LA UNIVERSIDAD DEL NORTE EN TIEMPOS DE LA REFORMA UNIVERSITARIA

Llegué a la Universidad del Norte, al Departamento de Comunicación Social, el año 1969, mediante un concurso nacional y público convocado por la prensa. La comisión respectiva me seleccionó con lo que se me confirió la calidad de académico de la universidad.

Hacía pocos meses que recién había obtenido mi título profesional de Periodista en la Universidad de Concepción (1969). Los estudiantes del Departamento de Comunicación de la Universidad del Norte estaban paralizados desde hacía dos meses. Protestaban porque la orientación del departamento estaba bajo la tutela del diario El Mercurio de Antofagasta, sus lineamientos pedagógicos eran considerados muy tecnocráticos y poco humanistas y con baja calidad académica.

Con el prestigioso y querido profesor y poeta, Andrés Sabella, que me apoyó desde el primer minuto y con los dirigentes estudiantiles, diseñamos rápidamente una nueva malla de estudios con una fuerte presencia de las ciencias sociales, con profesores de filosofía, de historia, de sociología e inglés. En su mayoría estos docentes ya trabajaban en la propia universidad. La nueva malla la consensuamos con todos los estudiantes del departamento. Una vez aprobados los planes de estudio por las autoridades de la sede y de la rectoría, llegaron algunos profesores de la Universidad de Concepción y reanudamos el proceso formativo. Me correspondió, como director del departamento, entregarle a las dos primeras promociones de egresados su título profesional de periodistas y su licenciatura en comunicación social.

En el momento del golpe de Estado, 11 de septiembre, 1973, yo desempeñaba las funciones de Vicerrector de la Universidad del Norte, sede Antofagasta. Había llegado a este cargo a formar parte de un proceso activo de Reforma Universitaria que se venía gestando desde hacía al menos dos años antes de mi llegada a la Universidad del Norte .

Esta investidura de Vicerrector de la sede Antofagasta, provino de una elección de los universitarios de esta casa de estudios, realizada el año 1971. El mandato duraría hasta el año 1975. En la ocasión, votaron todos los universitarios de la sede Antofagasta, compuesto por los estudiantes, académicos, administrativos y el personal de servicio.

La votación tenía una ponderación de 10% para el estamento del Personal de Servicio, 10% para el estamento del Personal Administrativo, 40% para los académicos y 40% para los estudiantes.

Mirado en perspectiva histórica, esta ponderación de la votación de la comunidad universitaria fue única en Chile y muy cerca de lo que fue la reforma de la Universidad en Córdoba Argentina2, en el año 1918, que inició los procesos latinoamericanos de reformas de las universidades. La diferencia con respecto a la elección de las autoridades es que en Argentina, siendo paritaria la votación de académicos, con la de los estudiantes y egresados, en la U del Norte también fue paritaria entre docentes y estudiantes, pero se incluyeron a los funcionarios administrativos y de servicio y no participaron los egresados.

Las sedes de Arica, Iquique y Coquimbo de la Universidad del Norte, en tanto, estaban preparando sus propias reformas orgánicas destinadas a democratizar la participación de la comunidad en el gobierno de sus respectivas instituciones. El rector Miguel Campos Rodríguez, había aceptado estas reformas y se mantenía a la cabeza de la institución, con oficina en Santiago, en el momento del golpe de Estado.

El proyecto académico que presidí, como Vicerrector de la Sede Antofagasta, consistía en convertir a la Universidad del Norte en un motor del diálogo universidad-sociedad de trabajadores, en dos ejes paralelos: el desarrollo tecnológico y de las ciencias sociales, apuntando a apoyar el proceso productivo y social del norte de Chile, incursionando en la investigación con aplicación directa en los procesos de industrialización, especialmente en el ámbito de la metalurgia, la geología, la minera del cobre, del salitre y de la pesca. Durante este vicerrectorado, se inició un ambicioso plan de capacitación y de perfeccionamiento para los trabajadores del cobre y del salitre en Chuquicamata y en María Elena y se construyeron en este campus dos edificios con los nombre de Salitre y El Cobre.

Teníamos una fuerte y entusiasta colaboración de una docena de académicos españoles y de dos profesores cubanos en el Departamento de Economía. A los profesores españoles tuve la oportunidad de agradecerles su contribución a la formación de jóvenes universitarios chilenos en Antofagasta, con motivo del lanzamiento de mi libro. Periodismo e Ingeniería Social, que se realizó en el Ateneo de Madrid, el año 2008, acto organizado por el ex director de Departamento de Economía de la Universidad del Norte, Diego Raya Peñuelas, en coordinación con la Embajada Chilena. Debo destacar el permanente interés por el proceso chileno de mi excelente amigo Diego Raya y de su esposa, también profesora de esta Universidad, María José.

En el plano de su responsabilidad de formar a los jóvenes profesionales y científicos se privilegiaba en este período, la incorporación  centralmente a los estudiantes del Norte Grande. Participábamos activamente en el Consejo Regional de la Corfo, que tenía un rol muy activo en los planes de desarrollo regional en la época de los 70.

El Presidente Salvador Allende visitó en dos oportunidades la Universidad del Norte, sede Antofagasta, en su calidad de primer mandatario. Se informó ampliamente de los proyectos de desarrollo institucional, de la reforma y dialogó con los estudiantes y los académicos, estaba vivamente interesado por nuestra experiencia comunitaria. Quince días antes del Golpe del 11 de septiembre, nos recibió el Presidente, en el Salón Rojo de La Moneda.

Era una delegación de autoridades y de representantes de los tres estamentos: académicos, administrativos y personal de servicio. La misión era pedirle su apoyo para que se solucionara un crónico déficit en el sistema de previsión social de académicos y funcionarios que se arrastraba desde la fundación de la Universidad. El Presidente Allende prometió ayudarnos y, de paso, nos hizo parte de su angustia o preocupación por la resistencia que encontraba en lograr acuerdos políticos para dar una salida democrática a la agudización de la confrontación social que provocaba el proyecto de la Unidad Popular, frente a las fuerzas de oposición, constituidas, en ese período, por la derecha y por parte mayoritaria de la democracia cristiana.

Después de nuestra entrevista con el Presidente Allende, regresamos a Antofagasta los directivos y dirigentes estamentales y luego vino el golpe de Estado, encabezado por los militares de todas las fuerzas armadas y de orden, que hoy sabemos que contó con el fuerte apoyo del Gobierno de los Estados Unidos y la acción directa de importantes empresarios chilenos, dentro de los cuales destaca Agustín Edwards.

Los militares en el Campus Angamos.

El mismo 11 de septiembre, cerca de las 20.30 hrs, llegó un destacamento de militares, incluidos varios tanques a las puertas de la Universidad en Avenida Angamos. Me presenté ante el teniente a cargo del operativo, quién me señaló que venía a registrar el recinto porque tenían información de la existencia de armas. Le dije que no tenía los medios para impedir esta acción, que la Universidad cumplía una función pública, de manera que le solicitaba que no se realizara daño a las personas, a los edificios, al equipamiento de laboratorio y al mobiliario. Para eso, le pedí a un auxiliar que con las llaves en sus manos nos acompañara a todos los lugares que los militares quisieran visitar.

Mientras recorríamos el campus, vi dos escenas de estudiantes y de funcionarios con las manos en alto y contra el muro y a militares apuntándoles con sus armas y maltratándolos verbalmente. Le señalé al teniente que no había razón de maltratarlos. Al cabo de una hora, los militares no encontraron ningún arma en el allanamiento. Al momento de retirarse los militares del campus, le pedí al teniente que firmara un documento en que certificara conmigo que no se habían encontrado armas en el campus de la Universidad. El oficial aceptó luego de consultar por teléfono con un superior, que imagino era el propio general Joaquín Lagos, Comandante en Jefe de la II División del Ejército. Firmado el documento, lo guardé en mi maletín, que creo me fue de gran utilidad en la Corte Marcial a la que fui sometido en los meses siguientes3.

En la noche del 12 de septiembre, fui detenido en mi departamento de la Gran Vía, en “nombre de mi General Lagos”, por una patrulla militar que venía acompañada de un numeroso contingente de militares en camiones y vehículos ligeros, fuertemente armados con metralletas y con tenida de guerra. En mi departamento estaba mi esposa, Cecilia Rivas embarazada de cinco meses de nuestro segundo hijo. Mi hijo mayor tenía en la época un año y medio. Eran cerca de las 12 de la noche. Más adelante, ya dentro de un vehículo militar, la patrulla pasó a una vivienda preguntando por el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad del Norte. En la ocasión, no fue encontrado y seguimos hasta la Intendencia de Antofagasta.

Después de pasar ocho horas sin dormir, en una sala de la Intendencia de Antofagasta, fui conducido con otros dos compañeros, uno de ellos el profesor de Filosofía de la Universidad del Norte, Juan Ruz Ruz, subido a un jeep militar, que nos llevó a la base aérea de Cerro Moreno. Llegando al lugar, nos hicieron un simulacro de fusilamiento. En ese recinto estuvimos 18 días un grupo de 10 detenidos políticos y después fuimos trasladados, en un camión militar, a la cárcel pública de calle Prat.

Tuve un consejo de guerra, en el recinto carcelario, con presencia de oficiales de todas las fuerzas armadas y de carabineros. Ese consejo, realizado en una sala de la cárcel de Antofagasta, me condenó, por cometer “desacato a las nuevas autoridades militares”, a 20 años de presidio. Esta pena fue apelada y  finalmente cambiada por el general Joaquín Lagos, por  el exilio en Bélgica por 10 años. Me defendió con mucha entereza y dedicación, el abogado Bernardo Julio, a quien nunca le cancelé un solo peso por esta valiosa y valiente intervención a mi favor, porque no tenía manera de hacerlo. Estaba preso y había sido despedido de mi cargo y de mis funciones, inmediatamente después de mi detención.

Un oficial de la Fuerza Aérea, cuyo nombre no me acuerdo, me había reemplazado en el cargo de autoridad universitaria, bajo la denominación de Rector. Los golpistas ignoraban la estructura de la Universidad y me atribuían más poder del que efectivamente tenía. Luego del paso como Rector del oficial aéreo, la autoridad militar nombró como Rector a Enrique Conrado Ferrando Núñez, quien había sido el conservador de la Sede Antofagasta antes y durante mi administración.

Previamente, el señor Ferrando, vino a la cárcel a consultarme qué le parecía que asumiera el cargo de Rector que le estaban ofreciendo desde la Intendencia. No dudé en entusiasmarlo a que lo hiciera. En las circunstancias dadas, lo mejor era que un universitario, una persona que quería la Universidad se hiciera cargo y dejara de serlo un militar. A manera de curiosidad, dejó constancia, que al profesor Ferrando lo conocí siendo yo alumno en el Liceo de Cauquenes, cuando él era el Rector.

Las víctimas de la Caravana de la Muerte.

El 19 de octubre de 1973, estando incomunicado en la Cárcel de Antofagasta, fueron sacados de ese lugar, fusilados y masacrados 14 personas4, por un destacamento de oficiales y suboficiales del Ejército, que más tarde se conocería con el nombre de la Caravana de la Muerte.

Esta es la lista de víctimas en Antofagasta de la Caravana de la Muerte liderada por el general Sergio Arellano Stark, quien ha sido declarado por los tribunales como ‘inhabilitado mentalmente’ por lo que no ha sido efectivamente castigado5. En esta lista de 14 personas hay cuatro integrantes de la comunidad de la Universidad del Norte. Todos ellos, ejecutados el 19 de octubre de 1973, a las 1.30 horas, en la Quebrada del Way:

– Luis Alaniz Álvarez, 23 años, estudiante de Periodismo de la Universidad del Norte.

– Mario Armeros Silva, 45 años, ex gobernador.

– Dinator Ávila Rocco, 22 años, empleado de María Elena.

– Guillermo Cuello Álvarez, 30 años, empleado de CORFO.

– Marco De La Vega Rivera, 46 años, ingeniero.

– Segundo Flores Antivilo, 25 años asistente social de María Elena.

– José García Berríos, 66 años, trabajador marítimo.

– Darío Godoy García, 18 años, estudiante de enseñanza media de María Elena.

– Miguel Manriquez Díaz, 24 años, egresado de Ed. Física de la Universidad del Norte. Ex GAP.

– Danilo Moreno Acevedo, 28 años, chofer CORFO

– Washington Muñoz Donoso, 25 años, egresado de Historia y Geografía  de la U. del Norte. Interventor CCU.

– Eugenio Ruiz-Tagle Orrego, 26 años, ex secretario general de la Universidad del Norte. Ingeniero. Gerente INACESA.

– Hector Silva Iriarte, 38 años, abogado. Sec. regional PS y gerente CORFO Norte.

– Alexis Valenzuela, 29 años, ex regidor Tocopilla.

A esta lista de asesinados, hay que agregar a tres universitarios nuestros: la funcionaria Elizabeth del Carmen Cabrera Balarriz, (23 años) asistente social de la Dirección de Bienestar Estudiantil de la Universidad del Norte. Ella venía, como yo, de la Universidad de Concepción, y fue asesinada –según algunos testimonios, estaba embarazada-  junto a su esposo, el estudiante de esta misma casa de estudios, Nenad Teodorovic Sertic, 24 años, austríaco, estudiante de Periodismo de la Universidad del Norte. Junto con ellos también fue asesinado Luis Muñoz Bravo, 28 años, funcionario de la Universidad del Norte.

Fecha de la detención o muerte: 15 de septiembre de 1973

Lugar de la detención o muerte: camino entre Antofagasta y la Base Aérea de Cerro Moreno.

Organismo responsable de la detención y muerte, ‘por intento de fuga’, soldados del Regimiento Antofagasta.

Del testimonio que yo puedo dar de los mártires de los asesinatos de la Dictadura de Pinochet de la Universidad del Norte, en los primeros meses de su instalación, son siete compañeros:

– Luis Alaniz Álvarez, egresado.

– Miguel Manriquez Díaz, egresado.

– Washington Muñoz Donoso, egresado.

– Eugenio Ruiz-Tagle Orrego, egresado.

– Elizabeth Cabrera Belarriz, funcionaria administrativa.

– Nenad Teodorivic Sertic, estudiante.

– Luis Muñoz Bravo, funcionario.

Cecilia, mi esposa, me ha relatado, en contadas ocasiones, el calvario de esos días en Antofagasta, buscando reconocer entre los cuerpos despedazados a su esposo, encontrarse con compañeros inexplicablemente muertos, con familiares angustiados, con autoridades insensibles, con dramas sin lógicas conocidas…

En lo personal, mi familia: Cecilia mi esposa, nuestros hijos Héctor Luis (2 años) y Alfonso Joaquín, recién nacido y yo salimos al exilio a Bélgica. Yo partí el 14 de marzo de 1974, luego me siguieron mi esposa e hijos. En 1988 nació en Bruselas, nuestra hija Claudia Cecilia. En el país de Jacques Brel tuve el placer de compartir con el profesor Rubén Gómez y su familia, quien nos distinguió con el apadrinamiento de Alejandro Gómez, actualmente egresado de geólogo de esta misma universidad.

Todos regresamos a Chile en febrero de 1989 y nos instalamos, por razones laborales, en Santiago de Chile. Actualmente y desde hace 15 años, soy profesor titular en la Universidad de Santiago de Chile, que tuvo 62 personas asesinadas por la dictadura, entre ellos al inolvidable Víctor Jara. Actualmente, soy el director del Magíster en Ciencias de la Comunicación de la Escuela de Periodismo de la misma Universidad.

Algunas reflexiones finales.

¿Fue inevitable y necesario del golpe militar en Chile? Decididamente, como toda acción política, el golpe pudo realizarse o no. Es una opción que tomaron las fuerzas contrarias al proyecto socialista y los responsables de sus consecuencias son principalmente los que tomaron esta decisión. Por el contrario, la nacionalización del cobre, obra del gobierno y del parlamento en tiempos del Presidente Allende, la seguimos disfrutando los chilenos.

Sin duda que el proyecto de la Unidad Popular, generó muchos sueños de una parte y muchos temores de otra parte de la población. Había un clima de fricción social. En esta Universidad había un fuerte debate de ideas, pero nunca a nadie se le persiguió por sus posturas o ideas. El golpe, como toda acción política, se puede o no hacer. Era evitable. Y los responsables son lo que lo hicieron. Y fue necesario o tuvo como propósito instalar un modelo económico y político basado en el mercado, que si bien terminó por generar crecimiento, éste se hizo con gran desigualdad y sufrimiento y hoy muchos estamos convencidos y luchando por cambiar la Constitución dejada por la Dictadura para generar más democracia y más justicia social.

La defensa de la democracia y de los derechos humanos es irrenunciable y va más allá de las posturas políticas que nos enfrentaron en el pasado y que siguen vigentes en el presente. Es la base de toda convivencia sana y las bases son la verdad, la autonomía de pensamiento, el respeto y el amor a la diversidad.

Los primeros que quieren evitar referirse a las violaciones a los derechos humanos, por lo doloroso e indigno que resulta presentarse como víctima de atropellos injustificables, son los que experimentamos el dolor y el horror de la represión sistemática, que el Informe Rettig, apropiadamente, denominó ‘terrorismo de Estado’. No obstante, es necesario no perder la memoria de lo ocurrido, buscar explicarse por qué ocurrió. ¿Cómo es posible que una sociedad democrática cobijara fuerzas armadas, sostenidas con presupuesto de todos los chilenos, en agentes tan crueles y cobardes que, con la negación de sus delitos y de la información, aún miles de familiares no pueden llevar una flor a las tumbas de los detenidos-desaparecidos?

Este es el peor dolor que aún nos tiene pegados en un episodio de la historia que quisiéramos superar completamente. ¿Se trata de una ‘locura moral’ de quienes estaban destinados a protegernos y se transformaron en nuestros verdugos, represores, terroristas, transfigurados por la ‘doctrina de la seguridad nacional’ y por las alabanzas de los grandes empresarios, que se transformaron de ‘valientes soldados’ en feroces usurpadores del poder civil?

Las universidades chilenas, especialmente las estatales y las tradicionales privadas, con la dictadura sufrieron pérdidas humanas de enorme valor, vivieron un largo apagón cognitivo en climas de temor, inestabilidad, absolutamente contrarios al aprendizaje y el desarrollo intelectual. Las comunidades universitarias vivieron un clima de convivencia nefasto, un deterioro de la capacidad crítica, consustancial a la universidad y aún con la recuperación democrática no se ha logrado reponer el lugar de avanzada que tenían las universidades chilenas en América Latina, especialmente en el área de las ciencias sociales.

Hoy, a 40 años del golpe y a 24 años del término de la Dictadura, comenzamos a reponernos de este trauma global y estamos desafiados por los nuevos retos del conocer y de la sociedad informatizada.

Ustedes, estudiantes, académicos, funcionarios, autoridades de la Universidad Católica del Norte deben evaluar este proceso y ser lúcidos en el diagnóstico y en el conocimiento del pasado para tener un buen entendimiento del presente y leer con una amplia mirada el horizonte del futuro.

Muchas gracias por permitirme relatar mi experiencia y espero que este relato le pueda ser de provecho a más de alguno de ustedes.

Puedes descargar este artículo en formato PDF.

Deja un comentario