GÉNERO, PROFESIÓN Y ESTRATEGIAS IDENTITARIAS DE LAS ESTUDIANTES DE LA CARRERA DE ABOGADO*

Introducción

La relación de las mujeres con la ciencia ha sido objeto de múltiples y variados análisis (Blazquez y Flores 2005). La conclusión general apunta a la descripción de una ciencia antropocéntrica que en su apariencia neutral ha priorizado elementos esencialmente masculinos. Hay quien considera que características propias de la identidad masculina como la separación y la autonomía, han contribuido a que ese “esquema mental, obsesionado por el distanciamiento y el control quedará inscrito en las normas y métodos de la ciencia moderna” (Arango 2006).

Dicha construcción cultural se traduce en las formas de transmisión de los saberes contenidos en cada disciplina científica, lo que deriva en la consideración sobre la existencia de carreras masculinas y carreras femeninas. Tal clasificación se justifica en la creencia de las diferencias entre hombres y mujeres, diferencia que, a su vez, se traduce en formas de exclusión, subordinación y violencia.

Las distintas profesiones corresponden a “un tipo especializado de trabajo que goza de reconocimiento social y que se caracteriza por una formación prolongada de nivel superior, un cuerpo unificado de conocimientos y un conjunto de instituciones que aseguran y regulan su producción, su reproducción, el acceso a la profesión y las condiciones de su ejercicio” (Arango 2006). Las profesiones así vistas, ofrecen variados ejemplos del cómo la hegemonía científica masculina sigue reproduciéndose, aunque de maneras cada vez más sofisticadas.

Las ingenierías son el ejemplo clásico de lo que socialmente es considerado como una carrera masculina, ya que con el argumento de la necesidad de fuerza física para el desempeño de la profesión, es la mujer considerada como no apta para la profesión.

La ingeniería, una de las ramas del saber más valoradas en nuestras sociedades, es la profesión que tiene el menor porcentaje de mujeres y una de las que proyecta una imagen fuertemente masculina. La ingeniería es un ejemplo interesante de la cultura masculina arquetípica, porque se encuentra en los límites entre el trabajo físico e intelectual, pero mantiene fuertes elementos del dualismo mente/cuerpo (Wajcman 2002 citada en Arango 2005).

A pesar de lo anterior, la mujer ha logrado ingresar a las distintas instituciones de educación superior, contribuyendo según Bruner (1987) a la masificación de la educación superior latinoamericana. En el caso de México, el porcentaje de egresadas de las universidades ha aumentado a pasos acelerados pasando del 19% en 1970 al 51.5% en el 2005 (Zabludosvky 2007, 15).

Tenemos también el ejemplo del Estado de Jalisco que de acuerdo con información proporcionada por la ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior) tenía en 2006 un total de 142 569 alumnos y alumnas de educación superior, de los cuales el 48.7% eran mujeres. Así también de los egresados en el periodo 2005-2006, casi el 53% fueron alumnas y, en ese mismo período, se titularon 7916, lo que corresponde a un 51.9% del total de estudiantes egresados.

Sólo en las áreas de ciencias sociales y administrativas, había 75 654 estudiantes de educación superior, de los cuales poco más del 57% son mujeres. Ese mismo documento muestra también que del total de titulados en el periodo 2005-2006, el 58.7% también fueron mujeres.

La presencia de mujeres en la educación superior es importante, ahora muchas de las carreras consideradas socialmente como masculinas cuentan con presencia de alumnas en sus aulas. Muchas otras han llegado a considerarse como carreras feminizadas, es decir, carreras donde la matrícula femenina es preponderante.

En este tenor, el presente trabajo muestra un estudio realizado con alumnas de la carrera de Leyes del Centro Universitario de la Ciénega de la Universidad de Guadalajara, donde se pone de manifiesto la identidad masculina de esta profesión, así como también las estrategias y resistencias de las mujeres, de manera que logren ‘adaptarse’ y concluir exitosamente su formación universitaria de abogadas.

Discusión de la literatura

Los procesos identitarios han sido definidos a partir de un principio utilitario. Dicho con otras palabras: las identidades son el proceso biográfico y sociocultural que me permite saber quién soy. Dicho proceso integra tanto mis representaciones como la ‘sanción’ de los otros. La identidad como proceso de identificación está históricamente determinado, lo que permite considerarla como multidimensional.

Estas dimensiones de la identidad, es decir, estos espacios en donde se expresan dichos procesos socio-culturales y psíquicos, no son paralelos. No podemos aislar al individuo para estudiar su identidad de género, sin conocer también aspectos generales de su identidad de clase y/o profesional. Ni tampoco podemos hacer investigación sobre la construcción de la identidad profesional sin tomar en cuenta aspectos sobre la identidad de género de los sujetos objeto de nuestro trabajo.

Sin embargo, el género como una construcción social con bases psíquicas y biológicas (Lamas 2007), ha sido utilizado para definir las características propias del ‘ser’ de uno u otro género y ha etiquetado actividades que de acuerdo con ciertos criterios –razonables o no-, corresponden a hombres o mujeres según sea el caso.

No resulta novedoso, por lo tanto, señalar que existen profesiones consideradas socialmente como ‘masculinas’ y otras ‘femeninas’. Tal concepción implica el prestigio de quien practica tal o cual actividad profesional así como también es producto de ciertas características que reviste tanto la formación profesional como las propias condiciones de trabajo (Guadarrama 2007; López Paniagua et.al., 2008). De ahí que tampoco resulte novedoso el hecho de que muchas de las mujeres consideradas exitosas en una profesión masculina, lo son gracias, entre otros aspectos, a que han “adoptado” actitudes y comportamientos masculinos (pensemos en ingenieras y abogadas, por ejemplo) propios de lo que es considerado como la identidad de la profesión (Guadarrama 2007).

Dado lo anterior, resulta inquietante pensar si existe la identidad de género de las profesiones, es decir, un proceso cultural-institucional mediante el cual me construyo como abogada o como abogado, proceso inmerso en el propio definido como identidad profesional. De ahí que surja la pregunta, ¿cómo y a partir de qué elementos una estudiante mujer de una profesión masculina, construye su identidad profesional?, ¿qué tipo de tensiones o contradicciones conlleva esta construcción y cómo podemos dar cuenta de ello?

La identidad profesional

El término identidad hace referencia a un proceso nunca acabado, y que no pocas veces se encuentra en tensión con otros procesos culturales personales y o colectivos. Asimismo, al considerarse un fenómeno multidimensional, es necesario entender la manera en que pueden converger en un mismo individuo, es decir, cómo se puede ser mujer y esposa, o hija, mexicana, profesora, al mismo tiempo. Lo anterior puede explicarse diciendo que de acuerdo a nuestras circunstancias nos ‘desplazamos’ de una dimensión identitaria a otra.

El término desplazamiento es utilizado por Cuche (1999), y obedece a lo que él llama ‘estrategia identitaria’; en estos términos, la identidad es un medio para alcanzar un fin. Dicho desplazamiento, originado por una necesidad que nos lleva a ejecutar una estrategia identitaria, se da entre las múltiples dimensiones que tiene la identidad, “cada individuo integra de manera sintética, la pluralidad de las referencias identificatorias que están vinculadas con su historia” (Ibíd., 119), mismas que pueden hacer alusión a su familia, etnia, sexo, profesión y que variarán de acuerdo con la situación.

La implementación de una estrategia identitaria, tal como lo expone Cuche, pone de relieve que la identidad no es un proceso azaroso, y que la manera en que logro identificarme y las actitudes hacia las cosas, personas y situaciones, resultado de dicha identificación, persiguen una finalidad, la cual puede o no ser consciente.

Tal como lo mencionamos al principio del presente texto, la hipótesis de este trabajo, señala que las alumnas de una profesión considerada socialmente como más apta para hombres que para mujeres como es la carrera de Abogado, despliegan una serie de estrategias que ponen en tensión su identidad de género con la propia definida como profesional.

Dentro de la división del trabajo, un espacio central es el campo de las profesiones. Cada profesión posee un ethos específico, normas de comportamiento, integración y de exclusión de los que quieren participar. Tenti y Gómez señalan que algunos autores distinguen una ocupación de una profesión. Consideran que en la última tiene gran importancia las actividades mentales, que cuenta con una propuesta formal de enseñanza y de selección de sus miembros, que otorga a través de distintos medios un reconocimiento social y legal para el ingreso, pertenencia y ejercicio (Tenti y Gómez 1989, 26). Johnson (1972) avanza en las explicaciones de Tenti y Gómez al afirmar que, para que pueda existir una auténtica profesión, es condición necesaria que las personas que practican la ocupación formen un grupo relativamente homogéneo, es decir, grupos que han conformado una identidad profesional.

El profesionalismo, como conjunto de características que presenta una determinada profesión, se ha considerado en la sociedad moderna como un proceso de elevación del estatus de una ocupación, que correlativamente comportaba la elevación del estatus de quienes la ejercían. A partir de estas premisas, por proceso de profesionalización se entiende la serie de etapas marcadas por los cambios en la estructura formal de una ocupación a medida que aspira a conseguir un status profesional (Real 2002).

Para que exista una profesión, es importante la presencia de una propuesta formal de enseñanza, la cual se despliega mediante las instituciones educativas, por tanto, éstas contribuyen a la reproducción de la división social del trabajo y de los campos profesionales, siendo parte esencial en la construcción de la identidad profesional en sus primeras etapas.

La identidad profesional “estará determinada por el mundo de trabajo y la actividad comunicacional que se establece en él. La identidad profesional tiene relación con el proceso de socialización que se lleva a cabo entre el trabajo y la interacción generada dentro del mismo” (Romo 2000, 91). Esta definición es tomada en cuenta, durante la estancia en la institución de educación superior, como referente de algo que está en construcción. La identidad profesional incluye distintas representaciones no sólo del campo laboral específico de la profesión sino también del profesional que la ejerce.

La construcción de identidades profesionales se da de manera mucho más sólida en carreras ya institucionalizadas tanto dentro como fuera de la universidad, es decir, carreras cuyo ejercicio profesional es reconocido como necesario y valioso por la comunidad (ver Babb 2003; Villamil 2005), tal es el caso de Abogacía, Administración o Contaduría, por citar algunos ejemplos.

En el marco del estudio de las identidades profesionales C. Dubar (2000a) distingue dos procesos de atribución de las identidades sociales y profesionales:

El primer proceso es el establecimiento de las identidades por las instituciones. Este primer proceso de creación de la identidad es objetivo en la medida en que es resultado de un proceso social que podemos analizar histórica, sociológica y culturalmente. […] El segundo proceso es la manera en la cual los individuos integran en su psique y dentro de su vida esta identidad, eso que Laing (1971) llamaba “la historia de sí”. Se trata, en suma, dentro de este segundo tiempo de estudiar las historias de vida, las trayectorias profesionales (Dubar citado en Beraud 2007, 145).

Uno de los problemas que plantea esta teoría de las identidades profesionales es la articulación entre la identidad transmitida y la identidad real, vivida, elegida. La identidad profesional incluye cierto tipo de comportamiento, discurso, modales, imagen, por medio de los cuales cierto grupo de profesionales logra diferenciarse de otro. Esto se aprende en la escuela.

La universidad, no sólo ofrece un conjunto de conocimientos necesarios para ejercer una profesión, sino que también – y no como parte del currículo- la vida universitaria te forma en el ‘saber ser’, haciendo de la identidad profesional un producto de la intersección institución- profesión- mundo del trabajo. Los últimos dos elementos pueden llegar a ser mucho más determinantes en la constitución de la identidad individual y colectiva que la primera, sobre todo si tomamos en cuenta que la institución puede ser vista sólo como la legitimadora del quehacer profesional a través del otorgamiento de credenciales (Castañeda 2010).

… el espacio institucional es un espacio relacional privilegiado para la construcción de las identidades profesionales. En este espacio los individuos se constituyen como sujetos para sí y para los otros a través de procesos de internalización de las categorías laborales establecidas, de los espacios-tiempos del trabajo, de las reglas que rigen las relaciones entre los actores que son al mismo tiempo resignificadas de acuerdo con sus propias biografías, sexo y especializaciones profesionales (Guadarrama 2007, 17).

Los alumnos durante su estancia en la universidad van aprehendiendo y colocándose a sí mismos la ‘investidura’ como abogados, administradores o ingenieros. Tal investidura, dice Bourdieu, “consiste en sancionar y santificar haciendo conocer y reconocer una diferencia (preexistente o no), haciéndola existir en tanto que diferencia social, conocida y reconocida por el agente investido y por los demás” (1967, 80).

Pero como ya se ha mencionado antes, esa ‘investidura’ profesional se coloca por encima de un cuerpo que socio- cultural y psíquicamente ha sido definido como femenino o masculino, como es el caso de las mujeres que estudian abogado o los hombres que estudian educación o psicología, por mencionar alguno. Cuando esto sucede, ¿entran en conflicto la identidad de género del estudiante o egresado con la propia identidad de género otorgada socialmente a la profesión? ¿De qué manera se integran, si es que lo hacen?, ¿de qué tensiones o contradicciones podemos dar cuenta?

Metodológica

Los resultados aquí presentados son parte de una investigación más amplia sobre Género y Educación Superior, en la que se buscaba dar cuenta de la complejidad de los procesos de construcción de las identidades de género y profesión que tienen lugar en una institución universitaria como el Centro Universitario de la Ciénega, un Centro Universitario ubicado al interior del Estado de Jalisco, parte de la red universitaria y en el cual confluyen estudiantes de 13 programas docentes distintos.

Se partió de la consideración de que la institución universitaria no es un espacio neutro y que los procesos de formación profesional, así como los de generación de conocimiento tampoco lo son. Para dar cuenta de ello, se consideró entonces la intersección entre género y profesión en una carrera masculina como la de abogado, en dos dimensiones: la primera, la institucional analizada a partir del discurso oficial sobre las profesiones y la segunda, las voces de los(as) estudiantes, su experiencia como alumnos y alumnas y sus expectativas.

La revisión de documentos oficiales y sitios de internet institucionales para el análisis de los perfiles de egreso de abogado(a) fue el primer paso para la caracterización de la identidad profesional de esta carrera en la Universidad de Guadalajara. Se buscaba dar cuenta de la existencia o no de sesgos masculinos en la oferta educativa oficial a través del discurso institucional. Lo anterior permitió la elaboración de una encuesta que se aplicó a 138 estudiantes de la carrera de derecho, de un total de 455 alumnos, es decir, poco más de un 30% durante el semestre lectivo 2011 B. La muestra fue estratificada, de acuerdo al semestre de ingreso y equitativa, conforme a la representación por sexo (48% hombres y 52% mujeres).

El instrumento estuvo dividido en dos partes. En la primera, se indagaba sobre la representación de los profesionales del derecho en los alumnos y alumnas, sus cualidades, capacidades. En la segunda parte, se preguntaba sobre sus profesores y profesoras, sus diferencias y semejanzas, el trato de los profesores en relación a las mujeres y hombres estudiantes, y expectativas laborales. Los resultados fueron procesados con apoyo del software SPSS15. En este documento sólo se presentan datos obtenidos por el análisis porcentual estadístico básico.

Con los insumos de los procedimientos anteriores, realizamos alrededor de ocho entrevistas a grupos de alumnos y alumnas de distintos, que giraron en torno a su cotidianidad como alumnos(as) de una carrera como abogado(a), su elección de carrera, su vocación, y si consideraban o no la carrera que estudiaban como masculina.

Resultados

A continuación se presentan algunos de los resultados del trabajo empírico realizado.

La carrera de abogado y sus identidades.

De acuerdo con la página web del Centro Universitario de la Ciénega1, el egresado de la carrera de abogado tiene una amplia gama de campos laborales para ejercer la profesión; desde desempeñarse en el campo de la judicatura, la función pública, como asesor y consultor de empresas, abogado postulante hasta en tareas de investigación y docencia.

Algunas características identitarias de los egresados son: liderazgo, la disciplina y cultura universal, una “integridad moral indiscutible”2, el dominio de un idioma extranjero, y el manejo de herramientas informáticas.

El perfil de egresados menciona, asimismo, el saber hacer del futuro profesional: “interpretar, aplicar o generar normas y actitudes jurídicas”, ejercer la práctica forense, como postulante, como Juez, Magistrado o Agente del Ministerio Público, en los ámbitos Federal o Estatal, desempeñar actividades de representación y asesoramiento a particulares, defensoría jurídica, tanto oficial como particular, participar en la interpretación y aplicación de las normas jurídicas en diversos tribunales, realizar labores de investigación y docentes, y agrega:

… El abogado también desempeña su profesión de manera independiente, por su cuenta o asociado con profesionistas de su misma actividad o de otras profesiones. Se desempeña  igualmente, como directivo, asesor o trabajador de empresas públicas o privadas. Es importante destacar la participación cada vez más relevante del abogado, en la función administrativa y en las actividades del Estado, particularmente las actividades encargadas a los órganos ejecutivos”.3

La identidad profesional de los futuros abogados, al menos institucionalmente está definido a partir de las competencias prácticas que los y las jóvenes adquieren durante su vivencia universitaria, y no se describe la dimensión formativa del ‘ser abogado(a)s’ que estaría más vinculada con la identidad profesional, ni se describen las características socialmente reconocidas como propias del(la) abogado(a), como podría ser el carácter fuerte, la pulcritud, la seguridad en sí mismo, el distanciamiento (cabeza fría), lo cultos; y por qué no, deshonestos, interesados y no leales. Retomaremos lo anterior con el análisis de las entrevistas.

La Licenciatura en Derecho, una carrera masculina.

La ciencia no puede considerarse como neutra, por tanto, su enseñanza tampoco lo es. En el caso que nos ocupa, lo anterior puede observarse en situaciones tales como la cantidad de profesoras y el tipo de materias que imparten en el programa educativo en comparación con la cantidad de profesores y el tipo de materias que imparten.

En lo que respecta a la cantidad, tenemos que en el semestre 2011 A, el Departamento de Justicia y Derecho tenía en su plantilla un total de 40 profesores de Asignatura y 15 profesores de tiempo completo (PTC). Desagregados por sexo, los datos son los siguientes: del total de profesores de Asignatura 37 son hombres y 3 mujeres; de los profesores con plaza, 13 son hombres y 2 mujeres.

En relación a las materias que imparten tenemos que del total de profesores que integran la plantilla de la carrera de Abogado en la sede Ocotlán, 13 son mujeres y 41 son varones. En cuanto al tipo de asignatura, encontramos que de las 14 materias impartidas por profesoras ocho son disciplinas que pudiéramos considerar dentro del ámbito de la profesión, y las restantes son Lengua Extranjera, Expresión Oral y Escrita y Seminario de Investigación. De acuerdo a lo anterior, sólo el 14% de las materias consideradas como jurídicas impartidas en el semestre 2011 A en la carrera tienen como docente a una mujer. A esto habría que sumarle otra nota, y es el hecho que sólo dos materias tienen que ver cien por ciento con la práctica profesional: Derecho Penal II (Delitos) y Práctica Profesional Penal, ambas impartidas por una profesora, lo que disminuye el porcentaje a 3%. Lo anterior con información obtenida de la Coordinación de Carrera. A este respecto, tenemos el siguiente comentario de una entrevistada:

“… las maestras sí son más comprometidas con la materia, son más serias para impartir la materia se toman más en serio el educarnos, el transmitirnos un poco de conocimientos, el guiarnos bien, pero si les dejan las materias como que no son tan importantes que todos los vemos así como de relleno, y las materias importantes o las básicas del Abogado las dan profesores…” (Alumna Sexto Semestre).

A este respecto, preguntamos a los(as) jóvenes encuestados(as), si era mejor tener maestros o maestras, a lo cual casi el 15% respondió que es mejor tener profesores, el 20.86% profesoras y el 64.34% que es igual. Cuando se les pregunta el por qué, resultan tener claro -aquéllos que opinaron que es mejor tener profesoras-, las razones dentro de las que destacan características como la disciplina, mejor comunicación, dedicación, mayor atención a los alumnos y alumnas y que son más responsables. En las razones expresadas por aquellos que prefieren profesores, las respuestas son menos específicas pero mucho más significativas:

“… son más los profesores que litigan que mujeres” (Alumno  Séptimo Semestre).

“… tienen más cayo…es esta vida de juicios” (Alumna Quinto Semestre).

“… existen más maestros que se dediquen más al litigio y por medio de eso nos transmiten los conocimientos” (Alumno Quinto Semestre).

“… he conocido con más experiencia, sobre todo en la Ciénega” (Alumna  Cuarto Semestre).

“… porque tal vez tienen más experiencia en su profesión” (Alumna Séptimo Semestre).

Como se puede observar, las razones que expresan los alumnos y alumnas para preferir profesor o profesora son una muestra muy clara del rol que los y las docentes tienen de acuerdo a la percepción de los alumnos(as) y que deriva directamente de la representación que se tiene sobre la profesión: los abogados son hombres.

Otro dato que refuerza lo anterior es el que se obtiene cuando se les pidió que mencionaran un abogado o abogada al que admiren, de 141 respuestas, el 55.3% hizo referencia a un abogado varón, y sólo una tercera parte (33.3%) mencionó el nombre de una profesional en el ámbito jurídico. Vale la pena destacar que las mencionadas en su mayoría son docentes de materias profesionalizantes, por ejemplo: derecho penal o procesal penal. Otra evidencia de la identidad masculina de la profesión la encontramos en la bibliografía utilizada en cada uno de los cursos. De manera que de un total de 150 textos utilizados como básicos en las asignaturas del área Básica Común Obligatoria de la carrera, el 92.02% tienen autoría o coautoría masculina, y sólo 7.97% de los libros de esta área están escritos por mujeres.

Cabe mencionar que de este último porcentaje representado por 11 autoras, encontramos que seis textos son sobre el aprendizaje de otro idioma, y otros sobre redacción, expresión oral y distintas temáticas no propiamente jurídicas. En lo que respecta a la bibliografía complementaria, de esta área del currículo, el 100% de autores son varones. Un dato más: en el área Básico Particular Obligatoria4, de un total de 245 libros, el 93.87% de la bibliografía básica de las asignaturas que integran esta área, son autores hombres y sólo el 6.12% mujeres. La bibliografía complementaria cuenta con 207 textos con autoría masculina y 18 textos con autoría femenina.

Lo que se dice de la carrera en la voz de las   alumnas.

Las alumnas que ingresan a la carrera viven procesos que pudieran resultar contradictorios. Por un lado, perciben el espacio escolar como un espacio ‘neutro’ donde aparentemente se vive la igualdad y las diferencias están marcadas por los méritos y capacidades individuales, y no por la diferencia sexual; por el otro, viven y en ocasiones sufren actitudes discriminatorias y sexistas que pueden o no ser explícitas por parte de los profesores o los propios padres de familia. A continuación se exponen ejemplos de lo mencionado:

“… me tocó tener un profe que decía que si estudias derecho de mujer mejor deberías estudiar administrativo, que porque te da más tiempo de estar en tu casa.”(Alumna Sexto Semestre)

“… bueno, la mayoría de los hombres piensan también lo mismo que las mujeres no deberíamos estar en esta carrera, o bueno, yo lo digo por mi papá porque a mí no me dejaba estudiar la carrera, me decía: no, eso no es para ti, búscate otra cosa, maestra de kínder, decía, […] me decía, es que tú no tienes el carácter de un hombre, le digo, pues no necesito ser hombre para tener carácter” (Alumna Cuarto Semestre).

También podemos observar que la defensa que hacen las alumnas sobre la pertinencia de estudiar una carrera como la de Abogado, se hace con el argumento de que ellas cuentan también con las características necesarias, asumiendo así como necesaria la adopción o el reforzamiento de actitudes socialmente reconocidas como valiosas en los varones.

Una característica negativa asociada comúnmente con el perfil del abogado es la corrupción, característica que está presente desde la propia universidad:

“… negociar es más fácil con un maestro que con una maestra porque tiene su, hasta su propio sistema y calificación y está impuesta a no cambiarlo y con un maestro te enseña hasta cómo negociar y tratar desde una calificación y a mi punto de vista […] eso es la carrera, es negociación” (Alumna Quinto Semestre).

Como podemos observar la entrevistada asocia el ‘negociar’ a la identidad de la carrera y, al mismo tiempo, advierte que esa característica está más ligada a los profesionales y maestros varones que a las mujeres.

En la carrera de abogado la disciplina penal resulta ser como el arquetipo de la profesión. Esta área además requiere características de la personalidad lo más alejadas posible de lo femenino: desapego, frialdad, objetividad. De ahí que se considere, en especial, que esta rama del Derecho no puede ser ejercida por mujeres.

“La mayoría de la gente piensa que la mayoría de los abogados, siempre son los penalistas, los que defienden narcos y no saben que hay otras ramas del derecho y por eso dicen que la mujer no se puede meter en eso” (Alumna Séptimo Semestre).

La representación de la diferencia entre alumnos y alumnas.

De los alumnos y alumnas que participaron en el cuestionario, el 84.4% está estudiando la carrera que quería estudiar. Esto resulta importante, puesto que en gran parte la representación sobre su carrera, así como sus expectativas laborales estarán influenciadas por ello.

Los alumnos y alumnas que participaron en la encuesta perciben diferencias de acuerdo al sexo, en lo que se refiere a la personalidad y ciertas actitudes de sus compañeros. Tales como lo disciplinado, lo responsable, el carácter, así como también las ramas del derecho que prefieren. Sin embargo, cerca de una tercera parte de los que contestaron la pregunta, la igualdad entre sexos en el espacio escolar es una realidad, como lo responde una entrevistada cuando se le cuestionó sobre si la carrera de Abogado era una carrera para hombres: “no pues claro que no, tan es así que aquí estamos las mujeres” (Alumna Segundo Semestre).

Por otro lado, los varones parecen estar más ‘conscientes’ de esas diferencias:

Entrevistador: ¿existe alguna diferencia entre los alumnos y alumnas de la carrera?
Entrevistado: sí porque a veces, bueno, es por el sexo, esa es una diferencia de sexo porque a veces los hombres somos más agresivos que las mujeres y en ciertas ocasiones en el derecho e… las mujeres son a veces débiles” (Alumno Séptimo Semestre).

Entrevistador: ¿existe alguna diferencia entre los alumnos y alumnas de la carrera? Entrevistado: sí porque a veces, bueno, es por el sexo, esa es una diferencia de sexo porque a veces los hombres somos más agresivos que las mujeres y en ciertas ocasiones en el derecho e… las mujeres son a veces débiles” (Alumno Séptimo Semestre).

En otra pregunta se cuestionó sobre los valores morales tanto positivos como negativos que se les inculcan durante su tránsito por la Universidad, en la tabla 1 tenemos los datos ordenados de mayor a menor número de menciones:

Tabla 1. Valores positivos y negativos que se aprenden en la escuela.

Valores Morales Positivos

Valores Morales Negativos

Responsabilidad

Corrupción

Justicia

Prepotencia

Honestidad

Injusticia

Lealtad

Interesados

Tolerancia

Avaricia

Equidad

Ambición

Respeto

Irresponsabilidad

Legalidad

Puntualidad

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos obtenidos en las encuestas.

Las materias en los que se aprenden los valores positivos, según los alumnos y alumnas que respondieron esta pregunta son: Ética Jurídica, Amparo, Procesal Penal, Garantías Individuales, Filosofía del Derecho, Derecho Administrativo y Derecho Mercantil. En lo que se refiere a los valores negativos según las respuestas obtenidas, se aprenden en Delitos, Teoría del Acto de Comercio, Derecho Penal y Derecho Fiscal.Fuente: Elaboración propia a partir de los datos obtenidos en las encuestas.

También les preguntamos sobre las actividades que les gustaría realizar en su trabajo, la Tabla 2 contiene los datos obtenidos.

Tabla 2. De las siguientes actividades, ¿cuáles te gustaría realizar en tu trabajo?

Mujeres

Hombres

Actividad

si

no

si

no

Investigación académica

62%

61%

Investigación forense

64%

70%

Escribir

53%

55%

Ser reconocido

93%

81%

Conservar mis valores

98%

92%

Tener subalternos

57%

69%

Mandar (dar órdenes)

76%

80%

Estudiar

89%

95%

Hacer uso de mi inteligencia

97%

100%

Aplicar lo que aprendí en la escuela

92%

91%

Hacer uso de mi imagen

76%

80%

Tener poder

63%

80%

Usar artimañas legales

69%

53%

Tener oportunidad de crecer profesionalmente

99%

100%

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos obtenidos en el cuestionario.

Con excepción de tener que ‘escribir’, que dicho sea de paso, es una actividad necesaria, por no decir obligada para estos(as) profesionales, tanto hombres como mujeres coinciden en la preferencia sobre las actividades que les gustaría realizar, destaca también el porcentaje que indica que no les gustaría realizar investigación académica y la diferencia porcentual entre los hombres y las mujeres que dicen ‘tener poder’.

Las estudiantes de la carrera de Abogado del CUCI (Centro universitario de la Ciénaga).

A partir de la información obtenida con las entrevistas y apoyada en la observación realizada durante mi práctica docente, identificamos en general tres perfiles identitarios de las estudiantes de la carrera, mismos que son la expresión o el resultado de estrategias distintas:

La estudiante “Abogado”.

Se refiere a aquella alumna que ha implementado una estrategia identitaria a partir de la cual adopta y/o fortalece conductas y actitudes masculinas, tales como la forma de hablar, la utilización de palabras altisonantes, actitudes defensivas.

Vale la pena comentar que contar con dichas características pudiera ser precisamente lo que las hace pensar que son aptas para esta carrera, sin embargo, me parece que también el tránsito por la universidad fortalece este perfil.

“…como dice Lupita de eso sí depende del carácter o algo yo siempre he hecho y he dicho mi voluntad, desde siempre todos me decían, ¡ay! Tú vas a ser abogada y esto y lo otro” (Alumna Quinto Semestre).

“Pues yo también nunca la tuve contemplada como carrera (Derecho), yo iba para administrativa, pero, bueno como mi mamá dijo que yo era, que yo serviría como abogada pues más que nada, yo así, que me gusta andar peleando y cosas como esas y mi mamá me dijo no pues metete a derecho y si me agrada…” (Alumna Séptimo Semestre).

Otra característica que se observa en la mayoría de estas chicas es la fuerte imagen paterna y la existencia de un trato igualitario con sus hermanos:

“… yo estoy estudiando la carrera de derecho porque así fue cómo me formaron tanto como mi papá, son una familia muy machista, este…como mi abuelo era juez su hija, su nieta pues la primogénita tenía que ser lo que él hizo, entonces mi papá se encargó de formar eso en mí y ahora no era de que yo quisiera es de que tenía que serlo…” (Alumna Quinto Semestre).

“Es que mire maestra, como por decir yo que estoy ahí o que yo…la mayoría en el cerro, en el rancho pues, conmigo son puros hombres, mi papá me acostumbró a andar entre los gallos, entre esto y lo otro, si yo me pongo a andar de coqueta no me voy a ganar el mismo trato que ellos y a la hora de un (se golpea los puños) también me van a querer joder, porque el sexo femenino es más débil que, supuestamente que el masculino, entonces al momento, de si tú no te pones en un nivel de igualdad ellos van a buscar cómo joderte, pero ¿ellos qué tienen que a mí me falte? (Alumna Cuarto Semestre).

De igual manera, son alumnas que tienen un fuerte vínculo con sus compañeros varones y cuya relación se da con “igualdad” de acuerdo a su percepción. Esta relación de igual forma incluye parrandas, beber alcohol y expresarse con vocabulario altisonante.

“… yo siempre he dicho que para ser una buena mujer te tienes que comportar, si estás en una carrera de hombres, te tienes que comportar a su altura de ellos, […] tú te tienes que comportar a su altura porque si no, no te van a tomar en serio […] porque si uno se comporta como se debería comportar una mujer: delicada, más sensible y más femenina y todo eso, te van a terminar tomando como una muñequita de aparador…” (Alumna Sexto Semestre).

Por último, las alumnas a las que identificamos con este perfil coinciden en que las calificaciones no son importantes, ya que lo que importa, dicen ellas, es la cantidad de relaciones que puedas establecer.

“…yo pues como ahorita estoy en el ministerio público yo veo que no es tanto la temática sino como tú, como se dice…aja, como tú trates, como un intercambio con la otra persona…a mi punto de vista a mi carrera y a lo que yo veo, eso es la carrera, es negociación, la verdad” (Alumna Séptimo Semestre).

“yo no sé si es bueno o malo, pero a mí me gusta arrimarme a los árboles que me den mucha sombra, si o sea, sí me gusta enseñar o juntarme con gente inteligente, con gente que es, que sabe hacer las cosas” (Alumna Quinto Semestre).

Para concluir, presento la descripción de una mujer apta para el derecho penal, desde la mirada de un alumno:

“… la mujer en derecho penal es muy arriesgada, muy agresiva, este, le gusta atacar sobre todo a los funcionarios […] ésa es la descripción de una mujer que sí puede tomar derecho penal.” (Alumno Sexto Semestre)

La estudiante “Académica”.

Es aquella alumna cuya estrategia identitaria le permite seguir siendo ‘femenina’ gracias a la ‘tendencia natural’ de las mujeres al estudio. Una alumna disciplinada, participativa y competitiva académicamente hablando y preocupada por sus calificaciones. Coinciden además algunas de las estudiantes con este perfil en las motivaciones que tuvieron para elegir la carrera, tales como problemas legales familiares:

“…hubo algunos problemas y de ahí empecé, es que cómo es posible que esté pasando esto y que sea una injusticia, y cómo que con la idea, el idealismo mío, de querer hacer algo que vaya en mejoría de mi país y de mi propio beneficio, también cuestiones legales o tanto seguir con esta injusticia y con la corrupción.” (Alumna Cuarto Semestre)

“Mis motivos son parecidos, pero, yo siempre me criaron con la idea, crecí con la idea de que yo debía de ser abogada, yo por ser la mayor de la familia tenía que ir por ese camino aunque mi papá quería que estudiara química en lácteos, y siempre me metió eso en la cabeza, pero el resto de mi familia decía que mi abuelo, él perdió el ejido de mi pueblo, hubiera querido que yo fuera abogada. Entonces por eso estoy estudiando derecho” (Alumna Cuarto Semestre).

Además, se puede observar que la valoración de la carrera que hacen estas alumnas incorpora aspectos axiológicos, son personas más sensibles a la injusticia, pues la vivieron con sus familias. Algo que llama la atención es el impacto que las series televisivas tienen en las elecciones profesionales de la carrera, aquí un ejemplo:

“… tenía un amigo que estudiaba derecho y me hablaba mucho de eso y pues en mi familia había problemas personales y también veía ‘La Ley y el Orden’.” (Alumna Segundo Semestre).

Las alumnas que identificamos como ‘académicas’ coinciden además en la disciplina y la preocupación por las calificaciones, lo cual de acuerdo con algunos comentarios expresados por alumnos no les preocupa pues “la calificación no refleja lo que saben”, además de que es preferible, según sus palabras, “estar echándose una cerveza con el Licenciado que estudiando para un examen”5, las relaciones son prioritarias.

“… los mejores promedios son las mujeres, son más dedicadas las mujeres” (Alumna Quinto Semestre).

Entrevistadora: ¿crees que tus compañeros hombres vean en ti una competencia?

Entrevistada: mmm…no, porque ellos se creen superiores a mí (Alumna Cuarto Semestre).

La “estudiante”.

Aquella alumna que opta por adoptar el perfil que ‘se espera’, como profesional de ramas como la fiscal, familiar o civil. Generalmente esta alumna se vio orillada por las circunstancias a elegir la carrera de abogado sin que fuera su elección vocacional, lo cual hace que identifiquemos alumnas que simplemente ‘sobreviven’ cuatro o cinco años universitarios, egresan y quizá se titulen, pero en realidad no se identifiquen ellas mismas como abogadas.

Conclusiones

Ni la institución universitaria, ni la generación de conocimiento resultan neutras ante un análisis con perspectiva de género, mucho menos los procesos de formación profesional. De ahí que resulte importante identificar tanto en lo formal como en lo no formal, aquellas evidencias a través de las cuales podemos dar cuenta del género de una profesión y, a partir de ello, identificar las tensiones y conflictos que esa identidad de género profesional provoca en los procesos identitarios individuales.

Como se ha dado cuenta en el presente artículo, la identidad de género de la carrera profesional del abogado cuenta con características que la revisten socialmente como una profesión ‘masculina’, a pesar de contar con una matrícula femenina importante. Datos como el número de autoras de la bibliografía obligatoria, o el menor número de profesoras en relación al de profesores, son sólo una muestra de cómo el sistema patriarcal dominante en la sociedad encuentra, en la institución universitaria a través de los programas educativos, un vehículo de dominación que a simple vista se debiera a una desafortunada y azarosa circunstancia de contratación de un mayor número de varones y un menor número de mujeres.

Las estudiantes mujeres que han optado por esta carrera se ven ante la necesidad de desplegar estrategias a partir de las cuales adoptar la investidura masculina de la profesión o resistirla. Los procesos de constitución de identidades que de ahí surgen resultan complejos y, por demás, interesantes.

Me parece, además, que es importante dar cuenta de cómo estos procesos de constitución de identidades ubican a los individuos dentro de un sistema social a priori, en que del resultado de procesos de intersección de múltiples identidades el sujeto puede variar sus aspiraciones y expectativas de vida.

Es necesario seguir preguntándonos qué papel juega la universidad en la construcción de una sociedad más equitativa y justa. Cuestionarnos desde dentro es sólo el primer paso

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