La directora de Alma Reina Teatro recuerda su paso por la Escuela de Periodismo y reflexiona sobre su camino entre la comunicación, el teatro y la importancia de descentralizar la cultura.
Pamela Meneses es una figura clave en el panorama cultural de Antofagasta. Periodista egresada en 2002 de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Norte (UCN), actriz, dramaturga y directora, ha dedicado su vida a vincular las artes escénicas con la comunicación. Desde 1996 forma parte de la histórica Compañía de Teatro Pedro de la Barra de la Universidad de Antofagasta, participando en más de 25 montajes, y en 2010 asumió un nuevo desafío como directora y dramaturga en Balmaceda Arte Joven Antofagasta.
Su trayectoria se ha caracterizado por la búsqueda constante de descentralizar el acceso al arte y generar experiencias significativas en comunidades y territorios. Como directora de Alma Reina Teatro, ha consolidado un modelo de itinerancia que conversa directamente con las realidades locales, llevando el teatro a espacios educativos y poblados alejados, con el propósito de que las artes escénicas se conviertan en un puente de identidad y pertenencia.
La formación periodística recibida en la UCN se convirtió en un pilar fundamental en su carrera, permitiéndole comunicar y autogestionar proyectos artísticos con una mirada crítica y reflexiva. En sus palabras, el periodismo nunca la alejó del arte, sino que le entregó herramientas para potenciarlo, convirtiéndose en una base sólida que se refleja en su labor como directora y formadora de nuevas generaciones.
Hoy vuelve a su alma mater presentando la obra “María Elena: un siglo de amor a la pampa salitrera”, en el marco de los 70 años de la institución.
¿Qué recuerdos guardas de tu paso por la Escuela de Periodismo?
Los mejores. Fue una etapa de gran crecimiento personal, en la que descubrí a grandes personas y tuve una apertura hacia un mundo más allá de lo tradicional. Estudiar me resultaba complejo, porque ya trabajaba en teatro, y recuerdo lo demandante que era compatibilizar ambas cosas, pero lo logré. Pasar por la carrera fue, sin duda, un impulso en todo lo comunicacional que me acompaña hasta hoy; el manejo de estas herramientas me permitió descubrir que tenía habilidades para ello.
En ese sentido ¿cuáles fueron las herramientas más valiosas que adquiriste durante tu formación y cómo sientes que te formaron como profesional?
En un principio me di cuenta de que las herramientas de comunicación, especialmente en radio, fueron un gran aporte para mí. Me encantó el mundo de la radio. Fui ayudante y sentía que era un ámbito maravilloso por explorar. Sin embargo, hoy rescato que todos los ramos de Periodismo, en particular los géneros interpretativo y de opinión, me sirvieron un montón. Aprendí a desarrollar un pensamiento crítico al redactar.
Mencionabas que ya trabajabas en teatro al cursar la carrera y que era complejo llevar ambas cosas. ¿Cómo recuerdas esa rutina para cumplir con las exigencias de la Escuela y las artes escénicas al mismo tiempo?»
De hecho mi primera opción fue estudiar teatro, no pude por temas económicos irme a Santiago, sin embargo, también estaba esta opción que me parecía muy interesante. Cuando entré a la carrera ya era parte de la compañía de teatro de la Universidad de Antofagasta, y trabajaba en un montaje muy popular en esos tiempos (La Reina Isabel Cantaba Rancheras).
Tras egresar, ¿cómo fue tu inserción en el mundo laboral? Siempre has tenido un rol como docente, pero ¿en qué momento y cómo se da esa transición hacía el teatro?
Estuve un tiempo en Radio Sol y posteriormente trabajé en distintas áreas vinculadas a la educación. Más tarde fui a Santiago para estudiar teatro de manera profesional, y luego me integré al ámbito de la Educación Artística como periodista, participando en proyectos educativos y de contenido artístico. Nunca dejé de hacer teatro. Con el tiempo, desarrollé técnicas de formación dirigidas a profesionales y estudiantes, en las que combinaba el teatro con el área de las comunicaciones, elaborando mis propias metodologías. Estas me han permitido construir una trayectoria formativa para profesionales y estudiantes en diversas áreas.
En ese mismo aspecto ¿cómo viviste ese cambio de enfoque en las comunicaciones?
Creo que nunca cambié totalmente el enfoque, de hecho, Periodismo es una de las mejores carreras para mezclarse con lo artístico, nunca he cambiado mi enfoque. Cuando fui a estudiar Teatro, haber pasado por la carrera me sirvió un montón, fue todo más rápido en todo sentido, desde la madurez, hasta la realización de trabajos teóricos.
En la actualidad participaste en la obra “María Elena: un siglo de amor a la pampa salitrera”, presentada en el marco de los 70 años de la UCN, en ese contexto ¿en qué proyectos estás involucrada actualmente?
Acabo de finalizar esta obra, que requirió un intenso trabajo de investigación para la elaboración del texto y el desafío de resumir cerca de cien años de historia de María Elena. En ese sentido, siempre soy “un poco periodista” al momento de crear obras, pues hay mucho de investigación, entrevistas, lecturas y de indagar en las personas para construir. Actualmente estoy procurando que este trabajo y el de ‘La Contadora’ tengan rodaje, ya que fueron montajes que implicaron una inversión de tiempo significativa y, de alguna manera, siento que deben darse a conocer por lo que representan para el territorio, la identidad y la pertenencia, además de retratar parte de la historia del Norte Grande. A futuro, la Compañía proyecta realizar una adaptación del clásico de ‘Electra y Efigenia’ y, por otro lado, una obra que aborda el estancamiento en la vida (‘La Hambur-guesía’).
Como directora de Alma Reina Teatro, con proyectos que buscan hacer llegar las artes escénicas a colegios, ¿de qué manera tu mirada periodística influye en la forma de dirigir o enfocar estos proyectos?
Siempre, al momento de elegir los establecimientos, las localidades u otros espacios, existe una mirada de investigación. Los seleccionamos porque sentimos que son lugares que requieren generar esta sinergia entre el arte y el aprendizaje. Es fundamental que los establecimientos más alejados tengan la oportunidad de presenciar obras en términos simples, pero también de vivir una experiencia significativa que, en el fondo, es mutua. Para mí resulta muy importante dar a conocer de alguna manera la realidad de estos poblados, y al mismo tiempo impregnarse de la sencillez con que ellos viven y disfrutan del teatro. Eso es, sin duda, enriquecedor. Incluso, esta experiencia podría en algún momento transformarse en un reportaje, en parte de la biografía de la compañía.
¿Sientes que el hecho de ser comunicadora da una ventaja a la hora de difundir y autogestionar tu trabajo?
Absolutamente, en todo sentido. En el ámbito de comunicar mis proyectos, de encauzarlos, gestionarlos y producirlos. Sobre todo al autogestionarlos. Existe una línea que va de la mano con la formación que recibí en la Escuela de Periodismo.
¿Qué le dirías a un/a estudiante de nuestra Escuela que ama el arte, pero quizás teme que el periodismo le aleje de ese camino?
Si sienten que el camino periodístico que elegirán está ligado al arte, lo primero es ¡vayan a ver arte! Sean cuidadosos. Opinen con conciencia. No se limiten a ver algo de vez en cuando, véanlo todo. Si a uno le gusta el arte, siempre va elegir caminos vinculados de alguna forma a lo artístico. Son proyectos, no solamente trabajos. Porque los trabajos se buscan y se encuentran, pero lo artístico es una decisión de naturaleza humana más profunda, es un proyecto de vida. El periodismo no los alejará del arte; ambos pueden combinarse plenamente. El arte no se aleja de nosotros, uno se aleja de éste.
Para cerrar, ¿cuál es el principal mensaje o consejo que te gustaría dejarle a los y las futuras periodistas?
Es difícil aconsejar, pero es necesario: el poder siempre corrompe, la ideología a veces nubla la razón. El deber es con la gente y, aunque la objetividad no existe ni tampoco la verdad absoluta, sí existen los hechos, las vivencias y las experiencias. Hay que procurar convivir de manera más profunda con las realidades que habitamos; no podemos hablar superficialmente sin conocer lo que ocurre en verdad. Es imprescindible acudir a todas las fuentes, a todas, y ser defensores de la verdad. No deben sentirse superiores, porque no lo son. Un micrófono, una cámara o la escritura poseen un gran poder, pero hay que saber utilizarlo. Se requiere más empatía, menos pequeños mundos, abrir la mente, viajar y vivirlo todo.
