Introducción a la lectura del texto “El hombre y Dios de Xavier Zubiri

Introducción

Xavier Zubiri, nació en San Sebastián el 4 de diciembre de 1898.  Cercano ya a los 85 años, estaba en plena producción filosófica, a punto de terminar un libro sobre Dios, cuando repentinamente muere el 21 de septiembre de 1983.[1] La humanidad pierde irremediablemente uno de los filósofos más importantes del siglo XX.  Zubiri fue discípulo de Ortega y Gasset, de Husserl y de Heidegger y además un profundo conocedor de todas las ciencias y lenguas orientales e historia antigua.  Poco más de un año después de su muerte, somos testigos de un extraordinario, genial y estremecedor libro.  Es el primero de los libros póstumos de Zubiri, El hombre y Dios.[2] 

  1. El problema de la “y”.

 

Su más cercano amigo, colaborador y discípulo, Ignacio Ellacuria, estuvo a cargo de la preparación del texto para su publicación.  Es un libro de Zubiri desde el principio hasta el fin, sometido tan sólo a un levísimo arreglo redaccional.[3]  El hombre y Dios, es un texto apasionante.  Es una obra que por derecho propio ha de ocupar, sin duda alguna, un sitial en la historia de la filosofía.  Cada una de sus líneas, con sus 383 páginas, posee una riqueza filosófica desbordante.  Sin embargo, su contenido plantea enormes problemas.  Es un libro muy difícil de comprender y de analizar.  Introducirse en la filosofía de Xavier Zubiri es todo un desafío intelectual y una aventura espiritual.  Máxime si se trata de un problema que ocupó la mente de Zubiri por más de seis décadas.

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En líneas muy amplias el esquema del libro El hombre y Dios se articula en sus tres momentos o partes. Iª La realidad humana. IIª La realidad divina. IIIª El hombre, experiencia de Dios.  En la Primera Parte, Zubiri busca determinar qué es ser hombre y cómo se es hombre.  En la Segunda Parte, Zubiri necesita ver que lo que ha encontrado en su búsqueda es Dios.  En la Tercera Parte, Zubiri desde el planteamiento de lo que es el hombre y de lo que es Dios nos lleva a discutir el problema de Dios “y” el hombre. Estas tres partes están articuladas por una bisagra  que requiere nuestra atención.

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Quiero dejar consignado que Zubiri comentaba a Jorge Eduardo Rivera Cruchaga que el libro, El hombre y Dios, estaba ya en líneas generales listo en 1972.[4]  Pero; no es de extrañar, de parte de Zubiri, las minuciosas revisiones que padecería este libro en más de una década. Es importante destacar, además,  tres puntos centrales, que corresponden respectivamente a las tres partes del libro, y que debe tener presente todo lector al introducirse en la lectura de El hombre y Dios.  Muchos comentaristas pasan de largo las advertencias de Ignacio Ellacuria en la “Presentación” (HD, i-x., 24 de marzo de 1984).  De no observar bien este punto, esto puede levantar, sin lugar a dudas, una enorme ola de  inadecuadas interpretaciones del texto. Esta presentación es muy importante, pues, en ella quedan indicadas las Tres Partes del libro.  La Primera Parte: iniciada y concluida en la primavera y verano de 1983.  La Segunda Parte: realizada de regreso de Roma, a finales de 1973 y casi todo el año 1974, incluso principios de 1975.  La tercera Parte: sería la transcripción del curso de Roma explicado en el otoño de 1973. Desde esta interesante perspectiva preguntémonos: ¿No cabría la posibilidad de acceder a toda la “obra zubiriana” desde esta Primera Parte finalizada ya en el verano de 1983? 

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He de advertir que mi esquema no es exactamente el que sigue Zubiri, sino que se aparta ligeramente de éste.  La razón de ello es el deseo de simplificar el acceso a este libro, ya de suyo muy  difícil de leer.  Empero -y estoy consciente de ello y el lector lo advertirá inmediatamente- hay temas que desbordan considerablemente el propósito de esta breve investigación.

Así pues, desde el capítulo primero que versa sobre el hombre brota inexorablemente el capítulo segundo, que trata sobre Dios, hasta el florecimiento del capítulo tercero, el hombre “y” Dios.  Y, en este sentido, este esquema refleja lo abordado en el texto El hombre y Dios de Xavier Zubiri, esto es, “El hombre”, “Dios”, “y”.  ¿Qué significa esta “y”  del título del texto El hombre y Dios?  Esta es la pregunta axial de esta investigación.  ¿En qué consiste esa “y” con que decimos el hombre “y” Dios”?  Toda la clave del libro radica en descifrar qué sentido tiene esa “y”.  En una frase apretada y muy difícil de dilucidar, dice Zubiri en la Introducción: “La ´y` del hombre y Dios es una versión constitutiva experiencial”.[5] ¿Qué significa esta “y”?  ¿Qué significa que sea una “versión constitutiva experiencial”? 

Grosso modo, el problema de la “y” del hombre y Dios es el más alambicado problema filosófico que Zubiri tiene en sus manos. La “y” es “abertura” a algo “más”. Zubiri quiere desentrañar esta “versión constitutiva experiencial”  en la realidad en “hacia”.[6] (Permítaseme,  una breve “fórmula”: El hombre “y” Dios = El hombre “hacia” Dios. Este punto lo he tratado en otro lugar, sólo lo dejo consignado aquí, indicando que hay un grave problema en esta “y”, para una posterior “revisión”). Sigamos, pues,  navegando en dos puntos esenciales:

A) El problema filosófico de Dios.

B) La “existencia humana”.

A)   El problema filosófico de Dios

El problema filosófico de Dios, fue una permanente preocupación de Zubiri ya desde los años de Bachillerato, hasta los últimos días de su vida.  Pues bien, acceder al texto El hombre y Dios, implica forzosamente retrotraer nuestra investigación a la raíz misma de la “existencia humana.[7]  ¿Qué quiere decir aquí “existencia humana”?  ¿En qué sentido hay que concebirla? ¿Acaso ésta existencia humana “coincide” con lo que dice Zubiri en El hombre y Dios: la realidad humana?  No voy a entrar a desentrañar todo el problema de la existencia humana.  Sólo quiero indicar el orto del problema de Dios en un primer artículo de Zubiri.

En torno al problema de Dios“,[8] artículo publicado en la Revista de Occidente 149 (1935) 129-159., constituye la primera formulación del problema de la religación, y, que junto a otros artículos apareció ya recopilado.[9]  Este texto fue corregido y ampliado en Roma por Zubiri en marzo de 1936, que es el que definitivamente apareció en Naturaleza, Historia, Dios (NHD, 417-454). Es un hermoso, conciso y profundo ensayo que constituye la primera formulación del concepto de “religación“, en el cual se inscribe el problema religioso y, sobre todo, la posibilidad del ateísmo.  Zubiri, dicho sea de paso, está viviendo situaciones dramáticas en torno a la fe, la religión y Dios.

“La religación -nos dice- religatum esse, religio, religión en sentido primario  -es una dimensión formalmente constitutiva de la existencia”.[10]  En otras palabras, el problema de Dios está inscrito en la constitutiva y ontológica religación de la existencia.[11]  ¿Qué significa esto de que la “religación” es una dimensión formalmente constitutiva de la existencia? ¿Es el ateísmo un modo de estar “des-ligado”? El tema de Dios, pues, el problema filosófico de Dios en Zubiri lleva un largo camino de elaboración.[12]

B)   La “existencia humana”

Forzosamente, he tenido que embarcarme en este ensayo, pues, la lectura del texto El hombre y Dios se torna inaccesible e intolerable, justamente, al ingresar a la Segunda Parte, La realidad divina.  Porque, esta obra no está con la figura que Zubiri hubiera querido presentarla al mundo filosófico.  En efecto, al principio, incluso el mejor deseo tropieza con insospechadas dificultades y se encuentra con sorpresas impensadas.  Sin embargo, este ensayo de 1935 es el  “umbral” necesario para iniciar la navegación en El hombre y Dios.  Teniendo presente que hay una distancia de más de cuatro décadas de este ensayo en relación al primer texto póstumo.

En su estancia en Roma, se le pidió a Zubiri autorización para una versión francesa en Recherches Philosophiques.  Introdujo para ello algunas leves modificaciones de detalle, especialmente en el acápite IV.  Así, la forma definitiva la alcanzo en marzo de 1936[13].  A pesar de las modificaciones que sufrió el texto base que apareció en Naturaleza, Historia, Dios, el texto base de 1935 es lejos definitivamente mucho más inteligible que su posterior modificación de 1936.

Así, “En torno al problema de Dios” (1935), en esta breve investigación posibilita el más accesible “puerto” desde donde desplegaremos velas y elevaremos ancla con el concepto de “religación”, con el fin de navegar hasta la forma  que alcanzó su “reformulación” definitiva,[14] en su libro póstumo El hombre y Dios.

Zubiri realiza un análisis de lo que él llama la “existencia humana”.  En el ensayo: “En torno al problema de Dios” (1935), señalaba: “….la posibilidad filosófica del problema de Dios consistirá en descubrir la dimensión humana dentro de la cual ha de plantearse (…) La existencia humana, se nos dice, es tal que consiste en encontrarse entre las cosas y, cuidándose de ellas y arrastrada por ellas, hacerse a sí misma”.[15]

Y años después en el artículo:   “Introducción al problema de Dios” (1963),  Zubiri hace una expresa referencia a la existencia humana, como punto de partida del problema de Dios: “Es menester -nos dice- partir de un análisis de la existencia humana”.[16]  Recoge, sin duda,  ideas heideggerianas,[17] pero no se queda en ellas reposando, sino que radicaliza más su pensamiento, desentrañando penosa y lentamente el concepto de “religación”.  Aquí Zubiri se propone anclar, como diría Martínez[18], el problema de Dios en la entraña, en la raíz misma del existir humano.

Zubiri, tiene presente en su reflexión la estructura de la  “Geworfenheit“, que literalmente significa el “estar arrojado”.

Sin embargo, pienso que no es sólo ésta estructura heideggeriana la que está presente en Zubiri y la única que tenía in mente en su ensayo “En torno al problema de Dios” (1935). Hay otras estructuras que juegan, tal vez, en mayor o menor medida, un papel más importante que la “Geworfenheit“.

Zubiri establece claramente, y, dicho sea de paso, dos direcciones en torno al problema de Dios.  De un lado, en la dirección de la sistematización del problema de Dios.  De otro lado, el momento estructural del hombre, es decir, la dimensión teologal.[19]

Con lo anterior es suficiente para dejar enmarcado globalmente el problema del hombre y Dios. Pasemos, pues, a nuestro segundo apartado.

II. Sobre la “Erschlossenheit“.

Heidegger en Ser y tiempo en el § 28 habla de una “Erschlossenheit”, “aperturidad”. “Das Dasein ist seine Erschlossenheit“,[20] “El Dasein es su aperturidad”,[21]   ¿Qué es esta “Erschlossenheit”?  La palabra que en alemán es “Erschlossenheit”,  significa  el hecho de que el Dasein, está abierto, entiéndase: abierto al mundo, abierto a sí mismo, abierto a los demás Dasein y, maxime,  abierto al ser.[22]  Es un abrir radical en que consiste el ser del “Dasein”.  La existencia está abierta a sí misma y lo está en y por sí misma.  Esto es, la “aperturidad” forma parte de la existencia en cuanto tal. Esta  “Erschlossenheit” está constituida básicamente por la “disposición afectiva”, “Befindlichkeit” y el “comprender”, “Verstehen”, articulados ambos por medio del “discurso”, por medio de la  “Rede”.  ¿Qué es eso de “Befindlichkeit”?  ¿Qué es eso de “Verstehen”? Veamos más de cerca  esta “disposición afectiva” y el “comprender”.

A)   “Befindlichkeit”.

“Befindlichkeit”, “disposición afectiva”.  Es la condición según la cual el “Dasein siempre se encuentra en algún “estado afectivo”, “estado de ánimo”.  El Dasein  se encuentra, se siente consigo mismo en sus estados de ánimo.  Tengo una manera de estar dispuesto en mis estados de ánimo.  No es una intelección intelectual, teorética, sino un estar abierto al ser de las cosas, a las demás personas, a mi mismo, por ejemplo, cuando percibo la inocencia de mi sobrino de once meses.  Sólo lo siento en un determinado sentimiento.  Aquí el sentimiento descubre la inocencia.  La  “Befindlichkeit”  me abre al pasado, yo ya estoy instalado en una situación particular. “Die Befindlichkeit erschließt das Dasein in seiner Geworfenheit”. La disposición afectiva abre al Dasein en su condición de arrojado“.[23]  ¿Qué es esta “condición de arrojado”? Más adelante veremos este punto.

Cuando hay un sentimiento ya estoy en una situación determinada y, desde ahí me abro. Expresaba San Buenaventura en el “Itinerarium mentis in Deum“: “magis exercitatio affectus quam eruditio intellectus“.[24]

En este sentido va a decir Zubiri: “El hombre no puede sentirse más que religado o bien desligado”.[25]  Así, la posibilidad del ateísmo se abrocha en esta posibilidad de la Befindlichkeit, de sentirse “des-ligado”.  “La existencia que se siente desligada es una existencia atea“.[26]  Heidegger indica en Ser y tiempo, que el “Dasein” está abierto a su propio ser, pero al mismo tiempo lo encubre, lo distorsiona.  “Al Dasein existente le pertenece el ser-cada-vez-mío como condición de posibilidad de la propiedad e impropiedad.  El Dasein existe siempre en uno de estos modos o en la indiferencia modal de ellos”.[27]  Es interesante que Zubiri sostenga en la Segunda Parte de El hombre y Dios, que, ante Dios, además, de teísmo, ateísmo, agnosticismo, hay también, “in-diferencia”.[28] La “Befindlichkeit abre al hombre en su “Geworfenheit”.

Desde Heidegger y más allá de Heidegger podríamos preguntarnos: ¿La Befindlichkeit abre al hombre “positivamente” en su “ser” “religado” y “cierra” negativamente su ser al sentirse “desligado”?  Por lo pronto, esta cuestión desborda plenamente lo expuesto.

Pues bien, la Befindlichkeit, está entretejida con el “Verstehen”. Este último, no es un comprender teórico, sino un comprender vital de sí mismo.

Zubiri va a cambiar esta postura de la Befindlichkeit, de  “sentirse” religado o desligado. Hay un notable progreso de su pensamiento en  El hombre y Dios.  La religación ya no está inscrita en un puro sentimiento, sino que la religación es esencialmente el acontecer del problematismo de la fundamentalidad.  Estoy “afectado”, por ejemplo, porque previamente “ya” estoy en la realidad.

Es decir, la religación no es un sentimiento de dependencia incondicional.  Porque todo sentimiento tiene un momento intrínseco y formal de realidad.  Hay afección.  En el sentimiento el hombre está afectado.  Esta afección es un modo de estar en la realidad., “…para que haya un sentimiento de dependencia tiene que actualizarse el momento de realidad como algo a lo que estoy ligado, como algo anterior al sentimiento mismo (…) Toda dependencia incondicional presupone una realidad relativamente absoluta. Es decir, presupone la religación”.[29]  “La religación no es mera vinculación ni es un sentimiento de dependencia sino la versión constitutiva y formal al poder de lo real como fundamento de mi vida personal”.[30]  Pasemos, pues,  a nuestro segundo aspecto.  ¿Qué se entiende, en líneas más amplias, por “Verstehen“?

B)   “Verstehen”.

“Verstehen”, “comprender”.  ¿Puede ser entendido “verstehen”, “comprender”, en un sentido teórico? Nada más alejado de lo que Heidegger quiere decir.  No es una comprensión teórica.  “Con el término  comprender – dice Heidegger- nos referimos a un existencial fundamental, y no una determinada especie de conocimiento, diferente, por ejemplo, del explicar y del concebir, ni en general, a un conocer en el sentido de aprehensión temática”.[31] El “Verstehen”,  heideggeriano es estrictamente un comprender de sí mismo, me abro a mi mismo, a las cosas, a los otros hombres, en última instancia al ser. Esa abertura a mi ser, de mi mismo, es cuando, de algún modo, comprendo mi situación, desde la situación en la que ya estoy, por ejemplo, estoy leyendo.  El ser se abre al futuro.  En ese sentido la “Befindlichkeit” es el pasado.  Porque precisamente me encuentro ya  en un determinado estado de ánimo, y desde ahí me abro a las posibilidades futuras de mí ser. Hay un pasado radical.  En cambio, en el  “Verstehen” me encuentro abierto al futuro.  “Concebido -señala Heidegger- en forma existencial originaria, el comprender es el proyectante estar vuelto hacia un poder-ser por mor del cual el Dasein existe cada vez.  El comprender abre el poder-ser de cada Dasein (cf. §31, p,166 ss), de tal manera, que, comprendiendo, el Dasein sabe cada vez, de algún modo, qué pasa con él”.[32]

“Verstehen” es futuro.  En otras palabras, la vida del ser humano es un “quehacer”.  Es un hacer que hay que hacerlo, y eso es mi existencia.  Cuando estoy haciendo algo en mi vida aparece el futuro.  La palabra “quehacer” tiene una riqueza innegable  en castellano.  En Ortega leemos: “De toda circunstancia, aun la extrema, cabe evasión.  De lo que no cabe evasión es de tener que hacer algo y, sobre todo, de tener que hacer lo que, a la postre, es más penoso: elegir, preferir.  ¿Cuántas veces no se ha dicho uno que preferiría no preferir? De donde resulta que lo que me es dado cuando me es dada la vida no es sino quehacer.  La vida, bien lo sabemos todos, la vida da mucho que hacer.  Y lo más grave es conseguir que el hacer elegido en cada caso sea no uno cualquiera, sino lo que hay que hacer -aquí y ahora-, que sea nuestra verdadera vocación, nuestro auténtico quehacer”.[33]

En el ensayo “En torno al problema de Dios”(1935) casi al final del acápite II, leemos: “El hombre al estar abierto a las cosas, va hacia ellas y las encuentra.  Al estar religado el hombre viene desde Dios y está ya en Él”.[34]  ¿Qué es esto de que el hombre está “abierto” a las cosas? ¿En qué sentido va “hacia” ellas?

En primer lugar, vemos el papel implícito de la “Erschlossenheit”, “aperturidad”. El hecho, de que el hombre está abierto a las cosas. Es decir, su ser está abierto.

En segundo lugar, observamos en el pasaje ya “incoado” el “hacia“, estructura zubiriana absolutamente capital y tan recurrente en El hombre y Dios. Este “hacia” va a ir cobrando un volumen enorme –y al mismo tiempo imperceptible-  al interior de El hombre y Dios.   Esto detonará más adelante que Zubiri afirme que: “…nos encontramos lanzados del hombre a Dios…”.[35]  Para enmarcar esto de mejor manera véase un par de textos: “La realidad de Dios es por lo pronto una realidad en el modo de ´hacia`”.[36] “En esta dimensión de apertura religada, el hombre está lanzado desde el poder de lo real ´hacia` aquello en que éste se funda, hacia Dios”.[37]

En tercer lugar, aparece  la “disposición afectiva”, “Befindlichkeit”, y el comprender, “Verstehen”.  En efecto, repasemos nuevamente el pasaje: “El hombre  al estar abierto a las cosa, va hacia ellas y las encuentra.  Al estar religado el hombre viene desde  Dios y está ya en Él”.[38]  En  Heidegger vemos un pasaje clave: “El comprender se funda primariamente en el futuro; en cambio, la disposición afectiva se temporiza primariamente en el haber-sido”.[39]

Zubiri en El hombre y Dios, al sostener que el hombre es constitutivamente una esencia formalmente abierta a su propio carácter de realidad,[40] sin duda, tiene in mente el ensayo “En torno al problema de Dios” (1935).  Zubiri fue discípulo de Heidegger por los años 30. Zubiri parte de la situación abierta por Heidegger, pero va más allá de Heidegger.   Declaraba Zubiri: “…se ha visto que el ser del sujeto consiste formalmente, en una de sus dimensiones, en estar ´abierto` a las cosas”.[41]

No hay duda, sobre la  referencia implícita a la  “Erschhlossenheit de Heidegger. Zubiri está haciendo mención  permanentemente a nociones heideggerianas.  En efecto, “no es que el sujeto exista y ´además` haya cosas, sino que el ser sujeto consiste en estar abierto a las cosas”.[42]

Pero, Zubiri reprocha a Heidegger la insuficiencia de su análisis, pues, siempre hay “algo” más.  “Además de cosas ´hay` también lo que hace que haya”.[43]  En esta época el “hay” ocupa el lugar de la realidad.

Para Zubiri lo radical no es la propia existencia.  Lo radical no es un hecho entre otros, sino algo previo a todo hecho, esto es: la realidad misma.  Y esta realidad inexorablemente se me hace presente no en un comprender existencial, sino en un acto fundamental de la propia realidad humana, el sentir.

Zubiri abrirá una vía más radical que Heidegger: “Es de Heidegger -nos decía- la tesis de que das Dasein, la existencia humana tiene una Erschlossenheit, está abierta a sí misma y a las cosas por algo que es Seinsverständnis, la comprensión del ser [cf. SuT §18 y §31] (…) Pero ¿es verdad que el hombre está abierto a las cosas primariamente por comprensión?  Toda comprensión es un acto de inteligencia -Heidegger no emplea este vocabulario, pero no importa para el caso-.  De esto no hay duda ninguna.  Pero no es ese el acto elemental y radical de la inteligencia, que primariamente no aprehende la realidad por vía de comprensión sino en un sentir del que  la inteligencia es intelección intrínseca y que la convierte, por consiguiente, en inteligencia sentiente”.[44]  Teniendo presente estos breves pasajes se entiende que Zubiri en El hombre y Dios, exprese que: “…por ser una realidad sustantiva dotada de inteligencia, el hombre es constitutivamente una esencia formalmente abierta a su propio carácter de realidad. (…) la esencia abierta está formalmente religada”.[45] Su apertura es, en consecuencia,  una “apertura religada”.[46]  Así, vemos que, gracias a la atenta mirada que Zubiri puso en la “Erschlossenheit”,  radicaliza  el acto elemental y radical de la inteligencia.  Que primariamente no aprehende la realidad por vía de comprensión, sino en un sentir intelectivo o inteligencia sentiente. Observa Zubiri en un pasaje iluminador, “Y así como el estar abierto a las cosas nos descubre, en este su estar abierto, que ´hay` cosas, así también el estar religado nos descubre que ´hay` lo que religa, lo que constituye la raíz fundamental de la existencia”.[47]

A “eso” que “hay” y que religa Zubiri lo llama: “Dios”, es decir, “aquello a que estamos religados en nuestro ser entero”.[48]  Zubiri pasa muy rápido a la identificación con Dios. Cosa que no sucederá en El hombre y Dios.  El camino será mucho más largo, penoso y complejo.  ¿Qué es esto de estar religados “en” nuestro ser entero”?  ¿Qué alcance tiene este “en”?  Pues bien, lo que me ocupa a radice es indicar la cercanía por estos años entre Zubiri y Heidegger y que lo podemos constatar con más claridad al  seguir navegando,  en la “Geworfenheit“.

  1. De la “Geworfenheit” a la “religación”

 

La “Geworfenheit” ha sido considerada[49]  el  “umbral” desde dónde arranca la compleja idea de la “religación”. El concepto de la “religación” no florece sólo y exclusivamente de la “Geworfenheit“.[50]  Pero si es su detonante fundamental. Ya hemos visto la insuficiencia de la existencia humana como “Erschlossenheit”, y como irrumpe esta idea del sentir intelectivo.  En el sentido que el hombre primariamente no aprehende la realidad por vía de comprensión, sino en un sentir intelectivo. Para Zubiri el hecho radical no es el lenguaje, pero tampoco la propia existencia.  Lo radical para Zubiri no es un hecho entre otros, sino algo previo a todo hecho, esto es: la realidad. Y esta realidad se hace presente en nosotros no en un “comprender existencial”, sino en un acto fundamental de la propia realidad humana: el sentir.  (Analizar minuciosamente cada una de las articulaciones de  toda esta teoría de la inteligencia sentiente[51] es una tarea titánica que muy bien lo están haciendo los comentarista y discípulos de Zubiri). 

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Volvamos a la “Geworfenheit” y su repercusión en Zubiri. Demos algunos pasos que configuren de mejor manera lo que quiero con más precisión indicar.

Leemos en el ensayo de 1935: “…el fenómeno de ´estar arrojado` que otros a que voy a referirme, no pueden adquirirse sino en el análisis mismo de la existencia.  Todo el sentido de lo que va a seguir consiste en tratar de hacer ver que no está descrita la existencia humana con suficiente precisión…. “.[52]

“La existencia humana, pues, -dice Zubiri- no está solamente arrojada entre las cosas, sino religada por su raíz”.[53]  Este es el texto axial de este apartado.  ¿Qué significa que la existencia humana no está “solamente” arrojada sino que está “religada” por su raíz?  ¿De qué raíz se trata?

Vemos, ante todo, que  la “Geworfenheit está íntimamente inscrita en Zubiri. “La existencia humana está arrojada entre las cosas, y en este arrojamiento cobra ella el arrojo de existir”.[54]

Martínez de Pisón, nos decía: “La clave Zubiriana para abordar el problema de Dios se encuentra en la religación del hombre al poder de lo real.  ´La existencia humana, pues, no solamente está arrojada entre las cosas, sino religada por su raíz` (NHD, 373).  Esta es la posición de Zubiri como contraposición, o complemento, al ser arrojado heideggeriano”.[55]

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Al carácter fáctico del existir humano Heidegger lo llama el “estar arrojado“, “Geworfenheit“.  Rivera hablando sobre la facticidad y su articulación con la religación, nos dice: “La facticidad no es un mero factum, sino una estructura de ser, y como tal tiene una función positiva en la constitución de ser del Dasein.  Heidegger no ha explotado plenamente este aspecto positivo de la facticidad.  En cambio, sí lo ha hecho Zubiri, para quien en la estructura del ´tener que` se manifiesta una ligazón al ser (o a la realidad) que Zubiri llama ´religación`, y que es el fundamento que nos lanza a la búsqueda de esa realidad enigmática que llamamos Dios. (…) Al carácter fáctico del existir humano Heidegger lo llama también el estar arrojado (Geworfensein o Geworfenheit).  Este concepto implica, además de la facticidad del ´tener que` ser, el que el Dasein tiene que ser cada vez en una situación absolutamente concreta, en aquella en que fácticamente es”.[56]

Así, de un lado, la “Geworfenheit“, “estar arrojado”, indica que el hombre en el primer acto de inteligencia ya está existiendo.  Es decir, “yecto“: es el pasado radical “ya”.  Es el primer momento.  A mi ser le pertenece mi “yectidad”.  No se arroja él.  Es, “estar arrojado”.  Es  tener ya dado o recibido el “ser” desde el primer momento.  No lo pongo yo; estoy arrojado en la existencia humana. 

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Hay, de otro lado, una pequeña distinción con la “facticidad”. Esta es la concretización de la existencia humana.  Estoy arrojado, en un lugar concreto y muy determinado.  En efecto, normalmente yo hago muchas cosas, me levanto por las mañanas, leo, camino, me alimento, etc, etc., pero hay algo que está permanentemente presente en lo más hondo de mi vida y que no está expuesta explícitamente. Es la existencia. Me encuentro que yo tengo una deuda con mi propia existencia, la cual yo no me la he dado; me encuentro con ella, nací en un hermoso país, Chile, en Chuquicamata, en 1966, en el desierto más árido del mundo y en el cielo más diáfano de la tierra; con unos padres, con una determinada lengua materna, etc, etc., es decir, me encuentro en este mundo existiendo “ya”, estoy arrojado a la existencia, mi vida es una “facticidad“.  Y de todo eso yo soy “deudor”.  Es mío y no soy plenamente dueño, esa es la “paradoja”: la deuda.  Tengo algo que es mío, pero no es mío.  Es lo que en Heidegger es el ser culpable. Ser culpable y estar en deuda son exactamente iguales.  Si yo tengo una cosa que me pertenece, pero no es mío, es prestado, es una deuda, mi ser es un ser prestado. Volvamos a Zubiri, leamos completamente un pasaje clave: “La existencia humana, se nos dice, es tal que consiste en encontrarse entre las cosas y, cuidándose de ellas y arrastrada por ellas, hacerse a sí misma. En este su hacerse, la existencia humana adquiere su mismidad y su ser, es decir, en este su hacerse es ella lo que es y como es.  La existencia humana está arrojada entre las cosas, y en este arrojamiento cobra ella el arrojo de existir. La constitutiva indigencia del hombre, ese su no ser nada sin, con y por las cosas, es consecuencia de estar arrojado, de esta su nihilidad ontológica”.[57]

Este texto es clave de “En torno al problema de Dios“, del acápite II, que refleja las emanaciones de Heidegger en Zubiri. 

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Nuevamente.  ¿Qué es esto de la existencia humana? ¿Por qué Zubiri habla en El hombre y Dios de realidad humana y no de existencia humana? ¿Qué es esto de que la existencia humana está arrojada “entre” las cosas?  ¿Qué papel están jugando las cosas para el hombre?, “el Dasein -dice Heidegger- es una existencia arrojada, no se ha puesto a sí mismo en su Ahí”.[58]  ¿Cómo entender una existencia arrojada?

Heidegger quiere mirar la existencia del hombre tal como se da de facto, antes de toda filosofía, de toda ciencia, de toda teoría.  Lleva a cabo lo que llama la “analítica existencial”. Es decir, al ser sólo se llega a través de un análisis del Dasein, de una analítica existencial.  Es lo más difícil de llevar a cabo. Lo más grave es que el ente que va a ser analizado, la existencia humana, se escapa tenazmente a todo análisis. La existencia humana rehúsa ser, por decirlo de algún modo, “fotografiada”. Ella huye a ser “escaneada”.

Este ente que es el hombre es huidizo.  Pero, además, la dificultad crece, pues, es difícil de hacer porque la existencia humana es en sí misma inanalizable; porque para analizar algo tengo que mirarlo y para mirarlo tengo que tenerlo al frente y detenerlo.[59] 

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“Dialogando con Heidegger -dice Diego Gracia- es como en 1935 describe Zubiri el fenómeno de la religación, su doctrina más conocida del gran público.  Pienso que este concepto surgió a partir del heideggeriano de Geworfenheit, pero para transformarlo y superarlo internamente. Geworfenheit es un sustantivo abstracto alemán, derivado de un verbo, el verbo werfen, que significa ´lanzar`, ´tirar hacia adelante`.  De él procede también el sustantivo Entwurf, ´proyecto`, que Heidegger eleva a categoría ontológica en su libro Sein und Zeit. Geworfenheit puede traducirse como propone Gaos, por ´estado de yecto`(a).  Jorge Eduardo Rivera lo traduce por ´condición de arrojado`(b).  Las dos traducciones son correctas, pero la primera tiene la ventaja de que permite conservar en castellano el juego Entwurf, ´proyecto`.  Por eso convendría traducir Geworfenheit por ´estar yecto o yectado` más que por ´estar arrojado`, o también por ´yección`.  En tanto que ser yectado, yectivo o yecto, el hombre no puede no estar realizando continuamente pro-yectos y ser responsable de ellos.  De ahí la categoría de Sorge o cuidado, tan ubicua en el libro de Heidegger.  Éste advierte expresamente que no se trata de ´ética`(c), como tampoco la yección tiene que ver directamente con la religión, sino que se trata de algo previo, de su propia condición de posibilidad. Ese algo previo es ´destino` y es ´entrega`.  ´Existencia  significa estar destinado al ente, como tal, en una entrega al ente que le está destinado como tal`(d).  No se entienda Geworfenheit de un modo negativo, como si el ser humano estuviera lanzado o arrojado sin ninguna consideración.  Nada de eso.  Se trata de una Geworfenheit o  experiencia fundamental, que Heidegger llama también Offenbarung, revelación o patencia”.[60]

Diego Gracia tomando como base los análisis heideggerianos de la Geworfenheit  piensa que Zubiri pretende ir más allá, es decir, profundizar en el carácter yectivo  de la existencia humana.  Sin embargo, por otra parte,  “condición de arrojado” podría reflejar más hondamente la previa condición del existir del Dasein.[61] Pero, “estar arrojado” en rigor es lo que Zubiri afirma en su texto de 1935. Dice Zubiri: “¿Cuál es la relación del hombre con la totalidad de su existencia?  ¿Cuál es el carácter del hombre de este estar arrojado [Geworfenheit]* entre las cosas?  ¿Es un ´simple` encontrarse o es algo más?  ¿No será algo más honda y radical aún su constitutiva nihilidad ontológica?”.[62]  ¿Qué es eso de algo “más”?

Observando Zubiri la insuficiencia del análisis hecho por Heidegger de la existencia humana, ha transitado más allá de Heidegger -la prueba de ello es su ensayo de 1935-.

Así, ganado lo anterior.  Hemos visto sucintamente que Zubiri va más allá que Heidegger.  Podemos concebir de modo más claro lo que expresa Zubiri al sostener que: “El hombre, al estar abierto a las cosas, va hacia ellas y las encuentra.  Al estar religado el hombre viene desde Dios y está ya en Él”.[63]

vi

La cuestión central aquí es: ¿qué sentido, entonces, tiene que Zubiri pretenda en El hombre y Dios en la Segunda Parte realizar una “marcha intelectiva” si ya estamos en Dios, (teniendo, sobre todo, presente, además,  el ensayo de 1935)?  ¿Qué sentido tiene “buscar” “algo”, en este caso Dios, si ya Dios está “en” mi ser?

Eo ipso, cualquier intento de “encontrar” a Dios, al parecer, es absurdo.  El hombre, no puede, propiamente hablando “encontrase con Dios”.  Porque, Dios no es una cosa más. Pero el hombre lo puede “encontrar” en sí mismo, en su propio “existir”.  ¿Es tan claro esto?  “Existir -dice Zubiri- es, en una de sus dimensiones, estar habiendo descubierto ya a Dios en nuestra religación”.[64]  Lo anterior se abrocha con lo siguiente: “El hombre se encuentra a sí mismo en las cosas, bosquejando un mundo de posibilidades, de hacerse algo con ellas; se encuentra a sí mismo en Dios al estar ya teniendo que hacerse”.[65]

Lo anterior, y dicho sea de paso, echa por tierra todo posible debate, estéril por lo demás, que especula que Zubiri promueve un cierto elitismo religioso al hablar del encuentro con Dios en la plenitud humana, y no en la fragilidad humana.[66] Porque Zubiri, desde sus inicios está apuntando a un “análisis ontológico”.[67] Zubiri apela a la situación limite, esto es,  a la muerte súbita de un ser querido, no en el sentido que “no somos nada”, sino en aquellos casos en que el que muere lo hace haciendo suya la muerte misma, aceptándolo, como justo coronamiento de su ser.  Ahí “sentimos” la “realidad, el fundamento de la vida“.[68]

Pues bien, lo que Zubiri ha llamado el “problema de Dios” no es una “demostración” -es una declaración permanente de Zubiri en sus obras-, sino que es un “análisis ontológico de una de nuestras dimensiones.  El problema de Dios no es una cuestión que el hombre se plantea como un problema científico o vital, algo que en última instancia podría  o no ser planteado, sino que  es un problema planteado ya en el hombre por el mero hecho de hallarse implantado en la existencia”.[69]

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¿Qué es esto de “implantado”? Zubiri piensa a la altura de 1935, que el hombre se encuentra en algún modo implantado en la existencia.[70]  Pero, la palabra existencia para él es bastante equívoca; prefiere hablar de “ser”.[71]  El hombre se encuentra implantado en el ser.  ¿Qué significa “implantado”?  ¿Qué significa que el hombre esté implantado en el “ser”? Volviendo al ensayo de 1935, nos dice Zubiri: “…la persona es el ser del hombre.  La persona se encuentra implantada en el ser para realizarse”.[72] 

Ahora bien, López Quintás, comentando el punto de partida de Zubiri sostiene que el uso del término “arrojado” implica la convicción de que el entorno en que se halla situado el hombre le es extraño, hostil.  En cambio, el término “implantado” sugiere, más, bien, que el entorno juega el papel de tierra acogedora en que el hombre puede y debe echar raíces y desplegarse fecundamente.[73]

Sin embargo, Rivera advierte que la imagen de “implantación” se presta a equívocos.  Porque no se trata de que el hombre esté “plantado” en la realidad, “sino que, justo al revés, jamás está quieto en ella: tiene que ejecutar actos precisamente para  estar en la realidad y por estarlo.  En esos actos estriba lo que llamamos ´vida humana`.  Tomados todos ellos a una, constituyen el efectivo poseerse del hombre como realidad propia, esto es, personal”.[74]

En El hombre y Dios,  nos dirá que el hombre, la persona, es un modo de estar “implantado en la realidad”.[75]  Más, bien, “el hombre esta implantado en la divinidad”.[76]  Esto levanta una tormenta de graves problemas.  ¿Acaso esto de estar “implantado” en la divinidad no arrastra una oleada de “panteísmo”?  ¿Cómo de estar el hombre “implantado” en el “ser” pasa a estar más adelante “implantado” en la divinidad”? ¿Divinidad  coincide con “ser”?  ¿Son lo mismo?

Conclusión.

Así, en Zubiri lo radical  no es la propia existencia.  Lo radical no es un hecho, sino algo previo a todo hecho, esto es: la realidad misma.  Y esta realidad se me hace presente no en un comprender existencial, sino en un sentir.  En un sentir intelectivo.  La denuncia de Zubiri es evidente, la existencia humana no está descrita con suficiente precisión, pues, la relación del hombre con la totalidad de la existencia no es simplemente “estar arrojado”, hay algo “más”.  Porque la existencia humana no está solamente arrojada, sino “religada”. Y este es el “fundamento” que nos lanza a la búsqueda de esa realidad “enigmática” que llamamos Dios. Esta investigación –finalmente-  que pretendía ser la introducción  a la lectura del texto El hombre y Dios se ha convertido  sólo  en una humilde “introducción” a la Introducción del texto mismo.

 

Solemnidad  de San José,

Isla de Montreal, 2012

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