ESTRATEGIA METODOLÓGICA PARA EL ANÁLISIS DEL DISCURSO POLÍTICO DE LA ASOCIACIÓN MADRES DE PLAZA DE MAYO EN ARGENTINA. UNA PROPUESTA DESDE LA PERSPECTIVA DE LA ARQUEOLOGÍA DE MICHEL FOUCAULT*

Introducción

Dentro del análisis de los enunciados y sus encadenamientos discursivos, es necesario visualizar ciertas dispersiones de las formaciones que se despliegan en los discursos. Estos están caracterizados en formas de objetos, enunciados, conceptos y temas. El objetivo es poder develar los recorridos de constitución de estas figuras dentro de los cuadros discursivos, y así exponer las unidades que se sostienen desde una episteme particular.

Por lo tanto, en cuanto a la dispersión de las formaciones que se despliegan en los discursos que son producidos por diversos actores sociales que se interrelacionan en el marco del espacio público, es posible evidenciar la conformación de tipos de organizaciones discursivas y regularidades en los discursos de acuerdo a relaciones múltiples que se insertan desde dimensiones globales hacia particularidades y en su reverso. Por ende, tenemos que, por una parte, las formaciones discursivas no se encuentran como unidades sedentarias, sino que se transforman de acuerdo al movimiento histórico de las relaciones enunciativas que sostienen a los mismos y, por otra, los enunciados aparecen encadenados en ciertas líneas particulares que conforman unidades formativas de los discursos, generando cuadros dialógicos de veracidad singular y otros que no lo son. Como consecuencia de esto, se instauran, a su vez, conceptos destacados que sostienen los discursos, y que se generan por las relaciones entre los enunciados. Por último, la consolidación o la explicitación de los discursos se desarrolla mediante formas similares de relaciones enunciativas.

En este sentido, analizar, explicitar, describir y comprender los discursos de acuerdo a esta ‘caja de herramientas’ desarrollada por Michel Foucault en el marco de sus trabajos desarrollados durante la década de los 60, implica descubrir movimientos y conexiones de acuerdo a las formas históricas, las cuales han situado voluntades de verdad. A partir de lo anterior, entonces, nuestra propuesta de investigación se centra en la necesidad de constituir una forma diagramática de análisis de los discursos, a partir de las formas arqueológicas de los movimientos enunciativos y discursivos de las Madres de Plaza de Mayo, con el fin de recorrer sus líneas de desterritorialización y puestas en jaque a los sistemas de poder. Sin embargo, creemos necesario precisar que en el presente artículo sólo nos limitaremos a la presentación y descripción de una estrategia metodológica para el análisis del discurso político producido por la Asociación de Madres de Plaza de Mayo en el marco del Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos realizado entre los años 2002-2009 en la ciudad de Buenos Aires. Para tal efecto, la forma de análisis discursivo que se establecerá en relación a los recorridos enunciativos de las Madres de Plaza de Mayo, se basa en la arqueología de Michel Foucault.

La Arqueología de Michel Foucault

En el campo de la arqueología, los fundamentos del pensamiento de Foucault derivan a partir de la fenomenología como forma de entender los hechos sociales y, específicamente, las características constituyentes de una psiquiatría posible. Es así que en su texto de 1961 Enfermedad mental y personalidad, el autor confiere gran importancia a las descripciones de las patologías ‘abstractas’, de manera tal que responden a metodologías de cohorte fenomenológicos. Mediante las descripciones de las formas patológicas de los individuos, se construyen formas de entender estos fenómenos de manera detallada y con la explicitación de que la condición de la conciencia de enfermedad, permite auspiciar de mejor manera la salida de condiciones de alienación de los enfermos (Foucault, 2006).

Por lo tanto, la búsqueda de los sistemas que sujetan los enunciados y que producen los discursos en tiempos históricos particulares, es el camino reformulado en Foucault (1997) que encuentra su distinción de la ‘historia de las ideas’ y del recorrido de las ciencias. Para el autor francés, la constitución de una arqueología del saber, guarda relación con la búsqueda de las condiciones que permiten la formación de enunciados singulares, el orden del campo social que ha propiciado la instalación de ciertos saberes validados por los propios sujetos, las relaciones de intercambio y, en fin, el cómo funcionan los discursos que sostienen los enunciados validados, los tejidos de racionalidad científica, jurídicas y/o sexuales. En palabras de Foucault:

No se tratará de conocimientos descritos en su progreso hacia una objetividad en la que, al fin, puede reconocerse nuestra ciencia actual; lo que se intentará sacar a luz es el campo epistemológico, la episteme en la que los conocimientos […] hunden su positividad y manifiestan así una historia que no es la de su perfección creciente, sino la de sus condiciones de posibilidad […] más que una historia, en el sentido tradicional de la palabra, se trata de una ‘arqueología’ (Foucault, 2007: 7).

La episteme, entonces, es el campo discursivo global desde donde se produce el saber que se aloja como posibilidad en la misma condición que le otorga el campo epistemológico en el que se inserta. En consecuencia, las referencias desde donde acontecen las verdades culturales, sociales e individuales y, por ende, los a priori históricos naturales de las concepciones del mundo, se caracterizan por ser saberes que recortan el mundo a través de las representaciones que se construyen de los objetos, instalando además las condiciones de aparición de los discursos que son argumentos de la existencia de cierto tipo de relaciones y sujetos (Foucault, 2007)

Para Michel Foucault, el discurso se entiende como una secuencia de signos, en tanto que enunciados que se encuentran sometidos a una serie de reglas y sistemas de formación (Terán, 1998) Este sistema es el que establece, normaliza y permite la aparición de ciertos objetos, en períodos históricos congruentes con la constitución de representaciones de los objetos, relaciones y sujetos producidos en serie.

Ahora bien, la exterioridad del discurso como función productora de realidades, se inserta en el marco de las condiciones de existencia del mismo. Es decir que, el discurso existe en conexiones con otros discursos, con otras funciones, generados a partir de ciertas reglas de formación y control. En esta exterioridad, el discurso se encuentra inserto en una red de relaciones de poder, que generan una serie de restricciones y, por ende, diagramas particulares derivados de la episteme. No se puede decir todo lo que se quiere decir, no se puede decir todo en cualquier lugar y cualquiera no puede hablar de cualquier cosa. (Foucault, 1992)

Este sistema de producción de reglas y prohibiciones en referencia a los enunciados en los discursos, genera lo que Foucault denomina los ‘a priori históricos’. El devenir de los enunciados como formas estables de representar la realidad, y como condicionantes de la realidad misma se establecen en cuadros de verdad que se generan a partir de recorridos históricos; de a priori histórico. Por consiguiente:

El dominio de los enunciados articulados así según a priori históricos, caracterizados así por diferentes tipos de positividad, y escindido por formaciones discursivas [dará cuenta] ahora de un volumen complejo, en el que se diferencian regiones heterogéneas, y en el que se despliegan, según unas reglas específicas, unas prácticas que no pueden superponerse (Foucault, 1997: 218).

A partir de esto entonces, surgen una serie de juegos normativos históricos de los discursos; constantes de nacimientos y muertes de las cosas que han sido dichas en el transcurso de la historia y que han sido mantenidas en una suerte de orden formal. En efecto, las posibilidades de aparición de estas formas discursivas, entran en un cuadro contingente con la episteme y los a priori históricos, generados desde lo que Foucault denomina el ‘archivo’.

El autor francés caracteriza este concepto a partir de las cualidades que posee esta función: en primer lugar, señala que el archivo es la ley de lo que puede ser dicho, las posibilidades de desplegar enunciados particulares. En segunda instancia, el archivo permite que lo dicho no se apile en forma desorganizada, sino más bien que aparezca y desaparezca según reglas y leyes, que se relacionen los discursos históricos de acuerdo a particularidades y, por último, que se hagan visibles en conformidad a prioridades establecidas y normadas. “Es el sistema general de la formación y de la transformación de los enunciados.” (Foucault, 1997: 221)

En esta línea, el análisis del contenido del archivo da cuenta de los lineamientos y márgenes desde donde somos ‘discurseados’ y desde donde se establecen las reglas de permisividad y prohibición de nuestras formas de establecer relaciones discursivas con otros. Por consiguiente, el trazo argumentativo de la arqueología, es la interrogación de los enunciados ya explícitos en su formación social y el des-cubrimiento del archivo del cual dependen los enunciados expuestos.

Desde acá, la organización del saber que sostienen los dispositivos conjugados de acuerdo al tiempo histórico en el que se les nombra, encuentra su relación en la exterioridad con los tejidos del poder y, por ende, en la conjugación de la producción de cuadros sociales particulares y contingentes a la historia. Este paso hacia la pregunta por la relación entre saber y poder, es lo que anuncia la llegada de una genealogía del sujeto y de las condiciones que hacen posible su aparición.

Según Foucault (1997), la historia de las ideas posee cualidades que son particulares a la concepción de los discursos y el tratamiento que éste les otorga. Los tres supuestos que sostienen el desarrollo de esta perspectiva de análisis se encuadran, primero, en la búsqueda de las génesis de los pensamientos; en cómo ocurren las transformaciones de los discursos que en el presente se articulan como oficiales. El paso de la no-filosofía a la filosofía, lo no-científico a lo científico, etc. En segundo lugar, se busca los nudos de continuidad entre las transformaciones discursivas que se engendran a partir de los períodos históricos a través de las representaciones sociales en las que se insertan éstas. Por consiguiente – y como tercer punto – se puede señalar que la historia de las ideas es la disciplina que se encarga de la totalización de los discursos: como comienzan, desarrollan y terminan.

En su reverso, la arqueología posee cuatro principios que constituyen formas de perspectiva de los discursos. En primer lugar, el objeto al cual se dirige, es el discurso en su forma propia de ser-dicha. Es decir que no busca la interpretación metafórica de los enunciados; la fórmula escondida; el código debajo de lo explícito, no busca esencias originarias en los discursos. En segundo lugar, no busca las continuidades o discontinuidades de muerte o nacimiento de tal o cual discurso, sino más bien, analiza los discursos en su particularidad, en las aristas que sostienen la aparición, desarrollo y validez del mismo. En tercer lugar, el autor, el creador del discurso se vuelve inútil en el análisis, en tanto que lo que importa es el discurso en movimiento, en la exterioridad, en relaciones con otros discursos. Y, por último, la arqueología se mantiene en la línea del análisis de los discursos proferidos en su materialidad, en lo visible de su aparición y no busca generar procesos de reformulación de identidades enunciativas o discursivas. (Foucault, 1997)

En consecuencia, Michel Foucault (1997) establece cuatro diferencias fundamentales entre la perspectiva de la historia de las ideas y la arqueología que nos permiten sustentar nuestra propuesta metodológica para el análisis del discurso político producido por la Asociación de Madres de Plaza de Mayo. Para clarificar aún mejor nuestra propuesta, procedemos a describir las dimensiones que sustentan el modelo de análisis del discurso utilizado en nuestra propuesta investigación, a saber: 1) lo original y lo regular en los discursos, 2) las contradicciones, 3) los hechos comparativos y 4) las transformaciones.

Respecto a la dimensión: lo original y lo regular

En la historia de las ideas, el horizonte del análisis de un discurso se basa en la búsqueda de las semejanzas fundacionales de lo dicho en un momento particular.  Ubicar el esquema en que los enunciados son constituidos como tal, a partir de series de conexiones lingüísticas intrínsecas a las posibilidades de existencia desde un pasado y un futuro discursivo, se centra como el objetivo de la historia de las ideas. Dentro de este cuadro, es que el concepto de originalidad se presenta como forma metodológica, mediante la constitución de una totalidad de los discursos históricos y, fuera de esto, lo ‘anormal’ en lo dicho, en las series construidas se establecen como lo nuevo.

Según Foucault (1997), el objetivo de la arqueología en esta dimensión es buscar las regularidades en las formas en cómo aparecen los enunciados y no en los enunciados en sí. No es tarea de la arqueología contraponer esquemas de enunciados regulares versus irregulares, sino más bien describir las maneras en que las regularidades inmanentes a los enunciados se conectan con otras regularidades, en pos de visualizar las funciones en la exterioridad de los discursos que sostienen y confabulan las apariciones regulares de los enunciados expuestos. Por consiguiente, Foucault (1997) señala que no es posible establecer contrariedades entre enunciados ‘activo’, es decir que aparecen en formas novedosas y originales, y enunciados pasivos o imitativos que ya se encuentran en el discurso: el discurso es activo en toda su forma de constitución.

Expuesto lo anterior entonces, las regularidades enunciativas se instauran como tales formando campos o formaciones discursivas (Foucault, 1997) que son homogéneas en su interior, pero diferentes en el funcionamiento global como campos discursivos. En las estructuras formales de formación gramatical o los recorridos lógicos de las proposiciones, los enunciados pueden ser iguales, de semejante estructura. Sin embargo, en las funciones enunciativas, es decir en la forma en como se sitúan discursivamente los enunciados, la diferencia se marca en términos de la epistemología desde donde se sujetan y, por ende, en los tiempos de continuidad y discontinuidad en la que aparecen discursos particulares.

En paralelo a esto, los enunciados que se relacionan entre sí constituyendo formaciones discursivas, pueden estar posicionados en escalas jerárquicas dinámicas de organización activa. Los enunciados se encuentran coexistiendo en un espacio particular y caracterizado en función de homogeneidades internas. Sin embargo, al ser activas y móviles, sólo es posible establecer recorridos de derivación enunciativas. En palabras de Foucault:

Se puede describir así un árbol de derivación enunciativa: en su base, los enunciados que utilizan las reglas de formación en su extensión más amplia; en la cima, y después de cierto numero de ramificaciones, los enunciados que emplean la misma regularidad, pero más finamente articulada, más delimitada y localizada en su extensión. La arqueología puede así – y éste es uno de sus temas principales – constituir el árbol de derivación de un discurso (Foucault, 1997: 247).

Ahora bien, Foucault (1997) señala que si bien existe esta forma de jerarquías posibles en la organización de los enunciados, no se debe confundir con sistematizaciones o sucesiones cronológicas sobre la base de fórmulas de principio o fin de un discurso. Sino más bien la atención debe estar dirigida a la explicitación de los períodos enunciativos particulares en los cuales se genera el orden de los enunciados y, en efecto, a los procesos periódicos singulares que producen discursos y jerarquías enunciativas.

Respecto a la dimensión: las contradicciones

En el marco del desarrollo analítico desde la perspectiva de la historia de las ideas, la concepción de las contradicciones en los discursos se funda en dos líneas de acepción e integración: por un lado, se asume que la construcción de los discursos se constituye sobre las bases de que existen dimensiones profundas y dimensiones superficiales o ilusorias. En este último, se generan contradicciones en la forma lógica del lenguaje, que se deben superar mediante el análisis de los códigos que sostienen estas contradicciones en niveles profundos; la contradicción visible es el reflejo de las dinámicas profundas, por ende, he allí el foco de superación. Por otro lado, las contradicciones se asumen como parte fundamental del discurso, siendo sostén del mismo, mediante la forma natural profunda de lo que se habla. En efecto, la superación de estas contradicciones se despliega mediante la explicitación, el recubrimiento, y la fragmentación de las aristas que sostienen estos orificios, asignándoles un cuerpo, sentido y expresión dentro del propio discurso.

Ahora bien, en el caso de su arqueología, Foucault (1997) señala que el tratamiento de las contradicciones se asume como formaciones enunciativas inherentes a los procesos de dialogicidad y constitución de lo dicho. Por consiguiente, el análisis consta en explicitar y describir los espacios de disensión que sostienen el común denominador de la existencia de las contradicciones y no de englobar las paradojas discursivas en otros códigos acumulativos o fundacionales de las mismas. En efecto, la historia de las ideas constituye principios generales de interpretación de las contradicciones en un discurso, mientras que en la arqueología se describen las particularidades de los espacios en donde ocurren los disensos.

Las oposiciones intrínsecas que ocurren entre enunciados en un discurso – para la arqueología – se conciben desde una dialéctica productora de otros enunciados que se instauran en recorridos discursivos que generan continuidades en la construcción de realidades. Para la historia de las ideas, las oposiciones enunciativas se analizan con el fin de superarlas y desarticularlas, en tanto que son puntos de anulación del contenido de los enunciados.

Respecto a la dimensión: los hechos comparativos

Siguiendo con la idea anterior, según Foucault (1997), la arqueología se sitúa en la práctica analítica de las singularidades de los discursos y no en las totalidades que engloban funcionamientos generalizados y generalizables. Los hechos comparativos o la acción de pensar en términos de comparar formaciones discursivas, se debe entender desde la idea de que los sistemas de enunciados se conforman a partir de lógicas mayores de producción y que éstos se transforman en recorridos históricos o ‘epistemes’ que validan o no ciertos discursos particulares. En palabras de Foucault:

El horizonte al que se dirige la arqueología no es, pues, una ciencia, una racionalidad, una mentalidad, una cultura; es un entrecruzamiento de interpositividades cuyos limites y puntos de cruce no pueden fijarse de una vez. La arqueología: un análisis comparado que no está destinado a reducir la diversidad de los discursos y a dibujar la unidad que debe totalizarlos, sino que está destinado a repartir su diversidad en figuras diferentes. La comparación arqueológica no tiene un efecto unificador, sino multiplicador (Foucault 1997, 268).

Este efecto se puede determinar a partir de la diferenciación con otras formas de análisis discursivos. Para esto, Foucault (1997) señala que la arqueología debe cumplir con el objetivo de liberar los juegos de diferencias y semejanzas sobre la base de las reglas de formación discursivas que se instauran en la producción de los discursos. Así, el autor señala que el análisis debe mostrar primero: como elementos que aparecen en los discursos de manera diferente, sin conexiones aparentes, responden a reglas de similar producción, es decir, isomorfismos arqueológicos; segundo: si el orden en que aparecen se rige por encadenamientos particulares o no, es decir, si responden a modelos singulares de tratamiento; tercero: mostrar si es que dentro de las ramificaciones discursivas, es decir, los recorridos enunciativos, se corresponden desde reglas semejantes, aun cuando en lo explicito sean totalmente distintos; cuarto: develar si es que las nociones conceptualmente unificadoras a través de una palabra o enunciado, poseen caracterizaciones distintas en referencia a los sistemas discursivos que las sostienen; y quinto: desplegar las correspondencias, tipos de relaciones, posiciones de los enunciados en relación a otros enunciados, que den cuenta de las subordinaciones y complementos en la producción de los discursos.

Además de esto, la descripción arqueológica establece relaciones entre elementos discursivos y no discursivos. Según Foucault (1997), la aparición de discursos particulares en épocas específicas guardan relación con sucesos históricos de distintas índoles: hechos políticos que sujetan la producción de enunciados articulados en ciertos diagramas, instituciones que poseen lazos característicos con ciertos discursos, etc.

Ahora bien, la particularidad del análisis arqueológico de los discursos, es que supone que las instituciones, los fenómenos políticos, sucesos históricos no son causa de discursos, ni de formas simbólicas representativas a través de los enunciados, sino más bien que estos elementos no discursivos se insertan como ‘otros’ discursos que deben ser parte del análisis, en tanto que forman parte del funcionamiento, inserción y relaciones de los enunciados.

Respecto a la dimensión: las transformaciones

Desde la perspectiva del análisis histórico de las ideas, la concepción de temporalidad se caracteriza por ser sucesiva, cronológica y lineal. Los encadenamientos de hechos, situaciones ligadas con un pasado, presente y futuro, se entienden como líneas de continuidad y cortes inmanentes al curso de los fenómenos históricos de las ideas. Según Foucault (1997) en su arqueología, esta concepción del tiempo histórico de los enunciados queda suspendida, de tal manera que no es posible situar cronologías de tipo calendario dentro del análisis y menos aún formas lógicas de continuidades.

La concepción de temporalidad en la arqueología, se caracteriza por contener irregularidades e intemporalidades discursivas que se cruzan y relacionan de manera direccionada, no por tiempos inmanentes a la historia, sino más bien por los enunciados que funcionan en la exterioridad con otros enunciados. La tarea de la arqueología consiste en formular observaciones referidas a las condiciones en que se despliegan las transformaciones sucesivas de los hechos, y no proponer los cortes o cambios en la historia. Sitúa las leyes, probabilidades de aparición y normas que rigen las mutaciones epistémicas – históricas en la que los enunciados cambian de posiciones, territorializando otros discursos a través de las imbricaciones temporales.

Además de esto, la arqueología relaciona los enunciados que generan situaciones cronológicas, pero no en términos de una lógica de sucesiones, sino más bien que busca las líneas de relaciones particulares de temporalidad, que guardan relación con sucesos móviles y las condiciones que generan esta movilidad, es decir ‘vectores temporales de derivación’ (Foucault 1997, 283).

Lo que deja en suspenso [la arqueología] es el tema de que la sucesión es un absoluto: un encadenamiento primero e indisociable al cual estaría sometido el discurso por la ley de su finitud; es también el tema de que no hay en el discurso más que una sola forma y un solo nivel de sucesión […] se trata de mostrar cómo puede existir la sucesión, y a qué niveles diferentes se encuentran sucesiones distintas (Foucault 1997, 283).

La historia de las ideas funciona desde la concepción del tiempo de tipo lineal, es decir, que los sucesos transcurren unos tras otros en forma ordenada y lógica. Además, existe una conciencia de los tiempos pasados, futuro y presente, que guardan relación con un sujeto que se inserta como figura inicial de estos cuadros temporales; son los hombres quienes construyen la historia.

Por otro lado, el análisis arqueológico asume el reverso de estos esquemas, de tal manera que el concepto de temporalidad se caracteriza por complejizar las líneas rectas y transformarlas en líneas oblicuas y circulares, en donde las continuidades se asumen tal cual se insertan los cortes u obstáculos en el desarrollo de los discursos. Además, la arqueología analiza los discursos, no a partir de los sujetos o individuos que aparecen como iniciadores de ellos, sino más bien que se asume que la constitución de los diagramas enunciativos históricos poseen formas y recorridos autónomos al sujeto

Por consiguiente, al asumir que el discurso se constituye en relaciones enunciativas circulares y complejas, inhabilita la idea de lo discursivo-estructurante mediante totalidades y acontecimientos homogéneos, sino más bien que el discurso –desde la arqueología– se caracteriza por estar sostenido en varios planos de acontecimientos (Foucault, 1997) que generan dimensiones singulares: relaciones entre enunciados, objetos producidos, elecciones estratégicas, conceptos, derivaciones de reglas internas a partir de los mismos enunciados, etc.

En esta línea, la historia clásica de las ideas asume a los discursos como totalidades homogéneas pero, a su vez, señala que los cortes, fluctuaciones, quiebres, etc., son obstáculos que se deben superar con el objetivo de conformar discursos completos, sin fallas racionales. La arqueología se apropia de las fallas, de los quiebres, configurando como uno de los objetivos fundamentales la aparición de éstos, en tanto que son estas fallas en las relaciones discursivas que generan los enunciados y las instancias de interés para un analista.

Por último, cabe señalar que para Foucault (1997) una de las diferencias fundamentales de la historia de las ideas y la arqueología, se sitúa en el concepto de episteme. Para el autor, el análisis de las relaciones entre enunciados y, por ende, de los discursos que se constituyen en el campo social, se refieren a formas que sostienen estas constituciones a partir de recorridos históricos en general y de épocas demarcadas en particular. Por lo tanto, analizar las regularidades discursivas de una época dada, implica explorar las relaciones infinitas que se agrupan en períodos sociales y que otorgan validez y veracidad a los discursos, relaciones, posiciones y conflictos entre enunciados establecidos.

Componentes del modelo de análisis del discurso

En esta sección del presente trabajo, quisiéramos comenzar por establecer que nuestro interés por profundizar en la propuesta de Michel Foucault acerca de los procesos de conformación discursiva desde una perspectiva arqueológica, está focalizado tanto en un aspecto de necesidad metodológica como teórica que si bien nos ha enfrentado a una discusión a partir del análisis de algunas obras producidas por Michel Foucault durante su primera etapa de desarrollo académico. No es menos cierto que hemos obtenido un avance en lo que respecta a la aplicación de esta ‘caja de herramientas’, considerando los desafíos que debemos asumir los investigadores de las ciencias sociales en la actualidad.

Así entonces, la estrategia metodológica propuesta se implementa a partir de una fase de análisis de continuidad donde se observan los discursos expuestos por la Asociación de Madres de Plaza de Mayo en forma particular y, a su vez, aislados unos de otros, constituyendo una cronología. Las directrices[1] que se establecerán como guías del análisis, serán las descripciones arqueológicas desarrolladas por Foucault (1997) en donde se intenta, por una parte, describir las particularidades de los discursos y, por otra, establecer las relaciones que se estructuran desde la globalidad de los discursos.

A continuación, desarrollamos una breve descripción del modelo de análisis del discurso propuesto mediante la siguiente tabla:

Formaciones enunciativas Descripción de las Formaciones Discursivas
Regularidades enunciativas. Se busca identificar las regularidades enunciativas, produciendo conexiones con otras regularidades, con el objetivo de comprender los movimientos discursivos de las Madres en relación a esferas paralelas de producción enunciativas. Análisis de particularidades homogéneas y de globalidades funcionales heterogéneas.

“Se pueden encontrar actuaciones verbales que son idénticas desde el punto de vista de la gramática; que son igualmente idénticas desde la lógica, pero que son enunciativamente diferentes”. (Foucault 1997, 244)

Contradicciones “La descripción arqueológica describe lo que se podría llamar las contradicciones intrínsecas: las que se despliegan en la formación discursiva misma y que, nacidas en un punto del sistema de las formaciones, hacen surgir subsistemas.” (ibíd., 258)
Hechos comparativos “Cinco tareas de la arqueología: Explicitar los isomorfismos arqueológicos, los modelos que sostienen los discursos particulares, isotopía arqueológica, los desfases y correlaciones entre enunciados.” (ibíd. 269 y 270).
Transformaciones y cambios. “La arqueología no toma, pues, como modelo ni un esquema puramente lógico de simultaneidades, ni una sucesión lineal de acontecimientos, sino que trata de mostrar el entrecruzamiento de unas relaciones necesariamente sucesivas con otras que no lo son […] trata de mostrar cómo puede existir la sucesión, y a qué niveles diferentes se encuentran sucesiones distintas.” (ibíd., 282 y 283)

Tabla 1. Elaboración propia. Descripción de los componentes del modelo de análisis del discurso desde la perspectiva de Michel Foucault.

De esta forma, el corpus que se analiza en el marco de nuestro trabajo de investigación está agrupado en dos formatos de elaboración y/o producción. Por un lado, serán los discursos pronunciados por Hebe De Bonafini, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, en las aperturas del Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos realizado entre los años 2002-2009 en la ciudad de Buenos Aires. Y, por otro, entrevistas realizadas, también en el marco de los congresos, a Hebe De Bonafini, en donde se desarrollan particularidades de los argumentos de los congresos y su realización.

En definitiva, la elección de este corpus se basa fundamentalmente en las ideas que allí surgen acerca de los sistemas de salud y la relación con el funcionamiento de las instituciones que sostienen los despliegues de las formas de concebir la salud y el capitalismo. A su vez, para finalizar quisiéramos destacar a modo de contexto que los discursos producidos en el marco de los congresos suelen coincidir con diversos sucesos de movilización y protesta social ocurridos en Argentina, específicamente desde el año 2001 en adelante,  donde se hacen explícitas las condiciones sociales materiales de los sistemas de salud – enfermedad y los quiebres que éstos pueden sufrir en relación a la implementación de las artificios capitalistas en la cotidianidad de los ciudadanos.

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