Occidentalización de la práctica curativa indígena a través de la instauración de farmacias mapuches en Chile. El caso de la farmacia Makelawen*

Introducción

La relación que establecen los pueblos originarios con la naturaleza es resultado de diversos procesos de interacción con el paisaje a través de los cuales han desarrollado conocimientos prácticos utilizados ancestralmente. Cada cultura posee diferentes formas para transmitir los significados sobre los elementos presentes en sus territorios, los que son representados a través de racionalidades propias que se manifiestan  en la vida cotidiana y en las comunicaciones interpersonales.

Las concepciones de salud y enfermedad de los grupos humanos están condicionadas y construidas culturalmente, las culturas interpretan y entregan solución a los episodios de enfermedad de diferentes maneras, que varían en el tiempo y el espacio. Kottak (1995: 10) señala que todas las sociedades tienen sistemas de cuidado de la salud, y poseen sistemas de creencias, costumbres, especialistas y técnicas destinadas a conseguir la salud, prevenir, diagnosticar y curar las dolencias.  Citarella (2000: 39), propone que estas nociones de los sistemas de salud están condicionadas e interactúan en un proceso dinámico junto al patrimonio cultural del grupo, manteniéndose o modificándose de acuerdo a procesos complejos que involucran a la sociedad en su conjunto.

Tanto el enfermar como la respuesta terapéutica no son realidades naturales sino que sucesos culturales cargados de significaciones que comprometen la existencia de la vida familiar y social, las relaciones mundanas y las trascendentes; donde más que dicotomías sujeto – enfermedad, existe una correspondencia indisociable entre individuo, medicina y sociedad (Kottow, 2005a: 192).

El pueblo mapuche ha establecido con la naturaleza una relación de profundo respeto, institucionalizada a través de normas culturales que regulan la acción social como forma de mantener el equilibrio en el universo. De esta forma, la efectividad de las plantas en los procesos de sanación se proyecta más allá de la persona que padece enfermedad y depende de los procesos de comunicación que establece el agente curativo con las divinidades y seres que habitan en las diferentes manifestaciones de la naturaleza y del contexto en el que se desarrolla la enfermedad, las que actúan como un todo complementario que proporcionará la sanación.

La medicina moderna, por su parte, centra la atención en el cuerpo funcional, realiza una separación entre alma y cuerpo, reduce la enfermedad a procesos biológicos donde “El estudio del cuerpo se fundamenta en la disección anatómica, la separación de los diversos componentes corpóreos, el aislamiento de partes que en vida están relacionadas, y el convencimiento que mientras más detallada la morfología tanto más se sabe sobre el cuerpo” (Parada, 2005: 51). Así, la relación que se establece entre el paciente y el médico, pasa por la interpretación que le proporciona éste último a la enfermedad, la cual es mirada como una disfuncionalidad orgánica, ajena a la reflexividad, y por lo tanto, a la subjetivación que le entrega el enfermo.

Bakhtin (Cit. en Kottow, 2005b:82) señala que todo texto es polifónico, donde la medicina occidental en cuanto receptora de este mensaje polifónico entregado por los pacientes, reduce las narrativas a un todo monológicamente sistematizado, de acuerdo con la teoría médica prevalente. Esta reducción semántica distorsiona al paciente transformándolo de narrador a objeto biológico clasificable de acuerdo a los acontecimientos médicos actuales. El paciente se vuelve un objeto sin voz, susceptible al análisis médico basado en evidencias.

Por otra parte, la actual proliferación de formas consideradas alternativas o complementarias al sistema médico occidental, ha provocado que el estudio de las plantas medicinales se haya “… convertido en un hecho científico universal que trasciende no sólo en beneficio de la salud, sino que también en el sistema productivo y económico de un país” (Muñoz et al, 2001: 16. Cit. en Castro, 2008: 218), donde alrededor del 80% de las personas que acuden a las farmacias mapuches provienen de los sectores más vulnerables (Castro, 2008: 229).

La medicina indígena en Chile y  el surgimiento de la farmacia mapuche.

En 1933 el “reglamento de farmacias, droguería y establecimientos similares” incluye el uso terapéutico de las hierbas en las culturas originarias del país, el cual incorpora un apartado para Plantas Medicinales Indígenas que pueden expender las yerberías y vendedores ambulantes, se reconoce, de esta forma, la existencia de otros sistemas de atención de la salud distintos de la medicina oficial (Medina, 2005: 251).

Según Medina (2005: 251) desde mediados del siglo XX las plantas medicinales ocupan un lugar marginal en el sistema de normas que guían la práctica farmacéutica, donde el reglamento del sistema nacional de control de productos farmacéuticos, alimentos de uso médico y cosmético de 1982 pese a contemplar a las plantas medicinales de uso popular, prohíbe la catalogación de sus propiedades terapéuticas, quedando así, en un desamparo legislativo. Posteriormente, el reglamento de 1995 incorpora las preparaciones de orden natural, vegetal o mineral y de hierbas autóctonas; las cuales deben ser etiquetadas con su correspondiente individualización, natural o científica, junto a sus propiedades terapéuticas. El año 2002 se dicta el decreto supremo N°286 que crea la categoría de Medicamento herbario tradicional que entrega un espacio sanitario especial a la herbolaria medicinal tradicional.

En este contexto, el año 2003 fue inaugurada la primera farmacia mapuche con el nombre “Makewelawen” en la ciudad de Temuco, amparada por el hospital intercultural Makewe y la Asociación mapuche para la salud Makewe – pelales. Posteriormente, estas entidades se desvinculan y en la actualidad Makewelawen es administrada por la última institución. Por otra parte, la farmacia Makelawen, en la que se centra el análisis de este trabajo, fue inaugurada el 2004  en Concepción, sumándose, en la actualidad, sucursales en Santiago y Valparaíso, con un total de seis puntos de ventas en el país. Makelawen funciona bajo el alero de la sociedad Herbolaria de Chile.

Y es esta tradición, desde el conocimiento mapuche, Kimün, y la tierra como base de sustento,   supervivencia y respeto, es que hoy se desarrolla y produce este “capital de farmacia”, a dichos del Abate Molina, a partir del conocimiento ancestral de las comunidades mapuches. Así, se consagran a modo de farmacias herbolarias, distintas marcas en función de iniciar un traspaso de los beneficios curativos de la tradición mapuche a la sociedad chilena, a modo de entrega complementaria a la medicina oficial (Mancilla, 2008: 28).

Makelawen se autodefine como un proyecto de medicina complementaria, que busca lograr la armonía entre la vida natural y cotidiana en beneficio de la salud de los chilenos, por lo cual han investigado las plantas con propiedades curativas y las tradiciones medicinales de los pueblos originarios de Chile, para proporcionar este conocimiento ancestral a su personal con el fin de dar una orientación asertiva y personalizada en el uso de productos herbolarios adecuados para cada malestar.

Por otra parte, el gerente de la sociedad, Sergio Gonzales, explica que trabajan “químicos farmacéuticos que rescataron el concepto herbolario de las machis…” (Alarcón, 2007).  Castro (2008:229) señala que al ingresar a la farmacia uno se encuentra con al menos una mujer vestida al modo tradicional y donde la mayoría habla mapudungun.

En relación a la expansión de esta cadena farmacéutica, Sergio González (Cit. en Alarcón, 2007) plantea que: “Las ventas el primer año, cuando partimos en Concepción, eran de 20 millones mensuales, y eso que era un local chiquitito. Eso nos mostró que teníamos un respaldo”, situación que desencadenó en la inauguración de nuevos centros de comercialización.

La farmacia Makelawen, más que solucionar episodios de enfermedad de la sociedad chilena desde una perspectiva cultural indígena, posee un claro interés comercial observable a través de anuncios como “Nuevo Pack” y “Descuentos en productos herbolario”; estas promociones y conceptos utilizados en la sociedad de consumo, expresan maximizar las ganancias atrayendo a un número mayor de público.

Los elementos presentes en la página web de Makelawen expresan signos y símbolos occidentales en simbiosis con signos y símbolos de la cultura mapuche. La existencia de elementos mapuche al situarlos en un contexto totalmente distinto al tradicional, pierden sus significados socioculturales y se transforman en símbolos comerciales de estas cadenas farmacéuticas.

Aproximación al saber medicinal en la cultura mapuche.

El saber basado en las tradiciones, como señala Le Breton (2002: 85), es en parte consensuado y potencialmente compartido por el conjunto de la comunidad, y son validados social y culturalmente. En este sentido, los saberes sobre el cuerpo que se encuentran en las tradiciones populares son múltiples y están basados más en saberes-hacer o saberes-ser que dibujan cierta imagen del cuerpo, donde éstos, en primera instancia, son saberes acerca del hombre, puesto que el cuerpo nunca es considerado algo distinto al hombre, como sucede en el saber biomédico. “Los conocimientos tradicionales no aíslan el cuerpo del universo, se articulan sobre un tejido de correspondencias que muestra que las mismas “materias primas” entran en la composición del hombre y del mundo…. En las tradiciones populares el cuerpo está unido al mundo, es una parcela inseparable del universo” (Le Breton, 2002: 85-86). Esta integración entre hombre y universo se ve reflejada, igualmente, en el contacto propicio con elementos de la naturaleza como ciertas piedras, surgentes de agua, arroyos, árboles, lugares, plantas, entre otros, elementos que contribuyen en el proceso de sanación.

El mapuche estructura su forma de vida en torno a la relación profunda e inseparable que posee con la naturaleza, “El mapuche comparte la visión totalizadora, propia de su cultura. Para nosotros la naturaleza y lo sobrenatural forman una sola unidad, no están separados como en la cultura chilena, sino que conforman un solo ente” (Ñanco. 2003: 21).

Castro y Ñanco (2003:24) señalan que el mapuche dialoga con los diversos elementos que habitan en la naturaleza, “… el mapuche conversa con el agua de los ríos, los árboles, las piedras, el aire y, en general, con todos los elementos, puesto que ellos están vivos, tienen espíritu….”(2003: 24). El respeto hacia la naturaleza, hacia los espíritus y divinidades, hacia la comunidad, la familia, hace posible la armonía y equilibrio en su cultura. La transgresión a las normas que rigen el sistema de relaciones entre el medio ambiente y la sociedad mapuche ocasiona la ruptura de este equilibrio, manifestándose en signos de enfermedad ya sea para la persona transgresora, un familiar, la comunidad y/o la naturaleza, “Cuando uno hace cosas indebidas, desobedece algunos principios de nuestro pueblo mapuche, muchas veces se enferma” (Quidel, 2003: 34-35). Asimismo, Quidel expone que “… no solamente se enferman las personas, también lo hacen los animales, las plantas, el aire, el agua, la luna y el universo como ente viviente pueden padecer del kuxan” (2003: 33).

En la sociedad mapuche los discursos adquieren un rol central que radica en la efectividad para sanar o enfermar a una persona. Por ello, una de las partes de la curación es la conversación o negociación con la enfermedad,  proceso en el cual se le recuerda que su origen no es el organismo de la persona; asimismo, se le pide que retorne al lugar que le corresponde y deje de hacer daño. La sanación mapuche pasa por encontrar el origen del desequilibrio, y a partir de ella poder reconstruir y resituar el equilibrio y desde luego reparar el acto de transgresión que pudo suceder.

La sanación es realizada, principalmente por la machi quien posee una función mágico – religiosa en la comunidad, es chamán y agente curativo, su conocimiento es entregado por divinidades y ancestros, existiendo una relación directa entre sus saberes y los espíritus que habitan en la naturaleza como también con los diversos elementos que existen en ella. Citarella (2000: 84-86) señala que el éxito de la machi en su vida de chamán se debe al manejo del conocimiento de las propiedades de las hierbas medicinales, de la técnica del trance, del lenguaje ritual, de las curaciones, de la capacidad para sacar los weküfütun del cuerpo de los enfermos, del contacto con los espíritus ancestrales y con Ngenechen; asimismo, debe comprender la forma  en que “el territorio y sus diferentes espacios influyen en la salud de las personas” (Quidel L., 2003: 34).

En este saber-hacer el contacto es lo más importante, las consultas son más prolongadas y personalizadas; el especialista realiza preguntas respecto a la existencia del sujeto y ofrece respuestas que no se detienen en el órgano o en la función enferma, sino que se dedica a restaurar equilibrios orgánicos y existenciales que se habían quebrantado, en contraste a la relación médico-paciente en el mundo occidental.

“[los curanderos]…Son, sobre todo, “médicos de la persona”. Se dan tiempo para hablar y para escuchar, para realizar gestos, para el silencio y tienen que contar con una solida capacidad para resistir las angustias de los pacientes. Pero le restituyen al sujeto la plena responsabilidad en la asunción de sus trastornos. La fuerza de las medicinas paralelas reside en esta capacidad para movilizar una eficacia simbólica…” (Le Breton, 2002: 190)

El  kultrún es el instrumento principal de la machi, para Grebe (cit, en Foerster, 1995: 110) su simbolismo está definido por una síntesis dialéctica del universo que conjuga los elementos cósmicos, terrestres, materiales e inmateriales; para Marileo (cit. en Foerster,1995: 110)  esta herramienta representa el particular esquema de la divinidad y del cosmos de los mapuche que contiene los cuatro elementos de la familia creadora graficados en la superficie del kultrún, materializados a través de un círculo en el centro que simboliza el sol y cuatro semicírculos emplazados a su alrededor que simbolizan medias lunas. Una de sus funciones, es su poder curativo que junto al canto de la machi espantan a los espíritus causantes de la enfermedad; del mismo modo es utilizado para conocer la etiología y síntomas de enfermedad, y así, realizar el diagnostico.

Una mirada semiótica a la página web Makelawen.

El análisis del sitio web de la farmacia Makelawen se realizó desde la perspectiva semiótica de Charles Morris, donde el proceso de semiosis fue caracterizado desde su modelo tríadico como un proceso global, es decir, considerando las dimensiones sintácticas, semánticas y pragmáticas; puesto que los significados transmitidos a través de este medio de comunicación “no han de situarse como existencias en cualquier lugar en el proceso de semiosis sino que han de caracterizarse en términos de este proceso globalmente considerado” (1985: 90).

Al respecto, Moulian (1999: 26) señala que “la comunicación se caracteriza por el uso intencional de signos convencionales y la disposición de un marco de conocimiento común para la interpretación de éstos”; en este sentido, los vehículos sígnicos presentes en la página web, designan y expresan diferentes características de la farmacia a través de mensajes con signos y símbolos reconocidos por la población chilena, que tienen como finalidad determinar una cierta conducta en el receptor en respuesta al mensaje: adquirir productos naturales.

A continuación se exponen y analizan imágenes y banners presentes en la página web de Mekelawen:

Los vehículos sígnicos que operan a través de las distintas tonalidades de verde puestas en segundo plano designan un ambiente natural, al mismo tiempo que direccionan la atención hacia los signos localizados en un primer plano, donde la boca soplando la flor del diente de dragón comunica una sensación de movimiento y de vida, elementos que se complementan con la designación de lo natural del cuadro.

El logotipo de la farmacia está representado por un kultrún, instrumento mágico religioso característico de la cultura mapuche, en simbiosis con iconos de la medicina occidental como lo es la aspirina; de este forma, los colores verde y blanco del kultrún expresan una “aspirina” elaborada naturalmente en base a los conocimientos ancestrales de la cultura mapuche, donde la “aspirina natural” representa los productos de esta cadena farmacéutica; de esta manera, el sello de lo “natural” es la cualidad que caracteriza sus preparaciones.

Asimismo, la ubicación de la imagen en la parte superior de la página virtual lleva al receptor a observar constantemente los signos que esta contiene y, por consiguiente, la internalización del mensaje.

Las imágenes que implican enfermedad, se refieren a dolencias características de estilos de vida occidentales como: depresión, sinusitis, falta de concentración, ansiedad, colon, dolor de cabeza, alergias. De igual forma, quienes personifican los malestares, poseen rasgos occidentales. Ambas situaciones indican que el público objetivo de la campaña es la población chilena y no los pueblos originarios.

Los textos “Nuevo pack” y “Descuentos en productos herbolarios y mucho más”, son frases utilizadas en la sociedad de consumo, hecho que complementa lo planteado anteriormente.

Los cuadros que implican al laboratorio y al equipo que en él trabaja, designan que sus productos son elaborados según normas de sanidad y realizados por profesionales del área de la salud que se relacionan al sistema médico occidental. La frase “personalice su remedio” expresa una atención individualizada hacia el receptor donde el comprador tiene la posibilidad de elegir la preparación que se ajuste a su necesidad de salud. Del mismo modo, la multiplicidad de envases comunica una variedad de productos herbolarios donde “conozca nuestro recetario magistral” reitera este mensaje.

Las imágenes que contienen la denominación del remedio en mapudungun junto a una enumeración superpuesta a un kultrún expresan una vinculación con la cultura mapuche. Asimismo, los números comunican una variedad de preparados; sin embargo, la catalogación esta subordinando el instrumento sagrado mapuche al estar resaltado y sobrepuesto a éste como también de fondo de los recuadros.

La figura de un cuerpo humano con palabras en su contorno e interior en la sección de “Productos”, ofrece al visitante la posibilidad de elegir y decidir la fórmula para su episodio de enfermedad, donde los términos “Tu” y “Solución” resaltan esta situación.

Occidentalización de la medicina tradicional: la descontextualización de la práctica curativa mapuche.

El surgimiento y proliferación de farmacias mapuche se debe a la creciente demanda de hierbas con propiedades terapéuticas; Morales (2009) señala que el ochenta por ciento de la población del país las utiliza, ya sea en forma esporádica o constante.

El respeto hacia la naturaleza en la cultura mapuche se desdibuja en las farmacias herbolarias donde se desvanece la relación de correspondencia con el entorno. El diagnostico de las dolencias no se efectúa desde una mirada integral; la enfermedad no es por una transgresión a las normas sociales o culturales, más bien, son producto de una disfuncionalidad orgánica, asemejándose a la concepción occidental de la práctica médica.

Pese a su autoidentificación como farmacia mapuche, en su espacio virtual, Makelawen señala que investigó las tradiciones medicinales de los pueblos originarios de Chile sin enfatizar o profundizar en los conocimientos ancestrales herbolarios de alguna cultura en particular, donde se homogenizan a las culturas originarias que habitan en el país y se invisibiliza la diversidad cultural existente en nuestro territorio. Este enunciado puede crear un grado de confusión en el receptor y contradicción en los planteamientos de esta entidad, puesto que su sello de farmacia da a entender que se ampara bajo los saberes ancestrales de la cultura mapuche.

La figura de la machi, como chamán y agente curativo, es reemplazada por la del químico farmacéutico, contraponiéndose los conocimientos indígenas versus los conocimientos occidentales. Los saberes nos son transmitidos por las divinidades y ancestros, son adquiridos en la universidad. Asimismo, la imagen de la machi recolectando plantas medicinales es sustituida por personas de blanco con tubos de ensayo elaborando remedios.

En su página web, Makelawen señala que traspasó a su personal la sabiduría de los pueblos originarios para entregar una orientación asertiva y personalizada respecto al uso de productos herbolarios para cada malestar; del mismo modo, se enfatiza a la persona como solucionadora de su episodio de enfermedad, observando cierta contradicción entre las distintas secciones del sitio. A esta situación se suma la posibilidad de adquirir los productos a través de internet donde se pierde la atención personalizada y asertiva que plantean; es la persona quien debe elegir entre las diversas opciones de remedios la más adecuada para su dolencia.

En la cultura mapuche la enfermedad trasciende al cuerpo individual, el proceso de sanación indaga en el origen del desequilibrio orgánico para restablecer la continuidad quebrantada entre el individuo y su entorno. No existe el mapuche como ente individual, puesto que integra un todo complementario con la naturaleza y el universo. La concepción del cuerpo como parte de un sistema global se pierde en la práctica farmacéutica de estas cadenas que sólo ofrecen medicamentos amparados bajo el concepto de natural.

La persona que acude a farmacias mapuche comunica sus dolencias al vendedor, quien ofrece la preparación más adecuada según lo narrado, el diagnostico no se realiza por un saber – hacer, como plantea Le Breton (2002), sino por la intención del vendedor de que el consultante adquiera una de las preparaciones herbolarias, produciéndose, nuevamente, una distorsión de la concepción de enfermedad de esta cultura. Bakhtin (en Kottow, 2005b: 79) señala que en este tipo de situaciones se produce una reducción semántica distorsionada del paciente, quien se convierte de narrador a objeto biológico clasificable de acuerdo a los acontecimiento médicos occidentales. Las farmacias complementarias restablecen el equilibrio orgánico, pero no el equilibrio existencial del individuo. Las enfermedades no son miradas como un todo interrelacionado con el universo, en este tipo de prácticas se desvanece el respeto y diálogo con la naturaleza y divinidades.

Los procesos de comunicación a través de la palabra cumplen una función esencial en la sanación mapuche: el diálogo, las plegarias, los canticos que realiza la machi con la naturaleza, las divinidades y con la enfermedad durante el proceso de sanación son un aspecto fundamental en la efectividad para sanar. Asimismo, el agente curativo acompaña al individuo en todo el proceso de la enfermedad. En la relación químico farmacéutico-vendedor y enfermo no está presente este acompañamiento, donde el diálogo tan importante para los mapuche, se traduce en la identificación del producto adecuado para quien consulta.

La occidentalización de la práctica curativa mapuche pasa en primer lugar, por la utilización del nombre “mapuche” por parte de estas cadenas farmacéuticas, situación que entrega una falsa imagen a la población chilena respecto a sus fundamentos y la forma de producir los medicamentos que ofrece. Si bien, al ingresar a estas tiendas se observan personas de origen mapuche vestidas de manera tradicional, estos elementos y la vendedora mapuche se encuentran descontextualizadas desde la mirada de la práctica curativa de esta cultura, donde no cualquier miembro de la sociedad cumple la función de machi o agente curativo capaz de diagnosticar enfermedades.

Conclusiones.

Makelawen se autodefine como una farmacia mapuche que rescata las tradiciones ancestrales de los pueblos originarios, sin embargo, a partir del análisis de los códigos presentes en su sitio virtual, se observa que la información relacionada con aspectos de esta cultura se reducen a tres signos puntuales: el Nombre de la Farmacia, el Nombre de los Remedios y La Imagen del Kultrún. La utilización de éstos en el diseño de la página comunica al visitante una relación ilusoria de esta cadena con los mapuche, donde los conocimientos y la cosmovisión de esta etnia son puestos en escena como producto comercial. La forma de entender y relacionarse con la naturaleza de los mapuche va más allá que la evocación de los conceptos de natural transmitidos constantemente.

La utilización mercantil de la imagen del kultrún expresa una falta de conocimiento por parte de los encargados de Makelawen, puesto que este instrumento posee una connotación sagrada para los mapuche que se vulgariza a través de la caracterización con colores verde y blanco, simulando ser una aspirina natural.

De esta forma, las imágenes del kultrún con el nombre Makelawen y con el número de catalogación de los remedios expresan la intencionalidad de informar que el sello que caracteriza a esta cadena es la cultura mapuche; puesto que este instrumento mágico religioso es característico de esta etnia y reconocido por la población chilena como tal. Sin embargo, su significado posee un sentido más profundo en relación a lo que denota y designa en el contexto del espacio virtual de esta farmacia; para los mapuches el kultrún expresa los elementos del universo de su cosmovisión, donde el aprendizaje de estos significados, se produce a través de un proceso de interacción constante con los contextos sociales de las comunidades y los paisajes en los que han habitado tradicionalmente.

Deja un comentario