El reportero como una especie en extinción

1. Introducción

Resulta curioso que una figura tan inspiradora para los profesionales jóvenes y tan paradigmática para la historia del periodismo se esté apagando en el corazón de los medios, cediendo ante sus exigentes procesos industriales y optando por otras alternativas en el restringido mercado laboral.

De constituir el perfil ideal del ciudadano de una sociedad, dinámico e influyente a nivel político, ha pasado a ser el símbolo de la indignidad laboral y la explotación. Un fastidioso punto de paso en el escalafón profesional y un indeseable sueño en la mente de todo periodista con trayectoria o con cierto grado de ambición.

Al parecer, es muy conveniente usar al reportero para vender al periodismo como actividad, porque cuando se habla de él se hace referencia a un correcto dominio del idioma, a aventuras incontables, a lo inesperado, a mundos nuevos y experiencias que desbordan los sentidos.

Esta crisis es algo de nuestro tiempo, propio del periodismo moderno-contemporáneo, pues el “reportero” ha ido perdiendo las atribuciones que en un momento le permitieron tener una delimitación suficientemente específica y diferenciada de otras especializaciones o tareas desempeñadas por los profesionales del periodismo (Picard, 2009: 3).

¿Qué atribuciones ha perdido el reportero? Para resumir la trayectoria histórica de este sujeto profesional podemos señalar que su recorrido ha ido de la posesión absoluta del conocimiento que transmite –y por tanto de la verdad de lo que cuenta y cómo lo cuenta–, hasta el desconocimiento íntegro de las realidades que pretende transmitir, involucionando en el tiempo hasta convertirse en un recadero (Picard, 2009: 2).

En efecto, la posesión absoluta del conocimiento que pretende transmitir es su característica esencial, incluso desde el punto de vista etimológico. Su mismo nombre indica que debería ser una persona que sabe mucho sobre lo que nos narra. Reportero significa en sí mismo alguien que tiene que transmitir algo, trasladar un conocimiento de un lugar a otro, una persona dinámica que debe transformar la realidad.

En concreto, el término reportero es un compuesto por prefijación[1] del verbo transitivo reportar, registrado dentro del diccionario de Corominas –punto de referencia clave en etimologías castellanas– por su raíz latina portar[2]. Etimológicamente, reportar está constituido de una raíz: ‘portar’ (traer o llevar); y un prefijo: ‘re’ (volver a…).

Según Cuervo (1994: 176) los primeros usos de este término dan cuenta de un uso metafórico, en el sentido de traer y llevar una realidad, material o inmaterial, de un punto a otro del espacio. Este sentido de movilidad real o intelectual ha persistido desde su asimilación al inglés, en el siglo XIV[3], hasta su asimilación al castellano en el siglo XVII.

La historia latina de la actividad reporteril, de traer y llevar noticias, comerciando con ellas, ya se había forjado un sitio dentro de la civilización romana con los “subostrani” profesionales del rumor que vivieron de enterarse de las “últimas noticias” y de vender esa información[4]. Esta labor tuvo su continuidad en la Edad Media con los “menanti”, o los mercaderes de noticias, en el sentido comercial más puro del término (Núñez, 1999: 16).

Más adelante, en el idioma anglosajón, el vocablo reportero, conservó este sentido metafórico de traer o llevar aunque con dos usos distintos. El primero, más usado en el ámbito judicial, denominaba a las personas que se encargaban de redactar sentencias y procesos judiciales dentro de las cortes, además de decretos legislativos. Con el segundo, se aludía a las personas encargadas de dar las noticias.

De las cortes a los periódicos, el préstamo del término fue motivado por la creciente influencia política de la información, en el siglo XIV. Algunos estudios prueban que en los primeros parlamentos se encontró gente dedicada también a actividades periodísticas con la finalidad de acrecentar su popularidad o de conseguir mayor impacto en su carrera política[5].

De hecho, una época donde los reporteros tuvieron mucha responsabilidad sobre el contenido que divulgaban fue la Ilustración, cuyas revoluciones resultaron ser una consecuencia de este conocimiento difundido a través de distintos tipos de publicaciones periódicas. Hay estudios que prueban que destacados revolucionarios fueron también periodistas-reporteros. Otros ponen de manifiesto cómo de una realidad rica en detalles transmitida a un pueblo, se construyeron naciones, se mostraron posibilidades y se desataron nuevas revoluciones[6]. Estos hechos prueban que el conocimiento del reportero proporcionaba no sólo atribuciones noticiosas sino también una creciente influencia política en el espacio público. En concreto las principales atribuciones de un buen reportero fueron: a) acceso directo a las fuentes de información, b) adjudicación del significado de esa información y c) transmisión efectiva de las noticias (Picard, 2009: 3).

Pero entonces, ¿qué transformaciones han convertido hoy al reportero en un perfil en peligro de extinción? Desde mi punto de vista, 4 transformaciones clave le han empujado al borde del abismo profesional[7]:

1. La experiencia no basta para informar de la realidad

El reportero administra un saber público social[8]. Este saber social se organiza en grados. Tal y como se concibió su perfil profesional en un principio, el reportero se ubicó en el inicio del proceso informativo. Este redactor de calle tenía el cometido de ser para el público lo que los sentidos externos son para las personas: un primer punto de contacto con la realidad. Éste ha sido su constitutivo esencial durante muchos años. Y esto hubiera bastado para dotarle de un alto nivel de exigencia profesional si la cercanía física con el objeto de estudio siguiera garantizando un mejor conocimiento de los asuntos públicos. Sin embargo, esto ya no es así. Tal y como están planteadas las dinámicas de comunicación entre las instituciones y los medios de información, los reporteros son los últimos en enterarse de los asuntos. Les falta contacto directo con los acontecimientos. Debido a que las fuentes han evolucionado de una conducta pasiva a otra activa, los directivos y mandos medios de la empresa son los que ahora tienen un primer conocimiento de la realidad y, a partir de él, organizan una cobertura informativa en la que el reportero es un mero confirmador o parte de un montaje mediático (Ristow, 2010: 10). Un informe reciente del Center for International Media Assistancedenuncia que muchos medios y periodistas llegan a aceptar pagos a cambio de publicar información favorable o que no perjudicase a sus socios (Ristow, 2010: 4).

Por esta razón, por las características de su trabajo y por sus particulares condiciones físicas[9] y laborales[10], el reportero no debería asumir que sólo con su labor va a conseguir llegar al fondo de la intencionalidad de los asuntos importantes con la celeridad y exactitud que exige el medio para el que trabaja. Asumir esta limitación del tipo de experiencia[11] al que tiene acceso es parte de una primera salida a este problema.

Antiguamente, a los reporteros les bastaba con estar en la calle para enterarse de los acontecimientos de modo directo, instantáneo y concreto, al más puro estilo empirista de la definición de la experiencia. Hoy eso no puede ocurrir, pues, como se ha detallado, lo que hay es un doble empuje hacia la actividad reporteril por parte de sus fuentes y los directivos de la organización periodística.

Si a esto añadimos que los reporteros llegan al lugar de los hechos una vez que éstos ya se han producido, las dificultades se multiplican. Es frecuente observar también que el reportero llega “a tiempo”, pero generalmente esto es un acto de conocimiento mediado de antemano por los gabinetes de comunicación, o por fuentes con intenciones ajenas.

2. Sus fuentes ahora son más activas

Además, tanto la empresa privada como las instituciones públicas e incluso la sociedad civil organizada han cultivado de modo sistemático los mismos procedimientos noticiosos que se utilizan dentro de una redacción. Este contagio de criterios y técnicas se ha producido por dos vías:

a) a través de las distintas agencias de noticias, cuyos estilos y manuales se han difundido por todo el mundo; y

b) mediante el hábito, bastante recurrente en las organizaciones, de contratar a periodistas en ejercicio para sus distintas secretarías de prensa o para desarrollar el área de relaciones públicas.

Por otro lado, si los contratados como secretarios de prensa o encargados de relaciones públicas son periodistas empíricos o licenciados, el grueso de su trabajo girará en torno a aquella práctica con la que estaban más familiarizados desde siempre: la fabricación de noticias. Incluso algunos de estos profesionales todavía son evaluados en función al número de noticias que publican en los diarios.

Debido a estas dos prácticas, la mayor parte de las informaciones que se producen en estas instancias se publican en los medios (Diezhandino y Carrera, 2008: 59-62), no sólo porque se trata de informaciones de interés, que podría ser el caso, sino también porque están elaboradas con los mismos criterios industriales de producción informativa y abrevian esfuerzo. En este sentido, podría afirmarse que este contagio ha fortalecido un control asolapado de la prensa. Este control consiste en que la información producida en estas instancias se publica en los medios simplemente porque “se adapta mejor a las demandas de las empresas informativas”.

En efecto, el surgimiento de las relaciones públicas jugó un gran papel en la determinación de los procedimientos para hacer más sistemático el enlace entre la prensa y otras instituciones. Durante los inicios del siglo XX, señala Michael Schudson (1978), los periódicos fomentaban los esfuerzos de relaciones públicas, mediante el empleo de folletos gratuitos y copias de discursos proporcionados por los agentes de prensa, aun cuando los menospreciaban aquellos que los recibían. En términos generales, Martín y Singletary (1981) encontraron que casi el 20% de los comunicados de prensa se utilizaban textualmente (más por los periódicos de escasos recursos que no contaban con circulación diaria). El surgimiento de los comunicados y de las conferencias de prensa redujo la habilidad de los reporteros para obtener noticias sensacionales, exclusivas y notas confidenciales. Al mismo tiempo, unos y otras hicieron a los periodistas más fácilmente manipulables, debido a su dependencia del flujo informativo de carácter noticioso generado por el área de relaciones públicas (Shoemaker y Reese, 1991: 128).

La consecuencia directa es que los profesionales del periodismo se han hecho “adictos” a este tipo de informaciones procedentes de fuentes interesadas[12], confirmando a los gabinetes de comunicación como centros de influencia amistosa o administradores de privilegios (Blanco, 2004: 106). Esta práctica vuelve borrosos los límites de esta relación de conveniencia.

“Los periodistas suelen tener dificultades al valorar la credibilidad de sus fuentes. Aquéllas con las que mantienen frecuentes contactos pueden ser valoradas a lo largo del tiempo y ésta es otra razón por la que los periodistas prefieren las fuentes estables. Cuando no pueden conocer sus fuentes y sólo pueden basarse por tanto en sensaciones utilizan otros indicadores. Fuentes que colaboran con los periodistas y los tratan cordialmente es probable que sean más utilizadas que otras; además los periodistas aplican profesionalmente los mismos criterios que los individuos utilizan en la vida cotidiana, atribuyendo mayor fiabilidad a las personas parecidas a ellos” (Gans, 1980: 130).

Si aceptamos la imagen de Gans según la cual esta relación entre fuentes y periodistas se parece a una danza entre unos que intentan acceder a los periodistas y los otros que quieren acceder a las fuentes (Ramírez, 1995: 116), se puede afirmar que la danza muchas veces es dirigida por las fuentes (Wolf, 1987: 255-256).

Siguiendo a Gans (1980: 130), cada fuente que intenta influir en los periodistas es evaluada en función a cuatro criterios:

a) los incentivos o cantidad de exclusivas que pueda suministrar a los reporteros;

b) el poder de convocatoria con los medios más importantes del país;

c) su capacidad de suministrar informaciones fiables; y

d) la proximidad social y geográfica respecto a los periodistas.

Una fuente que cumple con todos estos requisitos es llamada también ‘fuente legitimada’ y, a partir de entonces, sólo será noticia aquello que se produzca dentro de esta estructura que configuran entre los reporteros y sus fuentes (Blanco, 2004: 118).

Así, cada material producido por los gabinetes de prensa y publicado casi intacto por los reporteros y sus medios posee tres cualidades:

a) se adapta perfectamente a los procesos industriales de producción informativa establecidos por las empresas. Es decir, son noticias breves, escritas muchas veces siguiendo las mismas técnicas de escritura de una redacción;

b) es un material rara vez conflictivo con la empresa informativa para la cual trabaja el periodista, y;

c) su publicación le permite al reportero cultivar su relación con la fuente, garantizando su rango de productividad en el medio: al menor atisbo de sequía informativa, siempre quedará un gabinete de prensa amigo para llenar las páginas (Randall, 1999 v.o. 1996: 86).

Ni siquiera el periodismo de investigación, tan apreciado por los periodistas, ha resistido a la tentación de comodidad que ofrecen estas iniciativas. En este sentido, Dader recuerda que, incluso en muchos de los más afamados casos de periodismo de investigación, la iniciativa vino del lado de un “garganta profunda” o fuente interesada en denunciar los hechos escandalosos y hacerlos de dominio público (Dader, 1997: 26).

Por eso, algunos autores, en su análisis de este problema, postulan la necesidad de estudiar con mayor detalle cómo se construye la agenda de los medios. Bajo el nombre de Agenda Building, López-Escobar (1988: 519-530) invitó a considerar este problema, como un traspaso de temas, aunque debido al  desarrollo de las mismas técnicas de relaciones públicas habría que hablar también de un contagio de valoraciones y formas de construcción de la noticia.

Entre los profesionales del periodismo, el sector más vulnerable para este trasvase de agendas y enfoques es el de los becarios, los recién ingresados en las empresas o los neófitos del periodismo, que no siempre tienen una postura tomada ante alguno de los problemas sociales más importantes. Se trata de una figura que empieza a abundar en las redacciones de los medios tradicionales y que cada vez trabaja en situaciones más precarias (Sindicato de Periodistas de Madrid, 2010). El anhelo que tienen estos profesionales por satisfacer las expectativas de rendimiento que fijan las empresas encuentra un excelente refugio en la información producida por estas instituciones.

A su vez, el trabajo de estos gabinetes de prensa abrevia la necesidad de preparación y de formación que necesita tener un profesional para abordar los diversos temas, con lo que se refuerza la ilusión de que los periodistas pueden informar de todo, abordar todos los temas posibles y satisfacer todas las necesidades. La conclusión más rápida es la de que cualquiera puede ejercer de periodista[13].

3.  Su conocimiento del público sigue siendo intuitivo

Preocupados por no perder de vista las noticias que podrían brindar los políticos, sus instituciones y su forma de funcionamiento, los profesionales del periodismo se han acercado a esa zona de gran poder de la esfera pública y han abandonado a su público. Acercados por interés y deseo de vigilancia, muchos profesionales han terminado por sucumbir a la nueva dictadura de las agencias de noticias y los gabinetes de comunicación de los políticos o, en último término, su editor de turno. En este proceso, los profesionales han olvidado el motivo de ese funcionamiento y han preferido mantener un conocimiento intuitivo del público (Pérez-Herrero, 2000: 225).

Al parecer, la mayoría de profesionales suple esta ignorancia con los años de ejercicio y con los contactos cotidianos que le es posible mantener (Golding y Elliot, 1979; 112). Y no es que estos profesionales de la comunicación carezcan de datos sobre quién es su público y cómo se comporta, sino que, por lo visto, la forma que utilizan para enterarse aún no se encuentra del todo sistematizada y muchos se quedan sólo en el análisis porcentual-estadístico que les alcanzan los departamentos de marketing, pensando que es suficiente.

Lo cierto es que el público continúa siendo un desconocido para el reportero. Lo que normalmente ocurre es que, por lo menos en un inicio, el periodista echa mano de su interior para elegir algunos —sino muchos— de los criterios con los que realizará su trabajo. Un factor determinante en la configuración de la cultura profesional son las relaciones endogámicas que se establecen (Ortega, 2000: 110), lo que Piqué ha denominado “autorreferenciarse en exceso”, con lo cual el perfil profesional y sus posibilidades de enriquecimiento quedan constreñidos a un círculo envolvente que se aleja de su finalidad[14].

4. La tecnología ya no es un complemento a su labor

Mi afirmación tiene sus orígenes en un acertado diagnóstico que escuché por primera vez a los especialistas Orihuela, Martínez-Costa y Salaverría (2000). Lo expresado es, con mayor precisión, una consecuencia del fenómeno de convergencia tecnológica y de la aparición del soporte hipertexto, que erosiona las barreras establecidas con el resto de soportes tradicionales. Como bien afirma Guillermo Franco “Internet ha estremecido los cimientos económicos de los medios tradicionales, pero además –en esencia– ha abierto a la sociedad, en general, y a los periodistas, en particular, nuevas posibilidades y formas de contar historias. De paso, ha roto el paradigma de la comunicación unidireccional de ‘nosotros hablamos, ustedes escuchan’. Pero esas nuevas formas de contenido requieren el desarrollo de nuevas habilidades” (Franco, 2008 v.o. 2007: 3-6).

La aparición de los sistemas de etiquetado social como delicious, agregadores rss como feedburner, robots de noticias como Google News, además de una serie interfaces para votar por las noticias o valorarlas en comunidad virtual como Digg o Menéame constituye un avance imparable dentro de los medios, que tienden a dar un mayor protagonismo al público a la hora de tratar y elaborar cada información. Todo esto trastoca el tradicional dictado vertical de lo que es o no relevante para el público.

La posibilidad de combinar texto, audio, video y animación digital, además de abrir las puertas para una mayor intervención del público en el formato de sus contenidos, deja –momentáneamente– sin sustento las posibilidades de un reportero univalente (sólo imágenes, sólo fotos, sólo texto, sólo animación), y lo enfrenta a la necesidad de ser polivalente.

La polivalencia se entiende como la necesidad de manejar todas las plataformas digitales con la misma destreza que maneja el soporte escrito. Ésta viene siendo una exigencia reciente para los periodistas de hoy y se manifiesta con especial énfasis para el caso de los reporteros (Boyd, Stewart y Alexander 2008: 280). La polivalencia, además de plantear un cruce de soportes, empieza a exigir un criterio para su mixtura. Una de las preguntas que se formulan sobre el soporte es si cada uno de los hechos de la realidad tiene un soporte natural para ser transmitido con mayor precisión, para una decodificación más rápida y exacta de los hechos.

El segundo planteamiento erosionado es la fugacidad del tiempo al que está sometido el tratamiento de la información: la hora de cierre para la noticia ha sido reemplazada por una apertura infinita hacia la posibilidad de su perfeccionamiento, así como de una posibilidad de lectura y presentación del material atemporal. El adelanto en la carrera contra el tiempo, no obstante, sigue dependiendo de la postura que adopten los profesionales respecto a ella: este tiempo será un tiempo para perfeccionamiento del material o un tiempo para incrementar la cantidad de información. Esta opción pasa indefectiblemente por la posibilidad de corregir los errores de la prensa con mayor celeridad e igual dimensión (Orihuela, Martínez-Costa, y Salaverría, 2000).

Las rutinas productivas tradicionales también sufren un duro cuestionamiento respecto a la necesidad de la presencia física en el trabajo por parte de los reporteros. Desaparece el eterno peregrinaje de regreso a las salas de redacción. Esto, a su vez, potencia algo que no ha sido convenientemente reforzado por las empresas de comunicación pero que es real: la posibilidad de discusión del material que se incluirá en las publicaciones, lo que apunta a la necesidad de una mayor capacidad de discusión en los propios reporteros e invoca toda su habilidad negociadora en las labores de planificación. Sin embargo, muchos profesionales aún no se encuentran preparados[15], ni acostumbrados para esta materia.

El suministro de informaciones crece y la demanda se hace también más específica (news on demand). Según un estudio de McKinsey Company (Dua y Segel, 2007: 5), este nuevo contexto tecnológico ofrece a los medios tradicionales la oportunidad de trabajar con mercados de nicho y satisfacer un nuevo tipo de consumidor de información que han denominado “cínicos digitales”, en su mayoría disconformes con los servicios tradicionales de los medios por Internet y abiertos a nuevos planteamientos de consumo informativo.

Esto refuerza la demanda social de un reportero que haga las veces de seleccionador, planificador y negociador, pues tendrá que acostumbrarse a una mayor vigilancia por parte de su audiencia y a la correspondiente competencia que podría plantear la relación directa de ésta con los jefes por el e-mail (Dua y Segel, 2007).

Frente a la progresión geométrica de este tipo de innovaciones en los procedimientos de elaboración de la noticia, la adaptación de los profesionales avanza en progresión aritmética (Orihuela, 2011), dejando así sin sustento la posibilidad de un aprovechamiento más cabal de las capacidades del soporte. Si a lo descrito se suma la inestable implantación de esta tecnología así como el desconocimiento con respecto a muchos de sus aplicaciones por parte de los mismos emisores y receptores, entonces, se advierte que es necesario que los reporteros cuenten con más tiempo para definir, con los directivos de la empresa, determinados mecanismos de relación con su público que les permitan perfeccionar los parámetros de valoración y selección de noticias. Los nuevos parámetros deben privilegiar un diálogo “pointcasting” o punto-punto que refuerza el impacto de la comunicación, permitiendo una personalización de la información en gran escala.

La realidad es que el ingente volumen, la clara tendenciosidad y la calidad variable de todos estos mensajes –de las empresas, los grupos de interés, los partidos políticos, los benefactores de la humanidad y los exhibicionistas, etc.–, convierten a Internet en un medio donde todo el mundo grita a la vez. Este bombardeo propagandístico (y el más intenso procede de las empresas sofisticadas con expertos en imagen y en relaciones públicas) es una razón a favor de que se promocione el periodismo y no de que se restrinja (Randall, 1999 v.o. 1996: 253).

A modo de conclusión

Algunos de los cambios que he detallado acaban de cumplir 30 años de antigüedad. Aun no se ha conseguido atinar con una solución que articule las necesidades de la industria con lo proporcionado con los centros de formación, de modo que sigue siendo un tema pendiente.

Todavía se está a tiempo de asumir el problema. Su solución no será un bien que favorezca únicamente a un colectivo profesional renegado, sino un logro que podría devolver a la sociedad un ingrediente de perfeccionamiento. Los simpatizantes de la democracia sostienen que la sociedad necesita de periodistas, pero no de cualquier profesional con título, sino de verdaderos trabajadores convencidos de su labor y expertos en su gestión (Orihuela, 2011b).

La principal salida para recuperar este perfil amenazado es tener claro que se trata de preservar a estos sujetos como profesionales con propuesta, autónomos en su ejercicio y preocupados sinceramente por el bien comunitario (Orihuela, 2011b). Con ideas claras y dispuestos a discutir para encontrar salidas. Esto que se dice en cuatro líneas sigue siendo todavía el cielo del reportero. Habría que empezar a trabajar para que deje de serlo.

Periodismo y cuarto poder en el cine

0. Introducción

El cine parte de una ilusión óptica. Una secuencia de imágenes fijas proyectadas en rápida sucesión engaña al ojo del espectador y parece adquirir movimiento reproduciendo un momento previamente grabado y elaborado.

Pero la ilusión más elaborada no se encuentra en el medio sino en el contenido. La gran mayoría de las obras cinematográficas muestran historias ficticias; cuentos inventados que, aunque muchas veces pretenden representar un hecho de forma realista, no son más  que historias inventadas para deleite del espectador. Sin embargo, no fue así como empezó la historia del cine. De hecho, las primeras proyecciones de los hermanos Lumière pueden ser consideradas como los primeros documentales cinematográficos. La secuencia de la Salida de los obreros de la fábrica (La sortie des usines, 1895) o la Llegada del tren a la estación de Ciotat (Ateliers de La Ciotat, 1895), entre otros, presentan acciones reales propias del documental mucho antes de que se llegaran a identificar y clasificar los géneros en el cine.

Pero aquel invento revolucionario podía hacer algo más que presentar la realidad tal y como la percibiría cualquier persona que esperara la llegada de un tren en una estación o que estuviera frente a las puertas de una fábrica en el cambio de turno de los trabajadores. Aunque el efectismo logrado con la secuencia de la llegada del tren se estaba ofreciendo una evidente perspectiva elaborada de un hecho real, el cine aún no había llegado a encontrar su verdadero potencial. Aquel medio que permitía recrear una realidad grabada podía también recrear una ficción presentándola como algo real. Fue precisamente un ilusionista, Georges Méliès, quien, un año más tarde, vio claramente las verdaderas posibilidades de aquel invento aplicando sus números de ilusionista al nuevo medio. Con él, el cine adquirió identidad propia al dejar de depender de la realidad, pudiendo crear sus propias realidades alternativas o bien adaptándolas de otras fuentes. Gracias a Méliès el cine mostró al espectador la llegada del hombre a la luna en (Viaje a la Luna Le voyage dans la Lune, 1902) tal y como lo imaginó Julio Verne o fantaseó con un viaje absolutamente irreal en Las aventuras del barón Munchhausen (Les aventures de baron Munchhausen, 1911), adaptando la obra de G. A. Bürger.

Hoy día nadie duda de que el cine es una “fábrica de sueños”, tal y como se suele definir a Hollywood. Pero al igual que los sueños tienden a tener algo de real, el cine, a través de la proyección de historias ficticias, crea una realidad tangible. El cine es un espectáculo de masas que arrastra a millones[1] de espectadores a las salas de proyección para pasar más tarde a los videoclubs y la televisión. Se trata, sin duda, de un medio de comunicación extremadamente difundido y posee una profundidad muchas veces desestimada. Como medio de comunicación de masas, está destinado a satisfacer a un público mucho más extenso y heterogéneo que el de cualquier otro medio. El público del cine –sobre todo el de Hollywood- es, con diferencia, el más amplio y ambiguo que existe. Por lo tanto, ¿qué tipo de historias pueden llegar y tener éxito entre los espectadores de todo el mundo?

Parten siempre de una historia ficticia –aun cuando están basados en hechos reales-, y actúan como filtros; como tamices de los que destila una realidad simplificada, fácilmente identificable y universal. Sus historias son acontecimientos excepcionales, forzados y exagerados que penetran fácilmente en un público homogéneo y globalizado ofreciendo soluciones fáciles a historias sencillas. Cuentos conocidos y repetitivos que, aunque ficticios, están basados en principios realistas.

La figura del periodista siempre ha sido un excelente recurso narrativo para el cine. La profesión periodística ofrece un magnífico punto de partida para desentrañar un misterio, informar sobre un acontecimiento o proponer un dilema moral al espectador. Parece ajustarse perfectamente a la papel de testigo de guerras y conflictos armados lejanos, detective del pueblo, buscador de verdades ocultas o simple narrador de acontecimientos remarcables. De esta forma el cine muestra la profesión periodística  a la sociedad. El público conoce más a Charles Foster Kane –Orson Welles- (Ciudadano Kane, 1941) que a William Randolph Hearst. La labor del periodista llega a los espectadores todos los días a través de los medios de comunicación, pero es muy posible que para el público la figura del periodista esté más arraigada en Lou Grant –interpretado por Edward Asner- (Lou Grant, 1977-1982) o Luis Sanz –José Coronado-  (Periodistas, 1998-2002) que en quienes diariamente elaboran los periódicos, los informativos de radio y televisión… E Internet.

Pero en lo que a nosotros concierne pretendemos analizar la figura del cuarto poder. Un rasgo del mundo periodístico muy arraigado en la opinión pública que suscita no pocas controversias en cuanto a su efectividad, vigencia e incluso en cuanto a su existencia real (Hernando, 2002:43-62).

1. Teorías del cuarto poder

Tradicionalmente la imagen del cuarto poder es entendida como una medida de control que los medios de comunicación periodísticos ejercen sobre los clásicos tres poderes -sobre todo ante el poder ejecutivo-. Esta idea romántica de la labor periodística, acuñada por el periodista e historiador británico Thomas B. Macaulay (Briggs y Burkle, 2002: 217) en la primera mitad del S. XIX, parece ser muy frecuente en el mundo del cine, donde los profesionales de la información tienden a ser estereotipados como héroes o villanos. Pero las teorías de la prensa y el cuarto poder son mucho más complejas.

La teoría clásica de los medios de comunicación como mediadores entre el poder y la sociedad nace con la democracia representativa de mediados del S. XVIII en Inglaterra. Hasta entonces la prensa, su libertad y la opinión pública estaba controlada y limitada por el poder estatal, pero esta situación cambió cuando sus lectores –la burguesía- logran el poder suficiente como para alterar esta relación. Nace así la democracia parlamentaria y se le concede a la prensa el privilegio de actuar como mediador y controlador ante el gobierno, y ésta se convierte “por primera vez y de un modo propio en el órgano crítico de un público políticamente racional […] se convierte en el cuarto poder” (Habermas, 1986:97). El liberalismo democrático necesitaba de las funciones mediadoras de la prensa para poder ser efectivo[2]. En resumidas cuentas, fue el poder político representado por la clase burguesa –no la sociedad- quien cedió la libertad de prensa a los medios de comunicación. Semejante cesión no era, sin embargo, tan altruista como puede pensarse. Los medios se convertían en una forma de acercamiento al estamento parlamentario como vía de comunicación entre el poder político y un sector específico de la sociedad: el público lector, no la sociedad.

Sin embargo, con la ilustración y la alfabetización cada vez más estratos sociales se convierten el lectores y, por lo tanto, en clientes de la prensa y de los partidos políticos. Aparece así, durante el S. XIX, una forma de periodismo en la que la responsabilidad social adquirida para satisfacer a un sector social determinado va diluyéndose a medida que la demanda de sus nuevos lectores se va haciendo más “populista”. “Por motivos estrictamente comerciales […] se observa en el periodismo decimonónico una evolución hacia el sensacionalismo y la despolitización del contenido” (Durán:6). Sin embargo, el sufragio universal introduce en la política a toda la sociedad y los medios, curiosamente, se convierten en la única vía de comunicación efectiva entre el poder y la sociedad, haciendo que la política sea cada vez más dependiente del poder de la prensa como generadora y mediadora de opinión. Esta nueva situación hace que los medios de comunicación tiendan a independizarse de aquellos que le concedieron el estatus de mediador. Ya no actúan porque sean deudores de su libertad y de sus funciones. Con el sufragio universal y con sus nuevos lectores, la prensa se vuelve indispensable para la democracia, pero su éxito dependerá cada vez más de sus ventas y menos de su influencia ante los lobbies y grupos de presión. De alguna forma, el periodismo se desacraliza pasando del paternalismo a un objeto de consumo. Para el S. XX esta tendencia se ve reforzada con la aparición de los primeros emporios empresariales como el creado por Hearst (Leguineche, 1998), y Walter Lippmann sentará a principios de los años 20 las modernas teorías sobre la opinión pública (Lippmann, 2003).

Con la expansión de los totalitarismos la dimensión comercial de los medios de comunicación y sus funciones de “cuarto poder” dejarán de existir para convertirse en puros instrumentos de propaganda. Se trata de una evolución –pervertida, eso sí-, pero no de un retroceso de su poder. Los medios de comunicación están ya demasiado arraigados en la sociedad como para limitarlos o destruirlos, así que simplemente son capitalizados por el poder para convertirse en sus herramientas. Los totalitarismos llegarán a acabar con la democracia y la política de partidos, pero no con la prensa y o la radio como medios de comunicación. Cuando estalla la guerra los países democráticos también controlarán las funciones de los medios, pero no lo harán nacionalizándolos indiscriminadamente. Se apoyarán en una opinión pública unida ante una situación de guerra de facto para controlarlos no desde arriba –no secuestrándolas directamente-, sino desde las bases que la cimientan –desde la sociedad, focalizando la opinión pública hacia un único objetivo-.

Tras la guerra será evidente que el poder de los medios de comunicación puede ser manipulado y pervertido, pero no anulado. Con todo esto la dimensión mediadora de la prensa, la radio y más tarde la televisión saldrá reforzada y los periodistas volverán a ser considerados héroes, defensores de la libertad y de los intereses de los ciudadanos cuando estas se ven amenazadas. Pero una vez reinstaurada la paz y la democracia los medios de comunicación volverán a actuar de forma independiente y los criterios mercantilistas tenderán a acentuarse desde el punto de vista de la sociedad. Muchos estudiosos verán en esta situación un desplazamiento de las verdaderas razones que llevaron a considerar la profesión periodística como un instrumento de control y medición de los poderes fácticos frente a la sociedad (Martínez Albertos, 1999:13-25). Considerarán que el poder que los medios han ido adquiriendo es tan grande que pasa de convertirse de un instrumento de control al servicio de la sociedad a un instrumento controlador en manos de una elite, pasando de la democracia a la “mediocracia” (Ramonet, 1999).

Otra visión crítica –y complementaria- del papel que juegan hoy día los medios de comunicación frente a la sociedad es aquella en la que no se busca control político alguno sino que se guía únicamente por intereses económicos y que basa su éxito en ofrecer a su audiencia un elaborado paquete de frivolidades: estamos en la sociedad del espectáculo. Neil Postman comparte en Divertirse hasta morir esta visión un tanto pesimista de los medios de comunicación comparándola con dos novelas de ciencia ficción: 1984 de George Orwell y Un mundo feliz de Aldous Huxley. Para Postman, el futuro de 1984 no representa un verdadero peligro. Un mundo férreamente controlado por un estado totalitario y omnipresente no puede triunfar a largo plazo porque nuestra sociedad se ha acostumbrado demasiado a la democracia. Un mundo feliz, por el contrario, muestra una sociedad apática, insensibilizada. “Orwell temía a los que pudieran privarnos de información. Huxley, en cambio, temía a los que llegaran a brindarnos tanta que pudiéramos ser reducidos a la pasividad y el egoísmo. […] Temía que la verdad fuera anegada por un mar de irrelevancia” (Postman: 1991:5).

Como ya decíamos, el cine crea una ficción identificable que parte de una realidad conocida por el espectador. Pero esta ficción crea, a su vez, una nueva realidad. Porque la ficción cinematográfica tiende a fundirse con la cultura colectiva reforzando ciertos perfiles profesionales y creencias sociales. La visión que la sociedad tiene del periodismo y de sus funciones también quedan reforzadas a través del cine. De las 104 películas analizadas la figura del periodista y el cuarto poder aparece claramente reflejada en el 63,8% de las mismas, convirtiéndose así en uno de los temas más tratados por el cine cuando el mundo del periodismo es trasladado a la pantalla.

2. La ausencia de libertad y el riesgo: Héroes al servicio de la democracia

Una primera tipología muy extendida (13,2%) es aquella que aunque admite las funciones de la prensa y de los medios de comunicación como formas de control de los abusos del poder, estos se ven sometidos a grandes presiones para que no se lleven a efecto. El dramatismo de una situación de falta de libertad y potencialmente peligrosa actúa como contrapunto ante el ejercicio de una profesión que se basa precisamente en el ejercicio de la libertad de expresión. Curiosamente el periodista que a duras penas puede llegar a ejercer su profesión, limitándose en muchos casos a intentar obtener información, es la figura en la que más claramente queda caracterizado como héroe, como si el periodismo sólo fuera realmente valorado cuando no existe o cuando no puede ejercer.

Tenemos, por un lado, la figura del corresponsal o periodista extranjero que se ve presionado por el gobierno de turno para que no difunda la verdad. Como hemos adelantado, este tipo de coacción a las funciones del cuarto poder se dan, en la mayoría de los casos, fuera de los Estados Unidos y Europa: Asia, África y Latinoamérica, sobre todo. Se trata, sobre todo, de la figura de los corresponsales de guerra, muy típica en películas como Bajo el fuego (1983); Territorio Comanche (1997) o El año en que vivimos peligrosamente (1982).

Dentro de este perfil encontramos también la de los mártires;  periodistas que mueren de una forma más o menos melodramática y cuya muerte refuerza la imagen de un entorno hostil: El hombre que mató a Liberty Balance (1962), El informe pelícano (1993). O bien, sirven como punto de partida para llevar a la pantalla una historia derivada de su muerte como en En busca de la verdad (2003). En este último caso la figura de la periodista Veronica Guerin –Cate Blanchett- está basada en una persona real y resulta crucial en la narración, pero ésta no gira necesariamente entorno a su labor. Dentro de esta tipología destacamos también Grita Libertad (Cry Freedom, 1987), en la que Kevin Kline encarna a Donald Woods, director de un periódico de Sudáfrica durante el apartheid de los años 70. En este caso el periodista presionado ni es un corresponsal ni la presión viene dada necesariamente de los riesgos de moverse en un mundo turbulento –algo muy típico en los filmes de corresponsales de guerra-. Woods es un periodista reconocido y vive cómodamente en un país que considera propio pero que, al final, acaba enfrentándose con su ética profesional y se verá obligado a abandonarlo para salvar a su propia familia. Más bien, se convierte en un símbolo; encarna una serie de valores e ideales que justifican la narración.

En la mayoría de estos casos el periodismo se muestra impotente, incapaz de enfrentarse a un entorno tan hostil que pretende limitar su función a mantener la objetividad y no tomar partido. De alguna forma, la ausencia de libertad de prensa o la incapacidad de ejercer dicha profesión parece, a su vez, limitar sus funciones a la objetividad y –como dramáticamente se muestra en las películas-, a la supervivencia del propio periodista. Sin embrago, estos personajes son claramente definidos como héroes –cuando a pesar del riesgo actúan como abanderados del ideal de libertad a través del ejercicio de su profesión-, o derrotados –cuando se rinden al hecho de no poder ejercer su profesión en ausencia de libertad-.

3. Conflictos sociales en un entorno controlado: Periodistas idealizados y Quijotes

¿Pero qué sucede allá donde no existen conflictos armados y el ejercicio de la profesión, aun viéndose sometida a fuertes presiones, es posible? ¿Cuál es la visión que muestra el cine ante los periodistas que se enfrentan a algún lobbie o sector social poderoso?

Los grupos de presión enfrentados al periodismo parecen haber evolucionado con el tiempo. Desde la mafia (El cuarto poder, 1952) al narcotráfico (En busca de la verdad, 2003) y las grandes empresas (El dilema, 1999), pasando por, cómo no, la política (Todos los hombres del presidente, 1976; Buenas noches y buena suerte, 2005).

A medida que nos acercamos a un escenario sin violencia explícita, las funciones sociales del periodismo parecen hacerse más evidentes. Aun enfrentándose a un capo mafioso Ed Hutcheson (Humphrey Bogart) aboga en El cuarto poder, por un periodismo responsable y valiente. Escribe en el editorial de su periódico:

“Mientras continúe con vida ‘El Día’ seguirá informando sobre los hechos y sobre su alcance sin miedo, sin distorsiones, sin pretensión de lucro personal, como siempre ha hecho.” [El cuarto poder, 1952]

El poder de un medio de comunicación sólo parece hacerse patente en un escenario de libertad de prensa hasta tal punto que es capaz de desenmascarar a un capo de la mafia.

“[Ese ruido] es la rotativa, amiguito, la rotativa. Y no puede usted nada contra ella, nada”. [El cuarto poder, 1952]

En estos casos tomar partido es considerado algo propio de la labor periodística. Hemos dejado atrás los sangrientos conflictos armados de países extranjeros y ahora la objetividad no es necesariamente el fin último del periodista. El cuarto poder se vuelve mucho más evidente y tangible. Enfrentarse a quienes intentan entorpecer esta labor es algo encomiable y necesario.

“Nos fríen por todas partes pero nosotros aguantamos y respondemos porque está en juego la libertad de prensa y quizá el futuro del país”. [Todos los hombres del presidente, 1979]

Pero en estos casos hay esperanza, y frente a la política de hechos consumados propia de la imagen del periodismo como marioneta de la sociedad el espectáculo o del corresponsal que sólo puede limitarse a informar de las atrocidades cometidas en algún país exótico, en los Estados Unidos la libertad de prensa puede llegar a derrocar presidentes, acusar a senadores descontrolados, encarcelar mafiosos o destapar las intrigas de una todopoderosa empresa tabacalera.

Aquí encontraremos a los grandes periodistas del celuloide. Personajes idealizados sacados de la ficción o periodistas reales que fueron protagonistas de un caso excepcional como Edward Murrow (David Strathaim) en Buenas noches y buena suerte (2005), o Bob Woodward (Robert Redford) y Carl Berstein (Dustin Hoffman) en Todos los hombres del presiente (1976).

Todos estos periodistas idealizados actúan guiados por la responsabilidad que su labor tiene ante el público: El derecho de éste a estar bien informado y la responsabilidad de hacerlo fielmente por encima de cualquier otra consideración presenta una realidad mucho más compleja que la anterior. Estos personajes pueden ejercer su profesión y las presiones a las que se ven sometidos tienden a ser menos violentas, menos dramáticas. Frente al periodista-héroe, que actúa más como un aventurero y un símbolo de la libertad perdida, estos periodistas representan al profesional idealizado a través de la honradez en su trabajo. Eso sí, su pasado intachable como periodista refuerza, justifica y posibilita esta actitud. Ven a los medios de comunicación como instrumentos de información, formación y educación y predican con el ejemplo.

Destacamos dos discursos con más de 50 años de diferencia. El primero nace de boca de Ed Hutcheson, director de un prestigioso periódico de Nueva York sometido a fuertes presiones por parte de la mafia y a punto de ser vendido a la competencia en El cuarto poder:

“Quizá si yo hiciera esta clase de periódico vosotros conservarais vuestro empleo. Este periodismo tiene salida. No es vuestro tipo de periódico pero ¿para quién lo publicamos? Los lectores no quieren sólo noticias. Quieren historietas, crucigramas, concursos… quieren saber cómo hacer un pastel, tener amigos, prever el futuro, apuestas en las carreras, interpretación de los sueños, cómo ganar en la lotería… y si por alguna casualidad tropiezan con la primera página… noticias”.

“Mientras continúe con vida ‘El Día’ seguirá informando sobre los hechos y sobre su alcance sin miedo, sin distorsiones, sin pretensión de lucro personal, como siempre ha hecho.”[El cuarto poder, 1952]

El segundo corresponde al discurso de Edward Murrow con el que da comienzo y acaba Buenas noches y buena suerte:

“Es mi voluntad y mi deber hablar con franqueza a los que integráis este sistema sobre lo que ocurre en la radio y la televisión. Y si lo que voy a decir trae consecuencias yo soy el único responsable de esta opinión. Pasaremos a la historia por nuestros actos. Si dentro de 50 ó 100 años aún quedan historiadores, y si se han conservado los cinescopios de una semana emitidos por las tres cadenas encontrarán registradas en blanco y negro o en color pruebas nuestra decadencia, nuestro escapismo y nuestro aislamiento de la realidad del mundo en que vivimos. Somos una sociedad opulenta, acomodada y autocomplaciente. Adolecemos de una alergia innata a la información que nos perturba. Los medios son un reflejo de esta situación. Como no dejemos de considerarnos un negocio y no reconozcamos que la televisión está enfocada básicamente a distraernos, engañarnos, entretenernos y a aislarnos, la TV y los que la financian; los que la ven y los que la producen podrían percatarse del error demasiado tarde”.

“He comenzado diciendo que pasaremos a la historia por nuestros actos. Si seguimos así, la historia se tomará la revancha y las consecuencias no tardarán en alcanzarnos. De vez en cuando conviene exaltar la importancia de las ideas y la información. Imaginemos que un domingo por la noche, un espacio normalmente ocupado por Ed Sullivan se dedica al análisis del estado de la educación pública. Y una semana o dos después, en la franja de Steve Allen, se dedica a un estudio minucioso de la política americana en Oriente Medio. ¿Se vería dañada la imagen de sus patrocinadores? ¿Qué otra cosa pasaría más que unos millones de personas habrían recibido un poco de educación sobre temas que podrían determinar el futuro de este país y, por tanto, el futuro de las empresas? A los que dicen que la gente no lo vería, que no les interesa, que todo les da igual, que sólo quieren evadirse, sólo puedo responder que en opinión de este periodista, existen pruebas que rebaten ese argumento. Pero aunque tengan razón, ¿qué pueden perder? Porque si tienen razón y este aparato sólo sirve para entretener, divertir y aislar, el tubo catódico ya parpadea y pronto veremos que la lucha está perdida. Este aparato puede enseñar. Puede iluminar y, sí, puede incluso inspirar. Pero sólo puede hacerlo si los humanos están dispuestos a usarlo con ese fin. De lo contrario, sólo son cables y luces en una caja. Buenas noches, y buena suerte” [Buenas noches y buena suerte, 2005].

Dentro de estos profesionales comprometidos podemos, por último, distinguir también una figura algo quijotesca: la de “los detectives del pueblo”. Se trata de personajes menos idealizados que los anteriores que actúan en solitario y buscan defender causas individuales –no exigidas por el público ni por su empresa- guiándose simplemente de su olfato. No pretenden salvar un país de la ruina ni de la corrupción de los poderosos, ni trabajan persiguiendo un ideal político. El argumento más destacado es la del periodista solitario que pretende probar la inocencia o que desea reconciliar con la sociedad a un preso (Yo creo en ti, 1948; Ejecución inminente, 2002; Perdida en su memoria, 2002; Redención, 2004; La vida de David Gale, 2003).

4. La libertad asumida: Violencia y sensacionalismo al servicio de la audiencia y del éxito personal

La imagen del periodista como simple divulgador de violencia gratuita y sensacionalismo es, sin duda, uno de los recursos más reiterados en el cine. El periodista se presenta como una persona vendida al servicio de la empresa, incapaz de emitir ningún tipo de juicio que se limita a difundir las noticias más escabrosas que lleguen a sus manos de la forma más dramática posible.

Eclipsado por su propio egocentrismo, acepta y participa de la regla de oro del espectáculo más crudo. Aquí encontramos a personajes como Robert Hawkins (Kelsey Krammer) en 15 minutos, periodista estrella del programa televisivo Top Story, capaz de negociar con un asesino para que le venda en exclusiva un video en el que mata a un conocido policía de Nueva York (interpretado por Robert de Niro) y presentarlo ante la audiencia como una pieza informativa de extrema violencia excusándose en su deber de periodista y en el derecho de la audiencia a estar informada. Son personajes que han aceptado voluntariamente su condición de manipuladores-estrella. Famosos –no necesariamente prestigiosos- presentadores como Kevin Hollander (Alan Alda) en Mad City relacionados la mayoría de las ocasiones con el mundo de la televisión que son perfectamente conscientes de sus actos y que, al escudarse en el derecho del público a estar informados, simplemente buscan una excusa para justificar sus actos ante su audiencia –ejercicio de puro cinismo, porque están convencidos de que el público tampoco se va a creer semejante argumento-. Encontramos este mismo tipo de periodista en películas como Videodrome (1982), Héroe por accidente (Accidental hero, 1992), Luna nueva (His girls Friday, 1940), o Más dura será la caída (The harder they fall, 1956).

Este tópico tan actual del periodista como sanguijuela de las desgracias ajenas también está presente en filmes antiguos como el excelente El gran carnaval, de Billy Wilder. Kirk Douglas encarna a Charles Tatum, un experimentado periodista sin escrúpulos que es capaz de mantener enterrado a un hombre en una cueva para conseguir la noticia de su vida.

Esta figura no ha mejorado con el tiempo. De hecho, los periodistas villanos se muestran hoy día de forma mucho más cruda, llegando incluso al extremo de utilizar las fotografías de personas difuntas para acostarse con sus viudas (Tinta roja, 2000). El cuarto poder no es una responsabilidad debida a la sociedad y ganada por el trabajo bien hecho; es un derecho inherente a la profesión que debe ser aprovechado para lograr el éxito profesional y personal. El cuarto poder consiste en la capacidad de intimidar a los demás para conseguir lo que se desea y el público es una simple fuente de ingresos. En otras palabras, el cuarto poder no existe porque ya no es necesario.

5. Conclusiones: Tipologías cinematográficas del periodismo y el cuarto poder

a) El perfil más ampliamente reflejado (41,5%) es el del periodista vendido al sensacionalismo y a la más absoluta falta de ética seguido (28,2%) por su antítesis, el del periodista comprometido con su profesión y las funciones que se le atribuyen como formas de control y defensa del ciudadano. Dentro de esta tipología incluimos también aquellos profesionales que encuentran la muerte defendiendo esta causa (5,6%). Aquellos profesionales que se ven a sí mismos superados por las circunstancias y que tienden a actuar como meros testigos de lo que sucede a su alrededor –caracterizados normalmente en la figura de los corresponsales de guerra–  se nos presentan en menor medida (13,2%).

Tabla I. Los periodistas cinematográficos y el cuarto poder

Perfil de periodista Postura ante el 4º poder Películas con periodistas Películas sobre periodismo y 4º poder
Canallas Reniega de él 26.5% 41.5%
Idealizados y héroes Los reconoce y los defiende 14.4% 22.6%
Mártires 3.6% 5.6%
Quijotes Actúa por criterios personales 12% 18.8%
Testigos Considera que resulta inútil, aunque los reconoce 8.4% 13.2%

b) A mayor riesgo, mayor dramatismo. En un escenario de conflicto armado, el periodismo se limita a la mera supervivencia y, como mucho, se tenderá a la objetividad. Como la mayoría de las veces estos conflictos estarán localizados en un país extranjero, tomar partido por alguno de los bandos será considerado como un intento de manipulación y las ideas personales se enfrentarán a su labor profesional. Sin embargo, es en esta situación donde el periodista se convierte, por oposición a una situación de falta de libertad informativa, en héroe. La democracia está unida a la libertad de prensa y al periodista; cuando la democracia no existe el periodismo se convierte en el símbolo de la libertad.

c) A menor riesgo más evidentemente se muestran las actitudes del periodismo: del compromiso a la villanía. Por el contrario, si la acción transcurre en un país democrático se asume que los riesgos son controlados y tomar partido es considerado como un ejercicio de responsabilidad profesional, representando así el ideal de periodista. Sin embargo, también se da el caso de la autosuficiencia. En un entorno poco hostil el periodismo parece dejar de tener sentido para convertirse en un espectáculo. El negocio manda y la responsabilidad profesional pasa a ser algo anacrónico.

d) Evolución: del blanco y negro al color. Las películas de los años 50 y 60 muestran al periodista como un personaje más o menos entrañable. Tiende a ser clasificado como un pícaro o como un prohombre idealista. Pero a medida que nos acercamos en el tiempo estos personajes son mostrados de forma más cruda, y su actitud ante la profesión se vuelve más inflexible. Frente a la redención (La reina de Nueva York, 1937; Juan Nadie, 1941) y la “justicia divina” que acaba haciendo pagar a quienes infringen las normas de la responsabilidad social del periodismo (Ciudadano Kane, 1941; El gran carnaval, 1951) de las películas en blanco y negro, el color tiende a mostrar la figura del periodista como un hecho consumado sin demasiadas posibilidades de cambio: o se aceptan las reglas del juego de los medios como puras formas de espectáculo, manipulación política y negocios lucrativos o se está fuera de ellas. (Mad city, 1997; 15 minutos, 2001; Tinta roja, 2000). La redención parece siempre una cuestión personal y pocos personajes contemporáneos estarán dispuestos a cambiar.

e) El periodista idealizado es un ser excepcional en una situación excepcional. Los grandes periodistas forman parte de la cultura, el mito y de los estereotipos de su propia sociedad. Son personajes únicos que se enfrentaron a situaciones únicas como la “caza de brujas” del senador McCarthy o el escándalo Watergate. Sin embargo, también existe la figura del buen periodista del día a día. Estos son, normalmente, personajes secundarios que tienden a pasar desapercibidos pero que reflejan un lado mucho más humilde del periodista responsable. Muchos de ellos son reflejados como profesionales veteranos que parecen actuar en contra de las corrientes más “modernas” –perversas- del periodismo al grito de “estas ideas nuevas sobre el periodismo como espectáculo no sucedían antes y no es buen periodismo” (lo curioso es que no importa de cuándo sea la película; el argumento sigue siendo el mismo). Personifican la voz de la conciencia y actúan como maestros morales para con los periodistas más jóvenes. Lou Potts –Robert Proxy- en Mad city, o Jacob Q. Boot – Porter Hall-, en El gran carnaval son dos claros ejemplos.

f) El público. Sin duda se trata del sector más ignorado. El público siempre está presente como excusa para justificar tanto la labor periodística como para ignorarla. Será la responsabilidad ante el público lo que impulse a los periodistas idealizados a actuar, y será también el público el que exija un periodismo de violencia, manipulación y espectáculo. Siempre se presentará como el fin último de la profesión, pero siempre aparecerá como un fantasma. El público rara vez reaccionará ante la labor periodística o tomará partido. Siempre aparecerá como una meta lejana y nunca tendrá ninguna responsabilidad. Tanto las buenas acciones como las malas recaerán siempre en los protagonistas –los periodistas-, y nunca en el público –que, en última instancia, estaría representado por los propios espectadores-. Tal vez sea la más clara alusión al cine como medio destinado al ocio. Podremos encontrar muchas películas críticas, pero rara vez se pedirá al público que reaccione ante esa situación.

Periodismo y Mercado Laboral en Chile: el caso de la Región de Antofagasta(1)

Introducción

La Carrera de Periodismo de la Universidad Católica del Norte (UCN), es la quinta más antigua del país. Creada el 15 de marzo 1967, es la principal institución de educación superior que forma profesionales periodistas de la macro zona norte del país, e inclusive de otras regiones de Chile. En marzo del 2009, la Comisión Nacional de Acreditación, acreditó  la carrera, por un plazo de cinco años (2009-2013). Este proceso contempló, entre otros avances, el rediseño de la malla curricular de pregrado, basado en la formación por competencia, a partir del 2008.

Pese a este auspicioso proceso, se observa una disminución paulatina de los postulantes que  eligen estudiar periodismo. En los últimos cinco años se han ofrecido un número de 60 vacantes promedio por año en la Escuela de Periodismo de la UCN; sin embargo,  el comportamiento en el ingreso es decreciente. Aunque el 2006 y el 2007 hubo cerca de un 18% de postulantes mayor al número de vacantes, el 2008  este crecimiento fue negativo en un 15%. En 2009 se mantuvo esta tendencia y en 2010 ingresaron a la carrera un 21,6% de alumnos menos[4]. De acuerdo a los antecedentes que arroja el Informe de Autoevaluación de la Carrera de Periodismo (2007), las razones asociadas  a esta realidad son de diversa índole: saturación del mercado laboral, desequilibrio entre la oferta y la demanda de profesionales, desactualización de las mallas curriculares, incertidumbre laboral, entre otras[5].

En el marco de la situación que experimenta la Escuela de Periodismo de la UCN, junto con otras universidades del país, el 2008 se inició la ejecución del proyecto FONDECYT 1080066: “Estudio comparativo de la realidad de los profesionales de la comunicación en las regiones II, VIII, IX y Metropolitana de Chile: ordenamiento geopolítico, lógicas productivas y mediación social”[6]. Este proyecto tuvo entre sus objetivos iniciales, caracterizar la realidad laboral, profesional y asociativa de los periodistas y educadores de periodismo del país. En este artículo, se exponen específicamente las principales características socio demográficas, académicas, asociativas y laborales de los periodistas y educadores de periodismo de las ciudades más importantes de la Región de Antofagasta.

Distintos estudios han analizado a lo largo de los últimos diez años el contexto laboral y profesional del periodismo chileno desde una perspectiva regional. Gutiérrez y Lavín, (2003), Mellado et al. (2006),  Corrales et al. (2005, 2006) y Délano et al (2007), entre otros. Específicamente, Mellado et. al. (2006), y Mellado y Parra (2008) estudian a los periodistas titulados y en ejercicio en la Región del Bío- Bío y encuentran que el 65% de los profesionales se desempeña en áreas distinta a los medios de comunicación tradicionales, como la empresa privada, la administración pública u organizaciones sin fines de lucro, donde las funciones del profesional periodista se orientan hacia la comunicación estratégica y corporativa. En una investigación posterior, Mellado et. al. (2009) encuentran que del total de personas que ejercen laboralmente como periodistas en esta misma región, el 59, 6% son hombres y el 76,6% tiene 40 años o menos. El segmento más  joven se encuentra  conformado por mujeres y el 60% se desempeña en la provincia de Concepción, evidenciando una alta centralización regional. Las mujeres tienden a concentrarse proporcionalmente más que los hombres en las ciudades más grandes y con mayor población.

En la misma Región del Bío- Bío, Gutiérrez y Lavín (2003) realizan un análisis descriptivo de las universidades que ofrecen la carrera de periodismo y del mercado laboral para periodistas, y registran que las plazas laborales entre el año 1997 y 2003 aumentaron en un 72%; fundamentalmente en áreas asociadas a la comunicación corporativa.

Durante el mismo periodo, Corrales (2006) analiza la trayectoria y situación laboral de 49 periodistas egresados y titulados de la Universidad de Chile, entre los años 1993 y 2003, y encuentra que pese a la percepción generalizada de saturación del mercado laboral, un 88% de los encuestados trabajaba en alguna de las áreas de formación dentro del periodismo. Un 86% presentaba una alta movilidad, algunos de ellos registraban, inclusive, cinco puestos laborales distintos desde que terminó su carrera y sólo un 24% trabajaba a honorarios.

Luego, Délano  et. al. (2007) muestran resultados preocupantes respecto a la situación laboral general de los periodistas en el país. Estos investigadores estudiaron una muestra de 141 recién titulados de periodismo de las universidades del Consejo de Rectores ubicadas en cuatro regiones (II, V, VIII y Región Metropolitana), y encuentran que uno de cada diez (9,5%) de estos profesionales trabajaba sólo uno o dos días a la semana, mientras que el 23,3% no cumplía una semana laboral completa. A su vez, un 40,4% tenía más de un empleo simultáneo como periodista (43,9% en Santiago y 33,3% en regiones), y un 37,7% trabaja sin contrato laboral.

Todos estos antecedentes fundamentan la necesidad de estudiar específicamente  el mercado laboral de los periodistas en la Región de Antofagasta,  como una manera de obtener información relevante y actualizada para la Universidad Católica del Norte – única institución de educación superior que imparte la carrera de periodismo en la macro zona norte del país.  La información sobre la oferta y demanda de estos profesionales es un aporte a todos los actores involucrados en esta área. A los estudiantes, para fortalecer el proceso de toma de decisiones al momento de decidir a qué carrera postular, con el fin de que compatibilicen sus interese con la realidad del mercado laboral. A las universidades, de tal manera que cuenten con información actualizada para orientar la formación de los profesionales de la comunicación tanto a nivel de pre como postgrado, adaptando sus mallas de formación a las características del mercado. Y a los empleadores, para conocer la formación y los cambios que han experimentando los profesionales en la región en los últimos años.

El mercado laboral de los periodistas

Las transformaciones globales en las formas de producción e intercambio de información han producido una enorme flexibilización del mercado laboral. Los profesionales de la comunicación han debido adaptarse vertiginosamente a las nuevas tecnologías y a un escenario en permanente cambio, lo que les impone nuevos desafíos y tensiones en el ejercicio profesional (Tsuji et al, 2008). En otras palabras, la sociedad globalizada demanda competencias especificas, generadas por la irrupción vertiginosa de las tecnologías de la información y la comunicación, provocando un creciente proceso de  interdependencia  entre las distintas economías a nivel mundial (Paredes, 2004).

Estas circunstancias han generado un aumento creciente de la oferta de programas de formación de periodistas. Según cifras la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social,   hasta el 2005, existían 1.026 programas de Comunicación Social-Periodismo en Latinoamérica (FELAFACS, 2005).

Específicamente en México, existen cerca de 240 Escuelas de Comunicación-Periodismo, y a comienzos de este siglo se estimaba una cifra cercana a los 50 mil estudiantes (Benassini, 2001). En Colombia en tanto, según cifras de la Asociación Colombiana de Facultades de Comunicación Social y Periodismo (AFACOM), se registran 70 programas de estudios vinculados al periodismo y la comunicación, con aproximadamente 15 mil alumnos (Roveda, 2000, Martínez, 2007).

La fuerte expansión de los sistemas de educación superior en América Latina durante la segunda mitad del siglo XX, así como las sucesivas crisis económicas de las décadas de los ochenta y noventa, provocaron que el crecimiento de las matrícula no se haya visto respaldado con un incremento proporcional de  los recursos, deteriorándose notablemente la calidad de la educación (Fernández y Fernández, 2006). Por ello, surgen reformas orientadas a transformar las políticas existentes. La mayoría de estos cambios han supuesto transformaciones en el modo de actuar de las instituciones de educación superior  y de los gobiernos, buscando corregir la falta de recursos financieros públicos y el deterioro de la calidad (Ibid,  2006).

En Chile, el proceso de privatización que afectó a la educación superior en la década de los 80’, producto de la Reforma Educacional y la articulación de la LOCE (Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza), produjo la incorporación al mercado laboral de un gran número de profesionales de la comunicación provenientes de universidades privadas, lo que desencadenó un aumento vertiginoso de la oferta educacional (Bernasconi, et.al. 2005).

Un informe publicado el año 2004, por la Escuela de Periodismo y Comunicación Estratégica de la Universidad Alberto Hurtado, entregó resultados en base a una encuesta aplicada a 323 personas vinculadas al periodismo nacional, entre ejecutivos, editores y reporteros. La mayor parte de ellos tenían, al momento de ser consultados,  una antigüedad laboral menor o igual a 5 años. Casi el 80 % de los encuestados tiene estudios universitarios completos, y un 15 % había cursado estudios de postgrado. Se constató que la mayoría de los consultados poseía el título profesional de periodista, incluso entre los que desempeñaban cargos en el nivel ejecutivo de los medios, aunque también se hallaron entre ellos abogados, ingenieros civiles e ingenieros comerciales.

De acuerdo a cifras reportadas por Délano (et al. 2007), en Chile existen 11 mil profesionales titulados y  8 mil estudiantes en 52 escuelas. De ellos, un 80%  está sin trabajo o desempeña otras labores. Estos antecedentes fueron, corroborados posteriormente, por el Colegio de Periodistas[7], entidad que afirmó que entre el 70% y el 80% de los 11 mil periodistas, ya titulados se encuentran desempleados o cumpliendo funciones que no son propias a su formación.  Además, indicaron que aproximadamente, mil nuevos periodistas se titulan cada año.

De acuerdo al Colegio, un periodista en los primeros cinco años de desempeño profesional trabaja en promedio para cuatro empleadores, y casi el 100% de estos trabajos son remunerados a  honorarios, con la consiguiente desprotección que esto implica para los profesionales (Colegio de Periodistas, 2007).

Como afirman Mellado y Del Valle, (2008), es importante considerar que los cuestionamientos respecto a la proyección laboral de los profesionales aparecen, primero, desde los propios periodistas titulados -cesantes o en ejercicio – quienes rebaten la pertinencia y calidad de la formación universitaria recibida. Las escuelas de periodismo, no obstante, no parecen dimensionar a cabalidad el origen de dichas críticas. Esta problemática plantea la discusión sobre una posible disociación entre la academia y el mercado laboral vinculado con la profesión. La gravedad de todo aquello, es la incidencia que tiene en la identidad profesional del periodista, dejando en evidencia una falta de consenso que otorgue validación interna y externa, y que permita pensar efectivamente la proyección de la profesión.

El caso de la Región de Antofagasta

La Región de Antofagasta se ubica en el extremo norte del país y tiene un total de 521.682 habitantes (CASEN, 2006). La región está dividida administrativamente en tres provincias y nueve comunas, y tiene una superficie de 126.049 km2, representando el 16.7% del territorio nacional. Esta zona es reconocida por ser esencialmente minera. De acuerdo a las cifras que entrega INNOVA (2008), la región  contribuye con un 7,8% al Producto Interno Bruto Nacional (PIB), siendo el cuarto aporte más alto de Chile,  con aproximadamente 5.000 millones de dólares, sólo después de las regiones Metropolitana, VIII y V. Antofagasta se caracteriza por su dinamismo. Entre 1990 y 2004 ha tenido la tasa más alta de variación media anual de crecimiento regional (6,9%), y para el periodo 1990 y 1997 tuvo una tasa de crecimiento de 9,4%, que la posicionó como la segunda más alta del país, superando a la Región Metropolitana (7,4%), mientras que entre 1997 y 2004 esa tasa bajó a 4,5%, pero mayor a la obtenida por la capital nacional (2,6%) (Ramírez y Silva, 2008).

La Región se caracteriza por estar ligada a la producción de recursos naturales, especialmente mineros. Respecto a las exportaciones, la Región muestra una posición dominante, ya que realiza el mayor aporte del país, duplicando la participación de la Región Metropolitana (Consejo Minero, 2003; López y Lufin, 2009).

Sin embargo, el predominio de la actividad minera determina que el mercado laboral sea muy peculiar. Cademartori (2009) lo describe como segmentado en tres mercados: Primario (trabajadores estables de la minería), secundario (subcontratistas de la minería) y terciario (empleo informal) en respuesta a la jerarquización interna de las empresas. Según el mismo autor, esto permite a los grupos económicos y a las empresas mineras nacionales que dominan los sectores dinámicos, desvincular aumentos en productividad con alzas salariales. Otra de las características de este mercado es que la formación profesional, el tipo de contrato, el tamaño de la empresa y los salarios se encuentran estadísticamente asociados, lo cual implica reforzar la segmentación laboral y la discriminación por sexo y por edad.  Así, en las empresas pequeñas, los salarios son más inestables y la formación profesional más débil, no sólo por un problema de tamaño sino por su posición subordinada en las largas cadenas de subcontratistas (Cademartori, 2009).

El mejor posicionamiento económico de la Región  a nivel nacional, producido por la actividad minera que se desarrolla en la zona, permite que el Índice de Actividad Económica Regional (INACER) presente alzas substantivas año a año[8].  Esto mismo, sin embargo  no se condice al analizar la fuerza laboral. Por ejemplo en la comuna de Calama, de los más de 60 mil puestos de trabajo que existen, sólo un 32,5% son ocupados por mujeres[9], develándose significativas brechas de género. Los antecedentes sobre el contexto productivo de la Región son centrales para comprender el posicionamiento y proyección de los periodistas y educadores de periodismo en la Región, así como los énfasis que deben orientar la formación de estos profesionales, y la adecuada vinculación que debe  haber entre la oferta y la demanda del mercado laboral.

Metodología

Diseño de investigación y universo

Esta investigación se enmarca en un estudio de carácter descriptivo, desarrollado a través de la realización y análisis de la información censal de periodistas y educadores de periodismo, obtenida en las comunas más importantes de la Región de Antofagasta  (Antofagasta y Calama).

Estas comunas fueron seleccionadas porque cumplen con los siguientes criterios: presentan un alto nivel de concentración de la población regional, agrupan las actividades productivas centrales y en ellas se producen las principales actividades y  toma de decisiones geopolíticas de la zona.

Para definir el universo analizado se consideró como periodista y/o educador de periodismo a las personas que ejercen dicho quehacer de forma remunerada, independiente de la posesión del título profesional asociado, en alguna de las áreas laborales operacionalizadas por el estudio (Mellado et al, 2010: 49): El área de producción de contenido de prensa, contempla la producción noticiosa bajo los criterios convencionales de la prensa. A ella se circunscriben los departamentos de prensa y las salas de redacción de los medios de comunicación. El área de producción de contenido misceláneo, se entiende como la producción o gestión de información, para espacios o soportes cuyo objetivo principal es el entretenimiento, por sobre el noticioso. El área de docencia e investigación académica, se incorpora la impartición de clases y/o el desarrollo de investigación en departamentos y/o facultades de comunicación y periodismo de cualquier establecimiento universitario. Finalmente, el área de comunicación corporativa, es entendida como la producción de contenido institucional y como la planificación en comunicación.

En este contexto, se incluyó tanto el universo de periodistas y educadores de tiempo completo, como a aquellos que se desempeñan en una jornada de tiempo parcial o independiente en cualquier diario, periódico, revista, radio, televisión, agencia de noticias, medio electrónico, productora, consultora, agencia de publicidad, organismo público, empresa privada, organización de la sociedad civil, o departamento y/o facultad de comunicación y periodismo.

Recolección de datos.

Producto de la inexistencia de registros oficiales que permitieran estimar el número de periodistas y educadores de periodismo en la región, se realizó un censo en ambas ciudades (Calama y Antofagasta).

En base a diferentes fuentes oficiales[10] fue posible construir un listado del total de medios, organizaciones, instituciones y empresas que podían dar trabajo a periodistas y educadores de periodismo, en las áreas laborales especificadas. Esta extensa búsqueda permitió triangular la información y evitar sesgos.

Los departamentos de personal, recursos humanos o jefaturas de cada una de dichas organizaciones fueron contactados por email, teléfono o en persona, preguntándoles por el nombre, teléfono o dirección de correo electrónico de todos los trabajadores – independiente de su dedicación o condición contractual – que a su juicio cumplieran la labor de periodistas y/o educadores de periodismo. Cada organización fue contactada hasta tres veces, requiriendo su colaboración, todas ellas brindaron el apoyo necesario.

Luego de obtener dicha información, cada sujeto fue contactado vía telefónica y/o correo electrónico, pidiéndose su consentimiento para contestar preguntas demográficas (edad, sexo), laborales (jornada, tipo de contrato, número de trabajos, trabajo principal y tiempo cesante en los últimos tres años), educacionales (nivel de formación y título) y niveles de asociatividad, entre otros, que nos ayudaran a describir los parámetros generales más importantes de la población.

A través del contacto directo con los periodistas y educadores de periodismo se generó un efecto “bola de nieve”, en términos de la existencia o no de periodistas en las organizaciones, así como de despidos recientes o cambios en la composición de las plantas, lo que ayudó a triangular  la recogida de información.

Al concluir esta fase, se obtuvieron los antecedentes del 97% de periodistas y educadores que trabajaban en la Región de Antofagasta. El resto de los sujetos no logró ser contactado o no contestó el total de las preguntas del censo. Los valores perdidos fueron imputados a través del algoritmo EM, de distribuciones condicionales y de regresiones logísticas, dependiendo de si se referían a variables numéricas, binarias o variables categóricas polinómicas. El censo fue realizado entre entre agosto y octubre de año 2008.

Con el objeto de no duplicar la información en la comparación dentro y entre las áreas laborales, y producto de que muchos periodistas y educadores poseían más de un trabajo simultáneo, se analizó la información, de acuerdo al trabajo principal declarado en el censo.

Resultados

1.1 Características sociodemográficas del universo

De acuerdo al censo efectuado existen 351 personas que ejercen como periodistas y/o educadores de periodismo en la Región de Antofagasta. De ellos 109 se desempeñan en la comuna de Calama, y  242 en la capital regional, Antofagasta, graficando la alta centralización regional de los profesionales (gráfico 1).

Gráfico 1 Distribución porcentual de la población en estudio por comuna



En términos de género, 7 de cada 10 sujetos es hombre (gráfico 2), lo que se agudiza  a nivel local, específicamente en Calama, donde las mujeres no alcanzan el 26% de representación dentro de la profesión (gráfico 3). Esta brecha de género que registra la comuna en relación al menor porcentaje de mujeres que se desempeñan como periodistas o educadores de periodismo, coincide con la baja participación que tienen este sector en general, en el mercado laboral regional. De acuerdo a las cifras que entrega la CASEN (2006), sólo un 37,6% de mujeres se encuentra económicamente activa en la Región de Antofagasta, en cambio, en el caso de los hombres, este porcentaje aumenta a un 62,3%. Calama se caracteriza por la centralidad que tiene la minería en las actividades productivas, en cambio en Antofagasta existe una mayor diversificación del mercado laboral, lo que brinda mayores oportunidades de empleo en el área de servicios, educación y en periodismo (Salinas y Reyes, 2008;  CDP, 2008). Por ende, las mujeres que ejercen como periodistas  tienden a concentrarse ocupacionalmente en la capital regional.

Gráfico 2 Distribución porcentual total de participantes por Género

Gráfico 3 Distribución  género por comunas

Respecto a la distribución étarea del universo consultado, se constata que existe una mayoritaria  concentración de los profesionales en los tramos más jóvenes, es decir entre 21 a 29 años y entre 30 a 39 años, con un 33,2% y 45,5% respectivamente.  Esta distribución se modifica bruscamente en los segmentos  mayores, ya que en los tramos  40 a 49, y 50 a 59 años de edad,  se concentran en la actualidad sólo un 9,7% y 8,5% de profesionales respectivamente. Los profesionales que se  ubican por sobre los 60 años sólo representan el 3,1% de la población.

Gráfico 4 Distribución Región grupos de edad

1.2 Antecedentes académicos

El 76,1% de las personas que ejercen como periodistas posee al menos el grado de licenciatura y/o título profesional. El resto, nunca estudió en la universidad o no ha terminado sus estudios superiores. Esto último se produce por una serie de factores como: insuficiente regulación gremial, demanda laboral precaria, y un perfil profesional amplio, que facilita la incorporación de personas que no han tenido una formación sistemática en el área.

Los niveles de especialización, sin embargo, son muy bajos. Sólo un 3,1% y un 0,6% respectivamente, tiene el grado de magíster o doctorado, mientras que un 8,5%, además del título profesional, ha realizado algún post título (gráfico 5).

Del total de personas que poseen un título profesional,  un 88,4% han estudiado periodismo.

Gráfico 5 Distribución nivel de estudios región

El grupo de profesionales que posee título profesional y grado académico se concentran mayoritariamente en la capital regional, lo que refuerza la centralización de Antofagasta. En esta ciudad  se ubica la única universidad que imparte la carrera,  por lo tanto aglutina al total de los educadores de periodismo que fueron censados y que mayoritariamente tienen estudios de postgrado.

En Calama, los profesionales en ejercicio que tienen grado de Magíster representan sólo el 1,8%. Sin embargo, en esta misma ciudad se registra un mayor porcentaje de personas con formación de post título, con un 10,1% (gráfico 6).

Gráfico 6 Distribución nivel de estudios por comuna

Paralelamente, la tendencia muestra que aquellos que no tienen estudios o poseen título profesional en otras áreas afines a la comunicación o son profesionales de otras disciplinas ajenas al ámbito comunicacional, representan el 23.1% en la región.

Una clara tendencia que se evidencia en los datos es la alta absorción laboral que registra la región  respecto a los profesionales periodistas que se han formado en la misma zona del país. El porcentaje equivale al 57,2% entre la Universidad Católica del Norte y la Universidad del Mar, sede Antofagasta[11].  De ellos, los formados en la UCN representan  el 63, 6% en Antofagasta, y el 27, 6% en Calama.

Gráfico 7 Distribución de periodistas por Universidades

Gráfico 8 Distribución de periodistas formados en la UCN

1.3 Nivel de asociatividad

En términos generales los niveles de asociatividad que registran los profesionales en la región son bajos, el 73% no participa en el colegio de periodismo (grafico 9), y el 89,7% no participa en ninguna organización (gráfico 10).

Gráfico 9 Participación en el colegio de periodistas

Gráfico 10 Participación en alguna organización

1.4 Antecedentes laborales

En la Región se observa que el área laboral en la que se desempeñan más profesionales es la de Producción de Contenido de Prensa con un 42,2%, luego se destaca el área de Comunicación Corporativa, con un 36,8% (gráfico 11). Sin embargo, es interesante la distribución que se presenta al interior de las comunas, ya que en el caso de Antofagasta el área con mayor porcentaje es Comunicación Corporativa (40,1%), en cambio en Calama se mantiene la tendencia regional, pues se destaca  Producción Contenido de Prensa (gráfico 12).

Gráfico 11 Distribución de empleo por áreas laboral en  la región

Gráfico 12 Distribución del empleo  por área y por comuna (Antofagasta y Calama)

Los datos desagregados por área laboral, comuna y género evidencian que en Calama se registra una brecha de género mayor, pues los hombres representan el 74, 3% en las tres áreas laborales presentes en dicha comuna; esto es Producción de Contenido Misceláneo, Institucional y de Prensa. Esta brecha de género disminuye considerablemente en Antofagasta, donde los hombres representan un 52,5%.

Gráfico Nº13 Distribución del empleo por área, comuna y género

En un análisis más detallado observamos que respecto a los sectores laborales identificados, en lo que se desempeñan los periodistas y profesores de periodismo, encontramos que los Medios de Comunicación representan más del 50% de las personas que trabajan en el área a nivel regional, seguidos desde mucho más lejos por el sector público y la empresa privada (gráfico 14).


Gráfico 14 Distribución del empleo por sector laboral en la Región

Esta distribución se mantiene a nivel comunal ya que los resultados muestran la misma tendencia tanto en Calama como en Antofagasta. En Calama, los Medios de Comunicación absorben el 66,1% de los empleos para periodistas, mientras que en Antofagasta, este sector representa  el 48, 6%.

Gráfico 15 Distribución del empleo por sector laboral y comuna

Sin embargo, al introducir la variable de género en el análisis del empleo por sector y comuna, al igual que la distribución del empleo por área, se observa que en Calama los hombres cuatriplican su presencia en los medios de comunicación, respecto a las mujeres. En cambio, en los otros sectores las diferencias de género son menos significativas. Respecto a Antofagasta, igualmente la presencia de los hombres en los Medios de comunicación es mayor, pero sólo un 11.2% por sobre el porcentaje de las mujeres que se desempeña en el mismo sector (gráfico 16).

Gráfico 16 Distribución del empleo por sector laboral por comuna y género

Respecto a la relación contractual se registra un  predominio de contratos indefinidos en la región, aunque este mayor porcentaje sólo llega al 49,7%, graficando la inestabilidad laboral del sector.

Gráfico 17 Área laboral por región y relación contractual

Las cifras regionales registran que, en general la mayor estabilidad laboral se da en el sector Producción Contenido de Prensa,  pues donde un 46,3% trabajan con contrato indefinido, aunque a la vez, está misma área registra el mayor porcentaje de sujetos que trabajan como periodistas con un contrato a honorarios. El sector Producción de Contenido Institucional destaca por el alto porcentaje de personas que se desempeñan con un contrato a plazo fijo, lo que equivale a un 63,2%. Esto último, se relaciona con las restricciones que tiene el sector público para ampliar sus plazas laborales (gráfico 17)

Gráfico 18 Tipo de jornada por región y  género

Otro antecedente relevante, se refiere al tipo de jornada laboral en la que se desempeñan los hombres y mujeres en la región. El 68,1% de las mujeres trabaja  jornada completa, cifra que desciende a un 54,8% en el caso de los hombres. El resto se distribuye entre distintas modalidades laborales  como jornada flexible, 3/4, 1/2 y 1/4  de jornada. En ninguna de estas alternativas se aprecian diferencias sustantivas entre hombres y mujeres (gráfico 18).

Gráfico 19 Relación contractual por género y comuna

Aunque predomina tanto en Antofagasta, como en Calama la modalidad de contrato indefinido para aquellos que ejercen como periodistas. En Calama, se observa una situación más beneficiosa para el sector femenino, ellas representan el 60,7% que trabaja bajo esta modalidad. En cambio este mismo sector en Antofagasta, disminuye a 43,1%. En el caso  de los hombres la situación es al revés,  ellos se desempeñan con contrato indefinido en 48,1% en Calama, y en Antofagasta, este grupo equivale al 54,3% (gráfico19).


Gráfico 20 Tiempo de cesantía en los últimos 3 años

Un resultado que difiere con nuestros supuestos iniciales, se relaciona con los tiempos de cesantía de  este grupo profesional, ya que más del 50% de las personas que ejercen como periodistas  o educadores de periodismo declara no haber estado cesante en los últimos 3 años, porcentaje superior al 70% en el caso de la comuna de Antofagasta (gráfico 20).

Gráfico 21 Número de trabajos en los últimos tres años. (Región)

Respecto al número de trabajos que han tenido los sujetos que ejercen como periodistas y/o educadores de periodismo en la región, en los últimos tres años, los resultados nos muestran una importante estabilidad laboral, ya que un mayoritario 73,5% (gráfico 21) ha tenido un sólo empleo durante dicho período.

Conclusiones

El estudio censal realizado en las ciudades más importantes de la región de Antofagasta se focalizó en las personas que ejercen como periodistas, con o sin título profesional y aquellos que se desempeñan como educadores de dichos profesionales. Específicamente, los hallazgos enseñan la realidad socio demográfica académica, asociativa y laboral del sector, en las comunas de Antofagasta y Calama.

Los aspectos más relevantes que arroja este estudio y que permiten orientar nuevas investigaciones en el área, se refieren a la alta centralización regional del empleo en el sector. Una de las razones que producen dicha concentración tiene que ver con que es en Antofagasta donde se genera la oferta educativa a nivel de pre y postgrado para periodistas. Asimismo, la mayoría de las empresas, así como de instituciones privadas poseen sus oficinas en la capital regional.

En Antofagasta, se aprecia un mercado laboral más diverso y centrado fuertemente en la prestación de servicios a la actividad productiva principal de la región que es la minería, lo que aumenta las oportunidades laborales para los profesionales que se desempeñan en el área de las comunicaciones.

En cambio, en Calama, las áreas laborales que absorben empleo son menores, ya que no existen universidades ni institutos que ofrezcan la carrera de periodismo. Por lo tanto, hay menos oportunidades de perfeccionamiento, y éstas se concentran en alternativas de postítulo fundamentalmente.

En término de las características individuales de los periodistas y educadores de periodismo, la información recopilada entrega antecedentes importantes sobre la mayor concentración de profesionales en los grupos más jóvenes (entre 21 y 39 años).

El perfil académico de las personas que ejercen como periodistas en la región muestra dos características centrales: por una parte, en Calama habría una menor profesionalización, existiendo más sujetos que ejercen en el mercado sin contar con título profesional o tienen formación en otra área. En cambio, en Antofagasta esta realidad es más excepcional. Segundo, vinculado con este aspecto, se observa que los profesionales en Calama poseen menos especialización, y que esta se concentra en perfeccionamiento a nivel de post-titulo. En Antofagasta, por el contrario, estarían los profesionales que poseen mayor grado académico, ya sea magíster o doctorado.

La asociatividad de los periodistas, ya sea en el colegio profesional u otro tipo de organizaciones se halla debilitada, en el sentido que es escaso el número de personas que se encuentra asociado a alguna de estas entidades. Esta situación pudiera relacionarse con el desperfilamiento que han tenido los colegios profesionales en general en el país, y con la escasa retribución que se percibe  de estas instancias.

Interesante resulta comprobar que han sido las mujeres periodistas las que muestran mayor diversidad ocupacional, es decir su participación en el mercado laboral de la región se distribuye en forma más homogénea entre los sectores Estado, empresa privada y educación, mientras que su participación es menor en los medios de comunicación. En cambio, la mayoría de los hombres aún ejercen en medios, y en otras áreas laborales su presencia es menos importante, sobre todo en producción de contenido institucional y docencia.

Por último, la estabilidad laboral que muestra el mercado laboral regional para los periodistas y educadores de periodismo, constituye un hallazgo importante del estudio, lo que estaría en una tendencia inversa a la realidad que se registra en otras zonas del país. Esto último se encuentra estrechamente vinculado con el dinamismo económico que registra la región.

Este estudio posibilitó entregar un perfil general de los periodistas y educadores de periodismo de la Región de Antofagasta, entregando antecedentes actualizados respecto a las características sociodemográficas, académicas, asociativas y laborales del sector. Se espera que futuros análisis puedan profundizar en dimensiones como la identidad, proyección laboral, calidad de vida, roles y actitudes de estos profesionales.