SURGIMIENTO DEL SUJETO SOCIAL POST-DICTADURA EN CHILE VISTO A TRAVÉS DEL ANÁLISIS CRÍTICO DEL DISCURSO (ACD) EN LA NOVELA LOS VIGILANTES (1994), DE DIAMELA ELTIT

Introducción

Vincular una literatura inscrita en las vanguardias chilenas con los materiales metodológicos de los que se vale la sociología para la investigación social, emerge como una necesidad cuando se les ha reclamado a las ciencias sociales un mayor interés por acercar el arte de avanzada a las audiencias, por incorporar la producción de este tipo de arte al cuerpo sociológico para enriquecer las explicaciones de nuestra sociedad. Tanto la ‘episteme’, que es su soporte, en el caso del objeto de este artículo, el Post Estructuralismo como reflexión crítica en la obra narrativa de Diamela Eltit, como el hecho de que el paradigma social se asienta en la micro sociología, son facilitadores al mismo tiempo que trabas para el propósito de aproximación al público lector. Esto en virtud de que la teoría del poder de Foucault que es su referente puede llegar a ser muy compleja y exige una metodología acorde que posibilite el emprendimiento de la triangulación entre obra de arte, investigación social y discurso.

Para Norbert Lechner (Richard 2007) la fragmentación social, que trae aparejada la descomposición de  todas las certezas aportadas por un tipo de Estado Benefactor en retirada, donde lo colectivo es productor de identidad social, para dar paso a una sociedad tendiente al individualismo, conspira con la resistencia del propio artista de vanguardia para que la circulación de contenidos generados por la escena de avanzada pueda llegar a su público objetivo: “La producción artística como toda producción intelectual no sólo tiene que construir su objeto, sino también su público: el lector”… Y añade: “La reacción alérgica del artista frente a los reproches de hermetismo es comprensible; pretende que la obra hable por sí sola” (Ibíd., 151- 2).

Lo plural que relata su épica social con rasgos totalizadores se encuentra abolido, no obstante, la producción cultural de la escena de avanzada forja simbolismos dirigidos a la reconstrucción de una identidad colectiva que persiste en hacerse de un lugar en medio del yo fragmentado que la lógica de mercado reclama del nuevo actor social. Pero, como apunta Lechner, el hermetismo de la obra de vanguardia juega en contra de la propagación de las virtudes de este nuevo sujeto.

En efecto, la comprensión del arte de avanzada se puede ver entrabado por el escaso acceso de la sociedad a la que está orientado, a las fuentes del conocimiento que forman parte de su trama argumentativa basal. De hecho, la narrativa de Diamela Eltit está lejos de una mirada naif sobre la sociedad de la que busca ser su correlato. Muy por el contrario, tanto la escritura como la temática desarrollada a lo largo de su obra por Eltit, es coherente con el principio fundador de una transformación dolorosa y sin retorno en la sociedad chilena post dictatorial, esto es, la emergencia de un sujeto inédito para la conciencia de sí mismo del cuerpo social y que construye su epopeya entre el desconcierto y el desamparo.

Es en este escenario donde el Análisis Crítico del Discurso (ACD) surge como la herramienta de investigación social más adecuada, puesto que abre el entramado conceptual de la creación intelectual que le dio origen. Al mismo tiempo, permite buscar en la sociedad de referencia al sujeto paradigmático que es portador de los atributos de identidad, tanto como los del discurso de resistencia y hegemónico en que este sujeto resuelve el temor al vacío en el que siente que podría caer su yo.

Sabemos de la imposibilidad de un sujeto carente de identidad, un vacío de esta condición es imposible de tener lugar. Un sujeto que es sacado de su marco simbólico referencial adecua su yo a las nuevas circunstancias, así, sin más. De lo contrario, su ser se extinguiría. Postular lo inverso es crear un reduccionismo de la problemática en cuestión, de la misma manera que no contar con una adecuada técnica de investigación social nos sumiría en otro reduccionismo difícil de sortear, esta vez de tipo metodológico.

El ACD forma parte de una tradición bastante diversificada de los tipos de Análisis de Discurso de los que disponemos los investigadores sociales. Junto a esto se encuentra el análisis conversacional, que se centra en propuestas discursivas menos estructuradas desde el punto de vista teórico social que el ACD, hasta pasar por el análisis literario, con más énfasis en la función lingüística, las estructuras narrativas, la sintaxis y la gramática y, por lo tanto, en recursos como las metáforas y las metonimias, por poner un ejemplo. El ACD, por el contrario, debe ser visto como enteramente social.

Y es que su fundamento se encuentra en que los discursos debemos entenderlos como artefactos dirigidos a la dominación y el control social: “…en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad” (Foucault 2008, 14).

La condición material a la que alude Foucault se encuentra en que el discurso descansa en la cosa dicha, algo que es susceptible de desaparecer en el valor unitario de lo repetido hasta la saciedad, pero que porta en esa “temible materialidad una historia de “luchas, victorias, heridas, dominaciones, servidumbres, a través de tantas palabras en que el uso, desde hace tanto tiempo ha reducido las asperezas” (Ibíd., 13).

En el orden social, cada uno de nosotros ocupa un lugar adecuado, es decir, nada de lo dicho es o podría ser azaroso:  “…dado que hemos construido el espacio social, sabemos que estos puntos de vista, la palabra misma lo dice, son vistas tomadas a partir de un punto, es decir de una posición determinada en el espacio social. Y también que habrá puntos de vista diferentes o aún antagónicos, puesto que los puntos de vista dependen del punto del cual son tomados, puesto que la visión que cada agente tiene del espacio depende de su posición en ese espacio” (Bourdieu 2007, 133).

Con todo, el discurso es una consecuencia del lugar que cada sujeto ocupa en el entramado social y de su contenido no se presume ingenuidad. Por el contrario, el discurso es una declaración de cómo los cuerpos están distribuidos en el espacio, esto es, cómo se desarrolla una proxemia o proxémica donde los agentes estén posibilitados de agenciar un discurso: “…el uso del lenguaje, es decir, tanto la forma como la materia del discurso, depende de la posición social del locutor que determina el acceso que pueda tener con la lengua institucional, con la palabra oficial, ortodoxa, legítima” (Bourdieu 2008, 87- 9).

Tenemos entonces un acto de habla que jamás caerá en el sinsentido y que es aprehendido por los participantes de actos discursivos sin mayores resistencias, ya que como hemos señalado, colgarse de un discurso sitúa al agente en un lugar específico, lugar del que se obtiene identidad, particularmente identidad social que es la que nos importa acá y cuotas de poder, ya que es eso lo que se encuentra en disputa.

Manejar las claves estructurales de un discurso, piénsese por ejemplo en un político empoderado de falacias, lleva a una propagación de ideas que el grueso de los destinatarios del discurso no estará en condiciones de cuestionar, o que, al menos, no se encontrará en posición de rechazar. De ahí, la importancia de este emprendimiento. Poner en perspectiva a los actores sociales que participan del discurso es aparte de evitar la recursividad, permitir la interacción entre quienes son aludidos o convocados por la práctica discursiva.

Irremediablemente debemos aproximarnos luego de fijada la necesaria interacción entre las partes actuantes, al objeto que Foucault reconoce en el discurso, discurso que como hemos afirmado no contiene ingenuidad alguna, lo que nos debería mover a pensar que nada de lo dicho podría ser un despropósito: “Por más que en apariencia el discurso sea poca cosa, las prohibiciones que recaen sobre él revelan muy pronto, rápidamente, su vinculación con el deseo y con el poder. Y esto no tiene nada de extraño, pues el discurso –el psicoanálisis nos lo ha mostrado- no es simplemente lo que manifiesta (o encubre) el deseo; pues –la historia no deja de enseñárnoslo- el discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse” (Foucault 2008, 15).

Aproximación al concepto de vigilante

Hemos visto en términos generales qué podemos esperar cuando nos adentramos en las dinámicas del discurso y qué deberíamos entender por discurso según nos lo presentan las coordenadas del post estructuralismo. Veamos ahora brevemente cómo la agencia discursiva pone a prueba al yo.

Tomemos como punto de partida aquello que podríamos considerar los grados de tolerancia que la hegemonía permite respecto a los que quieran participar del discurso. El recurso de intolerancia por excelencia es el de la exclusión, y está situado preferentemente en comunidades científicas o dogmáticas. Foucault los categoriza así: “En una sociedad como la nuestra son bien conocidos los procedimientos de exclusión. El más evidente, y el más familiar también, es lo prohibido. Uno sabe que no tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa. Tabú del objeto, ritual de la circunstancia, derecho exclusivo o privilegio del sujeto que habla: he ahí el juego de tres tipos de prohibiciones que se cruzan, se refuerzan o se compensan, formando una compleja malla que no deja de modificarse” (Foucault 2008, 14).

A lo largo de la historia occidental, las prohibiciones han marcado grados de exclusión que no solamente sitúan al sujeto en posiciones de sometimiento o los dota de la capacidad de someter a otros, sino que la producción de estos anclajes discursivos contribuye a fijar los límites en los que los sujetos pueden construir la realidad.

Quien quiera profesionalizar un conocimiento al que accedió por la pulsión del talento original, debe hacerse de un esquema de distinción que lo acredite como miembro activo de una comunidad particularizada. La paradoja es que es la propia comunidad que recibe al iniciado la que determina el marco de lo que es posible decir, so pena de repudio o hasta de expulsión.

Entre otras medidas, el desacato puede conducir a cargar con la sanción del aborrecimiento, y así se repiten hasta el paroxismo los trabajos de profesionales describiendo parcelas de realidad bajo una mirada unitaria cuyo aporte al progreso del conocimiento es escaso o hasta nulo.

Y la única retórica afianzada es la que dio origen al propio discurso hegemónico, destinada naturalmente al mantenimiento del status quo que permite su existencia como comunidad vigilante de sí misma y de sus procedimientos reglamentarios.

Una voz propia carece de sentido al interior de una de estas comunidades, un yo autónomo es mirado con sospecha: “Al autor no considerado, desde luego, como el individuo que habla y que ha pronunciado o escrito un texto, sino al autor como principio de agrupación del discurso, como unidad y origen de sus significaciones, como foco de su coherencia”. (Ibíd., 29 – 30).

Se desprende que un individuo debe rehuir de su yo más auténtico en beneficio de su pertenencia grupal, cuestión significativa, puesto que un individuo paga un precio demasiado alto a cambio de su pertenencia y la protección que obtiene de su comunidad de referencia.

Lo anterior sin contar que aún resta considerar otro tipo de exclusión que se apodera con igual violencia del yo, ésta es la de la separación. “…no se trata ya de una prohibición, sino de una separación y un rechazo. Pienso en la oposición entre razón y locura.” (Foucault 2008, 16).

La locura o específicamente aquel tachado de loco por una comunidad particular, queda apartado de la posibilidad de participación discursiva, o, en su defecto, quien ose desafiar las convenciones establecidas, puede sin más trámite ser aislado habiendo recibido solamente la sanción del oprobio general, saltándose un debido diagnóstico médico, es decir, colgar el cartel de loco al que cae en desacato es un recurso noble de la comunidad que ve alterado su orden y un mote que incluso muchos atrevidos lucen con insolencia.

Vemos que la propagación de los discursos queda a buen resguardo mediante la fijación de prohibiciones, exclusiones y los rechazos. Cabe remarcar que los discursos para Foucault, como hemos dicho, la base argumentativa de la novela en estudio, pueden hacer más problemática su comprensión, aún cuando es necesario dotarlos de esos atributos[i], y no son considerados en este escrito más que como referencia tangencial que demuestra su existencia, puesto que con el bosquejo realizado hasta aquí queda demarcada la necesidad de que un yo desafiado encuentre maneras de reconstruirse ontológicamente.

Por esa razón, orientamos nuestra atención ahora hacia los conceptos de vigilante y de cambista. Ambos son para Foucault la expresión de un yo cuestionado, aunque el de vigilancia cumple el doble propósito de acción cautelar o disciplinaria, y de observancia de una metódica destinada al cuidado de sí mismo[ii].

Vigila, y por tanto, es vigilante, el que busca proteger el orden establecido como sacro por la convención rigurosa de la comunidad, aquel pacto que denuncia a los sublevados y que tiene en la delación su más claro axioma; pero también es vigilante de sí mismo (cambista) aquel que busca en prácticas ascéticas una consolidación del yo que sea imposible de debilitar por las acciones coordinadas de aquéllos que lo acechan. Uno afirmado en la acción policiaca, el otro en la hermenéutica: “Hay dos metáforas importantes desde este punto de vista: el vigía que no admite a nadie en la ciudad si esa persona no puede demostrar quién es (debe ser un <<vigilante>> del flujo del pensamiento), y el cambista, que comprueba la autenticidad de la moneda, la mira, la pesa y la verifica. Debemos ser cambistas de las representaciones de nuestros pensamientos, examinándolas con atención, verificándolas, comprobando su metal, su peso, su efigie” (Foucault 1990, 33).

Vemos la importancia del auto examen de consciencia como un camino a la verdad del yo en perpetua construcción. Por eso, la búsqueda de Foucault en las prácticas ascéticas, en las técnicas del cristianismo como en el mecanismo de la confesión, técnica que no pretende eludir una posible delación al apresurarse a ser uno mismo el que ponga en duda lo que Foucault llama representaciones de nuestros pensamientos, sino que se afirma en la meditación y el conocimiento de sí mismo como una práctica permanente de engrandecer al yo que se presume o se debería presumir incompleto.

El tema de la renuncia a sí mismo es muy importante. A lo largo de todo el cristianismo existe una correlación entre la revelación del yo, dramática o verbalmente, y la renuncia al yo. Al estudiar estas dos técnicas, mi hipótesis es que la segunda, la verbalización se vuelve más importante. Desde el siglo XVIII hasta el presente, las técnicas de verbalización han sido reinsertadas en un contexto diferente por las llamadas ciencias humanas para ser utilizadas sin que haya renuncia al yo, pero para construir positivamente un nuevo yo. Utilizar estas técnicas sin renunciar a sí mismo supone un cambio decisivo (Foucault 1990, 39).

Superada la barrera que señala la necesidad de enfrentarse a un nuevo yo sin haber renunciado a sí mismo, debemos indagar ahora en los contextos históricos que permiten el surgimiento de este nuevo sujeto social post dictadura en Chile, y señalando la técnica que según Foucault posibilita la agencia de un nuevo yo.

La materialidad del sí mismo en el sujeto social desplazado

Insistiremos en que para que surja un nuevo actor social, debe necesariamente haber existido un antecesor cuyo discurso pierde consistencia en la medida que las condiciones sociohistóricas varían. Así, el sujeto apartado del escenario político en emergencia, cumple a cabalidad con el trazado histórico que lo modeló pero sus herramientas de acción social ya no son coherentes con las nuevas circunstancias.

Debemos perfilar los cimientos que posibilitaron la existencia de un sujeto anterior al afianzamiento del poder militar en Chile y cabe, entonces, delimitar su protagonismo social entre otros hechos relevantes del acontecimiento histórico que desencadenó la necesidad de un nuevo actor social.

Por un lado, su expiración sabemos que está fechada el mismo once de Septiembre de 1973, no obstante su origen hay que buscarlo en el ascenso de la mesocracia a las esferas del poder político, hecho que coincide con el declive del Estado Oligárquico para dar paso a un Estado Liberal Democrático que se extenderá desde 1920 hasta 1973.

Cabe señalar que en este nuevo orden institucional, los actores surgen hasta poblar el espectro sociopolítico, como una consecuencia de las condicionantes en el mundo laboral que permiten organizaciones como la sindicalista, por ejemplo, que interactúa con su cuerpo antagónico, el gremialismo.

Estos factores, en su conjunto, sumados a la pérdida de entusiasmo en la expansión hacia afuera llevada a cabo por la oligarquía, además de la creciente necesidad de contar con un sistema productor local, llevarían al nacimiento del Estado Liberal Democrático[iii].

Con énfasis en lo político como fórmula de reemplazo a la preeminencia elitista del Estado Oligárquico, el nuevo Estado definió sus principios éticos en la incorporación no sólo del concepto de ciudadanía, sino sus necesidades inherentes a la gestión estatal. Se trataba de romper el molde donde la precarización social heredada, la que sumada a la bancarrota del fisco, hacían exigibles otras coordenadas de acción pública[iv].

Armando de Ramón (2000, 215) sostiene que el proyecto desarrollista tuvo incluso en ciernes una importancia capital en las transformaciones ocurridas en Santiago de Chile. Su importancia la explica precisamente por una corporación de gestión estatal, CORFO, y resulta elocuente para mostrar la magnitud de los cambios[v].

En lo medular, el Estado Benefactor fue producto de demandas sociales más que de un genuino interés de las élites políticas por incorporar autónomamente la cuestión social entre sus prioridades.

Es cierto que su emergencia y su ideología dominante desencadenaron una serie de valiosas transformaciones en la estructura física urbana del país, pero su afán desarrollista es también subsidiario de corrientes de pensamiento y acción conjunta con otros Estados latinoamericanos.

El caso es que, habiéndolo querido o no situar el énfasis de su gestión en lo social, posibilitó la aparición de nuevos referentes de acción societal. Movimientos obreros y sindicalistas, incluso estudiantiles, además de incipientes manifestaciones en torno al género, por mencionar algunas agencias de movilización social, generaron una relación dialógica entre Estado y cuerpo social.

El proceso coincide con las grandes migraciones campo-ciudad y señala, paralelamente, el inicio del periodo más politizado del mundo del trabajo en Chile, característica que se ha conocido como la cuestión social. La lucha sindical sitúa la problemática laboral dentro de lo que la ciudadanía considera un deber prioritario del Estado, tanto o más que la búsqueda del desarrollo económico. Si éste se había de alcanzar, debía de ser mediante la plena incorporación de las demandas de mejoras laborales y el reconocimiento de los trabajadores como factor de ese desarrollo, desencadenando una proletarización que terminaría actuando como fuente de identidad social[vi].

Los trabajadores, empoderados de su identidad laboral y de su función social, ayudan a la consolidación del modelo desarrollista y ponen en evidencia la desprotección en que se encontraban vastos sectores de la población. Este esfuerzo largamente perseguido será desplazado por la dictadura, cuya gestión gubernamental pondrá el acento en crear las condiciones que darán un rol protagónico al gremialismo en el modelo de desarrollo impulsado por políticas de libre mercado.

A esta forma de abordar la estrategia desarrollista se le conoce como corporativismo. Naomi Klein (2010) sostiene que el proceso de instauración del libre mercado en Chile no sólo debería ser visto como una experiencia piloto que persigue amplificar las prácticas neoliberales al resto del mundo, sino que inaugura un nuevo estilo corporativista.

El corporativismo se refería originalmente al modelo de Estado ideado por Mussolini, un Estado policial gobernado bajo una alianza de las tres mayores fuentes de poder de una sociedad –el gobierno, las empresas y los sindicatos-, todos colaborando para mantener el orden en nombre del nacionalismo. Lo que Chile inauguró con Pinochet fue una evolución del corporativismo: una alianza de apoyo mutuo en la que un Estado policial y las grandes empresas unieron fuerzas para lanzar una guerra total contra el tercer centro de poder –los trabajadores-, incrementando con ello de manera espectacular la porción de riqueza nacional controlada por la alianza. Esa guerra –que muchos chilenos comprensiblemente ven como una guerra de los ricos contra los pobres y la clase media- es la auténtica realidad tras el “milagro” económico de chile”. (Klein 2007, 122).

La cuestión podría ser vista como dejar hacer y que, mediando los ajustes internos propios del proceso económico, el mercado se organice a sí mismo, permitiendo que sobrevivan solamente aquéllos que más eficientes prueben ser. La estrategia corporativista cumple así un par de propósitos que harán posible que la dictadura se extienda hasta el paroxismo. Borra cualquier atisbo de insurrección social y entrega plenos poderes al gremialismo, dando comienzo al proceso de flexibilización laboral.

Junto a los que se entregaron a la mendicidad, los cartoneros, personajes raramente expuestos por estudios sociales sobre la identidad, fueron la constatación de cuánto se precarizaron las condiciones de vida de los sectores más vulnerables de la población en el Chile de la dictadura. Si parafraseamos a Foucault, se trataba de los rechazados hacia la muerte.

El Panoptismo como medio cautelar de la estrategia corporativista

El Panoptismo se puede entender como un dispositivo de vigilancia que permite ver sin ser visto. Es tan sencillo como eficaz. Michel Foucault toma esta metáfora del diseño del Panóptico de Jeremy Bentham. En principio, el Panóptico corresponde a un plano arquitectónico ideado por el filósofo inglés hacia fines del siglo XVIII para ser utilizado en cárceles, y de hecho existen evidencias de su implementación en diversos lugares del mundo.

La torre central, eje de donde surge la metáfora foucaultiana, es más allá de su incuestionable función práctica, un módulo que permite que el poder quede suspendido en su abstracción, por así decirlo, y que desde esta abstracción adquiera su cualidad de transferible. Como su mecánica de vigilancia es óptica, persistente y exhaustiva, ya no requiere de una figura humana que opere como soporte de la observación. A diferencia de lo que ocurría con la imagen del verdugo, por ejemplo, en la que el simbolismo de su poder estaba representado por su propio cuerpo, el Panóptico puede prescindir de una figura retórica para hacerse efectivo en tanto medida disciplinaria.

Los presos se saben observados desde todos los ángulos y en todo momento, por lo tanto, la torre podría quedar sin un centinela por periodos prolongados y los reclusos no estarían en condiciones de advertirlo. Esto sería posible puesto que el vigilante cuenta con una visión total, mientras que los reos sólo pueden ver la torre.

Cuando el poder se vuelve transferible, en tanto, son los propios sujetos en vigilancia quienes adoptan como naturales, en palabras de Foucault, las asimetrías a las que están expuestos, y exigen del otro una conducta que disipe las diferencias. Visto así como lo propone Foucault, el Panoptismo podría ser entendido como una medida cautelar que cubre todo el espectro de la sociedad, como un núcleo de perpetua vigilancia donde todos sus miembros estarían al acecho de la conducta desviada y que, como es esperable, contarían con los debidos mecanismos de normalización para traer al hereje de vuelta a lo que el grupo consideraría la cordura.

Como afirmara Marshall McLuhan (1967), El medio es el mensaje, nosotros podríamos decir, la torre es el centinela o, lo que es aún más propicio para entender la metáfora de Foucault, todos somos vigilantes. El Panoptismo entonces, como sostiene Foucault, cumple un doble propósito cuando se ejerce de la manera que se hizo en el Chile dictatorial y el énfasis se puso en el mundo del trabajo. Por una parte, separa[vii], es decir excluye al señalar por oposición lo que es normal de lo que no lo es, lo útil de lo inútil. Por otro lado, lleva implícita la economía del control sobre los cuerpos dispersos, evitando sublevaciones.

[…] el análisis técnico del proceso de producción, su descomposición “maquinal” se han proyectado sobre la fuerza de trabajo que tenía por misión asegurarla: la constitución de estas máquinas disciplinarias en que están compuestas y con esto ampliadas las fuerzas individuales que asocian es el efecto de esta proyección. Digamos que la disciplina es el procedimiento técnico unitario por el cual la fuerza del cuerpo está con el menor gasto reducida como fuerza “política”, y maximizada como fuerza útil. El crecimiento de una economía capitalista ha exigido la modalidad específica del poder disciplinario, cuyas fórmulas generales, los procedimientos de sumisión de las fuerzas y de los cuerpos, la “anatomía política” en una palabra, pueden ser puestos en acción a través de los regímenes políticos, de los aparatos o de las instituciones muy diversas. (Foucault 2002, 224).

En tanto práctica social, el Panoptismo adoptó su óptima expresión cuando se hizo cuerpo con la fisonomía urbana. En la actualidad, nadie recela del creciente número de cámaras de vigilancia desplegadas por la ciudad y los relatos que describen su existencia tienden a justificarlas como parte del paisaje.

Del discurso hegemónico a la retórica de la insumisión

Como hemos visto, las estrategias de la Dictadura potenciaron métodos de represión y adoctrinamiento poblacional mediante la implantación de lo que podríamos denominar la vía del terror, constatado esto a través del Panoptismo fundamentalmente en lo que concierne a lo trabajado en la investigación en la que se basa este artículo.

Pero hubo otra esfera donde se puede observar la pericia con que el sistema institucional chileno, así como los modos de vida imperantes en nuestra sociedad hasta el momento que tuvo lugar el golpe de Estado, tomarían el rumbo que definitivamente haría de este país lo que uno de nuestros entrevistados puntualizó como Estado Policial.

Esta esfera era la comunicacional. Sumada a la coerción del aparato represivo, la propagación de las claves en las cuales la población debía enmarcar su nuevo estilo de vida vendría dada por una férrea amplificación de las bondades del nuevo sistema, asegurando la plena dominación poblacional.

Deberíamos especificar que más allá de ensalzar al régimen de facto, la estrategia comunicacional de la dictadura buscaba clausurar una historia marcada por el proteccionismo estatal a las prácticas sociales y promover un nuevo perfil ciudadano, austeramente adecuado a la lógica corporativista.

A la ausencia de regulación en el mercado del trabajo, se ofrecía mediante la figura del emprendedor, una suerte de tabla de salvación donde el cuerpo social fragmentado encontraría un sustento identitario coherente con las reformas introducidas por el corporativismo al mundo del trabajo. En eso consistía esencialmente el discurso hegemónico, en argumentar a favor del trauma provocado por estas mutaciones, apelando a la capacidad históricamente industriosa del pueblo chileno, quienes siempre a lo largo de su trayectoria republicana, habían podido sortear los peores cataclismos de pie ante la adversidad.

La estricta vigilancia del aparato represor consiguió que el fenómeno del Panoptismo se extendiera a toda la sociedad, como ya dijimos, cautelando el signo de los nuevos tiempos y asegurándose para sí el ganancial de una economía en la administración de los recursos públicos destinados a este ítem, puesto que la figura del vigilante era trajinada sin camuflaje por el grueso de la población a través de un doble tránsito de significaciones. Quienes no estaban dispuestos a la delación, sospechaban conspiraciones en todos los demás.

“La vigilancia ahora se extiende y cerca la ciudad. Esta vigilancia que auspician los vecinos para implantar las leyes, que aseguran, pondrán freno a la decadencia que se advierte. Ellos han iniciado actividades que carecen de todo fundamento como no sea dotarse de un ejercicio que las permita desentorpecer sus ateridos miembros” (Eltit 1994, 32).

La estrategia de nominación utilizada por la autora sitúa al referente en una sombra de omnisciencia, transformándolo en un absoluto. Así, la voz de la narración de Los vigilantes se refugia en lo epistolar como en una trinchera de sentido desde donde desafía al poder oculto en la abstracción del Panoptismo. Si bien el escenario está desprovisto de intermediación metafórica y se nos ofrece rudamente legible, es en la fuerza argumentativa movilizada por los Topoi[viii] donde se señala la exclusión política y todo el discurso confirma la caladura del temor institucionalizado.

Las claves del discurso hegemónico deben ser buscadas también en estos Topoi. Observamos la exclusión en la figura del ellos, pero también podemos ver moderada su amenaza corporal ya que nos son mostrados como meros portadores de un poder que se hizo carne en sus cuerpos con el fin de implantar las leyes, metonimia que refiere a la facultad de dominio con que el verdadero poder se instaura y se propaga bajo el auspicio de los vecinos.

Pero retomemos al cuerpo como emblema. El cuerpo indotado del ellos tiene sus miembros ateridos, paralizados, por lo tanto, desprovistos de fuerza motriz autónoma, y es en las actividades que carecen de todo fundamento donde encontramos el signo del poder inscrito en esos cuerpos:

[…] ¿cuál es el único elemento que, en efecto, se vale del cuerpo, de sus partes, de sus órganos, y por consiguiente de sus instrumentos, y en definitiva va a valerse del lenguaje? Pues bien, es el alma, y no puede ser más que el alma. Por ende, el sujeto de todas esas acciones corporales, instrumentales, lingüísticas, es el alma: el alma en cuanto utiliza el lenguaje, los instrumentos y el cuerpo.” (Foucault 2009, 69).

Sabemos, entonces, que una vez desprovista de su alma, estos cuerpos ateridos deambulan por una ciudad asediada sin comprender que el acecho lo acarrean en el cuerpo. Ellos saben que deben vigilar sin tregua al otro, conocen su paradero y no encuentran reposo al estado de vigilancia, pero ignoran por qué lo acechan. De ahí lo infundado de su vigilancia en contraposición a la vigilia que acusa la protagonista:

“Continúas al acecho como un feroz animal de presa. En la noches me imagino que estás con los dientes brillantes, listo para saltar sobre nosotros. Al fin me despojaste de lo último que me quedaba, de lo único que me aliviaba; me privaste del sueño. Me privaste del sueño para conseguir tu triunfo sobre mi cuerpo que se balancea al borde de un cataclismo. No duermo ya para protegerme o si lo hago mi sueño es sólo una constante convulsión.” (Eltit 1994, 60).

La pragmática del ACD nos exigía haber comenzado este breve análisis explicitando los contenidos que sitúan en argumentos históricamente comprobables, la pertinencia de considerar al discurso de la novela como social, para luego abocarnos a las especificidades lingüísticas tanto como a las estrategias narrativas con que éste se moviliza.

Dada la escasez de tiempo asociado a la producción de este estudio, y considerando que el ámbito histórico abarcado dentro de esos límites de tiempo por las otras técnicas aplicadas a la investigación aportan elocuencia sobre estos puntos, dirigiremos ahora la atención al análisis que cubre la dimensión restante, es decir, la estructuración del yo.

En Los vigilantes, la trama es simple y la retórica, desprovista de ornamentos; lo que no quiere decir, obviamente, que el estilo narrativo no sea complejamente elaborado ni que sus relaciones con el conocimiento estén ausentes. Por el contrario, si los personajes construidos alcanzan una dramática consistencia, esto se debe precisamente a que la autora conoce a la perfección el complejo saber-poder de Foucault, base teórica de su argumentación literaria para elaborar el discurso en análisis y sobre el que volveremos en el apartado de las conclusiones.

Si decimos aquí que la trama es simple, esa consideración es vista por este estudio como una característica que enriquece el texto más que debilita su trama conceptual, como se podría pensar si prescindiéramos de esta explicación.

Los personajes con carácter de densidad social son sólo dos: la madre que escribe a una presencia que se mofa de sus intentos por instaurar un discurso reprobatorio de las profecías con que esta presencia desata en una población impávida y dócil un nuevo designio que les concierne a todos, ella incluida desde la resistencia; y su hijo, del que nunca se revela edad alguna y del que sospechamos por la terquedad de su conducta, sobre todo, persistencia en pensamientos autónomos.

“Cuando me enojo mi corazón TUM TUM TUM TUM y no lo puedo contener porque parece decir TON TON TON TON. Seré el tonto de los rincones de la casa. Seré el tonto de los rincones. La incomprensible pequeñez de la casa se superpone en mi mente. En mi mente. Presagio días funestos, paisajes adormilados. Presagio sólo lo horrible. Mi cuerpo habla, mi boca está adormilada.” (Eltit 1994, 13).

El niño que habla podría hacernos pensar a primera vista en la monstruosidad, en el engendro. Sin embargo, este niño es compelido por su corazón retumbante a pensarse, a definir los límites de su realidad. Siguiendo lo insinuado por el título de este capítulo, llamado BAAAM, onomatopeya que remite quizás al Big Bang, a la génesis, al surgimiento de la vida en la forma en que la conocemos, concluiríamos que estamos desde el inicio de la novela ante la emergencia de una voz en busca de su discurso.

Este crío se autodenomina tonto, pero ¿quién en su sano juicio estaría en condiciones de pensar su propia estupidez? La respuesta puede sernos ofrecida en la primera línea de este capítulo: “Mamá escribe. Mamá es la única que escribe”, nos informa esta aberración, en tanto carece de nominativo, y agrega unas líneas más adelante: “Mi cuerpo habla, mi boca está adormilada”.

La representación literaria de este nuevo actor perfila a un sujeto que envidia en la madre el lenguaje que a ésta le permite agenciar lógicas discursivas. Él quiere hablar-se, le urge destrabar el relato de sus circunstancias, la narrativa palpitante en los objetos, en la casa, en los horribles y funestos días que augura tendrán lugar pero que, sin contar con la estructura de una síntesis lingüística lógica, no puede dimensionar más que en la pulsión de su inminencia.

Prescindiendo del esquemático escenario donde transcurre la acción narrativa (la incompresible pequeñez de la casa que se superpone en su mente, es una metáfora poderosa que nos habla de la angustia que produce en el niño la imposibilidad de describir su existencia, hasta ensanchar los límites de significación que anhela lo habiten), podríamos agregar, para completar la noción de cómo está poblado este relato, que los otros, ellos, son presentados sólo como una masa uniforme violentada por un miedo incomprensible.

Proponemos ahora detenernos en un hecho crucial que explica con más claridad el fundamento histórico de esta vida emergente.

La criatura aludida es objeto de disputa permanente entre dos fuerzas opositoras que luchan por entregarle los signos de su propia verdad a través de la educación. Son muchas las citas que muestran el pleito establecido entre la madre y el destinatario de sus misivas, donde se deja en evidencia que el logro esencial perseguido por ambos es dotar de un discurso a esta criatura, con el fin de ampliar la nomenclatura de esa verdad antagónica de la que cada uno es portador.

Esta observación planteada aquí, refiere a la idea de hegemonía:

La hegemonía designa entonces un grado más elevado de abstracción que la descripción de los discursos. Mutatis mutandis, ella es a las producciones discursivas y dóxicas lo que los paradigmas (de Khun) o las epistemes (de Foucault) son a las teorías y las doctrinas científicas que prevalecen en una época dada: un sistema regulador que predetermina la producción de formas discursivas concretas. (Angenot 2010, 30).

En este orden de cosas, ambos, tanto la madre como el padre ausente representado en la figura del Panoptismo, querrían imponer su discurso como la única verdad recurrente; o sea, más que del discurso mismo, se trataría de una lucha de poder. Para redondear esta idea, es necesario revisar una característica esencial de la madre. Se nos ha dicho que ella escribe, que es la única que escribe.

Este punto es relevante en este análisis. Recurriremos a la semántica de Hypomnemata[ix] descrita por Foucault. El autor denomina al concepto como tecnología y, luego de especificar sus usos prácticos y de precisar su inscripción histórica, sitúa al concepto como elemento estructurante del yo:

[…] se podría decir que el punto en que la cuestión de los Hypomnemata y la cultura del yo se aúnan de manera notable, es donde la cultura del yo toma como su ideal el perfecto dominio de sí – una suerte de relación política permanente entre yo y yo. […] Este es el modo en que me parece que la escritura está ligada al problema de la cultura del yo”. (Foucault 1996, 75).

Se sigue que la escritura no es sólo el medio de preservar la memoria, sino que por sobre esta consideración, se trataría de mantener un control sobre sí mismo, de un cuidado de sí. Tal vez, deberíamos comprender, además, que la disputa por sostener en hegemonía el poder alcanzado, equivale en la novela Los vigilantes al punto de inflexión donde un sistema de imágenes de mundo es desplazado por un nuevo referente social.

Lo expuesto hasta aquí delinea suficientemente los matices más relevantes en el discurso de la novela en estudio, ofreciéndonos esquemas de análisis garantizados que nos permitan levantar conclusiones preliminares sobre el perfil del sujeto social que esta novela inaugura y en cuya obra las vanguardias no buscan la comodidad de la denuncia, sino de la estructuración de un sujeto discursivo que no se deje domar por el corporativismo y sus lógicas mercantiles.

Conclusiones

El perfil construido por el arte de vanguardia en Chile respecto del nuevo actor social post dictadura, sujeto social que persiste hasta hoy dado que sus claves se encuentran vigentes junto al acontecimiento histórico que lo originó, esto es el corporativismo y las fórmulas de mercado del llamado neoliberalismo, es un personaje que encuentra su lugar en la historia como alguien que supo reinventarse si perder la esencia del sí mismo.

Si bien la literatura de avanzada se vale de materiales teóricos densos para formular su visión crítica de la historia chilena reciente, un trabajo como el esquematizado acá permite, mediante la técnica del ACD, establecer las correlaciones entre este inédito actor de la sociedad chilena y la ficción narrativa que lo puso en circulación mucho antes de que el sujeto en cuestión adquiera consciencia de sí mismo, cuestión que ilumina la función del arte de vanguardia en nuestra sociedad y aparta las obras de la condena del hermetismo.

La sociología y las demás áreas de las ciencias sociales tienen una deuda con el arte de avanzada, un arte que como hemos refrendado, no se queda en la mueca de la denuncia, sino que destraba las tramas más complejas y menos evidentes de nuestra historia. El investigador social se equivoca cuando presume que las esferas de arte e investigación social están irremediablemente separadas.

Más bien, postulamos que no sólo son complementos que se reclaman para completar la unidad histórica de la que son correlato, sino que comparten un principio teórico que puede dar más lustre al trabajo empírico de los cientistas sociales en Chile.

Anexo tablas (cómo opera el ACD y cuáles son las dimensiones en que se buscó al actor social representado en la novela de Eltit)

Dimensiones para el Análisis Crítico del Discurso
Esferas de Relación Elementos clave a identificar en el ACD

Discurso

  • El tipo y la forma de argumentación (Topoi utilizados para justificar la inclusión o exclusión política)
  • Estrategias referenciales (metonimias, metáforas, etc.)
  • Predicados implícitos y explícitos.
  • Análisis lingüístico basal: estructuras sintácticas, figuras retóricas, actos de habla, estilo léxico, coherencia interna, etc.

Cognición

  • Tipo de fuente de conocimiento elegido como referente teórico para producir el texto en análisis, enmarcándolo en un discurso específico.
  • Coherencia.

Sociedad

  • Actores.
  • Simbolismo colectivo.
  • Situación social que gestó el discurso.

El análisis crítico de discurso (ACD) se diferencia de otras formas de análisis discursivo como del conversacional, por ejemplo, en que parte del supuesto que los discursos gestados en la sociedad son de carácter histórico y que, por lo tanto, sólo pueden entenderse en relación al contexto en que se generaron.

Como ésta es una condición ineludible cuando se elige la unidad de análisis sobre la que se aplicará esta técnica, resulta también esencial remarcar que los discursos de los que se hace cargo el (ACD), dado su fundamento historicista, en el factor contexto “[…] explícitamente incluye elementos psicosociológicos, políticos e ideológicos y, por tanto, postula un procedimiento interdisciplinar.” (Wodak & Meyer 2003, 37).

Sobre este punto, Meyer (Ibídem) sostiene que no es posible separar trabajo de campo de la configuración teórica que sustenta un cuerpo discursivo particular que haga referencia a un mismo acontecimiento verificado en la realidad social. Emergen, por lo tanto, elementos definitorios de la técnica como intertextualidad e interdiscursividad.

En este sentido, el (ACD) postula que los discursos agenciados por sectores sociales específicos, generalmente en torno a las relaciones de poder que involucran al conjunto de la sociedad, deben su inteligibilidad al sustrato teórico en que se fundamentan, en el caso de esta investigación, el post-estructuralismo.

Como la frontera que delimita sus elementos característicos puede ser vista como difusa, lo que hace necesario remarcar su vocación hermenéutica, función que se orienta a la comprensión en la producción de relaciones significativas a nivel social, es necesario tener en consideración las limitaciones que esta técnica presenta si no es mejorada por técnicas complementarias, como la recogida de datos en el trabajo de campo, por ejemplo:

El círculo hermenéutico –que implica que el significado de una parte sólo puede entenderse en el contexto del conjunto, aunque esto, a su vez, no resulta accesible sino a través de sus partes integrantes- señala el problema de la inteligibilidad de la interpretación hermenéutica (Wodak & Meyer 2003, 38).

Lo anterior reafirma el interés del ACD por enfocarse en  la comprensión de relaciones de poder y/o dominación ejercida sobre los sujetos cuya experiencia es recogida por formas discursivas, las que se deben documentar detalladamente en formas verificables, esto es en la recogida de datos del trabajo empírico. De lo contrario, el ACD perdería su justificación transformándose en un análisis conversacional, puesto que “el análisis crítico no se <<ajustaría>> a los datos y correría el riesgo de terminar siendo meramente ideológico” (Wodak & Meyer 2003, 39).

Coherentemente, las dimensiones que permitieron buscar al nuevo actor social en el mundo del trabajo chileno post dictadura, esto es en las esferas laborales donde la precarización laboral así como la flexibilización de los límites de seguridad impuestos a los trabajadores, del mismo modo que las consecuentes vulneraciones a los derechos básicos antes garantizados por un pertinente aunque nunca perfeccionado marco legal contenido en el código del trabajo, se orientó hacia la venta de intangibles, puesto que vendedores de seguros, planes de salud de Isapres y otras ocupaciones como esas, son el más claro ejemplo del lugar que hasta nuestros días ocupan los asalariados en Chile.

Dimensiones Sub-dimensiones
Relaciones de poder Panoptismo
Metarrelatos
Pérdida del marco referencial grupal (Sindicatos, redes de apoyo, otros)
Contexto histórico Cambio Institucional
Sujeción contractual
Regulación de la actividad macroeconómica
Privatización
Sistema previsional
Identidad del sujeto post-dictatorial Fragmentación social
Sujeto emprendedor
Congruencia histórica Complejo saber/poder de Michel Foucault

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IMAGINARIOS SOCIALES, PRENSA Y ACCIÓN COLECTIVA DE PROTESTA: UNA PROPUESTA DE INVESTIGACIÓN***

Presentación de la propuesta

En la actualidad, no podemos negar que los medios de comunicación son parte fundamental de las sociedades modernas que existen en el mundo, y el caso de Latinoamérica no es una excepción. En el desarrollo tecnológico que han evidenciado las diversas empresas periodísticas y teniendo en cuenta la cantidad de informaciones que producen y transmiten a las audiencias a nivel global, se puede determinar la relevancia social que cumplen hoy los componentes del sistema de medios de información y comunicación.

Así entonces, observamos que los diversos medios de comunicación social poseen una determinada – pero no absoluta- injerencia en la vida de millones de personas que consumen a diario diversos mensajes que son producidos por éstos. Sin embargo, los medios de comunicación social, entendidos como instituciones constituyentes de las industrias culturales, tienen una concordancia con una lógica de propiedad económico – político que asume la producción de bienes de intercambio, almacenamiento de información y circulación de noticias que poseen un valor significativo en la dinámica de cristalización de un conjunto de imágenes y relatos. Éstos, a su vez, son compartidos por amplios grupos de miembros de una sociedad y, como resultado, tienden a fortalecer, en general, un determinado imaginario social acerca de diversos fenómenos limitados por sus respectivos contextos sociales y, en particular, respecto a nuestro tópico de interés que corresponde a: la acción colectiva de protesta social movilizada en razón de un conjunto de demandas específicas que interpelan al Estado o a los agentes privados (financieros) del mundo global.

En este sentido, creemos necesario aportar al debate sobre la configuración de imaginarios sociales por parte de los medios de comunicación – específicamente- respecto de las protestas sociales gestadas desde la base de una sociedad civil[i], fragmentada por las transformaciones económicas, políticas y sociales que se evidenciaron de manera heterogénea en los distintos países de América Latina[ii].

De la misma manera, vale precisar que nuestro interés en enriquecer la discusión sociológica acerca de la acción colectiva de protesta social y los imaginarios sociales que son construidos por los medios de comunicación social en torno a la expresión visible de un colectivo social, determinado por un contexto que identificamos como democrático representativo, en lo político, y neoliberal[iii], en lo económico, se sustenta en la disposición dentro de la presente propuesta, por una parte, de una breve reflexión acerca de la acción colectiva de protesta y, por otra, de una descripción de la propuesta metodológica para el estudio de nuestra problemática: ¿cuál es el imaginario social de la acción colectiva de protesta en el discurso editorial del diario El Mercurio de Chile y La Nación de Argentina[iv] en el marco de la crisis económica, política y social de diciembre de 2001 en Argentina?.

Así entonces, podemos establecer que los acontecimientos de movilización social que se gestaron en varias provincias de la República Argentina, no estuvieron exentas de la respectiva cobertura mediática nacional e internacional, lo que permitió la circulación masiva de discursos periodísticos que articularon las lógicas de consumo por parte de los miembros de la sociedad global. En este cometido, los medios de comunicación social, desde una perspectiva habermasiana de las legitimaciones[v], pueden ser comprendidos como los engranajes de un sistema de información global que determina la configuración del sentido de un conjunto de imágenes y relatos con el propósito de legitimar la existencia misma del sistema de medios de información y comunicación global y, en consecuencia, mistificar la descripción y explicación de un acontecimiento que posee una visibilidad pública mediante la intervención de sujetos y actores sociales movilizados en virtud de una demanda colectiva.

Frente a propuestas iniciales de esta índole, nos parece de vital importancia manifestar que los medios de comunicación social, en general, y la prensa escrita, en particular, poseen la capacidad de proveer a las audiencias de un mensaje que contempla un mapa conceptual capaz de ordenar, clasificar y organizar los hechos y conflictos que involucran a múltiples sujetos, actores sociales e instituciones gubernamentales, dentro de un contexto referencial apropiado para promover un sentido socialmente aceptado por la mayoría. Es decir, siguiendo a John B. Thompson y su concepto de «experiencia mediática[vi]», podemos pensar que los medios de comunicación social, como en el caso de la prensa escrita, tienen la capacidad para configurar las experiencias de las audiencias, lo que inevitablemente marca un quiebre en la frontera de las percepciones que el individuo tiene a partir de sus contactos cotidianos e inmediatos, para dar paso a una nueva realidad mediatizada por un elemento técnico (radiotransmisor, diarios, televisor, computador y celular), donde las formas simbólicas que se acuñan en el mensaje de los mass media construyen un imaginario acerca de un «acontecimiento», categorizado como protesta social, que genera una ruptura del orden establecido.

En definitiva, la presente propuesta de investigación tiene por finalidad describir los imaginarios sociales de la acción colectiva de protesta en el discurso editorial del diario El Mercurio de Chile y La Nación de Argentina en el marco de la crisis económica, política y social de diciembre de 2001 en Argentina. Aunque, en esta oportunidad, procederemos a la entrega de algunas reflexiones teóricas que se centran en la noción de protesta social y, finalmente, presentaremos nuestra propuesta metodológica para el desarrollo de esta investigación.

Precisiones de nuestro trabajo.

Para entender los fines de esta propuesta de investigación que se enmarca dentro del análisis del sistema de discursos mediáticos, de los imaginarios sociales y la acción colectiva de protesta, es preciso tener en cuenta que nuestra intención no es desarrollar una descripción histórica detallada de los sucesos económicos, políticos y sociales que afectaron a la Argentina entre los años 1990 y 2001. Incluso, en rigor esta propuesta no se focaliza en descubrir y explicar las causas y en determinar las consecuencias que provocaron – en diversas áreas del desarrollo de la Argentina – la crisis institucional y la movilización de las fuerzas sociales en distintos puntos geográficos del mencionado país. Sino más bien nuestras pretensiones se focalizan, por una parte, en la construcción de un marco teórico pertinente que nos permita reflexionar acerca de nociones claves para comprender el objeto de estudio de nuestra investigación y, por otra, en aplicar un modelo de análisis del sistema de discursos mediáticos que nos permita obtener resultados para lograr describir el imaginario social que el discurso mediático de la prensa chilena y argentina configuró acerca de las acciones colectivas de protesta acaecidas en diciembre de 2001 en Argentina.

Ahora bien, reconocemos que la descripción de los acontecimientos ocurridos en la Argentina -entre 1990 y 2001 – son relevantes para contextualizar el marco general del trabajo. Por lo tanto, se asume que la situación de quiebre institucional de una nación se transforma en un punto de inflexión clave en la medida que denota una crisis en la sociedad argentina y, en consecuencia, la abundante existencia de estudios al respecto nos permite –en este caso– destacar algunos trabajos relevantes que serán considerados como fundamentales para comprender este proceso de declive democrático, institucional político y socioeconómico: Gambino y Campione (2003), Palomino (2005), De Lamata (2002), Lodola (2005), Auyero (2004), Schuster (2005), Scribano y Schuster (2004), Schuster y Pereyra (2001), Svampa y Pereyra (2003), Favaro (2005, 2006a), Favaro, Iuorno y Cao (2006b), Cerrutti y Grimson (2004) e Iñigo Carrera y Cotarelo (2003, 2006).

¿Cómo entenderemos la «acción colectiva de protesta» en el marco de la crisis argentina de diciembre de 2001?

Los acontecimientos acaecidos en la Argentina en diciembre de 2001, donde diversas organizaciones sociales y formas de movilización política se expresaron contra el modelo económico y político vigente hasta ese período[vii], serán comprendidos a partir de la definición de «acción colectiva de protesta». Este concepto da cuenta de una dinámica de resistencia en el espacio público argentino donde los sujetos sociales, mediante un repertorio de protesta de acción colectiva, apuntan a visibilizar sus demandas contra el modelo de opresión (neoliberal) y el sistema represivo (político y policial) imperante en el país trasandino desde 1990.

Es decir, en palabras de Favaro, Iuorno y Cao: “La crisis de 2001 agudiza los conflictos que provocan el traspaso de la empresa pública a manos privadas, con la consiguiente expulsión de mano de obra, precariedad de trabajo, incapacidad de los políticos para resolver los problemas de la sociedad y un Estado que, como el neuquino – controlado por un grupo de sectores burgueses, aliado a las petroleras –, también muestra una faceta poco conocida tiempo atrás: la corrupción” (2006b: 107).

En este sentido, los sucesos de diciembre de 2001 en Argentina serían la manifestación evidente de un quiebre entre las instituciones representativas del Estado y el poder económico con la sociedad civil y los sujetos sociales adscritos a las clases medias y a los sectores de «piqueteros» (desempleados); concepto que articula el devenir de aquellos individuos excluidos del entramado laboral establecido por el mundo privado y por el Estado y, a su vez, del reconocimiento como miembros de la sociedad[viii].

Considerando lo dicho, vale la pena advertir que el modelo económico neoliberal articulado durante el gobierno de Carlos Menen en Argentina – específicamente mediante la acción de privatizar la mayor cantidad de empresas y servicios públicos – y que contó con el apoyo estratégico de los grupos financieros internacionales, no ha permitido dar una solución efectiva y mucho menos avanzar en propuestas que apunten a resolver los problemas sociales, económicos y políticos que afectan en la actualidad a la sociedad argentina. Bajo el fracaso de este modelo[ix], en el plano económico, impuesto por las dinámicas hegemónicas de los organismos financieros de los países desarrollados (FMI y Banco Mundial) y, en el plano político-social, el debilitamiento de un campo de acción propio del Estado junto a la despolitización del ejercicio de la ciudadanía, se acentúa la necesidad de identificar y tomar conciencia acerca del sentido actual que posee la sociedad civil como elemento central para el fortalecimiento de una democracia menos maniatada.

No obstante, el panorama no es muy alentador: “Sociedad civil y ciudadanía se encuentran hoy frente a una polis estallada. Ello tanto porque el centro de toma de decisiones que es el Estado pierde capacidades como porque la base social, el demos, se reduce por los efectos de las exclusiones. Hay democracias, cierto, pero éstas se revelan incapaces de organizar la sociedad como espacio de constitución de sujetos y de toma de decisiones” (Garretón, 2006: 56-57).

En este marco de ásperas esperanzas acerca de la democracia[x] y la ciudadanía, cobra vital importancia recordar que los diversos actores de la sociedad civil argentina –específicamente el sector de los piqueteros y los miembros de las asambleas barriales-, fueron identificados como los articuladores de un proceso de movilización política durante diciembre de 2001. Este movimiento suscitó, en las cúpulas políticas y económicas, la adscripción de un sentido de ruptura del orden establecido a la acción cooperativa de carácter contra-hegemónico gestada por los actores sociales que cuestionaban la conducción del país y, por ende, rechazaban la aplicación del modelo neoliberal y la dinámica del sistema político corrupto (identificado como el responsable del ajuste estructural). Producto de tal situación, la sociedad civil argentina se manifestó por medio de «acciones colectivas de protesta» que contemplan un repertorio de formas de protesta[xi].

Ahora bien, a partir de las ideas expuestas por Federico Schuster, se establece que: “La noción de protesta social se refiere a los acontecimientos visibles de acción pública contenciosa de un colectivo, orientados al sostenimiento de una demanda (en general con referencia directa o indirecta al Estado) En este sentido, cabe remarcar que el concepto se limita a partir de su carácter contencioso e intencional, por un lado, y de su visibilidad, por el otro” (2005: 56).

Es por ello que: “La protesta, desde la teoría de la acción colectiva, encierra la realidad de una lucha entre dos sujetos por la apropiación y orientación de los valores sociales y de los recursos; no se agota en una sola manifestación, tiene períodos de latencia y explosión; es el recursos de los que no tienen poder o no están representados por formas tradicionales” (Favaro, Iuorno y Cao, 2006b: 97).

En el caso que nos ocupa, es necesario subrayar que la acción colectiva de protesta es una herramienta utilizada por los sectores sociales identificados bajo el rótulo de piqueteros como alternativa válida para interpelar al poder estatal sobre la base de una demanda puntual de integración al sistema económico, en virtud de la ausencia de canales formales que faciliten una injerencia en las instancias de toma de decisión gubernamental o instauren un espacio de negociación amparado en el reconocimiento como grupo de poder legitimado por el sistema político nacional.

En tal sentido, nos parece necesario reconocer que la acción colectiva de protesta – a pesar de su carácter coyuntural y contingencial[xii] – se establece como una forma de movilización política que se instaura en el espacio público urbano con la finalidad de cuestionar la hegemonía instalada por los grupos dominantes de la sociedad argentina. Esto nos lleva a comprender que la protesta social es una forma de acción colectiva utilizada para la expresión pública de las demandas e intereses de un colectivo social y que, además, logra producir una ruptura del orden establecido.

Al respecto, la propuesta de Favaro es categórica: “…los sujetos sociales involucrados en el repertorio de protestas de acción colectiva, no generaron aún, la conformación de un movimiento social, entendido como una estrategia de acción colectiva que se inserta en la forma institución, sus reivindicaciones los lleva a entrar en conflicto, al que se adaptan, negocian o enfrentan, en un suceso que nace, se desarrolla y que tiene un decurso. Un ‘movimiento’ contiene una heterogeneidad de superficie, pero homogeneidad de base en cuanto a presupuestos y políticas a concretar y, fundamentalmente, se sostiene en un proyecto común, en una dimensión pactada y constituida” (2006a: 118).

Por consiguiente, los actores sociales presentes en la sociedad argentina y que participaron de las acciones colectivas de protesta de diciembre de 2001 pueden ser incorporados a la matriz conceptual de multitud[xiii], lo que a conlleva una comprensión del fenómeno de la acción colectiva de protesta como la suma de subjetividades y singularidades determinantes de una posición contraria a la desvinculación del concepto y el ejercicio. Es decir, estamos hablando de determinantes de la soberanía de los miembros de una sociedad en términos de ciudadanías activas y de su efectiva acción en el plano de las estrategias de lucha, producto de sus demandas contra las condiciones de explotación y abuso por parte de los grupos económicos y políticos dominantes.

En otras palabras, las «acciones colectivas de protesta» generadas, por una parte, por miembros de la clase media argentina cuando ocuparon las plazas y espacios públicos urbanos para alzar la voz de un pueblo que perpetuaba el slogan «¡Qué se vayan todos!», y, por otra, cuando hombres y mujeres de las clases populares saqueaban los centros comerciales y marchaban por las avenidas o arterias centrales de los centros urbanos más importantes de Argentina, se transformaron en nuevas formas «no convencionales[xiv]» de resistencia colectiva que aspiraban al derrocamiento de un gobierno o más bien al cambio de la forma de hacer política y de la lógica neoliberal presente desde 1990.

Propuesta metodológica.

En el plano epistemológico, entendemos que es posible conocer un fenómeno desde una perspectiva cualitativa compatible con los fundamentos teóricos que sustentan el marco comprensivo y descriptivo de nuestro estudio, donde, además, se asume como parte del trabajo de análisis de un investigador la intención de objetivar, en la medida de lo posible, un fenómeno constituyente de una realidad social. Así entonces, para los fines de nuestra propuesta de investigación se comparte lo enunciado por Manuel Antonio Baeza respecto a la objetivación entendida “–en un sentido simple- como un compromiso entre lo materialmente dado y lo subjetivamente entendido como dado; [y] – en un sentido complejo – como un esfuerzo intelectual riguroso para convertir en evidencias aspectos visibles y no visibles de la realidad” (2008: 45) […] realidad que – desde nuestro punto de vista – se hace presente en el discurso, o sea el discurso es un dispositivo que materializa el imaginario social en el entramado de relaciones sociales.

Unidad de información y corpus de análisis

Ahora bien, respecto a las unidades de información utilizadas en el marco de la presente propuesta, se establece que el diario El Mercurio de Chile y La Nación de Argentina fueron seleccionados según los siguientes criterios:

Criterio 1 Por la cobertura nacional que alcanzan en Chile y Argentina.
Criterio 2 Por la importancia que tienen ambos diarios en la configuración de la opinión pública a nivel nacional y regional (América Latina).
Criterio 3 Por el número de venta de ejemplares[xv] que poseen ambos diarios en sus respectivos territorios.
Criterio 4 Por ser ambas empresas periodísticas las fundadoras en 1991 del “Grupo de Diarios América” (GDA). Consorcio mediático que en la actualidad reúne a 11 empresas periodísticas (específicamente del sector de prensa escrita) que poseen una gran influencia política y económica en sus respectivos mercados nacionales.

Por su parte, el material que fue analizado en este estudio estuvo conformado por un corpus de textos que corresponden a 40 editoriales publicadas por el diario El Mercurio de Chile y La Nación de Argentina, entre el 1 de diciembre de 2001 y el 28 de febrero de 2002.


Criterios de selección del corpus.

Tipo de discurso mediático Todo discurso mediático que corresponda a una editorial.
Tópico o temática central Todo discurso editorial donde se hace referencia a la crisis argentina de 2001.
Tipo de medio de comunicación Todo discurso editorial producido por la prensa escrita donde se hace referencia a la crisis argentina de 2001.
Identificación de la prensa escrita Todo discurso editorial producido por el diario El Mercurio de Chile y La Nación de Argentina, donde se hace referencia a la crisis argentina de 2001.
Temporalidad Todo discurso editorial producido por el diario El Mercurio de Chile y La Nación de Argentina, a partir del 1 de diciembre de 2001 hasta el 28 de febrero de 2002, donde se hace referencia a la crisis argentina de 2001.

Descripción del modelo de análisis del corpus

Pues bien, con la finalidad de dar cumplimiento a los objetivos, en el presente artículo producto del proyecto de investigación antes mencionado (ver primera nota al pie), se ha elaborado un modelo de análisis del discurso sobre la base de un enfoque socio-crítico, y que es empleado particularmente para el análisis de discursos públicos. A continuación, se visualizan los componentes del Modelo de Análisis del Discurso:

Modelo de análisis del discurso

Nivel de análisis: estructura del discurso

Tópico(s) Figuras / Rol Valores Temáticos
Es el tema que engloba el sentido de un discurso o parte de él y que, a su vez, posee una lógica interna en relación al contexto. Consiste en identificar las distintas figuras (actores, instituciones, tiempo(s), lugar(es), que aparecen en el discurso y el papel que se les asigna a cada uno en el relato. Es el sentido que se construye a partir de las relaciones entre las figuras y sus recorridos figurativos. Por lo tanto, las figuras tienen un valor a partir de su relación con otras figuras.
Posición de Poder Modos de objetivación Contexto(s)
Corresponde a la identificación de la posición del hablante (en el discurso) en relación con un sujeto/institución/objeto existente en la dinámica de la realidad social. Consiste en identificar las prácticas divisorias presentes en el discurso. Estas prácticas se reconocen en dinámicas de oposición (por ejemplo: normal/anormal) relacionadas con determinados sujeto(s)/institución(es)/objeto(s) existente(s) en la dinámica de la realidad social. Corresponde a la acción de identificar el contexto(s) en el que se desarrollan los elementos constituyentes del discurso y que determinan la adscripción de un significado en relación a una situación o hecho.
Nivel de análisis: estructura de la significación Relaciones de contrariedad Relaciones de contradicción Relaciones de complementariedad
Relación lógica entre A y B, y entre NO B y NO A. Relación lógica entre A y NO A, y entre B y NO B. Relación lógica entre A y NO B, y B y NO A.
A NO A B NO B
Representación lógica del SER. Representación lógica del NO SER. Representación lógica del PARECER. Representación lógica del NO PARECER.


Conclusiones.

En definitiva, el modelo de análisis propuesto nos permite estudiar –en general- el discurso mediático y –en particular- el discurso editorial producido por el diario El Mercurio de Chile y La Nación de Argentina, con la intención de describir el imaginario social construido por ambas empresas periodísticas fundadoras de la GDA (Consorcio Latinoamericano “Grupo de Diarios América”). Por consiguiente, en el modelo de análisis del discurso propuesto se establece un conjunto de categorías afines con la intención de identificar, describir y comparar aquellos elementos discursivos y las relaciones de significación que sustentan los constructos de sentido acerca de los imaginarios sociales de la acción colectiva de protesta en el discurso editorial del diario El Mercurio de Chile y La Nación de Argentina en el marco de la crisis económica, política y social de diciembre de 2001 en Argentina.

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Representation of Palestinians in the News: A Discourse Analysis of Israeli Media News Reporting

Introduction

Media news coverage plays a pivotal role in reporting news. It has the power to not only relay events, but also to represent events according to specific interests and circumstances, subsequently shaping audiences’ comprehension and perceptions. The continuing growth of influence of new media forces, such as the revolutionary technology of the Internet and the expansion of transnational media companies such as Rupert Murdoch’s News Corporation, has added to the power and impact of news coverage and reporting (Thompson and White 2008).

It is a well-established fact that media organizations do often not work in a vacuum, but are rather influenced by the political environment and the public. Politics affects the way in which the press works, the way in which media cover events and the way in which news reports construct perceptions of events. This is particularly noticeable during periods of tension, conflict and wars (Avraham 2003). Thus, media has become a key political instrument in volatile regions, such as in Israel, consequently leading to an increase in influencing news reports in accordance with political ideologies and objectives. Examinations of Israeli media representations of Palestinians during periods of wars and conflict substantiate this argument. At the same time, the public also influences the way media portrays its news. The nature of the news representations are often illustrated according to the expectations of the public, representing a projection of what readers interpret and understand the Palestinians (Avraham 2003).

The purpose of this study is twofold. First, the work compiled here acquires to question whether media coverage of Palestinians during periods of peace differs from news coverage during periods of war. While the majority of examinations have looked at how Israeli media represent Palestinians during conflict time, little attention has been paid to examine media representations during periods of peace. The aim of this study is to compare news reports from periods represented by less violence to Palestinian representations originating from the time of the two Intifadas and identify whether the framework of reporting alters in any considerable way during peace in comparison to war.

Second, the study aims to explore to which extent is Israeli politics influencing and is embedded in the media representations of Palestinians, disregarding the state of war and peace. The examination conducted demonstrated that Israeli media representations of the Palestinians do not alter due to war and conflict, but are more likely to be affected by the political environment and even the public. The study seeks further to better illuminate the role of politics and media as agents of control and influence, especially in treating high-profile representations as in the case of the Israeli-Palestinian conflict. Given that media is increasingly exported and circulated nationally and internationally, examinations of Israeli media coverage becomes especially relevant.

Israeli Media and Political Influence

Teun van Dijk indicates that media news reporting is closely linked with the actions and opinions of various political institutions and groups, such as governments and lobby groups (van Dijk 2003:359). Media is often employed by political actors as an instrument of influence to demonize opponents and commend allies and affect the degree to which the readership will perceive a situation or event. News coverage often tends therefore to reflect the attitudes and reveal the interests of political actors.

Crucially here is to understand that through the decisions about which issues to report in negative or positive tones and how to report these issues in relation to the political context, media have the power to choose particular versions of a particular situation (van Dijk 1997). Thus, media become a powerful mean by which political actors shape forms of perception, of categorization, of interpretation and of memory, which subsequently has led to the scrutinization of journalistic objectivity (Thomson and White 2008). This becomes a noteworthy circumstance for research, which is further heightened in cases of high-profile political situations, such as the Israeli-Palestinian conflict.

Israeli media have often been accused of exploiting their position and allowing political interests to determine the course of news representation of their opponents, such as the Palestinians. Media are a main source of information of Israeli political aims towards the Palestinians and can be regarded as a vital tool for mobilizing opinions (Maoz 2006:71). As Maoz acknowledges, Israeli media often have the tendency to frame Palestinian news reporting in negative terms by explicitly reporting for example that “Palestinians are against the Israelis” or “the steps taken by Palestinians in the conflict are necessarily bad for the Israelis” (Maoz 2006:74). These reports emphasise an anti-Israeli feeling, which is identified as a way to satisfy the Israeli governmental policies towards Palestine, as well as to gain international support and feed the public with images that the Palestinians are a threat to Israel (Avraham 2003). In some occasions this tendency has spilled over to include negative representations of other Arab nations. This was clearly observed during the administration of Prime Minister Ariel Sharon, who focused his political power on constructing the image of Syria as an enemy of the Western world, a discourse widely supported by Israeli media in representing Syria as a threat towards the West and its allies (Reinhart 2006:38).

Israeli media companies have denied the accusations that politics enters every level of news coverage and affects the way in which media cover news. Yet, several studies conducted in a variety of contexts provide evidence of the existence of a political bias in the coverage of Palestinians by Israeli press (Avraham 2003, Liebes and Kampf 2009). Libes (1997) identifies Israeli media as being controlled by a Zionist political hegemony, which dictates how media cover the Israeli–Palestinian conflict. Jakubowicz et al (1994) highlight that Israeli press constructs negative representations of the Palestinians, so that they fit the policy of the Israeli government and the interests of those in power, purposely financial organizations and the upper social classes. Rinnawi (2007) argues that Israeli media coverage of Palestinians is often framed as a security issue, ignoring social circumstances, marginalising the coverage of Palestinians and legitimizing Israeli political policies and interests.

News Coverage of Palestinians during Conflict

Particularly during periods of conflicts and wars, Israeli media affect the way in which representations of Palestinians are framed. Media coverage often takes a stand against the Palestinian “enemy” and supports the Israeli political agenda, while frequently relying on information received from official Israeli security and government sources (Wolfsfeld et al 2000, Avraham 2003:8-9). There appears to be little doubt that especially in situations of political tension and conflict, these official sources tend to legitimize the Israeli status, control, ideology, discourse and policies towards the Palestinians, known as legitimization coverage, while delegitimizing (delegitimization coverage) the actions and attitudes of the Palestinians (Rinnawi 2007:153).

Examinations of media reports during the two Intifadas substantiate this argument. The Intifadas are two Palestinian uprisings against the Israeli occupation and oppression. While the First Intifada is known for its non violent resistance movements, the Second Intifada (Al-Aqsa Intifada) included major terror attacks, taking a high toll on the Israelis (Mayer and Mourad 2008). Research indicates that during the two Intifadas, Israeli media abandoned their role as watch dogs. The principles of objectivity and plurality of voices evaporated in the hands of media and journalists did not falter to emphasize their positions as Israeli citizens and mobilize to the struggle in support of Israel (Liebes and Kampf 2009:434). By transporting the Israeli attitudes into and marginalise the Palestinians from the news coverage, media had the ability to support governmental policies, marginalise the Palestinian voice and influence public opinion (Avraham 2003:8). Consequently, Palestinians receive coverage only in negative terms (Wolfsfeld 1997), revealed in binary oppositions such as us/them, good/bad, terrorist/victim, hierarchically structured with one term being privileged over the other (Derrida 1984:8).

Us and Them

Media clearly distinguished between the Israeli “us” and the Palestinian “them” during the uprising of the Intifadas (Ro’eh and Nir 1993). The Palestinian “them” news coverage often revealed images of crime, security risk, violence and social unrest, while the Israeli “us” were depicted as victims facing escalating violence from the side of the Palestinians  (Kacowicz 2005). The “them” group was demonized by illustrations, for instance by publishing images of masked individuals and crowds that raised Palestinian flags, threw rocks and stones and set fires (Liebes and Kampf  2009:439). Media reports were polarizing, where the antagonist (Palestinian) was viewed as violating the safety of Israel, while the protagonist (Israeli) conformed to this. Kacowics interprets this as a black-and-white dichotomous view of the conflict and which he argues is necessary in order to continue the negative perception of the enemy representations (Kacowics 2005:345). Nir and Ro’eh (1993) argue that the feeling of collective identity perceived in the binary categorizations of “us” against “them” reflect the tendency to refrain from attributing direct responsibility of “us” to the cause of the “them” violence and to blur the perception of Israel as responsible for any Palestinian incidents.

Victim and Terrorist

The categorization of “us” and “them” is linked to the binary depiction of victim versus terrorist, in which Israeli media exaggerated the Palestinian capability of harming Israel and ignored the asymmetry between their ability to exercise force during the Intifadas (Rinnawi 2007:161). The actions of Israel were presented as a defensive response to the actions of the Palestinians, while delegitimizing the demonstrations and riots of the Palestinians as security threats to the existence of Israel. This can be illustrated by the dramatization and overstatement of events, especially with regard to violence committed by Palestinians (Dor 2001). For instance news reports implied that injured or killed Palestinians were not innocent bystanders, but armed and dangerous. The use of force on the part of Israel was therefore legitimate and was not perceived as aggression (Rinnawi 2007:165). Interestingly, the reasons for the emergence of the Intifadas were never set in the context of a struggle conducted by a group who live under military occupation and are striving to achieve their independence. By decontextualizing, media ignored the political context of the uprisings (Liebes and Kampf 2009:439) and instead supported the official security and government discourses, which perceived Palestinians as security threats and terrorists and Israelis as victims (Kacowicz 2005:344).

Subalternity

Israeli media did not acknowledge both sides of the story during the Intifadas. Palestinians were repeatedly put in a subaltern position, where their voices were not heard and their images were excised. This has been identified as the depersonalisation of the Palestinians, a process categorized by actions such as erasing the personal identity of casualties in news reports (Liebes and Kampf 2009:439) or presenting injured or attacked Palestinians in a way that emphasizes their violent nature, justifying and legitimizing the use of force against them (Rinnawi 2007:165). Liebes and Kampf comment that “on screen and in the printed press, no Palestinian voices were heard and no Palestinian faces were seen” (Liebes and Kampf 2009:439).

News reports tended to employ the active voice to describe Palestinian group violence and the passive voice to depict Israeli group violence (Ro’eh and Nir 1993). When Israeli military actions could not be explained, media tended to use the passive rather than the active voice to diminish the degree of responsibility (Rinnawi 2007:167). Furthermore, the vast majority of news reports displayed a noticeable absence of responses to the events by Palestinian representatives. It is hardly surprising that the readership received a biased version of the Intifadas and the Palestinians and was not exposed to alternative sources (Rinnawi 2007:176).

Research Framework

Discourse Analysis of Media Reports

In order to address the aims, this study employs discourse analysis of selected news articles from four Israeli newspapers. Discourse analysis examines structures of meaning in discourses. According to theorists, words do not have meaning in and of themselves, but they are only becoming meaningful when used in discourse (Weaver 2009:164). One of the central concepts of discourse analysis is obviously discourse. In its broad sense, discourse has been defined as a particular unit of a language and with a particular focus, which looks at the form of the language and at the function of the language (Schiffrin 1998:20-21). By examining media articles, discourse analysis illuminates the construction of meaning, which helps to understand the ways in which for example Palestinians are constituted by Israeli newspapers and how these representations construct a certain understanding about the Palestinians.

Norman Fairclough acknowledges that media news are interesting to analyse because they provide an understanding that news representations are subjective interpretations, conditioned by the political and social surrounding (Fairclough 2001:4). Media reports are thus projective, imaginaries and represent different perspectives of the same event. Media news constitute part of the resources which people deploy in relating to one another, especially when competing and dominating (Fairclough 2003:124).

Newspapers

For the purpose of this study, I selected four Israeli papers, Haaretz, the Jerusalem Post, Arutz Sheva and Yediot Ahronoth, ranging from liberal to Zionist supporting newspapers. All four papers shared five common criteria: 1) they are well known, 2) are widely read by the Israeli elite and ordinary citizens, 3) are also published in English, 4) are issued daily and 5) are regularly reporting on the Israeli-Palestinian conflict. All four papers are offering easy and convenient access to online sites, from which the articles were selected.

The Tel Aviv based Haaretz (sometimes spelt Ha’aretz) is regarded as Israel’s first and most prestigious daily (Caspi and Limor 1999). It is often described as an influential and highly respected newspaper, read mostly by Israel’s social and political elite, such as political leaders, the economic elite and intelligentsia (BBC 22.02.2002). Haaretz identifies itself as an elitist newspaper with a reputation for quality reporting. The paper has one of the most editorial and opinion-related content and therefore offers a liberal outlook on domestic and international affairs and is perhaps best known for its Op-ed page (Daily Earth 2009). With an editorial line to the left of Yedioth Ahronoth, the privately owned daily is strongly secular and moderate on security and foreign policy issues (BBC 08.05.2006).

Less critical than other newspapers, the Jerusalem Post’s readership includes Israeli politicians and an extended international audience, in the form of foreign journalists and tourists, due to its worldwide distribution and its role as a primary source of information of Middle East news. The paper has no Hebrew edition, restricting its popularity within Israel. Once regarded a left wing newspaper, the Jerusalem Post underwent a shift to the right and since 2004 the paper’s political identity has moved to a more right-of-center position. Examples of this shift include support for the August 2005 disengagement from the Gaza Strip and support for privatization of Israel’s religious institutions. The tougher line on issues such as security and the question of Palestinian territories has remained constant (BBC 08.05.2006) (Daily Earth 2009).

Centrist Yedioth Ahronoth (sometimes spelt Yedioth Aharonoth or Yediot Ahronot) is based and published in Tel Aviv and promotes itself as the nation’s newspaper, boasting the country’s largest circulation and having Israel’s most popular internet site, Ynet (Rinnawi 2007:157). The privately owned daily publishes a wide range of articles, giving space to commentators from the political right and left (BBC 08.05.2006). Alongside other Israeli media, Yedioth Ahronoth has been criticised for its supposed censorship to silence opposition that did not support the government policy and actions during the 2008-2009 Gaza War (AFP 2009). Together with Haaretz, it enjoys nearly 70 % of the newspaper readership in Israel (Avraham 2003).

Arutz Sheva (Israel National Media) is a media network identified with traditional Jewish-Zionist orientation and therefore runs a politically conservative news reporting. Compared to the other three papers, Arutz Sheva only offers online news, which are easily accessed by its wide readership. Due to its Zionist preferences, the paper has been dubbed the voice of the Israeli settlement movement (Daily Earth 2009).

Time Period

The articles were followed during periods of non-violence, which yielded substantial and relevant data to examine the phenomenon of interest. These periods were used as a point of reference to guide my examination of news coverage during periods represented by peace, non major conflictual events and low key disruptions. Second, news coverage of the Middle East during these times reported a revival of new developments in an effort to restart the peace talks between the Israelis and the Palestinians and therefore observed a new wave of optimism towards improved relationships.

Articles

The articles chosen referred directly to Palestinian related issues and were published on the main page of the sites. I refrained from using material that appeared in subsections, such as Op-eds, due to the fact that main page articles are regarded as more important and influential. In order to keep a constant track of the news, the articles were examined at a precise time in the morning and evening. Articles that were deemed as important were kept as first page material throughout the day. The articles studied included news coverage of a variety of issues such as Abbas’ withdrawal from the candidacy of the presidential election, international criticism of the extension of settlement constructions, peace negotiations meetings, attempts to secure the release of a captured Israeli soldier and the security wall.

Each of these events offered a context in which Palestinians were portrayed as the negative Other by describing them as obstacles to the peace process, terrorists, security threats and exploiters. An examination of these articles questioned two issues. First, whether media worked independently from the influence of Israeli political ideology and second, whether media representations during periods of peace exposed the same traditional image of Palestinians as during periods of war.

Discussion

Since space is limited within this article, I cannot provide a detailed analysis of all the intertextual relations of text within each perspective identified in the articles. Instead I will analyse the most explicit examples and quotations as illustrated.

Security Threat

One noticeable aspect of the news reporting is the stress on injury, harm and damage to Israeli citizens and objects caused by the destructive and threatening Palestinian behaviour. This was for example especially visible in relation to an article covering the story of a group of Palestinians celebrating the 20th anniversary of the collapse of the Berlin Wall and who toppled a partition of the so called security fence. Not only was this event portrayed as an act of Palestinian hooliganism, but it was also reported as an attack on the security fence, which has been constructed for the precise purpose to prevent Palestinian threats and to protect Israel. At the very basic level the readership was therefore positioned to identify the wall with security, the people behind the wall with a threat to Israel and any attacks on the wall as a security threat to Israel.

While three of the chosen newspapers did not pay major attention to the wall incident, Haaretz covered the story to a large extent. The paper linked the event to the traditional image of stone throwing Palestinian mobs, much similar to the media representations during the Intifadas. The newspaper described that “thick black smoke from a stack of tires set alight by the youths mingled with white trails of tear gas against the blue sky” (Haaretz 10.11.2009). There appeared to be little doubt in how the paper legitimized the “trails of tear gas” of the Israeli military, while delegitimizing the “stack of tires set alight” of the Palestinian protesters.

The article depicted Israel as defending itself against a security threat, which requires a concrete physical entity in order to prevent any risks. Involuntarily, the report of the security fence incident creates the image of a vile Other lurking behind the wall, especially when using words such as “suicide bombers”, “terrorism” and “violent attacks”. The article also had an end remark in which the purpose of the wall was reiterated by stating that “Israel began building its barrier of fences and walls at the height of the Palestinian uprising that began in 2000” and “the wall is a security fence against attacks on Israel” (Haaretz 10.11.2009). This is by no means a way in presenting the interests of the “us” group and unite the Israelis into a single community, sharing a common threat and agreeing on the need of building the wall. According to surveys, the majority of the Israeli population is supportive of the construction of the wall. Recent statistics from 2009 point to 84% of the population in favour for the continuation of the construction (Mayer and Mourad 2008).

Israel’s political, legal and military authorities have therefore full support from a large number of the population in pursuing their actions. The Israeli media are not alone in bearing responsibility for the representation of the importance of the security wall and the demonization of the Palestinians as a factor contributing to the security risk of Israel. Media have been highly influenced by the political agenda. For example, Israel’s Foreign Ministry has always maintained the necessity of the security fence, drawing clear links between the wall construction, Palestinians, terrorism and the saving of life of the Israeli nation (Israel Ministry of Foreign Affairs 2010). Another example is the Disengagement Plan for Prime Minister Ariel Sharon from 2004, which highlights the function of the wall as a “security fence”(Knesset 2009) against Palestinian violence. Leading political figures such as Prime Minister Benjamin Netanyahu have on a repetitive basis emphasised that the separation fence is “a critical component of Israel’s security” (Haaretz 22.07.2009).

Peace Preventers

According to official statements, Israel has throughout the peace negotiations process expressed its willingness to make far reaching compromises in order to reach a feasible and durable peace agreement with the Palestinians. However, Israel perceives the Palestinian leadership as an obstacle to reaching a peace agreement (Carter 2006). Two events covered in the four papers can be used as examples to substantiate the above. The first event in which President Mahmood Abbas confirmed his withdrawal from the candidacy of the presidential election in 2010 was represented as an act of Palestinian unwillingness and incapability of reaching a peace agreement. The second event, which praised the devotion of Israel to reach peace, was illustrated by the meeting between President Shimon Peres and President Hosni Mubarak.

The confirmation of Abbas’ withdrawal from the candidacy was depicted as an inconsiderate decision and a threat to the peace process and to the peace of the region. For instance, the Jerusalem Post voiced concerns that possibly the January 2010 election would lead to Hamas’ victory (The Jerusalem Post 17.11.2009), indirectly blaming Abbas for future obstacles to the peace process. Hamas is known for its policy of not recognising Israel and therefore any negotiations between the two parties would not be feasible, while Abbas’ party has been able to collaborate with the Israeli leadership. Defence Minister Ehud Barak was quoted emphasising that “the efforts to commence negotiations and reach a peace deal were essential to Israel’s safety and the future of the entire area would not be hampered” (The Jerusalem Post 17.11.2009). This kind of comment indicates the efforts and willingness of Israel to achieve peace for the benefit of the whole region and the reluctance of Palestine, portraying them as peace preventers. The paper however avoided to emphasise that Abbas’ main reason for his resignation was his dissatisfaction with Israel’s continuing settlement constructions and land acquisition, as Arutz Sheva for example reported in early November 2009 (Arutz Sheva 05.11.2009).

While employing a negative tone when reporting about Abbas’ decision, the papers devoted a large number of articles to the visit of Peres to Mubarak to further discuss the peace negotiations. Ynet quoted Peres in making promises about not building new settlements the moment the negotiations were launched and evacuating illegal outposts (Ynet 22.11.2009). Ynet praised the Israelis and Peres for their commitment and enthusiasm to peace. Words such as “ensure the safety of both sides”, “end the protracted conflict”, “Israel strives for coexistence with the Palestinians”, “peace can be achieved” and “we do not want the Palestinians’ suffering to continue” only emphasised the good intentions of Israel.

Haaretz accentuated the Israeli government’s desire “to do everything necessary to ensure an end to the conflict” and Peres’ pledge for halting settlement construction and confiscation of land once peace talks to the Palestinians were renewed (Haaretz 22.11.2009). The Jerusalem Post stressed that “Israel is making efforts” to restart the peace process, leaving the next move in the hands of the Palestinians (The Jerusalem Post 22.11.209). Arutz Sheva underlined an Israeli “us” group identity, which showed consideration to the Palestinians and Muslims when stressing that “we respect Muslims and we do not intend to build in the Temple Mount” (Arutz Sheva 22.11.2009), an issue which has put pressure on the peace process. However, excluding the Palestinian accounts on the matter and focusing on their absence gives the Israelis the chance to emphasise their compliance to meet demands from Palestine, while accentuating the Palestinians’ role as peace preventers.

The papers also left room for criticising Mubarak, who showed support for Palestine. Arutz Sheva considered Mubarak’s comments during his meeting with Peres as “sharp words for Israel” and used words such as “complaints”, “accusing”, “blaming” and “criticising” to describe Mubarak’s attitude towards Israeli actions and policies. Arutz Sheva attempted to insert longer quotes of Mubarak’s statements in which he was portrayed as criticising the efforts of Israel, instead of showing appreciation. One example is the criticism directed towards Netanyahu administration which according to Mubarak does not want “to negotiate on interim borders for the Palestinian state” while “ruling out [Jerusalem] from the final status negotiations” (Arutz Sheva 22.11.2009). Similar, the Jerusalem Post reported that Mubarak was blaming Israel for its “plans to “Judaize” Jerusalem, its excavations around al-Aksa Mosque and the confrontations with Palestinians were placing “new obstacles in the path to peace” (The Jerusalem Post 22.11.2009). The Jerusalem Post stressed that Mubarak called on Israel to exhibit awareness “of the regional situation … [and] the dangers of losing the opportunity for peace” (The Jerusalem Post 22.11.2009). As illustrated in the above examples, the papers are implicitly viewing Mubarak’s involvement as a supporter of Palestine and an obstacle to the peace process by criticizing Israel.

In the same vein, the sensitive issue of Jerusalem seems to be a trendy news topic. Jerusalem and its settlements have been controversial key points in the Israeli-Palestinian peace negotiations since Israel captured east Jerusalem in the 1967 war and annexed it to its territory without the Palestinian and international community recognizing that move (Chapman 2004). The Jerusalem Post’s report on Mubarak’ warning to Peres “that Israel would anger all Muslims if it does not resolve Jerusalem’s disputed status, emphasizing that the future of Jerusalem is an issue for the entire Islamic world” and that “we want an end to settlement in occupied lands, including east Jerusalem” (The Jerusalem Post 22.11.2009) puts an explicit stress on the increase of further obstacles if Jerusalem becomes subject to the peace negotiations. Arutz Sheva reported on Mubarak’s demand on the importance of “Eastern Jerusalem as part of a future Palestinian Authority state”. The paper further stressed that Mubarak “insisted” that “”Jerusalem is not only a Palestinian problem but it is an issue that concerns all Muslims around the world. If we don’t find a solution to Jerusalem … Israel will make enemies of all Muslims around the world(Arutz Sheva 22.11.2009).

Ynet expressed the same concerns about Jerusalem, quoting Prime Minister Salam Fayyad that “the goal is to finish the interim state that started 16 years ago, we want a Palestinian state with Jerusalem as its capital” with Jordan as the eastern border of the new Palestinian state. Further Ynet reported Fayyad’s warning to Israel of “enough wasting time. Your talks about partial and temporary solutions are not in line with our aspirations” (Ynet 22.11.2009). Knowing its role and importance, any inclusion of Jerusalem in the peace negotiation will mean further delay to the peace negotiations, but the papers clearly indicate that it is Palestine and its supporters that are making this claim and not the Israelis.

Exploiting Misunderstandings

Another major theme in the news coverage was identified by the Palestinian exploitation of misunderstandings, such as in the case of the housing building in the Jerusalem area of Gilo. In 2009 Israel announced the construction of 900 apartments in Gilo in east Jerusalem, insisting that east Jerusalem is part of Israel and rejecting efforts to restrict building there. Palestinians consider the Jewish neighbourhood of Gilo as settlements and refuse to accept further housing construction in the area. The decision to expand the settlement area on occupied land in Gilo has raised a chorus of Palestinian demands insisting that Israel should stop settlement activity in the disputed part of the city (MacAskill 2009). As a response, the Israeli Gilo residents “expressed anger over the … sentiments”, making them feel ”as if nothing was off the table; that at this rate, there’s going to be nothing left of the Land of Israel” (The Jerusalem Post 19.11.2009).

In all four newspapers, three aspects were revealed in connection to the Gilo event. First, Israeli media argued that the building development has been blown out of proportion internationally, a reaction that Palestinians were using to their benefit. For example, Ynet described Chancellor Angela Merkel’s criticism of the settlement plans for Gilo as “a sharper tone” towards the Israelis. Merkel was quoted saying that “settlement building in east Jerusalem is a major stumbling block on the road towards sustainable progress in the Middle East peace process” (Ynet 23.11.2009). Israel rejected this claim as a “misunderstanding” of being an obstacle to the peace process and emphasised that the building was only a response to the “natural growth of settler families”. Ynet reiterated that the global community as well as the Palestinian leadership accentuated the Gilo settlements in a negative tone, in order to reduce the objectivity of the project. The Jerusalem Post highlighted that “US President Barack Obama’s continued misreading and misunderstanding of the Israeli public is somewhat baffling … evident again in … the US objection to the … approval of a plan to build some 900 new units in Gilo …” (The Jerusalem Post 19.11.2009). The Jerusalem Post also stressed that the settlement construction had “been taken out of proportion” and Palestinians should instead focus less on settlements building and international reactions and more on Netahyanu’s economic development plans (The Jerusalem Post 19.11.2009).

Second, while the criticism about Gilo was been reported, a range of other articles scrutinized the issue of illegal Palestinian constructions without permits on Israeli territory. Arutz Sheva reported on “serious legal violations in the contraction of the Majdal Shams community at the foot of Mount Hermon in the Golan Heights” and regarded the Palestinian activities around Mount Hermon a “contempt for Israeli law and those charged with enforcing the law” (Arutz Sheva 22.11.2009). Reports looked at activities such as that the local nature was being destructed and irreversible damage to natural ecosystems was being caused, Israeli law was not considered, rapid pace of construction was noticed and heavy machinery were used. Arutz Sheva also reported on other illegal Palestinian outposts, which had raised a motion to be razed. The paper reported that these kind of illegalities “are just one detail in “a sad general picture of conscious and intentional non-enforcement against illegal construction by Palestinians in all of the ‘C’ areas in Judea and Samaria”. C areas are areas under Israeli administrative and security control, as defined by the Oslo accords” (Arutz Sheva 17.11.2009). The news reports about illegal Palestinian constructions have a tendency to demonstrate irresponsibility and arrogance from the Palestinian part, which lessens the criticism against Gilo constructions.

Third, while examining the sources that informed the Israelis about Palestinian reactions to the situation, these appeared to be ambiguous and never disclosed exact names or details about the sources. The sources from were rather ambiguous in comparison to their usual style of referencing, where details were provided. A common practice was for example to use imprecise sources to explain where the information had been taken from, such as “a Palestinian familiar with the talks”, “a senior Hamas official”, “a newspaper identified with Hamas” and “officials close to the talks” (Ynet 20.11.2009, Ynet 19.11.2009).

The articles were also inflicted with threatening references to the Gilo situation such as when Abbas stated that “his people may adopt a new type of struggle against the occupation” (Ynet 20.11.2009). Haaretz reported on how Fatah had made a strategic decision to declare a third Intifada against Israel due to the constructions, but emphasised that it was not to be an armed struggle, but based on peaceful demonstrations near the settlements. The paper warned that these pacific actions could win international sympathy for the Palestinians and cause embarrassment for the Israeli government. However the title of Haaretz’s article on this matter“Fatah officials warn of third Palestinian intifada” was well chosen to provoke negative reactions, connected to memories from previous Intifadas. Haaretz also illustrated the article with an image showing masked men standing before a wire and throwing stones (Haaretz 20.11.2009).

Terrorists

Perhaps the most negative image of the Palestinians emerged when progress in the negotiation talks about the release of the kidnapped Israeli soldier Gilad Shalit surfaced. Shalit was kidnapped in 2006 by Hamas members. The incident has since triggered a range of negotiations for his release. All four papers were either directly or indirectly referring to Palestinians as terrorists and criminals within this particular context, which, acknowledging Israeli history, must provoke a strong reaction. News reporting presented Palestinians in a manner that emphasized their role as aggressors, as a threat to the Israeli society and as terrorists. This representation was fuelled in part by the political and public belief that Palestinians not only disrupt order, but also represent opposition to Israel’s existence (Wolfsfeld 1997).

Arutz Sheva showed the most inclination in using the word terrorist in different variations. Almost every paragraph in articles related to the Shalit release included references to “jailed terrorists”, “Hamas terrorist”, “terrorists”, “Hamas murderers”, “allied terrorists” and “the security of the country”. The attack when Shalit was captured was also described as a “terrorist attack” and the Palestinian negotiators involved in the Shalit case were referred to as wanting “to destroy Israel” (Arutz Sheva 22.11.2009). Arutz Sheva was also critical about the secrecy of the Israeli government about the Shalit release, arguing for the need of a public debate and criticising the censorship which was imposed on journalists, leaving “the Israeli public and the press with the information that comes on from Hamas and from Arab media” (Arutz Sheva 23.11.2009). While referring to the Shalit release as a “serious dilemma”, the Jerusalem Post commented on the threat and unreasonable orders that Hamas was exposing Israel to, by demanding the release of ”hundreds of prisoners with a track record of terrorism … in exchange for Schalit” (The Jerusalem Post 23.11.09).

Both Arutz Sheva and the Jerusalem Post published articles exposing opinions about negotiating with Hamas for the Shalit release. The main observation raised was for Netanyahu not to compromise his own principles and sign the release of Palestinian prisoners for Shalit’s release. According to Arutz Sheva, releasing of prisoners was “a humiliating deal that not only makes you a laughing stock but also places on your shoulders the responsibility for the next wave of terror that is liable to be even worse than the previous one” (Arutz Sheva 22.11.2009). The Jerusalem Post followed the same narrative, using references to “encouragement to terror” and “not to take responsibility for the possible deaths of hundreds or thousands of Israelis” (The Jerusalem Post 23.11.2009), if the government would sign any agreement.

Haaretz on the other hand did not include a single link to terrorism in the articles related to the Shalit release. Instead of terrorists, Haaretz used words such as “abductors” or “Hamas murderers” and describing the many sacrifices Israel has done for the Shalit release. The paper discussed Israel as being prepared to release prisoners as demanded by Hamas and employed the image of Israel as the victim of unreasonable demands. Haaretz blamed Hamas in blocking an agreement because of “Israel’s refusal to accede to Hamas’ demand to release some of the most heinous Hamas murderers”. Haaretz also created a sense of an Israeli “us” group identity by making references to “we bring the soldier home” and “our obligation is” (Haaretz 22.11.2009).

Conclusions

The above study explored whether Israeli media representations of Palestinians differ from the way they are being portrayed during periods of war to peace periods. As mentioned, media representations constitute part of the resources which journalists deploy in relating to different actors. A media examination of Israeli newspapers reports during the Intifadas concluded that media lost its objectivity, its plurality of voices and its purpose, by being influenced and affected by political discourses. As it was noted, this is more noticeable during periods of tension, conflict and war. Palestinians often receive coverage in negative terms, revealed in binary oppositions such as us/them, good/bad, terrorist/victim. Israeli media have often been accused of allowing political interests to determine the course of news representation of their opponents, such as the Palestinians, an accusation the media have denied.

What has been suggested in this study is that examinations of reports from periods of conflict such as the Intifadas do not differ to the media reports during the peaceful periods examined. Conversely, the study noticed strong similarities between the reports during the two periods. For example, the connection between Palestinians and terrorism was used heavily during the Intifadas, not only in written form, but also through visual forms, such as images and televised media invariably used their channels to infiltrate distorted pictures of the Palestinian “enemy”. This was also identified in articles written during the examined periods, when less violent events were described, but the connection to terrorism was present.

Media reports raised many bridges between the Intifada representations and the non-violent periods. One of them focused on the Palestinians as unwilling to reach a peace agreement such as when portraying the withdrawal of Abbas from the candidacy of the presidential election as an act of Palestinian incapability of reaching peace and comparing it to the Peres visit to Mubarak to further discuss peace negotiations and making promises about not building new settlements. Another major theme in the news coverage was identified by the alleged Palestinian exploitation of misunderstandings, such as in the case of the housing building in the Jerusalem area of Gilo. Supporters of Palestinian causes, whether Arab states or non Middle Eastern actors, were also criticised for misunderstanding Israel. One noticeable aspect was also the stress on injury, harm and damage to Israeli citizens and objects caused by the Palestinians. This was especially visible when covering the story of a group of Palestinians celebrating the 20th anniversary of the collapse of the Berlin Wall and who toppled a partition of the so called security fence.

The study conducted demonstrated that Israeli media representations of the Palestinians do not alter due to war and peace, but are more likely to be affected by the political environment. The reports created persistent image of the Palestinians as a permanent terror threat and security risk to Israel’s survival and safety, while the Israelis were reported as being peace advocators, fair and just, fighting against the Palestinian threat. Much of these reports incorporated similar statements, which can be identified in current discourses made by the Israeli political leadership, official documents and even the everyday stereotypical image of what Palestinians mean to Israel. The media reports examined acknowledged distinctive discursive practices, which sought to confirm the image of a threatening Palestine, by exposing the Palestinians as a risk for security and safety, as peace preventers, absent, exploiters and terrorists.