  en los que cada uno utiliza estados mentales o representaciones diferentes para significar algo; como ello puede llegar a ser infinito, Searle lo limita o constriñe y se queda  con el ‘estado intencional’ sosteniendo que su contenido lógico determina – lo que él mismo llama – sus propias condiciones de satisfacción, por ejemplo, al decir que la  luna es roja no puede utilizarse para significar el gato es negro aunque la oración primera pudiera hacerlo si así lo queremos .  Los estados intencionales estarían  relacionados sólo de un modo empírico con las experiencias psicológicas que las abarcan y que son propias de los individuos y que caracterizan las experiencias perceptuales, pero como estado intencional  o contenido proposicional involucrando de esta forma actos mentales concientes.

Podríamos decir , entonces, que una experiencia visual puede ser de duración limitada,   agradable o desagradable , pero como propiedades de la experiencia no deberían confundirse  con su contenido intencional; el objeto material puede  ser sólo el objeto de la percepción visual  y el vehículo del contenido intencional es la ‘experiencia visual’; sin duda que esto nos ayuda a entender un poco más la naturaleza de la comunicación humana cuando los estados perceptuales intencionales se relacionan con la(s) experiencia (as)y  aunque esta relación pueda no ser lógica frente a casos de  experiencias patológicas.

Sobre lo anterior, ¿cómo se entiende, en consecuencia,  la relación entre estados intencionales y su infraestructura física, vale decir, el problema mente-cuerpo? Los estados mentales, sin duda,  son el producto de procesos neuro-fisiológicos (estados físicos); la mente  y sus estados son estados biológicos de nivel superior. Aún no está del todo claro si Searle postula la idea de cómo los estados intencionales  se relacionan causalmente  con el correlato neurológico  en el cual se originan, se realizan y  se proyectan. En todo caso, dada las limitaciones de espacio en este artículo dejamos al lector motivados a escrudiñar que la verdad última la podemos encontrar en el terreno de la neurolingüística de la comunicación  humana , la filosofía de la mente, y la filosofía del lenguaje, como una forma de entender la naturaleza de  la relación entre estados intencionales versus realidad.

En la segunda parte de este trabajo analizaremos ahora aspectos más particulares sobre el concepto de ‘intencionalidad’, en relación a su ‘referencialidad’, ‘ contenido’, ‘enfoque filosóficos contemporáneos’, ‘variedades de contenidos intencionales’, y finalmente , los ‘aspectos normativos’.

  1. La Referencialidad: la entendemos como la función o propiedad mediante la cual un signo lingüístico remite a un objeto del mundo exterior. Pueden darse  varios sentidos u orientaciones en las que una representación puede relacionarse con un objeto, por ejemplo, si una persona cualquiera se imagina o dice que ve un elefante rosado, su experiencia visual o juicio está en un sentido dirigida a ello aunque en verdad no exista ningún elefante de este color  delante de él o ella. Esta referencialidad subjetiva fue la gran preocupación de Brentano y que ha sido bastante estudiada dentro de la tradición fenomenológica; esta habilidad para representar objetos o cosas inexistentes también la encontramos en el Arte y, por supuesto, en la sintaxis de las lenguas naturales, es decir, no es única o exclusiva a un fenómeno mental. Si alguien correctamente percibe o juzga  que hay una manzana delante de él/ella, el acto mental se dirige sobre la base de que este objeto o cosa se encuentra allí,  haciendo que la referencialidad real tampoco sea exclusiva de dicho fenómeno mental. En tales situaciones o casos  podemos sugerir – siguiendo a Brentano – que una representación puede tener dos objetos: uno real y otro intencional. Si una percepción o  juicio no son  verídicos,  carecen, por lo tanto, de un objeto real pero todavía estaría referido a la situación intencional de representación de la manzana. El problema es que este enfoque o perspectiva yace siempre en el trasfondo de cualquier intento por estudiar si la intencionalidad puede existir puramente sin considerar el  o nuestro mundo exterior; es el gran dilema de lo que llamar ‘la arquitectura básica del habla y de la comprensión en nuestros procesos lingüísticos;  se trata simplemente de entender que la dirección u orientación hacia un objeto –o acción de referir- corre paralelo con una serie de situaciones o problemas que  podemos estudiar  a la luz de las así llamadas ‘teoría modernas de la referencia’ campo o dominio para indagar o profundizar más sobre este especial particular. Lo podemos en otro artículo.

2. El Contenido: Todo tipo de representación tiene un contenido llamado también sentido o significado (del Latín ‘continere’ = mantener junto). Así una percepción o juicio pueden representar un objeto y su propiedad o clase al igual como lo hace una oración o enunciado verbal; también puede que  un cuadro, e incluso un diagrama cumpla con la misma función. Pero ocurre también que no todas las representaciones  tienen un contenido o presentación de una verdad, pues ellas a menudo aluden a aquello que viene al caso; poseer un contenido es, tal vez,  más esencial que poseer un objeto. Algunas representaciones,  por ejemplo la creencia de que está lloviendo, no son dirigidas a un objeto  a pesar de que tienen contenido. Sin embargo,  aportes recientes desde el campo de la filosofía de la mente descubren que puede haber varios tipos de contenidos así como diferentes nociones o conocimientos parciales  de los mismos. Sí, es pertinente afirmar que muchos filósofos aceptan la idea de que la intencionalidad, por sobre todo,  tiene primacía ; esto quiere decir que  él o los significados encontrados  al mirar  una obra de arte (pintura, escultura , etc.), así como el sistema léxico de una lengua ( palabras),  dependen de la forma cómo las interpretamos como ‘significativos’  por quien lee , escucha , escribe o habla. Los estados mentales, por otra parte,  tienen contenidos para quienes los elaboran en sus esquemas mentales o cognitivos, independientemente si alguien les asigne este o aquel contenido. El problema central entonces en el ámbito de la filosofía de la mente, la lingüística cognitiva, la teoría de la comunicación, e incluso la psicolingüística será dar cuenta de la intencionalidad  explicando el contenido mental y la referencialidad mental.

3. ¿Qué es entonces la intencionalidad? :  dentro de los márgenes  de  trabajo, debemos decir que  la ‘intencionalidad’  , sobre la base de lo desarrollado en párrafos precedente, es un término que se refiere a un conjunto de peculiaridades semánticas expresadas por cierto tipo de enunciados u oraciones  incluso las que utilizan  operadores modales ( verbos como ‘poder’, ‘podría’, ‘debería’ etc.) en oraciones para expresar  explicaciones causales (porque/por qué) y aquellas  utilizadas para informar ‘actitudes proposicionales’ para transmitir información acerca de atributos (propiedades o características), aspectos, o puntos de vistas. El motivo fundamental para interpretar las actitudes proposicionales (declarar o dar a conocer)  va  con el hecho de que  tales contenido pueden considerarse como representaciones de segundo orden, es decir,  son representaciones lingüísticas pero que tienen contenidos proposicionales  y que se pueden referir  a representaciones de la mente siempre con   un contenidos per se . Así cualquier informe o reporte no debe confundirse con lo que se informa pues el estado mental adscrito por una oración intencional  en si misma no ser intencional. 

4. Antecedentes Filosóficos Contemporáneos: Trataremos en esta sección de entregar de un modo resumido, obviamente,  las ideas principales contemporáneas, de raigambre filosófica, que han orientado en el tiempo los estudios sobre ‘intencionalidad’ teniendo presente dos pilares principales que sustentan las distintas posiciones o enfoques: el naturalismo científico o sistema filosófico que atribuye todo a la naturaleza  como primer principio, en segundo lugar a la idea de que el ‘discurso mental’ es una teoría informal o popular en el sentido que pertenece o se origina en la gente (folk theory) o psicología del conocimiento popular.

4.1.  La Ciencia y los Fenómenos Mentales: las ciencias naturales constituyen nuestro cuerpo de conocimientos más sobresaliente y sistemático. Esto es así pues cualquier visión desde el mundo científico  evita las explicaciones sobre entidades y fuerzas sobrenaturales. A pesar de ello los fenómenos intencionales no han sido explicados completamente por la ciencia  donde surge la idea de que la psicología, tarde o temprano, se integre con la biología y la física. Si esto no pudiera llevarse a cabo, sin duda  que el único perdedor en esta falta de integración puede ser el concepto que poseemos respecto de la ‘mente’. Desde la filosofía surgen algunas luces, en este sentido, al ver esta actividad  como una línea de investigación en cooperación con la ciencia para ver si la ‘mente’ – por así decirlo – puede  ‘naturalizarse y si es así, cómo? así al menos lo vemos en el planteamiento que Woodfield (1982) hace al referirse a la relación del pensamiento y los objetos en , precisamente, su obra ‘Pensamiento y Objeto’ (ver cit.)

4.2  La Psicología Tradicional o Popular: Los términos y generalizaciones que la gente común y corriente utilizan para describir la ‘mente’ en particular lo referente a las creencias y deseos constituyen una teoría, así al  menos se le considera dentro del marco del estudio de la ‘intencionalidad’. En este sentido, los términos que se usan pretender denotar estados ocultos en la persona y donde las generalizaciones  producen formas de predicción  y explicación aludiendo a las interacciones entre tales estados. Esto constituye una ‘teoría popular’ pues todos los miembros pertenecientes a una u otra cultura lo dan por supuesto  y  se transmite irreflexivamente de una generación a otra. Desde el punto de vista de una persona común y corriente no parece constituir en absoluto una teoría. Pues bien la situación es que los filósofos, guardando alguna distancia  de los ‘juegos lingüísticos’ (Wiggenstein, 1983) de la mente han tratado de evaluar la psicología popular con los mismos criterios utilizados  para evaluar teorías empíricas en la filosofía de la ciencia  formulando las siguientes preguntas: ¿los términos teóricos de la disciplina se interpretan de una manera formal o instrumental?  Si fuera lo primero – formal (realista) – ¿los términos se refieren a estados verdaderos o a generalizaciones verdaderas? Si estos existieran, ¿se pueden reducir a  estados y propiedades reconocidas por otras ramas de la ciencia? Y si no se pudieran reducir ¿son ella bien fundamentadas? Por ejemplo, al creer que los precios o el costo de la vida sube es por el afán de lucro (popular), o sea la relación entre oferta y demanda (Economía); sin duda los ejemplos abundan si miramos las conversaciones de la vida diaria y las exposiciones formales de una determinada disciplina científica; estamos aquí frente al campo de la psicología popular y ciencia formal. En el espacio de las posibles respuestas ha habido diversas posiciones siendo la más sobresaliente la de Fodor (1987) en la elaboración de una ‘psicosemántica’. Sugiero al lector, para mayor conocimiento, consultar esta fuente.

Sin duda han surgido voces expertas interesadas en el estudio de los estados mentales  como por ejemplo desde el lado de la academia y la psicología clínica  quienes han capturados tales constructos populares como se conocen allí; el asunto es ver si es una buena política. El surgimiento de una ‘ciencia cognitiva’ interdisciplinaria ha incorporado, en la últimas décadas,  una reflexión crítica  sobre la idea de las  así llamadas ‘representaciones mentales’; la idea rescatable aquí ha sido que si el ‘conocimiento popular’ (folk psychology) contiene defectos , gran parte de él parece plausible y válido. La pregunta que nos planteamos dentro del contexto de la ‘intencionalidad’ es ¿Podemos individualizar  los estados psicológicos por su contenido intencional?  Es retrógrado dice Churchland (1981)  o es relativo al observador dice Stich (1983) pero ocurre que este tipo de censura no ha convencido mucho a dejar de pensar en  ello.  Frente a esto cabe preguntarnos ¿qué criterio de individualización debería usar la ‘ciencia cognitiva entonces?  O se debería utilizar una metodología solipsista (visión de que realidad se debe ajustar a la experiencia personal de cada uno)?  ¿a qué nivel, personal o subpersonal?  El problema que surge aquí es que las recetas – por así decirlo – no son las mismas para la ciencia como lo son en el ‘conocimiento popular’. Se recomienda que se tiene que ser cuidadoso  para  aclarar que los principios para clasificar las experiencias del mundo que tiene la gente son propios y sobre esta base se les puede pedir que evalúen otros, sobre todo en el ámbito de la investigación social. A partir de la década de los 80 se observaron importantes descubrimientos y aportes hechos sobre estos particulares en relación a las ‘taxonomías de contenidos’, dicho sea de paso.

4.3  La Teoría de la Información  Semántica:   Los filósofos de lenguaje también han recurrido a una teoría basada en el contenido y que es diferente a la ‘psicología popular’, es la llamada “teoría de la información semántica” (TIS). Aquí se ha intentado demostrar cómo analizar la intencionalidad de las señales o portadoras de  la información natural pero de un modo fisicalista, es decir,  relacionar mente-materia de una manera inteligible. No hay objeción, dice Woodfield (op. cit.),  para emplear esta noción también  en ciencia. Sin embargo, surgen interrogantes en relación a la noción de ‘intencionalidad mental’;  algunos teóricos piensan que la noción de ‘información’ abre la posibilidad de un análisis reductivo, otros sostienen que ambas nociones son ‘mutuamente irreductibles’.

4.4 La Eficacia Causal del Contenido: Se trata de dar cuenta de la pregunta de por qué el concepto de ‘intencionalidad mental’ es cuestionado . Una razón es la sospecha de que estamos frente a un epifenómeno: la psicología popular trata los contenidos de los estados mentales como causalmente relevantes. Esto significa que cuando un deseo o creencia en conjunto producen una acción, sus contenidos  determinan qué tipo de acción se puede producir. En este sentido se entra  a dudar si los contenidos de naturaleza causal son eficaces, el supuesto popular resultaría en consecuencia  ser un ‘mito’. Las dudas surgen a partir de lo podríamos llamar ‘idea Hobbesiana’ ( de Thomas Hobbes 1588-1679, filósofo inglés, racionalista que consideró la metáfora como un abuso del lenguaje), que el razonamiento iguala al cálculo o computación, idea trabajada en el campo de la ‘inteligencia artificial’, un computador digital es útil pues a sus estados internos se les pueden asignar valores semánticos ; un computador , sobre esta base, está programado para barajar sus estados internos de acuerdo a reglas y de ahí modelar operaciones del mundo real sobre entidades que son los valores semánticos de los estados; el hecho de que un computador modele la realidad no es relevante a cómo funciona. El paso de un estado a otro está determinado por la estructura física  de la máquina y su programa que interactúa de un modo causal con los aspectos físicos de los estados, estos procesos serían exactamente los mismos incluso si los estados no se les haya asignados significados. Según esto, los computadores resultan ser máquinas físicas que hacen funcionar máquinas sintácticas, parecen ser máquinas semánticas, pero en realidad no lo son, pues ,como lo sostiene Searle (1980) , sus propiedades semánticas no realizan ningún trabajo causal. Las reacciones a este planteamiento – a juzgar por la literatura consultada – han tomado dos formas: una es investigar la analogía entre la semántica del computador y la semántica de los estados mentales. La segunda ha sido el reavivamiento del interés por entender mejor cómo funcionan las explicaciones que tienen que ver con la entrega de razones  relacionadas con la eficacia causal, la relevancia causal y la relevancia explicativa, temas o subtemas propios del ámbito de los estudios sobre ‘intencionalidad’ también relevantes y que comprometen  al terreno de la informática o ciencia de los computadores (computers science).

5. Variedades de los Contenidos Intencionales:

5.1      Contenido Informativo.

La distinción entre contenido de información y contenido mental  es paralela a la distinción que Grice (en Churchland, 1981) hace entre ‘significado natural’ (indicador)  y el significado no-natural. Al respecto, un signo natural porta o lleva información  sobre otro evento o estado en virtud de una dependencia  de lo primero sobre lo último. Por ejemplo,  el disparo de una unidad neural en el cerebro de un sapo indica que existe o hay un bicho en el campo visual del sapo. De la misma forma una huella en la arena puede portar o llevar información sobre un suceso o acción realizada por alguien; ello nos hace pensar que los estados subpersonales (la suspicacia y la perspicacia) son portadores también  de información activada en el neocortex del cerebro,  de manera que este tipo de intencionalidad parece  estar relacionada con la manera cómo el cerebro procesa la información, esto significa que la noción de contenido mental puede explicarse en términos del procesamiento de la información (Bennet  & Hacker, 2003).

5.2 El Contenido Mental: puede ser multifacético pues poseen propiedades semánticas como las condiciones de verdad, de satisfacción,  referencia; también encontramos en él   roles explicativos, estructuras internas (conceptos y redes de contenidos diversos). Integralmente están  relacionados con otros contenidos, por supuesto,  en redes (mapas mentales o redes semánticas) gobernadas por restricciones racionales mínimas según lo cual se pueden clasificar como sigue:

5.2.1 Manera de Presentación : Ver que tenemos una manzana frente a nosotros es una experiencia diferente a pensar que tenemos una manzana frente a nosotros, aunque el objeto sea el mismo: ver y pensar son actividades diferentes siendo el contenido también diferente. La idea es que ya sea que un objeto se presente de un modo perceptual o conceptual  (o incluso sobre la base de la voluntad)  hace diferencias en la forma cómo se individualiza el contenido. Esto nos hace pensar que  ciertos contenidos perceptuales  no pueden individualizarse por la reglas válidas para individualizar modos conceptuales de presentación, a modo de ejemplo consideremos la presentación de un hecho noticioso en un medio y la representación que nos hacemos de la misma al escucharla o leerla.

5.2.2 Modos de Presentación Aquí resulta que nos encontramos ante la situación de que algunos contenidos de pensamientos son puramente descriptivos, explicativos, interpretativos, e incluso argumentativos. De esta manera  involucran  solamente el ejercicio de conceptos generales. Un pensamiento singular, por otra parte,  puede incorporar ya sea conceptos individuales o ‘ nombre mental’  de un objeto individual, o pueden contener elementos indicativos , vale decir,  el sujeto piensa acerca de un objeto de un modo demostrativo como ‘este’ o ‘aquel’, o pensar acerca de un lugar como ‘aquí’ o ‘allí’, o también acerca del tiempo como ‘ahora’ o ‘entonces’ ; también algunos pensamientos pueden resultar ‘anafóricos’ (ejemplos: mujeres, niños y ancianos, todos habían venido; al profesor, yo no se lo dije) , es decir, que se completan con información de trasfondo de otros pensamientos o recuerdos hacia los cuales ellos se refieren . Frege (Evans, 1982) denominó o llamó a estas formas de pensar diversas  ‘modos de presentación’.

Ahora bien, la clasificación de contenidos debe tomar en cuenta los modos de presentación con el fin de captar los roles que los pensamientos juegan en las inferencias racionales  y en el control de la conducta. Este criterio intuitivo en la diferencia del pensar se dan si una persona racional juzga un objeto con la propiedad X  y al mismo juzga que no posee la propiedad X; puede darse el caso que conciba el objeto bajo modos distintos de presentación en ambas formas de juicios o evaluaciones; si así no fuera estamos frente a una situación de lo que conocemos como ‘inconsistencia’, el modo de presentación del contenido determinará el rol explicativo de las formas de pensar o simplemente pensamientos. Hasta aquí esta síntesis respecto de los modos de presentación; sugerimos por la complejidad de tema consulta la obra Intentionality de J. Searle (1983).

5.2.3 Los referentes del Mundo Real: Aquí entramos propiamente en el ámbito de la semántica; aquí el asunto es que los pensamientos, tipos, y propiedades pueden clasificarse de un modo que sea reflejos sensible de las entidades que ellos representen. Si la identidad del pensamiento se hace depender del objeto del mundo, entonces su contenido es ‘externalista’ o, como diríamos, dependiente del mundo, sin objeto no hay pensamiento genuino;  los significados de las palabras que pertenecen a las llamadas ‘clases naturales’ (objetos que existen en la naturaleza: gatos, oro, árbol, etc.)  no se encuentran codificadas en las mentes de hablantes u oyentes de un modo similar siendo el referente real de ‘agua’ el que ayuda a fijar su significado; lo mismo ocurre con los conceptos  relacionados con clases naturales; seguramente que el referente real del concepto ‘agua’ ayuda a individualizar ese concepto. Un referente diferente haría un concepto diferente también incluso si dos conceptos, subjetivamente, parecieran iguales por ejemplo al decir, leer o escuchar la expresión ‘el agua de tus ojos’ o ‘el agua del arroyo’. Las diferencias  hechas en relación a los modos de representación pueden  vincularse con una tipología sensible al referente para entregar o producir  un conjunto de modos de representación más finos que se pueden  individualizar tanto por el rol cognitivo así como por el referente del mundo real. Todo ello ocurre en el procesamiento de la información verbal ya sea oral o escrita.

6. ¿Dónde se encuentra la intencionalidad? ¿En la mente-cerebro?

Sobre la base de lo hasta aquí planteado, deducimos que cómo clasifiquemos el estado mental de una persona dependerá  de los propios intereses, actitudes, prejuicios, etc.  por las que podemos optar. ¿pueden estas formas de taxonomías cruzadas coexistir sin problemas?  .Si bien es cierto esto da para una explicación de mayor extensión, imposible de entregar aquí, por lo sintético de este trabajo, es posible responder afirmativamente su conjunto;  la intencionalidad depende de la mente-cerebro pero se trata de distinguir aquellos pensamientos que son singulares de aquellos que son  generales. Los primeros son  o pertenecen a la psicología popular de lo que hablamos en líneas anteriores; estos pensamientos pueden ser de naturaleza  indicativa  cuyos referentes  se fijan en los contextos. Ahora bien,   si estos pensamientos se individualizaran por las condiciones de verdad, en su  totalidad no residen en la mente-cerebro de quien piensa o de quien es usuario de una lengua, existen en los contextos sociales y se manifiestan en el uso de la lengua; incluso hay quienes piensan que debemos distinguir los componentes internos de la mente-cerebro y los componentes externos. Agreguemos que el componente interno tiene un contenido estrecho que no se pueden especificar  por recursos verbales tales como las ‘cláusulas relativas’ que en Español las distinguimos por  el relativo ‘que’, ‘el que’, ‘el cual, ‘lo cual’, etc. Podemos  acceder a ellos  de un modo indirecto extrayendo la contribución que hace el contexto en el cual se encuentra o es originario el sujeto relacionado con la determinación del objeto de pensamiento. En este sentido ya Fodor (1987) en su Psicosemántica, sostiene que el contenido estrecho es una función del contexto y de los ‘episodios mentales’ sobre las condiciones de verdad. El  problema de los pensamientos singulares cruzan  o atraviesan entonces las clasificaciones científicas.

7. Aspectos Normativos de la Intencionalidad :  Así los denomina Woodfield (1982) para quien la naturaleza de los conceptos y contenidos se puede aclarar mejor investigando lo que ello significa o es para quien posee el concepto. Esto  produce inmediatamente algunas consideraciones normativas ya que manejar o poseer  un concepto involucra saber o conocer cómo emplearlo correctamente. En la línea de Frege, dicho sea de paso, (Chapman & Routledge, 2005) los conceptos son realidades abstractas captables por muchas mentes/cerebro pero que no dependen, para su existencia, de la mente , el dominio de un concepto   es la habilidad para seguir unas reglas,  pues un concepto puede ejercitarse de un modo correcto o incorrecto en los usos lingüísticos; el criterio o la norma de corrección debe estar fuera del conjunto del desempeño o actuación real; las normas gobernantes de uso debido fijan la competencia que puede tener una persona. Justamente, la filosofía del lenguaje de fines de siglo buscó  descubrir  las fuentes de normas que regulan el uso de conceptos y se encontró que las fuentes de estas normas  afectan el ‘status ontológico’  de los conceptos y la naturaleza de la ‘teoría popular’ con las que  se relacionan; si las normas son sociales  entonces los conceptos  se constituyen socialmente por su naturaleza misma. Si son Platónicas  (honesta y puras)  no caben en el dominio de la ciencia natural. Si la fuente de la norma está  dentro del individuo, la teoría del contenido puede ser individualista.; si las normas son biológicas en su origen, la teoría del contenido o conceptos  pueden llegar a ser  naturales por su condición.

CONCLUSIÓN

Pues bien, hemos – como lo decíamos al inicio de este trabajo – pasado revista a un concepto o noción que no siempre está en la mirada de los lingüistas, teóricos de la comunicación y usuarios o hablantes  en general. La vida cotidiana nos lleva a pasar por alto aquellos aspectos básicos de cuando hablamos o comprendemos. El mundo de la s intenciones o intencionalidad radica fuertemente en nuestro correlato neurológico llamado también ‘mente-cerebro’. Es el territorio de donde emanan estas representaciones de nuestro pensar y las hacemos manifiestas por medio de nuestros discursos orales y textos escrito. No es un tema fácil de explicar y entender; posiblemente es la razón por la que su estudio lo encontramos no solo en pragmática de la comunicación humana, sino también  la filosofía del lenguaje, y, en la actualidad, en el campo de las neurociencias. Como sea, es nuestro deber académico entrar en estas disciplinas para lograr un manejo conceptual más acabado y ser capaces de dar cuenta de mejor forma de la naturaleza de la comunicación humana. Al llegar al final de este trabajo, de un modo muy simple tratamos de explicar qué queremos decir –entonces – cuando saludamos, cuando se nos saluda, qué inferimos de la entonación, acento, o forma particular de hablar o escribir: Dime cómo hablas y te diré quién eres o qué deseas significar.

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