ADICCIÓN A INTERNET: APROXIMACIÓN A UNA PERSPECTIVA LATINOAMERICANA DESDE UNA REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA

Introducción

Tal como lo manifiesta Castells (2001), a partir de su aparición, Internet se convirtió en el primer medio de comunicación que permite la interacción entre varias personas en un tiempo escogido a nivel global, de tal forma que este autor la compara con la red eléctrica y el motor eléctrico, por su capacidad para distribuir el poder de la información por todos los ámbitos de la actividad humana. Esta capacidad de transmitir información brinda, a su vez, beneficios sociales, intelectuales y científicos reflejados en el establecimiento de relaciones sociales y comerciales, capacidad de formación académica mediante la producción e intercambio de conocimiento, el acceso a ambientes desconocidos o inaccesibles, la práctica de actividades de ocio y recreación, que sin duda pueden coadyuvar en el fortalecimiento de las capacidades intelectuales y emocionales de los individuos.

Es así como en este mundo cada vez más cambiante, se llevan a cabo diversas transformaciones culturales en todos los ámbitos de la sociedad y, por tanto, en las nuevas formas de percibir el lenguaje y el conocimiento. Esta realidad ha generado nuevos tipos de subjetividades y organismos influenciados por las tecnologías de la información, ya que éstas se encuentran relacionadas con todos los ámbitos de la naturaleza humana. Todos estos cambios han generado implicaciones en la cultura, los modos de pensar y expresar, las actitudes y los comportamientos de los individuos, dados los nuevos espacios de interacción social a través de Internet, los cuales abren paso a la cibercultura como nuevo objeto de investigación, necesario para la comprensión de las nuevas relaciones dinámicas socioculturales (Rueda 2003).

En este sentido, uno de los aspectos más inquietantes respecto al uso de Internet tiene que ver con aquellas características que la tornan en objeto de ‘fascinación’ (Smith 2000), de tal forma que puede conllevar a los sujetos a engarzarse y a dar un mal uso o un uso desmedido de tal recurso. Asimismo, el fenómeno ha venido adoptando seudónimos como Ciberadicción, Adicción al Computador, Desorden de Adicción a Internet, Internetmanía o Uso patológico de Internet (Bai y demás 2001; Beard y Wolf 2001; Belsare 1997; Griffiths 1996, 1997; O’Reilly 1996; Shaffer y otros 2000; Shapira y otros 1998; Young 1998a, b; Young y Rogers 1998). Igualmente, los usuarios víctimas de dicha problemática han recibido diversos nombres como, Adictos a Internet, Usuarios patológicos de Internet, Adictos al computador y otros.

Cualquiera que sea el nombre con el que se le refiera, el uso problemático de Internet ha sido objeto de estudio de varios autores, quienes han permitido un acercamiento a la comprensión de la nueva dependencia. Así, en los últimos años, múltiples investigadores como Echeburúa y Cols. 1999; Griffiths, 1997 y Young 1996, han llegado a definirla como la existencia de un desorden en relación al uso de internet, Internet Addiction Disorder (IAD), que podría llegar a compararse con los problemas generados por conductas adictivas como el juego, el sexo y el trabajo, entre otros. En este sentido, la Dra. Young de la Universidad de Pittsburg e investigadora reconocida en este campo, propone la siguiente definición para el IAD (Info Addiction Disorder): “La adicción a Internet es un deterioro en el control de su uso que se manifiesta como un conjunto de síntomas cognitivos, conductuales y fisiológicos. Es decir, la persona ‘netdependiente’ realiza un uso excesivo de Internet, lo que le genera una distorsión de sus objetivos personales, familiares o profesionales” (1996)[i]. Al respecto, propone 5 diferentes tipos de ciber-adicción: adicción computacional, asociada al uso de juegos en línea; sobrecarga de información, que implica la navegación compulsiva por diferentes sitios; compulsión en red, que hace referencia al gasto de dinero en compras; adicción ciber-sexual, que incluye acceso a pornografía y relaciones sexuales facilitadas por internet y, adicción a las ciber-relaciones, dada a través del uso de las redes sociales (1996).

Cabe anotar también que, con respecto a este fenómeno, cada edad tiene sus propios riesgos. Por ejemplo, entre los principales riesgos para los niños se encuentran los generados por los juegos y el cyberbullying en la adolescencia, el aumento de la dependencia a las redes sociales y, en los adultos, además de la anterior se suman la pornografía y el casino virtual.

Por otra parte, la adicción a Internet como otras adicciones, presenta específicamente algunos rasgos que pueden ayudar a su detección. Algunos autores como Griffiths, Young y Echeburúa, se refieren a ellos y los identifican como: la saliencia, que se refleja cuando la actividad es tan importante para el individuo que alcanza a dominar sus pensamientos, sentimientos y conductas; la modificación del humor, que depende de los cambios de estado anímico durante el ejercicio de la actividad; tolerancia, entendida como la necesidad de aumentar constantemente la dosis de actividad para alcanzar los mismos efectos; síndrome de abstinencia, expresados en estados emocionales bruscos al interrumpir o disminuir la actividad; conflictos, que se manifiestan entre el adicto y otras personas, que también pueden estar en la misma situación afectando así la vida social, el trabajo y los intereses; y recaída, dada al retomar patrones originarios de la actividad luego de un período de abstinencia.

Adicionalmente, Treuer ha reportado otros síntomas propios del descontrol de impulsos que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM–IV) describe para el juego patológico, como por ejemplo: la necesidad de jugar con cantidades crecientes de dinero, el uso del juego como estrategia para escapar de los problemas; los engaños consuetudinarios para disimular y los actos ilegales para sostener el juego, además de varios episodios de impulsividad y agresividad (Yang y otros 2005). Al respecto, también Ko y otros (2005), determinaron ciertos criterios de diagnóstico como: la tensión antes de entrar a Internet, la gratificación por su uso, la irritabilidad si la conexión es interrumpida y el daño funcional manifestado por problemas en estudios, en el hogar, en relaciones sociales y en reglas escolares.

Con relación al tema, también se han establecido criterios diagnósticos que aunque no han sido validados de manera internacional, han constituido importantes aportes en su investigación. Algunos de los instrumentos más reconocidos son: el Internet Addiction Test (IAT) de Young, principalmente utilizado en el mundo anglosajón; la Chen Internet Addiction Scale, usada mayormente en Taiwán; la Compulsive Internet Use Scale (CIUS), reportada en Holanda; el Problematic Internet Use Questionnaire (PIUQ) de Hungría y, el Cuestionario de Experiencias Relacionadas con Internet validado en España.

Aun cuando existen opiniones divididas respecto a la existencia real de la ciberadicción, es un hecho que se trata de un trastorno que genera un considerable nivel de afectación tanto a nivel social como biológico. En relación a este último, resulta muy importante la investigación publicada en la revista PLoS One acerca del trabajo desarrollado por científicos de la academia China de Ciencias en Wuhan, los cuales demuestran anomalías en la materia blanca (fundamental para el correcto funcionamiento del cerebro), en aquellas personas con desórdenes en el uso y abuso de internet. Estos científicos buscaron inicialmente a través de la aplicación de una serie de cuestionarios, la detección de personas que presentaban adicción a Internet; luego, junto con un grupo control fueron llevados a cabo una serie de escáneres, los cuales demostraron que la adicción a Internet, genera cambios cerebrales muy similares a los ocurridos en un adicto a sustancias como la droga o el alcohol. Al respecto, el Doctor Hao Lei comenta que sus hallazgos “indican que el IAD presenta anormalidades en la integridad de la materia blanca en las regiones cerebrales, que involucran la generación y procesamiento de emociones, atención, toma de decisiones y control cognitivo” (BBC 2012). Es así como se da un nuevo paso en la definición de esta adicción, pasando de un análisis netamente psicosocial a uno de carácter científico. A esto se suma el hecho que la adicción a Internet será incluida en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos Mentales (DMS), de la asociación Americana de Psiquiatría a partir de mayo del presente año, según información de medios como New York Post Y Forbes.

Algunos indicadores y experiencias latinoamericanas

En el proceso de indagación en fuentes bibliográficas acerca de estudios sobre problemas de ciberadicción en América Latina, realizada a través de Internet, se han encontrado apenas contados estudios y estadísticas en algunos países como Perú, Chile y Colombia, que corresponden a estudios de caso o bien a revisión bibliográfica acerca del tema. En tal sentido, se pretende realizar un acercamiento a experiencias en la población identificada como vulnerable, de tal forma que puedan servir de insumo para la determinación de un estado del arte a nivel latinoamericano, sobre el cual comenzar a establecer pautas para la generación de iniciativas y políticas, que lleven al reconocimiento de los riesgos o peligros involucrados en esta problemática para el progreso de nuestra sociedad.

Según el estudio realizado por la Empresa de Investigaciones en Línea, Tendencias Digitales, denominado ‘Usos de Internet en Latinoamérica 2011’[ii], acerca de la adopción y el uso intensivo del mundo digital, Internet -y en especial a través de las redes sociales- se ha convertido en un medio masivo y sustancial en las nuevas formas de comunicación de la sociedad actual. Este estudio revela datos interesantes relacionados con el crecimiento de Internet en América Latina, comparando los niveles de penetración a lo largo de la última década. Se entiende por penetración, la cantidad de usuarios mayores de 14 años que afirman haber usado Internet en los últimos tres meses al momento de la consulta. Con relación a la penetración de Internet en la región, se menciona que se ha presentado un crecimiento del 27% en los últimos ocho años y se espera que para el 2014  sea del 45%, siendo Chile con 58%, Puerto Rico con 55% y Colombia con 50%, los tres países con el mayor índice de penetración.

Por otro lado, con relación a los usos y abusos de Internet, el informe señala que las dos principales actividades en América Latina son: la revisión del correo electrónico con un 89% y la visita a redes sociales con un 84%. Además, se mencionan otros usos con altos porcentajes, como leer noticias con un 80%; descargar archivos y chatear con un 75%; ver vídeos y buscar información de trabajo o de estudio con menos del 70%. El mismo informe señala que países como Perú, Costa Rica, Ecuador y otros, presentan tendencias de uso por ‘información y socialización (correo, redes sociales)’. Por otro lado, países como Argentina, Uruguay y Venezuela, se aproximan más hacia lo que la Firma Tendencias Digitales denomina ‘Usos transaccionales’, es decir, aplicaciones bancarias, de comercio electrónico o similares.

Estas cifras revelan un creciente acceso de la población latinoamericana en general a Internet, por lo que no es de extrañar el incremento en el número de investigaciones relacionadas con los efectos que la red puede generar en la población, particularmente en niños, adolescentes y jóvenes. Tales estudios han sido realizados en campos del conocimiento como la psicología, la pedagogía o la medicina y, generalmente, enfocan su interés en esta población caracterizada por la vulnerabilidad a las conductas adictivas, debido a su interés en la búsqueda de nuevas sensaciones.

Cuando se trata del estudio de la relación de los jóvenes con Internet, pueden plantearse tres líneas de investigación, una relacionada con los efectos negativos que puede generar la red en ellos, otra asociada con el impacto o efecto que Internet puede tener dentro del ámbito educativo específicamente y, una última, que aborda las apropiaciones o consumos culturales de esta tecnología por parte de los jóvenes (Henderson 2011).

Experiencias en Chile

En Chile, existen pocos estudios que permiten abordar el uso intensivo de Internet y su relación con la IAD; no obstante, algunos como el presentado por el Dr. Alejandro Maturana en 2008, realizado con un grupo que incluía 224 escolares de colegios privados. En esta muestra de la población, por lo menos el 18% presentó conductas de riesgo en Internet, mientras que el 31% hizo mención a alguna disfunción familiar. Otro aspecto importante a analizar son las estadísticas que en cuanto al uso de internet se evidencian en este país. Por ejemplo, para 2011 los puntos de conexión fijos con banda ancha a Internet, alcanzaron los dos millones para una población estimada de 17 millones de habitantes. Para este mismo período, se superaron los 21 millones de teléfonos móviles con algún tipo de tráfico durante el último mes, dispositivos que por su facilidad de conexión a Internet hacen del computador personal un accesorio menos imprescindible. Uno de los aspectos que más llama la atención, es que en este país existen más de nueve millones de cuentas en Facebook, lo que los posiciona en el lugar 22 de penetración de Internet a nivel mundial. De estas cuentas, el 67% pertenece a usuarios menores de 35 años.

Santiago de Chile ocupa el octavo lugar a nivel mundial entre las ciudades con más usuarios en Facebook, mientras que en Twitter alcanza el millón de usuarios, cifras muy cercanas a las de Estados Unidos. Del total de los minutos que permanecen conectados los chilenos en un punto fijo, cerca del 30% es usado a la visita de redes sociales, lo que las ubica como un importante objetivo de navegación en este país.

Según Berner y Santander (2012), sería viable distinguir dos maneras en las que Internet se relaciona con los comportamientos adictivos, la adicción a Internet primaria, en la que el objeto de adicción es propio del mundo digital. En tanto en la secundaria, “las nuevas tecnologías serían un medio para satisfacer una dependencia identificable fuera de la red” (2012, 183). Un ejemplo de esta última, según los autores, sería la adicción al trabajo, satisfecha a través de la red. Teniendo en cuenta que se trata de un fenómeno reciente, es muy poca la literatura que aborda el tema. No obstante, en un análisis bibliométrico desarrollado en 2009, se destaca que la gran mayoría de estudios publicados son realizados en Estados Unidos, Europa y Asia. Aún en Chile no se encuentra literatura que aborde esta problemática desde una perspectiva médica (Berner y Santander 2012).

Retomando a Young (1996) en su clasificación de las adicciones a Internet, se encuentra que en el caso de Chile la adicción a las redes sociales o a las ciber-relaciones es muy común. Al respecto, la encuesta ‘Radiografía al Chile Digital 2.0’, realizada por la Consultora Divergente en 2010, muestra que el 47% de los niños chilenos menores de diez años tiene un perfil en Facebook. A esto se le suma el hecho de que Chile es el quinto país del mundo que pasa más tiempo en las redes sociales, siendo sus usuarios en un alto porcentaje niños y adolescentes, quienes hacen uso de tales aplicaciones sin un mayor control familiar. Los mismos usuarios consumen, en total, uno de cada tres minutos on-line, tiempo que es destinado ampliamente a la interacción con otros en las redes sociales, ya que representa una parte muy importante de sus vidas (Heras. H, s.f).

En cuanto a Colombia

Según las cifras sobre la conectividad en Colombia, proporcionadas por el Ministerio de Tecnologías de la Información (TIC) y las Comunicaciones para el cuarto trimestre de 2012, existen 6.2 millones de conexiones banda ancha y 3,2 millones de suscriptores de Internet móvil, arrojando unos datos de penetración de 15,6 % a nivel nacional. De acuerdo con la encuesta de Consumo Digital realizada en 2012 (por Lapsos Napoleón Franco en asociación con el Min TIC), con una muestra de 1005 personas en ciudades de menos de 200 mil habitantes con edades entre 15 y 55 años, se revela que el 54% de los colombianos usa Internet y pasa en promedio 2,6 horas navegando. Acerca de las edades que tienen los internautas colombianos, se observó que dos de cada tres personas son usuarios menores de 35 años. Las actividades a las que mayor tiempo dedican corresponden a: la interacción en redes sociales, la búsqueda de información en línea, el uso de correo electrónico y el consumo de contenidos multimedia. Adicionalmente, este estudio muestra que la manera cómo los colombianos se informan o se divierten está cambiando. En relación a este aspecto, se observa que el 30% de los encuestados ve cine desde un computador, el 15% ve películas en línea y el 12% las descarga. En cuanto a las relaciones por Internet, la encuesta reveló que seis de cada diez colombianos visitan redes sociales, de los cuales el 31% tiene una cuenta en Twitter y 98 en Facebook. Finalmente, esta encuesta pudo establecer qué tan digitales son los colombianos, llegando a establecer que el 33% está en el grupo de los novatos interesados, el 31% en el de los avanzados digitales, el 19% en los desconocedores, el 12% en el de los curiosos exploradores y el 6% son los apáticos a Internet. De esta forma, queda demostrado que el porcentaje de usuarios de la red aumenta cada año, y que ocho de cada diez colombianos ingresa a Internet para realizar diferentes actividades.

Por otra parte, nuevos estudios relacionados con el tema, analizan el papel de los niños y las familias colombianas frente a las TICs, encontrando que cada vez a edades más tempranas, los niños se acercan a las pantallas del computador, ya sea para navegar, jugar, descargar música, chatear o simplemente buscar información, lo que ha llevado a un cambio tanto de la concepción del desarrollo de los niños como de los hábitos de crianza. En este sentido, uno de los principales problemas encontrados son los contenidos inapropiados y el contacto con extraños, ante lo cual se hace necesario formar una posición crítica de los niños frente a Internet (Díaz 2007).

Con respecto al tema, la Universidad Católica de Colombia (U.C.C) propone la realización de un Observatorio Epidemiológico que, además de considerar el consumo de sustancias psicoactivas (S.P.A.), incluya el uso de la Internet, dado que la realidad actual en el ambiente universitario muestra que este recurso se hace necesario para el cumplimiento de las diferentes exigencias académicas. Sin embargo, el uso inadecuado ha llevado a generar casos de pérdida de control, manifestado entre otros aspectos por el ausentismo a clases, lo que repercute negativamente en el rendimiento académico, la reducción del grupo de amigos y la desvinculación de actividades de bienestar universitario (vida social) (Jaimes 2002).

En el marco de este estudio, se realizó una encuesta a los estudiantes en la que se reflejó un nivel de prevalencia al uso de Internet correspondiente al 68.8%, así como algunas dificultades asociadas dependiendo del semestre, facultad, género, condiciones socio-económicas y su contexto, entre las que se encuentran situaciones de desempleo, desintegración familiar, insalubridad, desinformación, hacinamiento y confusión social. Es así, como gran parte de la juventud puede estar expuesta, y esta situación se ve agravada por cierta permisividad social. Por tal razón, afirmamos que los jóvenes colombianos son vulnerables a la adicción a Internet, con el sólo hecho de contar con una conectividad a la red (Navarro y Rueda 2007).

Como conclusión, se determina la importancia de la realización de un diagnóstico de la población con el fin de promover políticas, comportamientos y actitudes sanas de prevención en los grupos vulnerables. Además, se observa la necesidad de establecer instrumentos válidos y confiables en Colombia que sirvan para valorar prevalencias y factores asociados al uso compulsivo de Internet.

Experiencias en Perú

Uno de los países de los cuales se ha encontrado mayor número de estudios con respecto a la IAD es Perú, que cuenta con algunos estudios de caso, entre los que los adolescentes y jóvenes universitarios ocupan el mayor protagonismo. Situación que no es inusual, teniendo en cuenta que es la población más vulnerable a adquirir desórdenes adictivos (Chambers 2003), debido a la búsqueda de novedades y su carácter impulsivo (Morahan-Martin 2000). La problemática referida al alto número de adolescentes y jóvenes se ve reflejada en cada uno de las investigaciones revisadas como se muestra a continuación.

Un estudio realizado por la Dirección de Adicciones del Instituto Nacional de Salud Mental ‘Honorio Delgado-Hideyo Noguchi’[iii], tuvo como propósito conocer las características clínicas y epidemiológicas de los pacientes hospitalizados en este instituto, con el diagnóstico de ‘adicción a Internet’. Esta investigación se constituyó en una revisión de casos de las historias clínicas de pacientes registrados desde abril de 2001 hasta febrero de 2006, que incluyó pacientes sin distinción de edad, sexo o comorbilidad en cualquier eje, y del cual se extrajo una población total de 30 pacientes cuya edad promedio fue de 18,3 ± 3,8 años, donde el rango osciló entre los 13 y los 28 años, y el 76.7% de pacientes era de menor o igual a 21 años de edad (Cruzado y otros 2006). Por otro lado, un estudio realizado por la organización IPSOS Perú y expandida por Figueroa y otros en 2011, indicó que es el grupo de adolescentes, el que mayor exposición presenta a las tecnologías digitales, entre las cuales se encuentra Internet (Figueroa y otros 2011). Además, cabe mencionar que el último estudio de IPSOS Perú, denominado ‘Usos y actitudes hacia Internet, 2012’, muestra algunas diferencias en cuanto a la penetración de internautas entre Lima y otras regiones de Perú. Este estudio, aplicado a usuarios entre los 7 y los 80 años, refleja que existe una proporción más alta de usuarios entre los 12 y los 17 años seguida de los que están entre los 18 y 24 años en Lima y la región oriente, a diferencia de las demás regiones donde se intercambian estos promedios (IPSOS Perú 2012).

Otros estudios se enfocan más directamente en esta población, uno de los cuales fue desarrollado en el mes de septiembre de 2009, que tuvo como propósito el desarrollo y validación de un instrumento que permitiera evaluar la adicción a Internet en escolares de Lima (Figueroa y otros, 2011). Esta investigación se centró en una muestra de 248 adolescentes, 133 de sexo masculino y 115 de sexo femenino, escolarizados de diversas instituciones educativas públicas entre femeninas, masculinas y mixtas, a quienes se les evaluó edad, sexo, año de estudios, jornada de estudios, modo de acceso a Internet, tiempo promedio por semana, antecedente de repetición de curso, antecedentes de disciplina, faltas injustificadas al colegio, plan de futuro y motivos de uso de Internet. A estos estudiantes se les aplicó un cuestionario denominado ‘Escala de Adicción a Internet de Lima (EAIL)’ creado a partir de la revisión de cuestionarios de autoinforme más significativos en relación a la IAD, tales como: Internet Addiction Test, Online Cognitive Scale, Chinese Internet Addiction Inventory, Generalized Problematic Internet Use Scale y Pathological Internet Use Scale. La EAIL consistió, entonces, en el establecimiento de unos ítems basados en estos autoinformes, pero corroborados por el Instituto Nacional de Salud Mental ‘Honorio Delgado-Hideyo Noguchi’, de los cuales ocho evalúan las características sintomatológicas y tres, algunas características disfuncionales expresados como aparece en la Tabla 1., cada uno de los cuales debía ser marcado como 1: Muy rara vez, 2: Rara vez, 3: A menudo y 4: Siempre.

ÍTEM
1 Cuando no estoy conectado, imagino cómo será la próxima vez que estaré conectado a Internet.
2 Me siento preocupado o sueño con conectarme cuando no lo estoy.
3 Luego de haberme desconectado, siento que aún quiero estar en Internet.
4 Me siento deprimido, malhumorado o nervioso cuando no estoy conectado y se me pasa cuando vuelvo a conectarme.
5 Dedico más tiempo a Internet del que pretendía.
6 Digo a menudo “sólo unos minutos más” cuando estoy conectado.
7 He intentado estar menos tiempo conectado pero no he podido.
8 Cuando siento el impulso de conectarme a Internet no lo puedo controlar.
9 He llegado a perder clases por estar en Internet.
10 He tenido problemas en el colegio por estar en Internet.
11 Descuido las tareas domésticas por pasar más tiempo conectado.

Tabla 1. Escala de Adicción a Internet de Lima (EAIL)

Este informe arroja como resultados que el 36.3% de los estudiantes reprobó, por lo menos, un año escolar; en cuanto a problemas disciplinarios, el 41.9% declaró nunca haberlos tenido, el 52.4% los tuvo esporádicamente y el 5.6% los presentó con frecuencia; el 17.7% manifestó haber faltado a la escuela sin un motivo justificado; el 4.4% piensa trabajar luego de salir del colegio, el 24.6% seguir una carrera técnica, el 53.2% continuar con estudios universitarios, el 9.1% ingresar a las fuerzas armadas y el 9.7% aún no ha decidido su futuro próximo.

En cuanto a los usos dados por los internautas encontrados en estas investigaciones, se observa que, según el estudio de IPSOS Perú, 2012, la mayoría de los internautas (74%) lo hace para buscar información académica y para chatear en una red social el 65%, donde Facebook, sobresale como favorita, seguida de Hi5, MSN, Spaces y Twitter; y el 60% lo utiliza también para ver vídeos en Internet. Con respecto a participación en concursos, registro en promociones y respuestas a encuestas online, sólo se encuentra el 10% y, por último, como recurso para transacciones comerciales, sólo el 2% lo ha utilizado para comprar y el 1% para vender. Por su parte, los escolares estudiados en la investigación de Figueroa, manifestaron como motivos de uso de Internet, el conocer personas, comunicarse con conocidos, tener un espacio personal y buscar información para adultos (Figueroa y otros 2011). Por otro lado, la mayoría de pacientes tratados en el Instituto Nacional de Salud Mental ‘Honorio Delgado-Hideyo Noguchi’, utilizaron Internet preferentemente para jugar en red. Esta actividad combinada con la animación tridimensional del chat incrementa el potencial adictivo (Cruzado y otros 2006). Esto se fundamenta en que son las actividades más estimulantes y recompensadoras de Internet, ya que ofrecen un mundo ficticio y roles alternativos, facilitando la descarga de tendencias agresivas (Ko y otros 2005). Cruzado menciona a Yang para indicar que el poder adictivo de los juegos se basa en el condicionamiento operante de razón, variable y reforzamiento social por parte de otros jugadores, además de la profunda inmersión en un entorno alienante, donde no hay amenazas para el ego y el jugador puede adoptar una identidad poderosa dejando atrás un ‘ego desamparado’ (Yang 2005). Esta situación está estrechamente relacionada con los rasgos encontrados de personalidad de los adictos del Instituto, quienes presentan inestabilidad emocional con tendencia a evasión de la realidad, pobre tolerancia a la frustración, volubilidad e irritabilidad, egocentrismo, timidez, introversión, baja empatía, desvalimiento y baja autoestima; de igual forma, tendencia al aislamiento, predisposición al aburrimiento, búsqueda de sensaciones, preferencia por las actividades solitarias, autosuficiencia y reactividad emocional (Cruzado 2006). Estos rasgos no son ajenos a la comorbilidad psiquiátrica predominante en estos pacientes, en los que se destacan los trastornos afectivos, como la depresión en primer orden y luego los problemas adictivos.

Por último, Cruzado encuentra una diferencia con respecto a Young en cuanto al período de duración de la adicción, ya que aunque Young (1998a) manifiesta que la adicción a Internet puede ser un fenómeno de aparición pronta en su inicio y que desaparece luego, Cruzado halla que en los pacientes del Instituto, el uso de Internet no era reciente, y que su problema adictivo se iba acrecentando con el paso del tiempo. Sin embargo, el criterio de tiempo diario o semanal de uso, no es suficiente para la distinción entre adictos o no a Internet.

En términos generales, es posible indicar que la población más vulnerable al uso adictivo de Internet en Perú, corresponde a los adolescentes escolarizados y jóvenes universitarios, lo que no sólo se ve reflejado en las estadísticas arrojadas en esta revisión bibliográfica, sino que además se ajusta a los usos, que según el estudio de IPSOS 2012 dan los cibernautas a Internet, entre los que se cuentan primordialmente la realización de tareas académicas así como el uso de redes sociales  (Facebook, Hi5 y Twitter). Sin embargo, los resultados reflejados por el Instituto Nacional de Salud Mental ‘Honorio Delgado- Hideyo Noguchi’ muestran al juego como interés principal en las actividades on-line de sus pacientes, actividad que, según Yang (2005), radica en la oportunidad que tiene el usuario de actuar sin amenazas, utilizando inclusive una nueva identidad que le confiere poder y confianza en sí mismo, elevando así su baja autoestima gracias a la aceptación que puede lograr por parte de sus contendores. Sin embargo, cabe preguntar, ¿hasta dónde puede llegar la negación a la realidad de un individuo?, ¿cuál es el papel que juegan en este caso los familiares de un individuo al notar cambios en su comportamiento, luego de detectar un uso desmedido de la red?, ¿cuál es el papel que le corresponde a las instituciones gubernamentales en la detección de estos riesgos en toda la población, pero especialmente en niños, niñas, adolescentes y jóvenes?

A modo de discusión: conclusiones

Las nuevas tecnologías y, especialmente Internet, han impactado a la población latinoamericana en general, pero más específicamente a personas jóvenes de diferentes niveles socioculturales y educacionales, debido a que cada vez hay mayor conectividad en los diferentes países, proporcionando beneficios tales como la descentralización del conocimiento y la superación de límites en tiempos y espacios, pero también provocando consecuencias negativas según el uso dado.

Según las estadísticas revisadas, se observó que Latinoamérica se encuentra en el promedio mundial de penetración de Internet, registrando un alto crecimiento durante el último año. En relación al análisis de usabilidad de Internet, se evidencian usos particulares de acuerdo con los diferentes grupos etáreos; así por ejemplo, las estadísticas muestran que las poblaciones más jóvenes acceden con mayor frecuencia a las redes sociales en busca de reconocimiento y aceptación por parte de otros. Esta condición sumada al hecho de no contar con una formación bien fortalecida, ha hecho de esta población la más vulnerable a los perjuicios que puedan causar el inadecuado uso de la Internet. Por tal motivo, es importante fomentar el uso productivo y responsable en la red.

La revisión realizada permite determinar algunas acciones que mitigan, de alguna forma, los riesgos que enfrentan los jóvenes latinoamericanos, de acuerdo con su grado de accesibilidad y su nivel de vulnerabilidad a la adicción a Internet. En este sentido, es conveniente adoptar medidas de formación en cuanto a las implicaciones de su uso, fomentando mensajes preventivos a la población en general, pero de forma especial atendiendo las necesidades de los grupos con mayor potencial de riesgo. También es importante fomentar espacios de reflexión que abarquen tanto el análisis de experiencias positivas como negativas, así como la mediación de los padres en el uso de las tecnologías, la promoción de la autonomía y el pensamiento crítico frente a su uso en la población juvenil (Marciales 2010), ya que su privación puede llegar a ser contraproducente en la preparación o entrenamiento a la realidad virtual en la que estamos inmersos. De esta forma, se hace indispensable el establecimiento de iniciativas gubernamentales que contemplen acciones de prevención a riesgos y peligros por el uso desmedido de estos recursos, que favorezcan así el bienestar individual, familiar y social.

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